sábado, 5 de septiembre de 2026

Los domingos, descanso

Llevo una temporada escribiendo todos los días en LinkedIn y con bastante frecuencia también en este blog, de lunes a domingo.

Me gusta escribir, no lo vivo como una obligación. Es una forma de ordenar mis ideas, reflexionar sobre lo que me ocurre y compartir algunas de las cosas que voy aprendiendo. Pero precisamente porque algo te gusta puedes terminar ocupando con ello todos los espacios. Y creo que necesitamos espacios vacíos.

Hace no mucho, Nacho Garbe, un amigo con el que he compartido muchas experiencias, proponía algo aparentemente sencillo: desconectar los domingos y alejarse de las pantallas. La idea se me quedó rondando.

Durante mucho tiempo el domingo fue, para muchas personas, un día claramente diferente. Cerraban los comercios, no había correos que contestar y el trabajo, salvo excepciones, esperaba al lunes. Hoy podemos trabajar, comprar, responder mensajes, leer noticias, consultar las redes sociales o entretenernos exactamente igual un domingo que un martes.

La tecnología nos ha dado muchas posibilidades, pero también ha borrado algunas fronteras. Quizá necesitemos volver a dibujarlas.

No necesariamente tiene que ser el domingo, cada uno tendrá que encontrar su momento. Lo importante es reservar periódicamente un espacio en el que no haya que producir, responder, publicar, avanzar ni aprovechar el tiempo.

Descansar no consiste simplemente en cambiar de actividad. Puedes dejar de trabajar y pasarte tres horas mirando el teléfono. El cuerpo estará sentado en el sofá, pero tu atención seguirá recibiendo estímulos continuamente.

Alejarte de pantallas permite descansar la cabeza, pasear sin mirar cuánto has caminado, leer sin necesidad de aprender nada, estar con alguien sin tener el teléfono encima de la mesa. Cocinar, conversar, dormir la siesta, mirar por la ventana o aburrirte un rato. Incluso permitir que llegue ese pequeño vacío que tantas veces llenamos automáticamente sacando el móvil del bolsillo.

Paradójicamente, para vivir nuestro tiempo necesitamos momentos en los que dejemos de intentar aprovecharlo.

Por eso voy a probar el reto de Nacho. Para estar lejos de las pantallas los domingos no escribiré en LinkedIn ni publicaré en el blog. Mantendré el teléfono, el ordenador y la tele alejados de mí (mañana, domingo, empiezo).

No sé cuánto me costará. Precisamente por eso me parece interesante probarlo.

Supongo que aparecerá alguna vez el impulso de mirar si alguien ha escrito, comprobar algo, buscar cualquier información o pensar: "esto podría ser una buena entrada". Ahí estará parte del experimento: dejarlo pasar y descubrir qué aparece cuando la pantalla desaparece.

Porque cuando quitamos algo de nuestra vida también hacemos sitio para otras cosas.

Vivimos rodeados de mensajes que nos invitan a aprovechar cada minuto, mejorar continuamente y ser más productivos. Incluso el descanso termina convirtiéndose en una herramienta para rendir más al día siguiente.

Pero no tenemos que justificar el descanso por lo que produciremos después. Desconectar y descansar merece la pena por sí mismo.

Así que voy a probar un pequeño espacio semanal para cambiar de ritmo y prestar atención a otras cosas. A ver qué tal va el reto.

Quizá descubra que el domingo sin pantallas no es un día en el que hago menos cosas, quizá sea simplemente un día en el que estoy más presente en lo que hago.

¿Tienes algún momento de la semana en el que desconectas de verdad?

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí y conecta conmigo.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Cuando descubres que esto va para largo

Ayer, hablando con una persona que también se había lesionado el codo, me contó que estuvo nueve meses de rehabilitación hasta conseguir que volviese a funcionar prácticamente como antes. Aun así, no ha recuperado completamente la extensión.

¡¡Nueve meses!!

Después se lo comenté a Bea, mi mujer, y me contó que una compañera suya había pasado por algo parecido. No recuerda exactamente si fueron nueve u once meses, pero también fue un proceso largo.

De repente me cambiaron las expectativas.

Hace algo más de tres meses que me caí de la bicicleta y estoy a punto de cumplir dos meses de rehabilitación. En mi cabeza, a estas alturas, esperaba estar bastante mejor. Pensaba que esto sería cuestión de unas semanas, quizá unos pocos meses, y que poco a poco iría recuperando mi vida normal.

Empiezo a entender que probablemente esto va para largo.

