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sábado, 25 de julio de 2026

La vida no siempre pide cita previa

En unos días nos íbamos de vacaciones. Era un plan esperado desde hace tiempo. Descansar, desconectar, estar con la familia y disfrutar de unos días sin horarios.

Sin embargo, este año las vacaciones han llegado acompañadas de otra realidad.

He empezado la rehabilitación del codo después de la operación. Y justo ahora aparece una decisión incómoda: si me voy de vacaciones, interrumpo la rehabilitación durante esos días. Si me quedo, mantengo el tratamiento, pero renuncio a compartir ese tiempo con mi familia.

Existe una tercera opción (casi siempre existe). Volver para hacer la rehabilitación y regresar de nuevo con ellos. Un viaje de cuatro horas para cuarenta y cinco minutos de ejercicios. Al día siguiente, otra vez; y de nuevo volver. No parece la alternativa más cómoda, pero finalmente tomo esta opción.

No es perfecta. Me habría gustado pasar todas las vacaciones con mi familia, sin interrupciones. Pero ahora mismo hay algo que tiene más prioridad. Recuperar bien el codo.

Eso no significa que las vacaciones hayan dejado de ser importantes. Siguen siéndolo. Descansar y compartir tiempo con quienes quieres siempre merece la pena. Lo que ocurre es que, en este momento, ha aparecido algo que pesa más en la balanza.

Y eso me ha hecho pensar que la importancia nunca es absoluta. Es comparativa, es relativa.

Algo nos parece muy importante... hasta que sucede otra cosa que cambia completamente el orden de nuestras prioridades. Un problema de salud, un accidente, una enfermedad de alguien cercano o una situación inesperada pueden hacer que aquello que ocupaba el primer lugar pase, de repente, al segundo, al tercero o incluso deje de tener relevancia.

La vida reorganiza nuestras prioridades con una rapidez sorprendente. El problema aparece cuando seguimos dedicando tiempo y energía a lo que ayer era importante, aunque hoy ya no lo sea.

Muchas veces no necesitamos hacer más cosas.

Necesitamos decidir mejor cuáles merecen realmente nuestro tiempo.

Cuando las prioridades están claras, muchas decisiones dejan de ser tan difíciles. Puede que no nos gusten. Puede que impliquen renuncias. Pero al menos sabemos por qué las tomamos.

En mi caso, la prioridad ahora es la rehabilitación, después vendrá todo lo demás.

Y dentro de ese "todo lo demás", intentaré hacer lo mejor posible. Compartiré con mi familia todos los momentos que pueda, disfrutaré de los días que estemos juntos, descansaré cuando sea posible.

No será el verano que imaginábamos. Puede ser el mejor verano posible dadas las circunstancias.

Quizá esa sea una buena forma de ordenar la vida, colocar primero lo prioritario. Y, con el tiempo que queda, hacer lo mejor que podamos con todo lo demás.

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jueves, 4 de junio de 2026

El regalo inesperado de bajar el ritmo

Hay un dicho que siempre me ha gustado: “Si quieres ir deprisa, vísteme despacio”. Estos días está cobrando para mí un significado especial.

Desde el accidente de bicicleta tengo algunas limitaciones que me obligan a hacer las cosas de otra manera. Entre ellas, escribir con la mano izquierda. Y resulta curioso lo que ocurre cuando escribir te cuesta más: piensas mejor lo que vas a escribir.

Las palabras salen más despacio, corriges menos, te das cuenta de que no merece la pena escribir tres veces una frase porque antes de empezar ya la has pensado un poco más. Lo mismo ocurre con muchas otras tareas. Cuando no puedes hacerlas con la misma facilidad de siempre, te paras a valorar si realmente merece la pena hacerlas.

Vivimos en una época que premia la velocidad. Contestar rápido, decidir rápido, producir rápido. Sin embargo, muchas veces esa prisa nos hace dar rodeos. Hacemos algo deprisa, detectamos errores, corregimos, volvemos a revisar y terminamos dedicando más tiempo del que habríamos empleado si hubiéramos ido un poco más despacio desde el principio.

