Ayer fue un buen día para mí en la Universidad de Burgos. De esos días que te recuerdan por qué merece la pena el tiempo invertido en la universidad, en la docencia, en la investigación… y sobre todo en las personas.
Ayer
mi compañera Virginia Ahedo, después de años de trabajo intenso y constante, se
consolidó como Profesora Titular de Universidad. Y fue bonito presenciarlo.
Tuve
además el placer de formar parte de la Comisión de Selección, presidida por mi
compañera Susana García, también de la Universidad de Burgos. En la comisión
participaron además colegas que se desplazaron desde lejos para acompañar el
proceso: Mareva Alemany y Ana Esteso desde Valencia, y Alejandro Escudero desde
Sevilla/Huelva. A todos ellos, gracias por el tiempo, la profesionalidad y el
cuidado con el que se desarrolló todo el proceso.
![]() |
| La candidata con la Comisión al finalizar |
Se
comparten formas de trabajar, maneras de entender la investigación y la
docencia, inquietudes comunes, dificultades que todos vivimos en nuestras
universidades… y también ilusiones. En esos espacios surgen muchas veces nuevas
conexiones. Conoces a personas con las que te entiendes, con las que te
gustaría colaborar, con las que ves posible caminar en algún proyecto futuro.
De
esos encuentros, a veces casi sin darte cuenta, nacen lazos profesionales y
personales de los que luego salen proyectos, artículos, estancias,
colaboraciones… y también amistades. Porque al final, investigar también es
eso: caminar juntos, aprendiendo y creciendo, compartiendo retos, alegrías y
dificultades.
Estas
ocasiones tienen además algo muy especial. Para quienes se presentan, en este
caso Virginia, es una oportunidad de repasar el camino recorrido. Su
trayectoria comenzó 2011, como sintetizó en la defensa de su currículum. Años
de clases, artículos, proyectos, reuniones, congresos, estudiantes,
colaboraciones… En definitiva, muchas horas de trabajo y mucho tiempo
compartido, como ocurre en cualquier carrera profesional.
Pero
además de mirar hacia atrás, estos momentos también invitan a mirar hacia
adelante. Cuando uno llega a un hito profesional importante, la pregunta ya no
es solo qué he hecho hasta aquí. La pregunta crece y se amplía a: ¿qué quiero
hacer ahora con todo lo aprendido?
La
consolidación no es un final. En realidad, es más bien un punto de apoyo para
seguir creciendo. Es un buen momento para preguntarse qué proyectos tienen más
sentido, dónde merece la pena poner la energía y qué contribución queremos
hacer en los próximos años.
Me
gustó especialmente algo que Virginia hizo durante su exposición. Nombró a
muchas de las personas que la han acompañado en el trayecto. Directores de
tesis, colegas, colaboradores, estudiantes, compañeros de departamento…
personas que, de una manera u otra, han ido formando parte del camino. Y eso lo
resumió con dos frases que a mí también me parecen profundamente ciertas.
La
primera es de Isaac Newton: “Caminamos a hombros de gigantes”. La segunda es un
proverbio muy conocido, citado también por Stephen Covey en Los siete hábitos
de la gente altamente efectiva: “Si quieres ir rápido, vete solo. Si quieresllegar lejos, vete acompañado”
Creo
que estas dos ideas resumen muy bien lo que ocurre en la universidad… y en la
vida. Por eso, si tuviera que sacar una pequeña recomendación de lo vivido ayer
sería esta: Rodéate de personas que te acompañen bien. Personas que te reten,
que te apoyen, que te inspiren. Personas con las que pensar, discutir,
construir y también celebrar los avances.
Y la
recomendación tiene otra cara igual de importante: Acompaña bien también a
otros. Dedicar tiempo a escuchar, orientar o apoyar a alguien que empieza su
camino puede parecer un gesto pequeño… pero muchas veces marca una diferencia
enorme. Todos hemos necesitado, y seguimos necesitando, personas que crean en
nosotros en determinados momentos del camino.
Además,
hay otra razón muy práctica para hacerlo. La investigación tiene partes
apasionantes, sí. Pero también tiene muchas horas de trabajo solitario, lento y
a veces bastante aburrido: leer artículos, analizar datos, revisar textos,
volver a empezar… Si todo eso se hace solo, el camino se hace mucho más largo y
mucho más pesado.
Construir
equipo no es solo una estrategia para hacer mejores proyectos. Es también una
forma mucho más humana, y mucho más agradable, de trabajar.
Porque,
al final, la felicidad y el buen trayecto tiene mucho que ver con algo muy
sencillo: con quién caminas.
Si
quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu,
puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.


