domingo, 30 de agosto de 2020

El plan diario. El hilo que guía el día

Si no tienes claro que quieres hacer, el día se te escapará entre las manos, el tiempo pasa sin darte cuenta.

Demasiado que hacer, sin tiempo suficiente para hacerlo, sin plan, puedes ir saltando de una cosa a otra, sin hacer nada. No puedes hacerlo todo, sí puedes avanzar en lo más importante para ti, que es lo que tú decidas.

La herramienta más sencilla y eficaz para dedicar el tiempo a lo que quiero, sin dejar que se me escape, es el plan diario. Decidir qué quiero hacer y cuándo.

Muchos perciben la planificación como inútil, ¡para qué hacer un plan si después nunca lo cumplo! Mejor ir haciendo y no perder tiempo en planificar.

A planificar se aprende con la práctica. Para hacer un buen plan, realizable, tienes que conocerte, saber lo que sí eres capaz de hacer, partir desde dónde estás. No puedes planificar correr 20 kilómetros un día si nunca has corrido, o estudiar seis horas si nunca lo has hecho.

“No puedes hacer más de lo que estés preparado para hacer”

Encontrar el equilibrio entre planificar y hacer. El que se pasa el día planificando y nunca haciendo es un soñador cuyos sueños nunca se cumplirán. El que hace sin pensar es un pollo sin cabeza, que en ocasiones conseguirá cosas, pero va de un lado a otro sin saber muy bien a dónde va.

El plan del día se puede hacer en cinco minutos, no hace falta más tiempo. Mejor el día anterior y levantarte ya preparado. Te preparas tú y si quieres contar con otros, quedar con otros, será más fácil cuanto antes se lo propongas.

No hace falta que planifiques cada instante, quizá solo una parte del día, esa parte dedicada a lo importante ¿Para qué te gustaría tener tiempo hoy? Y reservar ese tiempo. Con la práctica sabrás cuánto tiempo te lleva cada cosa y resultará más fácil hacer el plan.

Si planificas cada instante es probable que, con los imprevistos, no podrás acabar lo planificado. Irás arrastrando cosas de un día a otro, lo que desmotiva y hace que no te sientas capaz de hacer lo planificado.

Con un plan ya es “sólo” seguir el hilo del día, aunque no es fácil y si te desvías, al menos sabrás cuánto y por dónde te estás desviando.

El plan facilita su revisión (revisar diariamente ayuda a mejorar) y permite analizar, para hacer una mejor planificación al día siguiente:

·        ¿Qué ha ido bien? ¿Qué ha ido mal? ¿Por qué?

·        ¿Qué hubiese necesitado más tiempo hoy?

·        ¿En dónde se me ha escapado el tiempo?

·        ¿Qué actividades podía haber dejado de hacer o haber delegado? ¿A quién?

También podrás descubrir al revisar si tú controlas tu tiempo o dejas que alguien o algo lo controle por ti. Ese algo puede ser el móvil, la socialización excesiva (charla innecesaria), actividades menores, aunque agradables, que te alejan de lo que quieres.

Reservar tiempo para lo importante, siempre habrá otras cosas que hacer, pero no podemos hacerlo todo. Te quedas sin tiempo, no sin actividades.

domingo, 23 de agosto de 2020

Más vale ponerse rojo un día que colorado todos los días

 Más sabe el diablo por viejo que por diablo, por eso me gusta aprender de los que tienen más experiencia, más vida. La sabiduría de los que dicen “¡Estoy mayor para tonterías!” ¿A qué edad se está mayor para tonterías?

Estar mayor para tonterías está relacionado con la capacidad para decir “NO” a las peticiones irracionales, con las que no comulgas. Decir “NO” al comienzo para no tener que estar enfadado conmigo mismo (por acceder) o con los demás por haber aceptado, quejándome, resentido.

Frustrado tras decir "sí" a demasiadas cosas. Imagen de freepik.es

Es mejor ponerse rojo un día (al decir no) que colorado todos los días (arrastrando el sí que no querías).

Cuesta decir “NO” por si se enfadan (temor al rechazo). Si observamos a quienes dicen “NO”, el resultado suele ser que se los respeta más. Los que siempre dicen “SI” acaban haciendo lo que nadie quiere hacer.

También has de tener en cuenta que, si siempre has dicho “Sí”, siempre has accedido a las peticiones de alguien, cuando comiences a decir “NO”, es probable que se enfade. Está acostumbrado a que accedas, se sorprenderá de tu negativa, intentará que vuelvas a aceptar, no entenderá el cambio. Pasará un tiempo antes que se dé cuenta de que “estás mayor para tonterías”, que como adulto tomas tus decisiones, que ha de respetar, que en ocasiones estarás dispuesto y tendrás capacidad de echar una mano y en otras ocasiones no.

Tomar tus propias decisiones es también aceptar las consecuencias, la posibilidad de que se enfaden. El enfado injusto es una forma de manipulación.

Es distinto caer bien a todos, cumplir con lo que todos necesitan, que ser respetado como adulto. El respeto de los demás comienza por el respeto por ti mismo, por lo que quieres y no quieres. Respeto por tu persona y no solo por lo que haces o eres capaz de hacer.

