miércoles, 18 de febrero de 2026

El mundo decidirá por ti… si tú no lo haces antes

 ¿Qué quieres de verdad?

“¿Qué quieres?”

Parece una pregunta sencilla. Pero no lo es.

Vivimos en modo automático. Cumplimos. Respondemos. Atendemos urgencias. Apagamos fuegos. Pasamos de una reunión a otra, de una responsabilidad a la siguiente. Y en medio de esa inercia diaria dejamos de hacernos la pregunta más importante.

👉 ¿Qué quiero de verdad?

  • No qué toca.
  • No qué se espera de mí.
  • No qué queda bien en LinkedIn.
  • No qué “debería”.

Qué quiero yo.

Hay una frase que me acompaña desde hace tiempo: “Si no sabes lo que buscas, no podrás reconocerlo cuando lo encuentres.”

Y esto es más serio de lo que parece.

  • Te puede llegar una oportunidad profesional… y no verla.
  • Una colaboración interesante… y no valorarla.
  • Una relación que te hace bien… y no atreverte.

No porque no sea buena. Sino porque no sabes si encaja contigo.

Sin claridad interior, todo parece más o menos igual. Y cuando todo parece igual, decidimos por inercia. O peor aún: dejamos que otros decidan por nosotros.

Tener claridad no es tenerlo todo resuelto. A veces confundimos claridad con certeza absoluta. Y no es lo mismo.

Tener claridad no significa tener todo planificado a cinco años vista. No significa ausencia de dudas. No significa no tener miedo. Significa tener dirección.

Y cuando tienes dirección:

  • Decides mejor.
  • Es más fácil decir “no”
  • Aprovechas mejor los “sí”.
  • Tu agenda empieza a parecerse más a tus valores.
  • El tiempo deja de escaparse en lo que no importa.

En el fondo, gestionar el tiempo es esto: elegir conscientemente a qué le das tu vida.

Porque el tiempo no es solo horas. Es energía. Es atención. Es presencia. Es vida en estado puro.

En muchos de mis cursos repito una idea que cada vez me convence más: cuando decimos que no tenemos tiempo, casi nunca es un problema de reloj. Es un problema de brújula.

Todos tenemos 24 horas. Lo que no todos tenemos es claro hacia dónde queremos caminar.

  • Si no sabes qué quieres ahora, aceptarás casi cualquier cosa.
  • Si no sabes qué quieres en esta etapa de tu vida, cualquier propuesta te moverá del sitio.
  • Si no sabes qué es importante para ti, lo urgente de otros marcará tu ritmo.

Y entonces el tiempo pasa. Y la sensación es extraña: mucho movimiento, poco sentido.

Hoy te propongo algo muy concreto. Cinco minutos. Nada más.

Para. Respira. Y pregúntate: ¿Qué quiero ahora?

  • No lo que esperan de ti.
  • No lo que deberías querer.
  • No lo que toca según tu edad, tu puesto o tu historia.

¿Qué quieres tú?

Puede ser algo pequeño:

  • Descansar más.
  • Cuidar una relación.
  • Cambiar de proyecto.
  • Decir que no a algo que te drena.
  • Empezar por fin eso que llevas meses posponiendo.

No hace falta una revolución. Hace falta honestidad.

Porque si no lo tienes claro, el mundo decidirá por ti.

Quizá hoy no puedas cambiarlo todo. Pero sí puedes empezar por esto: tener claro hacia dónde quieres caminar.

Y eso, créeme, ya cambia mucho.

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miércoles, 11 de febrero de 2026

Qué es el éxito y como conseguirlo

Stephen Covey advertía que podemos pasarnos la vida subiendo la escalera del éxito solo para descubrir al llegar arriba que estaba apoyada en la pared equivocada. Es decir, podemos esforzarnos durante años persiguiendo una idea de éxito que, al final, ni siquiera era la nuestra.

Si no hacemos una pausa para preguntarnos qué es el éxito para nosotros, es fácil acabar persiguiendo lo que otros dicen que debería ser: dinero, reconocimiento, estatus, productividad sin pausa. Pero ¿y si todo eso no fuese suficiente o tan siquiera necesario?

Ayer, en uno de los cursos que imparto, hice una pregunta sencilla: ¿Qué es el éxito para ti? Las respuestas fueron tan variadas como personales. Cuando las agrupé, descubrí un patrón que invita a la reflexión. La mayoría de definiciones no tenían nada que ver con riqueza, fama o poder. Surgieron, más bien, cinco grandes temas (entre comillas las citas textuales):

  • Equilibrio y paz interior: “Estar en paz y tranquila con lo que haces”, “estar en equilibrio”, “equilibrio laboral, familiar y social”.
  • Logro y realización personal: “Hacer realidad tus objetivos”, “alcanzar lo que deseas”, “sentirse realizado”.
  • Autonomía sobre el tiempo: “Emplear mi tiempo en lo que realmente es importante para mí”, “poder hacer lo que quiera hacer”.
  • Contribución y vínculo con otros: “Hacer mejor la vida a los que me rodean”, “que cuenten conmigo”.
  • Salud y bienestar general: “Tener salud y ser feliz”.
  • Aceptación y autoexigencia sana: “Meterme en la cama sabiendo que el que hace lo que puede no está obligado a más”

Lo interesante es que todas estas ideas hablan de una vida vivible, no de logros brillantes ni medallas. Hablan de sentirte en paz contigo mismo, de tener tiempo para lo importante, de contribuir, de tener salud y de hacer que tu vida encaje con tus valores.

