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martes, 10 de marzo de 2026

Cuando el cuerpo insiste, es que algo en mí pide verdad

Ayer, en una conversación tranquila, una amiga me soltó una frase que me hizo pensar y pregunté si podía escribir sobre ello. No fue un “tienes que…” ni un consejo con prisa. Fue “en el fondo sabemos que es lo que tenemos que hacer”.

La verdad resuena en esa frase, porque sí, lo sabemos, lo sabes. Lo sabes cuando sigues diciendo “ya lo pensaré”, cuando pones la vida en modo “luego”, cuando te entretienes para no mirar de frente lo que incomoda.

Y el cuerpo avisa antes de que nos atrevamos a aceptar la verdad o si no queremos mirarla. Empieza a doler ese hombro, la cabeza, o empezamos con problemas digestivos, fatiga, dificultades para dormir; cada uno somatiza de una forma. Cuerpo, mente y emoción se influyen, están conectados. El cuerpo habla cuando el corazón se queda sin voz.

“El cuerpo hace de mensajero cuando la mente se entretiene”

El cuerpo no quiere tener razón, solo quiere que lo escuches. Si no lo escuchamos, a veces, el cuerpo va subiendo de volumen. A veces olvidamos que no somos una cabeza con patas. Somos un conjunto y si nos empeñamos en vivir contra lo que sentimos, o en vivir sin sentir, algo se desajusta.

El cuerpo puede avisar en tres niveles: primero susurra (cansancio, incomodidad leve, sueño raro), luego insiste (dolores, contracturas, nudo en el estómago) y si seguimos sin escuchar… grita.

Escuchar no es obsesionarse, escuchar es respetar. El cuerpo es una brújula para empezar a preguntarte. Sin olvidar que, si un síntoma es intenso, nuevo, preocupa o se mantiene, merece consulta profesional, porque cuidarse también es eso.

A mí me ayuda una idea que he comentado en el blog otras veces y que funciona como botón de “volver”: parar, respirar, reflexionar y elegir. Dejar un poco de espacio para notar “qué emoción me despierta” algo y “qué me está diciendo el cuerpo”.

  • Preguntarme: ¿Qué estoy evitando? ¿Qué quiero realmente? ¿Qué conversación me debo?
  • Bajando el ruido: menos pantallas un rato, menos multitarea, menos “tengo que”. El cuerpo agradece el silencio.
  • Tratar el cuerpo como aliado: agua, comida que siente bien, paseo, sueño. No como una máquina a la que se le exige rendimiento.

No hace falta una revolución, hace falta honestidad. A veces la vida no nos pide grandes gestas, sino esa valentía discreta de hacer lo que ya sabemos.

Y cuando lo hacemos… algo se ordena. No porque todo se vuelva fácil, sino porque dejamos de empujarnos “en contra”. Como si, por fin, cuerpo y mente dejaran de discutir y se sentaran en el mismo lado de la mesa.

Aunque tras un cambio, una decisión difícil, la adaptación puede llevar tiempo, volver a casa lleva tiempo.

Si hoy notas una señal (un dolor, una tensión, un insomnio que se repite) quizá no sea el enemigo. Quizá sea el mensajero, quizá hoy baste con empezar así: Parar, respirar y preguntarse con cariño: ¿Qué verdad estoy listo para escuchar?

Porque muchas veces la vida no cambia cuando encontramos una respuesta.

Cambia cuando dejamos de ignorar la pregunta.

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domingo, 20 de febrero de 2022

Cinco Cs contra la apatía, la ansiedad y el estrés

Mirando alrededor encuentro mucha apatía, descontento, ansiedad y estrés. Cansados de dos años de Covid, de falta de contacto, de relaciones atípicas, algunos con falta de esperanza y motivación.

Hay que preguntar a los que saben, a los niños, a los que lo ven todo fácil. Yo pregunté a Juan, mi hijo, lleno de vida, qué hacía para tener energía y encontrarse bien, cuáles eran sus vitaminas.

Lo tenía claro, cuatro Cs: cama, comida, caminar y compañía. Así de fácil, así de sencillo, al alcance de casi todos, al menos en el mundo “desarrollado”.