También estoy descubriendo otra consecuencia inesperada de esta situación. Como no puedo hacer todo lo que normalmente haría, la priorización se vuelve mucho más clara.

Cuando tienes menos capacidad disponible, empiezas a distinguir mejor entre lo importante y lo accesorio. Algunas cosas que parecían urgentes dejan de parecerlo. Algunas tareas que llenaban la agenda desaparecen sin que ocurra ninguna tragedia. Y otras, en cambio, muestran claramente que sí merecen atención.

El accidente no ha sido bueno. Nadie desea una caída ni las molestias que vienen después. Pero dentro de lo que ha ocurrido, sí me está regalando algo valioso: más claridad para elegir. Más conciencia de que no puedo hacerlo todo. Más permiso para centrarme en aquello que realmente aporta valor.

La paradoja es que esta lección no solo sirve cuando uno está limitado físicamente. También es válida cuando estamos perfectamente bien. La diferencia es que, cuando tenemos toda nuestra energía disponible, solemos olvidar que sigue siendo imposible hacerlo todo. Entonces llenamos los días de compromisos, tareas y proyectos hasta que volvemos a sentir que nos falta tiempo.

Creo que este periodo va a ser, en parte, un tiempo de reflexión. Una parada obligatoria de la que espero sacar fruto. Un tiempo para observar qué merece realmente mi atención y qué puedo dejar pasar. Un tiempo para salir con las ideas más claras y con una selección más consciente de lo que hago y de lo que no hago.

Porque a veces la vida nos obliga a bajar el ritmo para enseñarnos algo que la prisa no nos deja ver.

Mi recomendación es sencilla: no esperes a tener un accidente, una enfermedad o un agotamiento para darte cuenta de que no puedes hacerlo todo. Puedes parar un momento hoy mismo. Revisar tus compromisos. Preguntarte qué es realmente importante. Y elegir con más calma.

Muchas veces, la forma más rápida de avanzar consiste precisamente en ir un poco más despacio.

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domingo, 7 de diciembre de 2025

Planificar también es cuidar: del tiempo, de la pareja y de uno mismo

Esta semana una amiga me envió la imagen que acompaña este post. Me la mandó porque sabe que, al final, la gestión del tiempo tiene mucho que ver con lo que decidimos hacer y con lo que metemos —o no metemos— en la agenda. El tiempo pasa igual para todos, pero no todos vivimos igual el paso del tiempo. Y muchas veces no es cuestión de velocidad, sino de intención.

La frase de la imagen es provocadora, incluso para algunos puede sonar burda o poco elegante: “¿Buscar hueco para el sexo en la agenda? Una práctica recomendable a pesar de su mala fama.”

Pero detrás de ese titular llamativo hay una idea que merece masticarse despacio: si nunca reservas tiempo para algo, lo más probable es que no ocurra. Y eso incluye el sexo, sí, pero también el deporte, una cerveza con amigos, leer un libro, dormir la siesta o avanzar en un proyecto que lleva meses pidiendo un hueco.

Muchas personas rechazan la idea de “agendar” algo que se supone espontáneo. Parece que ponerlo en el calendario le quita magia. Pero lo cierto es que, si lo dejamos todo en manos de la espontaneidad, el día a día se nos come. Especialmente si eres padre o madre (como yo lo soy). Cuando los niños son pequeños, ¿quién no ha sentido que desaparecen horas enteras, semanas incluso? Cosas que te sientan bien, que te gustan, que te importan… quedan arrinconadas. A veces incluso perdemos hasta la libido, ocupados como estamos en sobrevivir a la logística familiar, laboral y doméstica. La mente se pone en modo supervivencia y desconectamos de lo que nos hace bien.

Y no solo pasa con cosas individuales. También ocurre con las relaciones. A veces los buenos momentos con las personas con las que compartimos la vida solo se dan si buscamos explícitamente esos ratos en los que coincidir. Si no lo hacemos, la vida nos lleva por delante y esos momentos no surgen, no aparecen. Con los amigos, con la familia, con los hijos… muchas veces hay que forzar esos encuentros.

