domingo, 22 de febrero de 2026

Cuidarte también es una forma de cuidar. Autoexplotarte no es vocación

El miércoles pasado tuve el privilegio de impartir el taller “Darte cuenta, elegir y actuar: autocuidado posible en contextos exigentes” dentro de la iniciativa Cuidándome te cuido.

Quiero empezar dando las gracias al equipo de Cuidándome te cuido por la invitación. Para mí fue un placer… y también un aprendizaje. Porque cada vez que entro en un grupo de profesionales sanitarios me llevo algo más de lo que doy.

Esta iniciativa nació en 2020 para crear una cultura de autocuidado entre los profesionales de Hospitales de Burgos y de Atención Primaria, proporcionando herramientas que ayuden al bienestar tanto en la jornada laboral como en la vida cotidiana

Que un programa así siga teniendo continuidad desde entonces no es algo menor. Habla de compromiso, de visión a largo plazo y de una idea clara: si queremos cuidar bien, primero tenemos que cuidarnos.

Y esto, que parece evidente, no lo es tanto en la práctica.

En profesiones como las sanitarias, donde muchas decisiones son literalmente de vida o muerte, donde el ritmo es intenso y la presión constante, es fácil entrar en modo supervivencia. Sostener, resolver, atender, acompañar… Y hacerlo una y otra vez.

Pero llega un momento en que no podemos dar más si no nos recargamos.

Especialmente en el largo plazo, no podemos estar autoexplotándonos continuamente porque “los demás nos necesitan”. Esa lógica, sostenida durante años, termina pasando factura. El cuidador también necesita ser cuidado. Y el primer responsable de ese cuidado somos nosotros mismos.

En el taller trabajamos una idea sencilla pero poderosa: el autocuidado no es una sensación, es una decisión.

Empezamos por el darse cuenta. Parar cinco minutos. Respirar. Preguntarnos:

  • ¿Qué me está pesando últimamente?
  • ¿Qué estoy sosteniendo con demasiado esfuerzo?
  • ¿Qué necesitaría más ahora mismo?
  • ¿Qué necesitaría menos?

No para buscar soluciones inmediatas. Solo para nombrar. Porque lo que no se nombra, no se puede cuidar

Después pasamos a la claridad. ¿Qué es realmente importante para mí ahora? No lo ideal. No lo que “debería”. Lo que de verdad importa. Porque lo que no eliges, te elige. Y el mayor ladrón de tiempo es no tener claros los objetivos

Y finalmente, la acción, porque “La acción más pequeña es mejor que la intención más grande”. No buscamos grandes revoluciones. Buscamos un paso posible, realista y amable:

  • Un gesto concreto de autocuidado esta semana:
  • Algo que voy a dejar de hacer o hacer menos.
  • Algo que voy a pedir (ayuda, tiempo, apoyo).

Porque cuidarse no es hacerlo todo perfecto. Es empezar por algo.

En el taller compartí algo que repito a menudo: priorizarse es dedicarse tiempo. Y dedicarse tiempo no es egoísmo, es sostenibilidad. Si yo no estoy bien, difícilmente podré sostener bien a otros.

Para “recargar pilas” propuse cinco pilares básicos, sencillos y profundamente efectivos:

  1. Dormir lo suficiente (en cantidad y calidad).
  2. Comer lo que nos sienta bien.
  3. Activar el cuerpo (ejercicio, caminar, movernos).
  4. Rodearnos de personas que nos sienten bien.
  5. Acercarnos a la naturaleza.

Y junto a esto, un trabajo igual de importante: soltar lo que nos sobrecarga y nos va desgastando. No todo lo que podemos hacer nos conviene. No todo lo que sostenemos es imprescindible.

El lema del programa lo resume perfectamente: “Cuidarte también es una forma de cuidar.”

Ojalá esta cultura de autocuidado siga creciendo. Ojalá sigamos generando espacios donde parar no sea un lujo, sino una responsabilidad. Porque cuidar al cuidador no es una moda, es una necesidad estructural.

Gracias a ese equipazo
Gracias de nuevo al equipo de Cuidándome te cuido por abrir este espacio. Y gracias a cada profesional que, en medio de agendas imposibles, decidió regalarse hora y media para parar, reflexionar y elegir un paso pequeño.

A veces, lo más revolucionario no es hacer más.

Es cuidarse mejor.

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.


miércoles, 18 de febrero de 2026

El mundo decidirá por ti… si tú no lo haces antes

 ¿Qué quieres de verdad?

“¿Qué quieres?”

Parece una pregunta sencilla. Pero no lo es.

Vivimos en modo automático. Cumplimos. Respondemos. Atendemos urgencias. Apagamos fuegos. Pasamos de una reunión a otra, de una responsabilidad a la siguiente. Y en medio de esa inercia diaria dejamos de hacernos la pregunta más importante.

👉 ¿Qué quiero de verdad?

  • No qué toca.
  • No qué se espera de mí.
  • No qué queda bien en LinkedIn.
  • No qué “debería”.

Qué quiero yo.

Hay una frase que me acompaña desde hace tiempo: “Si no sabes lo que buscas, no podrás reconocerlo cuando lo encuentres.”

Y esto es más serio de lo que parece.

  • Te puede llegar una oportunidad profesional… y no verla.
  • Una colaboración interesante… y no valorarla.
  • Una relación que te hace bien… y no atreverte.

No porque no sea buena. Sino porque no sabes si encaja contigo.

Sin claridad interior, todo parece más o menos igual. Y cuando todo parece igual, decidimos por inercia. O peor aún: dejamos que otros decidan por nosotros.

Tener claridad no es tenerlo todo resuelto. A veces confundimos claridad con certeza absoluta. Y no es lo mismo.

Tener claridad no significa tener todo planificado a cinco años vista. No significa ausencia de dudas. No significa no tener miedo. Significa tener dirección.

Y cuando tienes dirección:

  • Decides mejor.
  • Es más fácil decir “no”
  • Aprovechas mejor los “sí”.
  • Tu agenda empieza a parecerse más a tus valores.
  • El tiempo deja de escaparse en lo que no importa.

En el fondo, gestionar el tiempo es esto: elegir conscientemente a qué le das tu vida.

Porque el tiempo no es solo horas. Es energía. Es atención. Es presencia. Es vida en estado puro.

En muchos de mis cursos repito una idea que cada vez me convence más: cuando decimos que no tenemos tiempo, casi nunca es un problema de reloj. Es un problema de brújula.

Todos tenemos 24 horas. Lo que no todos tenemos es claro hacia dónde queremos caminar.

  • Si no sabes qué quieres ahora, aceptarás casi cualquier cosa.
  • Si no sabes qué quieres en esta etapa de tu vida, cualquier propuesta te moverá del sitio.
  • Si no sabes qué es importante para ti, lo urgente de otros marcará tu ritmo.

Y entonces el tiempo pasa. Y la sensación es extraña: mucho movimiento, poco sentido.

Hoy te propongo algo muy concreto. Cinco minutos. Nada más.

Para. Respira. Y pregúntate: ¿Qué quiero ahora?

  • No lo que esperan de ti.
  • No lo que deberías querer.
  • No lo que toca según tu edad, tu puesto o tu historia.

¿Qué quieres tú?

Puede ser algo pequeño:

  • Descansar más.
  • Cuidar una relación.
  • Cambiar de proyecto.
  • Decir que no a algo que te drena.
  • Empezar por fin eso que llevas meses posponiendo.

No hace falta una revolución. Hace falta honestidad.

Porque si no lo tienes claro, el mundo decidirá por ti.

Quizá hoy no puedas cambiarlo todo. Pero sí puedes empezar por esto: tener claro hacia dónde quieres caminar.

Y eso, créeme, ya cambia mucho.

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Qué es el éxito y como conseguirlo

Stephen Covey advertía que podemos pasarnos la vida subiendo la escalera del éxito solo para descubrir al llegar arriba que estaba apoyada en la pared equivocada. Es decir, podemos esforzarnos durante años persiguiendo una idea de éxito que, al final, ni siquiera era la nuestra.

Si no hacemos una pausa para preguntarnos qué es el éxito para nosotros, es fácil acabar persiguiendo lo que otros dicen que debería ser: dinero, reconocimiento, estatus, productividad sin pausa. Pero ¿y si todo eso no fuese suficiente o tan siquiera necesario?

Ayer, en uno de los cursos que imparto, hice una pregunta sencilla: ¿Qué es el éxito para ti? Las respuestas fueron tan variadas como personales. Cuando las agrupé, descubrí un patrón que invita a la reflexión. La mayoría de definiciones no tenían nada que ver con riqueza, fama o poder. Surgieron, más bien, cinco grandes temas (entre comillas las citas textuales):

  • Equilibrio y paz interior: “Estar en paz y tranquila con lo que haces”, “estar en equilibrio”, “equilibrio laboral, familiar y social”.
  • Logro y realización personal: “Hacer realidad tus objetivos”, “alcanzar lo que deseas”, “sentirse realizado”.
  • Autonomía sobre el tiempo: “Emplear mi tiempo en lo que realmente es importante para mí”, “poder hacer lo que quiera hacer”.
  • Contribución y vínculo con otros: “Hacer mejor la vida a los que me rodean”, “que cuenten conmigo”.
  • Salud y bienestar general: “Tener salud y ser feliz”.
  • Aceptación y autoexigencia sana: “Meterme en la cama sabiendo que el que hace lo que puede no está obligado a más”

Lo interesante es que todas estas ideas hablan de una vida vivible, no de logros brillantes ni medallas. Hablan de sentirte en paz contigo mismo, de tener tiempo para lo importante, de contribuir, de tener salud y de hacer que tu vida encaje con tus valores.

Este ejercicio mostró que el verdadero éxito es un concepto íntimo y personal. Por eso, definirlo en primera persona no solo es útil, es necesario. Solo así podemos poner foco en lo importante y no dejarnos arrastrar por una definición ajena.

Las respuestas también compartían otro hilo conductor: casi todo lo que llamamos “éxito” requiere decisiones constantes y personales. No basta con desear paz, equilibrio o realización; hay que cultivarlos. Y esa es también una forma de entrenar la suerte.

Cuando defines lo que es el éxito para ti te vuelves más receptivo a las oportunidades que sí encajan contigo. Tener claro tu éxito personal es como afinar la brújula antes de emprender el viaje: eliges mejor los caminos, te equivocas menos y, si te desvías, sabes cómo volver.

El éxito no es una fórmula universal, ni una meta impuesta. Es una construcción personal, que se diseña con intención. Si no te detienes a definirlo tú, alguien más lo hará por ti.

Te invito a hacer hoy este pequeño gran ejercicio: escribe en una sola frase qué es el éxito para ti ¿Tu escalera está apoyada en la pared correcta?

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.