  • Cama: descansar lo suficiente. Dormir cuando estás cansado, parar cuando te lo pide el cuerpo, si todavía eres capaz de escucharlo. Tan acostumbrados a esforzarnos, podemos perder la capacidad de darnos cuenta de cuando no tenemos más energía ¡Qué bien sienta levantarse sin despertador!
  • Comida: alimentarte adecuadamente, comer sano, lo que te siente bien, en su momento. La ansiedad puede llevarnos a comer compulsivamente, rápido, demasiado, lo que nos lleva a digestiones pesadas y continuas. En muchas partes del mundo ahora el problema es exceso de comida y no falta de ella.
  • Caminar: Hacer un mínimo de ejercicio, levantarte de la silla, en la que estás enganchado al ordenador (¿trabajando?) o del sofá, donde caes rendido al acabar la jornada. Pegado al mando a distancia o a internet, saltando de un contenido a otro, sin ver nada, sin leer nada. Caminar todos los días, bailar si te gusta, moverte, da energía y te ayuda con la primera C, dormir mejor.
  • Compañía: Todo esto, mejor acompañado, en buena compañía, con gente que sea fuente de energía y no sumidero de ella. Lo vas a notar enseguida, después de estar con ellos ¿tienes más o menos energía? Las buenas conversaciones nutren; las dificultades, acompañado, son menos difíciles; los problemas parecen menos graves.

En los momentos difíciles, volver al campo base, a lo seguro, a lo que nos hace bien, donde recuperamos fuerzas. Esperar, parar, tomarte tu tiempo. Si estás agotado, cansado, desesperanzado, quemado, apático, ansioso, con estrés, es momento de volver a los fundamentos.

Caminar por el Campo en buena Compañía con una buena Comida
Y me voy a permitir añadir una quinta C a las cuatro Cs de Juan:

  • Campo: reconectar con la naturaleza ¡Qué bien sientan los paseos por el campo! y mejor acompañado, con un buen almuerzo y una buena siesta si hace falta.

Para recuperar tu energía, volver a la esencia, a lo simple, a lo fácil, las cinco Cs: Cama, Comida, Caminar, Compañía y Campo.

domingo, 21 de febrero de 2021

Tantas cosas pendientes que no hago nada

 Tantas cosas pendientes, tantas posibilidades, que no hago nada. Estamos rodeados de opciones, tanto en el entorno personal como en el profesional.

La lista de tareas no es una lista cerrada, a pesar de tener muchas pendientes siguen entrando tareas nuevas. Algunas llegan para quedarse, al ser tareas repetitivas. Otras se quedan aparcadas y si no podemos fechas ya ni nos acordamos desde cuando están ahí. Las tareas se van acumulando.

Hay momentos en que las tareas son tantas, algunas tan importantes, que nos sentimos abrumados. Sin saber muy bien por dónde empezar, vamos saltando de una tarea a otra, sin avanzar realmente en ninguna.

Dibujo de Leyre Fontaneda. El estrés que paraliza.

Es el problema de la multitarea, el tiempo se nos escapa cambiando de una actividad a otra. Los tiempos muertos se alargan. Podemos acabar el día con la sensación de no haber parado y a la vez no haber hecho nada.

Quizá es momento de parar, repasar la lista y decidir, elegir. No es cierto el dicho de que “el que quiere puede”, la realidad es que no podemos hacerlo todo. Por intentar hacerlo todo podemos no acabar nada.

Las actividades pendientes son posibilidades, que podemos vivir como obligaciones, cosas del lenguaje. Es claro que tenemos que sufrir y aceptar las consecuencias de lo que no hacemos, quizá algo que vivimos como una obligación. Y también podemos disfrutar y aceptar las consecuencias de lo que si hacemos. Mejor si escogemos qué vamos a hacer y qué no.

Si la lista te abruma, si es demasiado larga, para y decide. Asume la responsabilidad de tus decisiones. Quizá tienes que hablar con tu jefe, si es que tienes demasiadas tareas laborales. Quizá tienes que hablar con tu pareja o con quien convives, si cargas demasiado en casa. Si no puedes hacerlo todo, es en interés de todos el hacer una buena elección.

O quizá sientes qué sí puedes hacerlo todo y que eso tendrá consecuencias tanto positivas, por el esfuerzo realizado, como negativas, por el desgaste sufrido. Tú decides cuanta carga quieres llevar y cuanto desgaste quieres acumular.

Mi experiencia me dice que cuando estás abrumado es buen momento para parar y mirar. Solo el que mira puede ver con más detalle y más lejos.

Reserva y protege tiempo para lo importante, para las actividades y personas importantes, lo demás irá encontrando su lugar.

Para lo suficiente para decidir y continuar, evitando quedar atrapado en demasiadas cavilaciones, escapando de la parálisis por el análisis. Si sabes escucharte, muchas veces tu cuerpo sabe que es lo que quieres y te conviene.

En cualquier caso, es la aventura de la vida ir eligiendo qué camino tomar entre los muchos que se nos presentan. El camino a tomar dependerá de hacía dónde quieras ir y cuanto podrás disfrutar del paseo, el equilibrio entre la meta y el proceso.