No es raro que organizar una simple comida que apetece se convierta en una odisea de agendas, mensajes y cambios. Y sí, nos la jugamos: quizá cuando llegue el día ya no apetece tanto, o surge algo, o estamos cansados. Pero si no reservamos ese momento, con el devenir natural de la vida rara vez aparece por sí solo. Confiar únicamente en “el fluir” o en que “ya surgirá algo” es condenar muchos buenos momentos a no existir. Entre otras cosas, porque las coincidencias espontáneas de energía, ánimo y disponibilidad entre varias personas son más raras de lo que imaginamos.

Por eso, cada viernes por la tarde suelo sentarme a planificar la semana. Nada rígido, nada milimétrico. Dejo huecos libres, porque si llenas cada minuto, cualquier imprevisto hace saltar todo por los aires. La planificación no es una jaula: es un marco flexible que te permite tener claridad sin renunciar a la espontaneidad.

Y dentro de esa flexibilidad, hay algo clave: reservar tiempo para lo importante, para lo que te hace bien.

  • Aunque no sea urgente.
  • Aunque no haya una fecha límite.
  • Aunque requiera una intención previa.

Porque si no reservas un hueco, incluso aquello placentero o esencial acaba quedándose fuera. A veces pueden pasar meses esperando “el momento perfecto”, ese que nunca llega. Y si reservaste un espacio y al final no se dio, porque también hay incertidumbre en lo importante, pues ya está: se vuelve a intentar. No siempre que se siembra se recoge, pero lo que es seguro es que: si no siembras, no recoges.

La imagen que me envió mi amiga tiene mala fama por lo que sugiere, pero en el fondo apunta a algo que todos necesitamos recordar:

Haz espacio para lo que te importa, o la vida lo hará por ti… y no siempre en la dirección que te gustaría.

Así que te pregunto, y me pregunto también:

  • ¿Qué es lo importante para ti esta semana?
  • ¿Has reservado un espacio para ello?
  • ¿Hay tiempo suficiente?
  • ¿O lo urgente está ocupando todos los huecos, dejando fuera lo verdaderamente significativo?

Quizá hoy sea buen momento para abrir la agenda y sembrar algo que llevas demasiado tiempo posponiendo.

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domingo, 5 de noviembre de 2023

Retiro, retirada, recapitulación

Esta semana he estado de retirada, de retiro, de recapitulación. Como dicen en las guías de viaje, he estado cuatro/cinco días y tres noches. Desde el lunes al anochecer hasta el viernes por la mañana he hecho tiempo para estar conmigo mismo, prácticamente sin contacto con otros y parando el hacer.

Lo primero fue dejar el reloj y el móvil. El reloj que nos indica la hora y a veces nos esclaviza. Sin referencia externa de cómo pasan los segundos, minutos y horas; había que confiar en el reloj interno, que llevamos dentro. Sin móvil ni mensajes, tampoco correo electrónico. Unos días sin conexión externa para tener conexión interna, conmigo mismo. Contraste entre lo interno y lo externo, nuestro percibir de lo que tenemos dentro en lugar de dejarnos arrastrar por lo que pasa fuera.

En un espacio donde conectaba con la naturaleza, sus sonidos, el clima, el sol, la luna y las estrellas ¡Qué importante es el lugar que habitamos! Espacio solo, donde me sentía acompañado por otros 32 que estaban cerca, viviendo su propia experiencia. Agradecido por esa compañía.

Todo el contacto, sin palabras, con otra persona, ha sido recibir tres visitas al día. En dos de ellas traía un zumo para beber y en la tercera algo de comida. Sentirse cuidado, sabiendo que podemos contar con otra persona, a pesar de estar separados. Gracias Nerea por estar ahí para nosotros.

El propósito era recapitular lo vivido, los momentos significativos de la vida, momentos importantes, que han sido relevantes y siguen teniendo impacto en nosotros, en nuestra forma de vivir y ver el mundo, en como sentimos, actuamos, reaccionamos y nos relacionamos. Integrarlos de nuevo, en la mente, el cuerpo y el alma.

