Hoy cumplo 53 años. Cuantos más años cumplo, más convencido estoy de que cumplirlos es un privilegio.
No
todos llegan hasta aquí. Algunas personas de mi edad que quiero ya no están.
Este año se fueron Gabi y Juan. Por eso, cuando llega un cumpleaños siento una
profunda sensación de agradecimiento. Seguir cumpliendo años es, probablemente,
el mejor regalo que podemos recibir.
Cumplir
años también significa hacerse mayor. Aceptar que ya no tengo la energía de los
veinte, que algunas recuperaciones son más lentas y que el cuerpo empieza a
recordarte que el tiempo pasa. Pero también significa seguir teniendo la
oportunidad de vivir, aprender, disfrutar, equivocarme y volver a empezar.
Cada
cumpleaños es un recordatorio de algo que a menudo olvidamos: el tiempo es finito y, precisamente por eso,
es valioso.
Tengo
la sensación de que me queda mucho por aprender, experimentar y vivir. Me
siento más curioso que cuando era joven, también más consciente. Quizá porque ahora sé que no podré hacerlo todo. Y
cuando descubres que no podrás hacerlo todo, empiezas a preguntarte qué merece
realmente la pena.
Una
amiga suele decir que con los años
pierdes vista, pero ves a un tonto venir de lejos. Me hace gracia la frase,
pero encierra una gran verdad. La experiencia te ayuda a distinguir mejor lo
importante de lo accesorio. Te pierdes menos en discusiones inútiles, en
preocupaciones que no llevan a ninguna parte o en intentar agradar a todo el
mundo. Como se suele decir, llega un momento en el que estás mayor para ciertas tonterías.
Con
los años quizá avanzas más despacio,
pero también más directo. Conoces mejor el camino.
Hace
tiempo, cuando preparaba una charla sobre el tiempo para un grupo numeroso de
jubilados, mi hijo Juan me regaló una reflexión que no he olvidado. Me dijo que
cuanto más mayor, el tiempo es más
importante, porque queda menos.
A
medida que cumplimos años, el tiempo disponible disminuye (aunque no sabemos cuánto nos queda). Puede
parecer una idea incómoda, pero también es una invitación a vivir con más
intención. No para hacer más cosas, sino para hacer más nuestras las cosas que
hacemos.
Porque
aprovechar el tiempo no significa lo mismo para todos. Para unos será emprender
un proyecto, para otros viajar y para otros cuidar a su familia, leer un libro,
pasear sin prisa o simplemente sentarse a conversar con alguien a quien
quieren. Lo importante es que sea tu forma de aprovecharlo.
Llego
a los 53 años con una certeza mayor que cuando cumplí 23, 33 o 43: el tiempo es demasiado valioso para vivirlo
en piloto automático. Quizá por eso cada cumpleaños me parece una buena
excusa para detenerme unos minutos y hacerme algunas preguntas:
- ¿Cómo ha ido este año?
- ¿Quién soy hoy?
- ¿En quién me estoy convirtiendo?
- ¿Cómo quiero vivir el año que empieza?
No
siempre tengo respuestas claras. Pero cada vez estoy más convencido de que las
preguntas adecuadas valen mucho más que muchas respuestas apresuradas.
Y hoy,
al apagar una vela más, la pregunta que quiero llevarme al nuevo año es
sencilla:
Si el
tiempo es mi recurso más valioso, ¿estoy
dedicándolo a aquello que de verdad importa?
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