Reconozco que descubrirlo me ha dado un pequeño bajón. Porque una cosa es hacer un esfuerzo cuando crees que la meta está cerca y otra bastante diferente descubrir que aquello que pensabas que estaba a la vuelta de la esquina se encuentra unos cuantos kilómetros más adelante.

Las expectativas tienen mucho que ver con cómo vivimos lo que nos ocurre. Si esperas recuperarte en tres meses y pasan tres meses sin conseguirlo, puedes sentir que algo va mal. Si sabes que el proceso puede durar nueve meses, esos mismos tres meses adquieren otro significado. La realidad no ha cambiado, pero sí la forma de mirarla.

Así que toca cambiar de estrategia mental. Esto no es un sprint, es un maratón.

En un maratón no puedes correr pensando permanentemente en cuánto falta para llegar. Hay que concentrarse en el siguiente kilómetro. En mi caso, seguir haciendo los ejercicios por la mañana y por la noche, acudir a rehabilitación, escuchar al cuerpo, celebrar las pequeñas mejoras y aceptar que habrá días mejores y días peores (ayer fue de esos con dolor).

Me gustaría ir más rápido, me gustaría recuperar completamente el brazo cuanto antes, me gustaría dedicar a otras cosas el tiempo que ahora dedico cada día a rehabilitarlo. Pero, de momento, las circunstancias son las que son.

Hay cosas en la vida que simplemente necesitan más tiempo del que pensábamos.

Puedes poner esfuerzo, disciplina, atención y constancia, pero no siempre puedes acelerar los procesos. Ocurre con una rehabilitación, pero también con aprender algo, construir una relación, sacar adelante un proyecto, un hito laboral, cambiar un hábito o atravesar determinados momentos de la vida.

Hay resultados que no dependen de hacer muchísimo durante unos días, sino de hacer un poco durante muchísimo tiempo.

Quizá una parte importante de la paciencia consista precisamente en eso: dejar de exigir al proceso que avance al ritmo que nosotros habíamos imaginado.

Así que toca reajustar expectativas, asumir el pequeño bajón y continuar.

Esta mañana he seguido con mis ejercicios. Pasado mañana también, y al siguiente, lo mismo.

No sé cuánto tardará mi codo en recuperarse, lo que sí sé es lo que me toca hacer hoy.

Cuando descubres que la meta está más lejos de lo que pensabas, no necesitas correr más. Necesitas aprender a seguir caminando.

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí y conecta conmigo.

lunes, 31 de agosto de 2026

Volver de vacaciones y no morir en el intento

Volver de vacaciones tiene algo curioso: regresas descansado… y basta con abrir el correo para que se te pase un poco. 😅

Mensajes sin leer, tareas pendientes, cosas que se quedaron a medias antes de irte, otras que han aparecido mientras no estabas, reuniones que hay que preparar, llamadas que devolver… De repente, parece que todo es urgente y que todo debería estar hecho ya.

Es fácil sentirse abrumado, incluso empezar a ponerse nervioso pensando en todo lo que hay que hacer. Puede surgir una idea aparentemente razonable: “Hoy me pongo al día”.

Por ahí puede empezar el problema. Porque cuanto más intentas abarcar, más fácil es saltar de una cosa a otra, empezar muchas y terminar pocas, y así acabar el día agotado, frustrado y con la sensación de que sigues teniendo demasiadas cosas pendientes.

Volver de vacaciones y querer recuperar en un solo día todo lo que no has hecho durante dos o tres semanas suele ser una pésima idea.

Hay algo que intento recordarme cuando me encuentro ante una montaña de pendientes: No tienes que hacerlo todo, solo tienes que hacer lo siguiente.

Ponerse al día también lleva su tiempo. Primero hay que mirar qué tienes delante, ordenar, distinguir lo importante de lo que simplemente hace ruido y decidir por dónde empezar. Después, ir resolviendo las cosas de una en una y asumir que algunas pueden esperar un día más. Y probablemente otras puedan esperar bastante más.

No intentes recuperar en dos días todo lo que se ha acumulado durante semanas. Recupera primero tu ritmo, vuelve a tus rutinas, establece prioridades, reserva tiempo para lo importante y deja que los días hagan su trabajo.

Porque muchas veces el problema no es la cantidad de cosas pendientes, sino querer resolverlas todas mentalmente al mismo tiempo.

Dentro de unos días mirarás atrás y probablemente descubrirás que aquella montaña que parecía enorme ha ido desapareciendo casi sin darte cuenta.

No necesitas ponerte al día hoy, necesitas empezar hoy a ponerte al día.

¿También te abruma la vuelta de vacaciones cuando ves todo lo que te espera?

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí y conecta conmigo.