Gracias a la guía de la abuela Ana Luisa Solís, quien nos enseñó como hacer esta recapitulación y nos acompañó hasta la puerta de entrada y nos recibió a la salida. Nos ha guiado en la experiencia, explicándonos el lunes por la tarde la metodología, lo formal y lo que íbamos a transitar, adelantando algunas cosas que solo se pueden comprender cuando las vives.

Gracias por la cuenta del viernes, que deja constancia de la experiencia, como nos dijo “cada cuenta, cuenta”, cada experiencia cuenta. Parte del trabajo está hecho, otra parte la seguimos haciendo a la vuelta.

La importancia de la guía, de sentirte acompañado por alguien que ya he hecho el camino. Encontrar el guía y dejarse guiar. Dicen que el maestro aparece cuando el discípulo está preparado. No solo hay que encontrar quien te guíe, hay que estar abierto a esa guía y dispuesto a seguir el camino. Encontrar guías que nos orienten, en este caso que nos acompañen a encontrar nuestra guía interior.

Es difícil, diría que imposible, trasmitir en unas líneas la experiencia, profunda y vital. Como estando “solo” he podido sentir más conexión, con otros y con la naturaleza, que estando rodeado de gente. Volver a lo antiguo, el origen, sentir el paso del tiempo en el cuerpo, en la luz. Decía Einstein que el tiempo es relativo, he sentido que largo se puede hacer un día que en otras ocasiones pasa casi en un instante.

Imagen creada con Bing creator
Recapitular los momentos significativos da claridad de lo importante, tanto personas como actividades y lugares. Tan metidos en la vorágine y actividad de cada día, nos perdemos en nimiedades, descuidando lo importante. Cada uno define lo que es importante para él, hay que parar y verlo.

Recuperar el pasado me ha ayudado a ahondar en la conexión con mis raíces, mi historia, mi pasado y antepasados. Formamos parte de un todo, eslabones de una cadena, que viene y continua, se ramifica y se vuelve a encontrar. Formamos partes de la naturaleza que a veces maltratamos, tanto la cercana como la lejana, que está ahí para nosotros.

Darme cuenta de que me puedo retirar cinco días, el mundo sigue girando (¡Vaya sorpresa!). Algunos se dan cuenta y preguntan, otros ni siquiera se han dado cuenta.

Darme cuenta del tiempo de vida dedicado a la conexión tecnológica. Más de 500 mensajes y unos 80 correos electrónicos en espera de que volviese. Mucho más fáciles de gestionar todos juntos que en múltiples interrupciones diarias (pero eso da para otra entrada del blog).

Conexión con los de lejos que nos impide estar con los que tenemos al lado, que bueno es poder apartarnos de esa tecnología de vez en cuando, un rato, aunque solo sea media hora, para poder estar con los de cerca. También para poder estar conmigo mismo. La tecnología a veces nos entretiene y nos despista de lo que es importante.

Gracias Amor y Raquel por la organización, por crear el canal y el espacio, dar lugar a la experiencia y generar la estructura. Para simplemente estar necesitamos soporte y confianza. Gracias por crear espacios seguros, de encuentro con uno mismo y con los de cerca. Gracias por ser y estar.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Ponte las cosas fáciles, simplifica

Hay veces que tengo la sensación de ser un burro con demasiada carga. Las obligaciones, lo que debo hacer, la carga, se ha ido incrementando y ya apenas puedo con ella.

Con demasiada cargar es imposible avanzar

Si me paro a mirar llevo muchos bultos inservibles, que en su día tuvieron un propósito y que se han quedado en el carro. Carga que sigo arrastrando sin pararme a poner orden.

Es como el armario sin revisar, donde hay ropa de hace años, que ya no uso y que sigue ocupando espacio. O la estantería, donde están libros que me interesaban hace tiempo y que ahora sería mejor regalar. O proyectos acumulados, a medio empezar y que ya no merece la pena terminar. Cosas, ideas, de las que me da pena o miedo desprenderme. Parece que ando en una economía de postguerra, donde hay que guardar por si acaso en algún momento hace falta.

Más cosas, más proyectos, … ¡más, más y más…! Parece que es a lo que nos arrastra la sociedad de consumo. Acumular sin parar, sin pensar, sin detenernos a valorar, a elegir. Merece la pena que nos demos cuenta que en la mayoría de las ocasiones “Menos es más”.

“Menos es más”

Empezamos la semana, el día, llenos de posibilidades, cosas que hacer. Opciones que nos abruman y nos hacen estar saltando de una cosa a otra, con pequeños avances, insuficientes en la mayoría de los casos. Incapaces de abandonar algunas cosas, incapaces de elegir, sin percatarnos de que no cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas. Y para acabar tenemos que mantener el foco, la atención, elegir que vamos a acabar hoy.

“No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas”

Te invito esta semana a parar, a mirar, a escoger lo importante en tu vida. A dejar lo menos importante. Es una ilusión lo de que podemos con todo. No puedo con todo. No puedes con todo. No somos omnipotentes. Y sí podemos con lo importante. Es nuestro privilegio escoger.

Cuando simplifiques el número de actividades, una vez elegido lo que vas a hacer, aprende a simplificar el cómo hacer. Hay caminos más fáciles que otros para llegar al objetivo. Hay caminos que, aunque sean más difíciles, puedes disfrutar más, de los que puedes aprender más o que te apetecen más. Cuando vas a caminar a la naturaleza hay caminos que puedes disfrutar más. Si planificas, si te informas, puedes escoger qué camino tomar y conocer cuáles son las alternativas.

De pequeños nos enseñaron a simplificar en matemáticas, para que las operaciones nos resultasen más sencillas. Con la práctica la simplificación aparece de forma automática, sin darnos cuenta, después de todo el esfuerzo consciente para simplificar.

Simplificar es un hábito. Te propongo que cada día escojas que es lo más importante para ti, decide que es lo que vas a terminar (puede ser una parte de un proyecto más grande) y busca la manera más simple de hacerlo. Después, manos a la obra.

“Cuando tienes claro el objetivo es más fácil mantener el foco”

Las circunstancias pueden ser difíciles. Nosotros escogemos como hacerlas frente, elegimos que batallas luchar. Otras veces, aunque las circunstancias son favorables, podemos, sin darnos cuenta, ponernos las cosas difíciles.

domingo, 6 de septiembre de 2020

No puedes acabar una tarea a menos que la empieces

 Hay días que soy un maestro de la procrastinación (hacer cosas triviales posponiendo las importantes), de dejar para mañana lo importante, entreteniéndome con mil tareas menores, sin importancia, que me dan la sensación de que hago algo productivo, mientras lo importante, lo que quería hacer sí o sí se queda en el tintero, sin hacer. Nos consolamos diciendo, “al menos estoy haciendo algo”.

El problema se agrava si esté hábito improductivo se alarga: una semana, varias semanas... Puedo ser consciente si me doy cuenta de que lo importante lleva demasiado tiempo sin avanzar.

Mejor no hacer nada que estar ocupado en cosas poco útiles que te despistan

Cuando lo importante no avanza y tiene fecha límite, con el tiempo, se convierte en una crisis. Al ser importante, va a tener consecuencias, y como al ir dejándolo, queda poco tiempo para la fecha límite, el estrés aparece. Si el estrés es moderado y puntual nos puede ayudar a superar esa crisis. Otro problema es cuando las crisis son una constante, el estrés se convierte en crónico, saltando de una crisis a la siguiente.

“Posponiendo lo importante provocamos crisis en nuestra vida cuando se convierte en urgente”

Lo importante puede pasar inadvertido cuando no hay fecha límite, lo podemos posponer de manera infinita. Suelen ser las que nos llevan a resultados muy positivos si las hacemos y que, sin embargo, pasan desapercibidas si no las hacemos. Si pones fecha a lo importante, al menos te darás cuenta de por cuanto tiempo lo vas posponiendo.

Lo importante es lo que tiene consecuencias. Lo que hacemos nos lleva a resultados. Las consecuencias pueden ser muy buenas cuando hago algo con importancia o al hacerlo puedo evitar unas consecuencias negativas.

