jueves, 2 de abril de 2026

Poco a poco y de una en una

El otro día mi hija vino con esa mezcla de agobio y prisa que todos conocemos. Me dijo que tenía un montón de cosas que hacer y, además, que las tenía que hacer todas.

Me miró esperando una respuesta mágica, como si en algún sitio existiera una técnica secreta que hiciera desaparecer las listas infinitas.

Antes de que yo dijera nada, ella misma sonrió y respondió… “poco a poco y de una en una”. Y ahí estaba todo. No es una idea brillante ni especialmente sofisticada, pero funciona. De hecho, funciona mejor que muchas técnicas complejas cuando lo que tienes delante es una lista larga que abruma.

Cuando dispones de tiempo suficiente para hacer todo lo que tienes pendiente, tampoco es necesario perder demasiado tiempo en encontrar el orden perfecto. Es verdad que hay criterios útiles como la urgencia o la importancia, y conviene tenerlos en cuenta. Pero también hay momentos en los que no hay una respuesta clara, en los que todo parece más o menos igual de necesario o de difuso. En esos casos, darle demasiadas vueltas no ayuda. Simplemente hay que ponerse, sin prisa… y sin mucha pausa.

También se puede dar cuando llevas un tiempo centrado en algo concreto (un proyecto, un viaje, un cierre importante) y el resto de las cosas siguen llegando sin parar. Mientras estás enfocado en una cosa, lo demás no se detiene. Y cuando vuelves a tu realidad habitual, te encuentras con una acumulación considerable de pendientes.

Justo en ese momento en el que pensabas bajar el ritmo o descansar, aparece todo lo que habías dejado en espera. A mí me ha pasado esta semana con el correo electrónico. Empecé con más de cincuenta correos pendientes. Puede parecer poco, pero si uno tiene como referencia mantener la bandeja a cero, son unos cuantos. Además, no eran correos que se resolvieran en un minuto; eran de los que requieren leer con calma, pensar, decidir y responder con cierto cuidado.

Durante unos minutos me quedé mirando la bandeja de entrada sin saber por dónde empezar. No porque no supiera hacerlo, sino porque el volumen bloquea. Hasta que hice lo de siempre: empezar.

En mi caso, suelo comenzar por el último correo que ha llegado. Es una forma sencilla de reducir fricción, y además tiene una ventaja interesante: muchas veces los correos más antiguos ya han perdido sentido, se han resuelto solos o han dejado de ser prioritarios. A partir de ahí, me marqué un objetivo asumible: responder diez correos de los pendientes al día. Nada épico, nada heroico, simplemente constante. Cinco días después, la bandeja volverá a cero.

Muchas veces pensamos demasiado y hacemos poco. Pensar es necesario, por supuesto, pero hay momentos en los que seguir pensando no mejora el resultado, solo retrasa la acción. Y sin acción no hay avance. Nos quedamos en ese bucle de darle vueltas, organizar, reorganizar, anticipar… y el trabajo sigue ahí, intacto.

Hay una metáfora muy conocida que lo explica bien: ¿cómo te comes un elefante? La respuesta es sencilla, aunque no siempre fácil de aplicar: a bocados pequeños. Nadie se enfrenta a un elefante entero esperando poder con todo de una vez, pero si lo divides, si reduces el tamaño de cada paso, si avanzas poco a poco, el elefante termina desapareciendo.

Eso sí, antes de empezar a hacer, hay algo importante que conviene no saltarse. Parar un momento, mirar con cierta perspectiva y decidir. Porque no todo lo que está en tu lista merece ser hecho. Algunas cosas ya no son necesarias, otras han dejado de tener sentido, otras podrían hacerlas mejor otras personas, y otras simplemente no compensan. Aquí es donde aparece algo que a veces cuesta: quitarse la capa de “puedo con todo” y mirar con realismo. Eliminar, delegar, ajustar. Y con lo que queda, entonces sí, ponerse a hacer, preferiblemente empezando por lo importante.

Aun así, lo más importante es no olvidar hacer. Parece una obviedad, pero no lo es tanto. Es fácil pasar el día planificando, organizando o incluso quejándose de todo lo que hay pendiente. Y cuando eso ocurre, el trabajo no avanza y la sensación de carga aumenta. Entonces sí, el elefante se vuelve interminable.

Por eso, si hoy tienes demasiadas cosas pendientes, mi recomendación es sencilla: para un momento, mira tu lista con honestidad, elimina lo que no merece la pena, reduce el tamaño de lo que queda y empieza. Poco a poco y de una en una. Porque no necesitas hacerlo todo hoy, pero sí necesitas empezar.

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario