Ayer acompañé a mi amigo Félix a un taller de respiración en Burgos, al que asistió otro grupo de amigos, que nos encontramos de vez en cuando (gracias a CISA-Aspanias por abrir el espacio).
Félix
lleva tiempo formándose, tiempo invirtiendo en afinar su manera de acompañar. Y
eso se nota. No solo en lo que hace, sino en cómo está, en la calma, en la
presencia, en la forma de sostener el espacio.
El
resultado fue claro: una experiencia profundamente nutritiva para quienes
estuvimos.
Esto
es lo que ocurrió ayer, que parece magia. Para entenderlo hay que mirar todo lo
que pasó antes. Porque lo que vivimos no fue solo “respirar”, fue parar, fue
escucharnos. Fue permitir que el cuerpo hablara. Y el cuerpo, muchas veces,
sabe antes que la cabeza.
En https://breathworkmadrid.com/ Félix explica
cómo a través de la respiración, puedes influir en cómo te sientes, reducir el
estrés, soltar tensión, aclarar lo que llevas dentro. Y, en muchas ocasiones,
conectar con algo importante: qué necesitas y hacia dónde quieres ir.
Ese
fue el ejercicio de ayer, practicar a escucharte, a parar, a elegir desde un
lugar más consciente. En un espacio cuidado, con música inmersiva, combinado
con los olores adecuados y con una guía en la forma de respirar. Cuando bajas
el ruido, aparece la claridad. Y con ella, el propósito.
Félix
tiene claro su propósito, que no es otro que acompañar a personas. En este caso
a través de una vía concreta, la respiración.
El
resultado no es casualidad, es elección, práctica y camino. Muchas veces
pensamos que las oportunidades aparecen de repente. Que “se abren puertas” y no
vemos el trabajo silencioso que hay antes. Las horas, la constancia y el foco.
La apuesta por seguir cuando no hay aplausos.
Cuando
dudas, cuando no sabes si esto llevará a algún sitio, y aun así, sigues. Hasta
que un día, la puerta se abre y desde fuera parece suerte, pero no lo es. Es el
resultado de haber estado llamando mucho tiempo.
Vivir
tu tiempo también es esto: elegir en qué inviertes tu energía, sostenerlo y
confiar en el proceso.
A
veces no necesitas hacer más. Necesitas parar, respirar y escucharte. Y desde
ahí… seguir caminando. Ayer lo vivimos en primera persona, fue un gusto acompañar
a Félix y al resto del grupo.
Seguro
que repetiremos.
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