Dejar para mañana es un hábito, cuanto más vas dejando una cosa más fácil es que la sigas dejando para más adelante. Si procrastinas en algún ámbito de tu vida es más fácil que también lo hagas en otros. Si quieres obtener resultados diferentes tienes que romper el hábito.

“Si lo dejas para mañana un día, es probable que los días vayan pasando uno tras otro”

Puedes ir dejando lo que te desagrada, aun sabiendo que lo tienes que hacer, con lo que la preocupación y el desagrado irán creciendo. Hazlo primero, cuanto antes, y disfruta del resto. Es más fácil hacer lo que nos gusta, aunque las consecuencias no sean las que nos gustan. Inteligencia para ver las consecuencias de nuestros actos.

Otro motivo es encontrar la tarea abrumadora o demasiado difícil, no sabes por dónde empezar. Puedes dividirla en tareas más pequeñas, empezar a hacer y normalmente el camino aparece ante ti. No puedes ver todos los giros hasta que no empieces a andar ¡Cuantas veces lo que parece tan difícil no lo es tanto si nos ponemos a ello!

“No puedes acabar una tarea a menos que la empieces”

También nos lleva a posponer las cosas el perfeccionismo, que nos paraliza, la indecisión ante la necesidad de acertar, no equivocarnos. Aunque no actuar puede ser un error mayor. Los autores perfeccionistas siempre están revisando el primer capítulo, así que rara vez terminan un libro.

Algunas preguntas que te pueden ayudar a tomar conciencia: ¿Qué suelo procrastinar? ¿Qué estoy posponiendo ahora? ¿Cómo me siento al darme cuenta? ¿Qué causa mi hábito de dejar para más tarde? ¿Cuáles son las consecuencias?

Por otra parte, ver lo que dejas para más adelante, puede hacerte ver que realmente no lo quieres hacer, no te toca (es responsabilidad de otro), no está de acuerdo con tus valores y prefieres aceptar las consecuencias de no hacerlo. En ese caso, es momento de pasar página, dejarlo y dejar de sentirte culpable por no hacerlo.

Dos reglas para conseguir cualquier cosa: primero empieza y después continúa ¿Qué quieres conseguir? Pues es momento de empezar, deja de ponerte excusas.

domingo, 12 de julio de 2020

Escoger los objetivos y las batallas a luchar


Desde el final del confinamiento los compromisos se multiplican. Es algo típico de nuestra época, la multitud de opciones, las infinitas posibilidades. Muchos me han hablado de la tranquilidad de tener menos alternativas, con una elección más sencilla, mientras hemos pasado más tiempo en casa.

Con un aumento de nuestros proyectos, de ocio o trabajo, es posible pasarse todo el día haciendo, saltando de una cosa a otra, sin acabar ninguna, preguntándose al final del día ¿qué he hecho hoy? No he parado y estoy agotado. Si hago balance resulta que no siento que avance.

Despistado en demasiados pozos sin avanzar en lo importante - Dibujo de Sofía Fontaneda

Despistado entre tantas cosas llevo sin avanzar en lo importante dos semanas, perdido entre tareas menores, compromisos, socialización, etc. Quizá me hacía falta dispersarme un poco, perder el foco, para después volver con más energía.

No es cuestión de sentirse culpable y castigarse, sino darse cuenta y recentrarse, volver al camino que lleva al objetivo, después de haber explorado una zona.

En ocasiones, menos, es más, empezando menos cosas conseguimos acabar más. Y es que no cuenta lo que empiezas, cuentalo que acabas. Inmersos en demasiados proyectos nos perdemos, sin un foco claro, desperdiciamos el tiempo saltando de un objetivo a otro.

Ya lo dice el refrán, “el que mucho abarca poco aprieta”. Como no podemos hacerlo todo, la única salida es elegir que sí vamos a hacer. Esto debe venir acompañado de lo que dejamos para más adelante, o lo que directamente no vamos a hacer.

