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lunes, 13 de noviembre de 2023

Si no cumplo, lo que prometo entonces es…

 Me he propuesto escribir una entrada a la semana en el blog, al menos hasta final de año. Como lo mejor para hacer algo, con menos esfuerzo, gastando menos fuerza de voluntad, es construir un hábito, pues me había planteado establecer la rutina de escribir los domingos por la mañana.

Ayer fallé, el fin de semana fue diferente, me fui a Madrid, no estaba en mi entorno habitual y decidí no llevar el ordenador ni buscar donde escribir. Era un fallo casi planificado, tenía otras cosas prioritarias.

También es cierto que podría haberlo escrito antes y que se publicase el domingo, pero el lío de la semana me llevo a no hacerlo antes.

¿Y ahora qué? Nos puede pasar lo mismo cuando nos planteamos que para hacer ejercicio vamos a ir los martes y jueves, por la tarde, según salimos de trabajar, al gimnasio. Llega el martes y algo se nos cruza, con fallar un par de martes, se pierde la rutina, el hábito y se abandona. Faltar es lo que se convierte en rutinario y no el ir.

Una receta sencilla para solucionar el tema es decidir por anticipado que vamos a hacer si fallamos con nuestro compromiso con nosotros mismos. En mi caso, si no escribo el domingo voy a escribir el lunes (como estoy haciendo ahora). En el caso del gimnasio me puedo plantear que si no voy el martes recuperaré el miércoles (o el sábado si no quiero hacer dos días seguidos).

Es tan sencillo como decir, “si no cumplo…, lo que prometo entonces es…”. Comprometerse por anticipado en caso de fallar. Nos ayudará a mantener y seguir desarrollando el hábito. El fallo forma parte del proceso, en lugar de castigarnos y recriminarnos por lo que no hemos hecho, mirar hacia delante y buscar la solución.

En general sabemos lo que nos conviene o lo que queremos, muchas veces fallamos en la ejecución ¿Por qué no hacemos lo que nos conviene? Ya en 2019 escribí sobre como hacer lo que nos va bien. Tres claves: hábitos, concretar las actividades, prestar atención a cuando llega el impulso.

¿Quieres ganar en autoestima y autoconfianza? La confianza se la gana aquel que hace lo que dice que va a hacer. Para ganar confianza conmigo mismo, autoconfianza, la clave es hacer lo que me digo que voy a hacer. Comprometerme y cumplir.

Lo mismo si nos hemos comprometido con otros, tratar de no fallar y en caso de fallo buscar enmendar lo no cumplido. Disculparnos y buscar alternativas, mirar al futuro en lugar de quedarnos atrapados en el fallo.

La compasión con uno mismo, castigarnos menos por no cumplir, ayuda a la resiliencia, salir adelante asumiendo las consecuencias. Permite reconocer nuestro fallo y buscar compensar, hacer algo cuando fallamos. Planifica que vas a hacer cuando te falle el hábito o la fuerza de voluntad. El único que no falla es aquel que no se compromete a nada.

De momento creo que con esto doy por compensado lo que no escribí ayer, domingo, haciéndolo el lunes.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Cuando las cosas no salen cómo esperas

El pasado fin de semana, puente de Todos los Santos, aprovechamos para hacer turismo, como mucha otra gente. Los restaurantes y hoteles estaban a tope, igual que cuando vas en el metro a hora punta, es el precio que hay que pagar por ir todos al mismo tiempo a los mismos sitios.

Cinco niños y cuatro adultos en la aventura de disfrutar un fin de semana. El sábado teníamos concertada visita a una mina a las 16.30, entramos a comer a un restaurante en el que teníamos reserva a las 14.30 y allí estaba nuestra mesa, con tiempo de sobra para salir a las 16.15 hacia la mina.
Foto de la mina Esperanza en Olmos de Atapuerca (Burgos)
Enseguida habíamos conseguido pedir un primero y un segundo del menú del día, nada complicado. Una hora más tarde todavía no habían traído ningún plato. Después de insistir, a las 15.35 sirvieron cinco primeros, dos de los primeros para los adultos y otros tres primeros que no habíamos pedido, no estaban en el menú, poco apropiados para los peques.

Las cosas no estaban saliendo como estaba previsto. Si no sale según lo previsto es hora de revisar opciones:
  1. Podemos volver a insistir en lo que habíamos pedido.
  2. Podemos cabrearnos y entrar en una discusión que no lleva a nada.
  3. O podemos orientarnos a las soluciones, aunque no sean las óptimas.

Las dos primeras nos llevan a resultados que no queremos.
  1. Insistir cuando tenemos un camarero desbordado que no da más de sí (o un compañero de trabajo, de vida o un hijo) no lleva a la solución, lleva a que se desborde más y piense menos.
  2. Cabrearse tampoco lleva a soluciones. Según Dale Carnegie “Nadie puede ganar en una discusión”. Una discusión es una conversación donde nadie escucha a nadie, solo se piensa en contestar. Si te enfadas pierdes la orientación a la solución y te esfuerzas por tener razón aunque no se solucione nada.

Como está claro que la mejor opción es la tercera, veamos cómo orientarnos a la solución:
  1. Decidir qué es lo importante: en nuestro caso que los niños coman algo, son la prioridad y los que más sufren si no comen. Los adultos podemos aguantar un poco más.
  2. Ver y hablar sobre qué es lo que se puede hacer. No presionar más y mucho mejor si se quita presión. Carmen tomó la iniciativa, fue hacia la cocina y pregunto qué es lo que se podía servir ya, olvidándonos del menú.
  3. Pedir dando opciones es distinto de protestar por lo que no ha funcionado (buscar soluciones y no culpables). Vista la opción de comer un filete a la plancha plantearla cómo solución.
  4. Permitir que la otra parte salve su prestigio. Finalizamos la estancia en el restaurante planteando que nos cobrase un precio acorde a la situación sufrida, entendiendo que estaban desbordados y que el servicio había sido malo (basado en la evidencia).
  5. La relación se puede salvar, el precio fue adecuado, medio comimos y pagamos media comida y puedo decir que es posible que vuelva a probar a ir otro día con menos gente (el restaurante nos lo habían recomendado, lo que no siempre garantiza plena satisfacción). 

Finalmente pudimos disfrutar del día… Realmente elegimos disfrutar y lo pasamos bien en la mina y con el helado que compramos para compensar la escasa comida.


Cuando las cosas no salen cómo esperas te puedes centrar en lo que va mal o te puedes centrar en lo que todavía puede ir bien. Ver el vaso medio lleno o medio vacío, tú decides buscar culpables o soluciones.