Este ejercicio mostró que el verdadero éxito es un concepto íntimo y personal. Por eso, definirlo en primera persona no solo es útil, es necesario. Solo así podemos poner foco en lo importante y no dejarnos arrastrar por una definición ajena.

Las respuestas también compartían otro hilo conductor: casi todo lo que llamamos “éxito” requiere decisiones constantes y personales. No basta con desear paz, equilibrio o realización; hay que cultivarlos. Y esa es también una forma de entrenar la suerte.

Cuando defines lo que es el éxito para ti te vuelves más receptivo a las oportunidades que sí encajan contigo. Tener claro tu éxito personal es como afinar la brújula antes de emprender el viaje: eliges mejor los caminos, te equivocas menos y, si te desvías, sabes cómo volver.

El éxito no es una fórmula universal, ni una meta impuesta. Es una construcción personal, que se diseña con intención. Si no te detienes a definirlo tú, alguien más lo hará por ti.

Te invito a hacer hoy este pequeño gran ejercicio: escribe en una sola frase qué es el éxito para ti ¿Tu escalera está apoyada en la pared correcta?

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viernes, 6 de febrero de 2026

La suerte también se entrena, quieres saber como

“Es curioso: cuanto más entreno, más suerte tengo.”

La frase suele atribuirse a grandes deportistas, y siempre me ha hecho sonreír. No porque niegue la existencia del azar, sino porque señala algo incómodo: la suerte rara vez cae del cielo… suele encontrarte trabajando (Pablo Picasso).

Recuerdo bien la etapa de estudiante. A mí me pasaba lo mismo: cuanto más estudiaba, mejor me salían los exámenes. Podría decir que tenía suerte. Pero, si soy honesto, la “suerte” aparecía casi siempre después de horas de biblioteca, estudio y ejercicios. No era magia. Era preparación.

Con el tiempo he ido entendiendo que la suerte no solo se espera, para encontrarla, se busca y, sobre todo, se crea.

Emilio Duró suele decir que lleva toda la vida intentando entender por qué a unas personas les va bien y a otras no. ¿Tienen más suerte? ¿Nacen con estrella? Quizá parte de la respuesta esté en una idea muy sencilla y muy exigente a la vez: hay personas que preparan el terreno para que, cuando llegue la oportunidad, algo pueda crecer.

Fernando Trías de Bes y Álex Rovira desarrollan esta idea de forma magistral en el libro La buena suerte. Sin desvelar la trama, el mensaje de fondo es claro: la buena suerte no es un golpe puntual de azar, sino algo que se construye creando las circunstancias adecuadas. No depende de ti que llueva… pero sí de ti haber sembrado antes

Mirando aún más atrás, Séneca ya lo había formulado con una precisión casi matemática: “La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad.”

Si lo piensas bien, encaja con otra frase que seguramente has escuchado muchas veces: “Si quieres que tu suerte cambie, cámbiate a ti mismo.”

Porque seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes es la definición de locura atribuida a Einstein. Cambia tus hábitos, tu manera de mirar, tu forma de actuar… y cambian las probabilidades de que pasen cosas distintas.

Hace tiempo me compartieron un acrónimo que me gusta mucho porque baja todo esto a tierra. Me lo pasó Pedro Sánchez, compañero en la Universidad (no, no el presidente):

SUERTE: Saber Utilizar Efectivamente Recursos para Tener Éxito.

La suerte, vista así, deja de ser algo etéreo y se convierte en algo muy concreto: aprender, usar bien lo que tienes, insistir, soltar lo que ya no sirve y atreverte a hacer cosas nuevas. No garantiza el éxito inmediato, pero aumenta muchísimo las posibilidades.

Quizá por eso la buena suerte suele durar más: porque no depende solo de factores externos, sino de decisiones diarias. De cómo entrenas, de cómo estudias, de cómo cuidas tus relaciones, de cómo respondes cuando algo no sale como esperabas.

Te dejo con una pregunta para que la mastiques con calma:

👉 ¿Qué estás haciendo hoy para preparar el terreno de tu suerte de mañana?

Y, si miras tu vida con honestidad… ¿en qué pequeño cambio podría empezar a cambiar también tu suerte?

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