Si todo es importante resulta que nada es importante. La importancia resulta de comparar. Supone priorizar, poner primero, poner por delante ¿Qué es lo prioritario? ¿Si solo pudiese hacer una cosa que haría?

La multitarea, hacer varias cosas a la vez, es una quimera. Solo podemos simultanear tareas sencillas, que no requieran mucha concentración o que tengamos automatizadas. El cerebro funciona de forma secuencial, así que si simultaneamos tareas lo único que hacemos es trabajar cambiando muy rápido de una a otra y vuelta a empezar.

De forma que realmente solo hacemos una cosa en cada momento. Siendo así lo más sensato parece escoger una sola cosa y concentrarnos en ella.

Te propongo que al empezar cada día escojas una sola cosa, la que consideres más importante para el día y te centres en ella hasta darte por satisfecho. Después puedes pasar a otra.

La importancia la marcas tú. Lo más importante puede ser, si estás bloqueado en el trabajo, dedicarte a descansar. La inspiración puede venir en momentos de descanso. O cargar las pilas permite que mañana empieces con mayor energía.

Hoy he dado prioridad a escribir esta entrada del blog y puedo sentirme satisfecho de que está terminada. Puedo dar paso a la siguiente prioridad, disfrutar de la naturaleza en plenitud, equilibrar esfuerzo y disfrute.

domingo, 21 de junio de 2020

Si no puedes hacerlo todo, elimina y delega

¿Tienes la sensación de que no puedes hacer todo? Quizá, más que una sensación, sea una realidad. Hay ocasiones que no tenemos suficiente tiempo para todo lo que tenemos o queremos hacer.

Podemos probar estrategias que no funcionan en el largo plazo, trabajar demasiado, dormir menos o tratar de ir más rápido, con los errores y repeticiones que ello conlleva.

Solo hay dos caminos para encontrar tu tiempo para lo importante: eliminar y delegar. A ti te corresponde la responsabilidad de decidir qué es lo importante, lo prioritario, lo que pones primero, poniendo otras cosas después.

He escuchado muchas veces la frase “todo es importante”. La importancia es un término relativo, más importante o menos importante que lo demás. Si todo es importante resulta que no hay diferencias, nada tiene mayor importancia, luego igual puedo decir que nada es importante.

“Si todo es prioritario entonces nada es prioritario”

El primer paso es decidir qué se quedará sin hacer. El principio de realidad nos indica que: si no hay tiempo para todo, no se puede hacer todo, aunque nos empeñemos. Es mejor que decidas tú qué es lo que dejas en lugar de que se quede lo más importante sin hacer (a veces hacemos lo poco importante, con la esperanza de dejar tiempo libre, para centrarnos en lo importante, que es lo que finalmente se queda sin hacer, porque es tiempo imaginario nunca llega).

“Elimina lo que no merece la pena (lo menos importante)”

El siguiente paso es delegar. Decidir que es mejor que hagan otros. Vencer la barrera que nos impide delegar, porque pensamos que no lo van a hacer como nosotros (eso es casi seguro, aunque igual lo hacen mejor) o porque no queremos tomarnos la molestia de enseñar.

Delegar puede dar sus frutos inmediatos con una delegación sencilla. La mejor delegación da sus frutos en el largo plazo.

Pondré un ejemplo de andar por casa. Supón que tienes un hijo de tres años, hay que recoger la habitación de juguetes ¿Qué es más fácil, recoger tú o hacer que el niño la recoja (delegar)?

¿Qué es más fácil? ¿Recoger o hacer que recojan?
Si has tenido la experiencia la respuesta es clara, mucho más fácil y rápido recoger tú. Si quieres que tu hijo recoja tendrás que hacerlo con él, si lo dejas solo no va a ser capaz, además de que es probable que se ponga a jugar de nuevo.

Además, no será suficiente recoger con él una vez, tendrás que hacerlo más de una vez. Y cuando lo haga solo, tendrás que ir a supervisar como ha ido, a hacer correcciones.

Con el tiempo, será capaz de hacerlo solo porque le has dado la oportunidad de aprender, de hacer contigo, equivocarse y finalmente ser capaz de hacerlo solo. En el largo plazo ya no tendrás que recoger ni supervisar. Esto es el empoderamiento, el empowerment en inglés, que parece que suena más grandilocuente, desarrollar a las personas.