Encontrar el equilibrio entre el respeto al otro (echar una mano cuando lo necesita) y el respeto por mí mismo (atender también a lo que necesito). Jesucristo dijo “ama al prójimo como a ti mismo”; lo que no dijo es que amases al prójimo más que a ti mismo.

Antes de contestar a una petición, date tiempo, permítete sentir que es lo que quieres, pensar cómo será si aceptas, a qué tendrás que renunciar, qué otras cosas no harás. También qué es lo que sí conseguirás comprometiéndote. No te lances automáticamente al sí, de forma que te puedas comprometer con tu decisión, sin resentimiento, si finalmente decides aceptar.

Si aceptas algo y después te arrepientes, forzándote a continuar, el resentimiento puede crecer y con el tiempo, explotar, haciéndote sobre-reaccionar. El cabreo, que sorprenderá, puede ser desproporcionado.

No quiero decir que sólo hay que hacer lo que te apetece, puedes y está bien hacer por los demás, vivimos en comunidad y nos ayudamos unos a otros, la ayuda mutua y las relaciones son base de nuestro bienestar. Aunque esa ayuda no se puede prestar a cualquier precio. Que sea una decisión consciente, de la que no te estés arrepintiendo a los 10 minutos, con la que puedas comprometerte y no acabar con el resentimiento hacia ti y hacia el otro por haber aceptado.

Puedo decir “sí” cuando quiera, puede ayudar, a un amigo o a quien le apetezca. Esto es distinto que decir “sí” a todo, todo el tiempo.

Si no decides como quieres vivir tu vida otro decidirá por ti

Si no eres capaz de decir “NO”, si dices “sí” a cada petición, es probable que acabes siendo explotado.

Tú decides en que momento estás mayor, eres adulto. No esperes a que te lo reconozcan los demás, mientras tú no te veas como un adulto, auto-dirigido, responsable de tu vida, de tus decisiones, de tus elecciones y sus consecuencias; los demás no te respetarán como adulto, aunque te quieran como a un niño.

domingo, 16 de agosto de 2020

Una escala de grises entre el blanco y el negro. Entre veleta y perseverante

Esta semana, como el año pasado, tenía previsto hacer varias etapas del Camino de Santiago, entre Logroño y Burgos, con mi hija Sofía. El objetivo de la semana claro, alcanzable, dividido en etapas diarias, ya solo quedaba caminar.

Comenzamos ilusionados en Logroño, camino de Navarrete y Nájera, disfrutando del camino, la compañía y el paisaje. En la etapa entre Nájera y Santo Domingo de la Calzada, en Azofra, a los 5 km de salir, un mal tropiezo y tobillo resentido. Eran las 9:05, aplicar hielo y esperar a las 9:30 que abría la farmacia para hacer un vendaje, confiando en poder proseguir, cumplir con el plan.

vendaje para poder continuar
Vendaje para poder continuar

Creo en la importancia de la perseverancia y la constancia para llegar a la meta. Qué las dificultades siempre aparecen y que la voluntad vence muchas barreras. Así que decidí continuar, a pesar de la sensatez de mi hija de 11 años diciendo que lo podíamos dejar para otra ocasión. El abandono, en contraposición a las ganas de llegar, no cabía en mi cabeza.

Desde el punto de vista positivo se puede decir constante, perseverante, tenaz. Lo mismo que decir cabezota, testarudo, obstinado, terco, tozudo; que no suena tan positivo. Al fin y al cabo, depende de cómo se mire.

Empeñado en seguir, hicimos la etapa, con bastantes molestias, llegando 15 kilómetros más adelante a Santo Domingo de la Calzada. Todavía confiaba en seguir al día siguiente, pero 45 minutos de parada me hicieron ver que no era adecuado.

La reflexión que me hago tiene que ver con lo que en psicología se conoce como el sesgo de la inversión hecha. Cuando ya has invertido tiempo, esfuerzo, dinero, en algo, sea proyecto, estudios u otras cosas, aunque todo indique que sería mejor dejarlo, hay un sesgo que favorece la opción de seguir adelante, en caso contrario sería reconocer la pérdida de lo invertido, reconocer la equivocación, renunciar. Esto me impulsaba a continuar, a llegar hasta Burgos.

Es difícil decidir cuándo es suficiente, cuándo no merece la pena continuar. No es cierta la frase “si quieres puedes”. Y, a veces, aunque puedas, no merece la pena continuar. Casi seguro que aunque a rastras hubiese llegado.

En mi entorno tiene muy mala prensa la inconstancia, lo inconsecuente, ser cambiante, variable o veleta. Es muy importante perseverar, cumplir objetivos. Sin duda sigo pensando en su importancia, fundamental para lograr determinados objetivos. En mi caso tengo que aprender que a veces no merece la pena, que se puede abandonar, al menos temporalmente.

Entre dos extremos hay una gran escala de grises. Entre el perseverante-cabezota y el veleta hay muchos grados. Finalmente abandonamos el camino en Santo Domingo de la Calzada, lo continuaremos en mejor ocasión.

La planificación se hace cuando se dan unas condiciones, y cuando las condiciones cambian, lo sensato es cambiar el plan. Lo contrario es cabezonería, aunque lo vendamos como perseverancia.