Lo mismo funciona para que se pongan en el desayuno, se vistan, hagan la cama y un largo etcétera. Inicialmente tienes que acompañar, después el aprendizaje da sus frutos.

“La delegación supone esfuerzo al principio y da sus frutos en el largo plazo”

Lo mismo pasa en el trabajo cuando llega alguien nuevo. Los recién salidos de su formación, cuando empiezan a trabajar, quizá no saben mucho, lo que sí tienen son muchas ganas, mucha energía, ilusión y pasión. Tienen ganas de aprender, ayúdalos y podrás delegar, cometerán equivocaciones, como hemos hecho todos y en no mucho tiempo darán sus frutos. También nos sorprenderán con soluciones nuevas.

No podemos tener prisa, es como la agricultura, con el trigo, si tiramos de la espiga, para que crezca más rápido, solo conseguiremos arrancarla, la maduración, el aprendizaje, tiene sus tiempos.

“Tener paciencia para recoger los frutos de la delegación”

Uno de los problemas de nuestro sistema son los contratos precarios, no dejan el tiempo suficiente de maduración, de aprendizaje, de este modo pierde el trabajador y pierde la empresa, perdemos todos, en competitividad y productividad. Pero este ya es otro tema.

Puedes encontrar otras formas de delegación. Una es la delegación hacia arriba, hacia el jefe. Es beneficioso para él que seamos productivos, a veces dos minutos suyos (por ejemplo, con una llamada) pueden suponer un ahorro de dos horas. En un equipo hay veces que es mejor que lo haga el jefe.

También puedes delegar pagando. En mi caso, pagar a alguien para que me ayude con las labores del hogar siempre ha sido una de las mejores decisiones. Me ha ahorrado tiempo, además de discusiones y conflictos con mi mujer.

Si quieres recuperar tu tiempo para lo importante, elimina y delega.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Cuando las cosas no salen cómo esperas

El pasado fin de semana, puente de Todos los Santos, aprovechamos para hacer turismo, como mucha otra gente. Los restaurantes y hoteles estaban a tope, igual que cuando vas en el metro a hora punta, es el precio que hay que pagar por ir todos al mismo tiempo a los mismos sitios.

Cinco niños y cuatro adultos en la aventura de disfrutar un fin de semana. El sábado teníamos concertada visita a una mina a las 16.30, entramos a comer a un restaurante en el que teníamos reserva a las 14.30 y allí estaba nuestra mesa, con tiempo de sobra para salir a las 16.15 hacia la mina.
Foto de la mina Esperanza en Olmos de Atapuerca (Burgos)
Enseguida habíamos conseguido pedir un primero y un segundo del menú del día, nada complicado. Una hora más tarde todavía no habían traído ningún plato. Después de insistir, a las 15.35 sirvieron cinco primeros, dos de los primeros para los adultos y otros tres primeros que no habíamos pedido, no estaban en el menú, poco apropiados para los peques.

Las cosas no estaban saliendo como estaba previsto. Si no sale según lo previsto es hora de revisar opciones:
  1. Podemos volver a insistir en lo que habíamos pedido.
  2. Podemos cabrearnos y entrar en una discusión que no lleva a nada.
  3. O podemos orientarnos a las soluciones, aunque no sean las óptimas.

Las dos primeras nos llevan a resultados que no queremos.
  1. Insistir cuando tenemos un camarero desbordado que no da más de sí (o un compañero de trabajo, de vida o un hijo) no lleva a la solución, lleva a que se desborde más y piense menos.
  2. Cabrearse tampoco lleva a soluciones. Según Dale Carnegie “Nadie puede ganar en una discusión”. Una discusión es una conversación donde nadie escucha a nadie, solo se piensa en contestar. Si te enfadas pierdes la orientación a la solución y te esfuerzas por tener razón aunque no se solucione nada.

Como está claro que la mejor opción es la tercera, veamos cómo orientarnos a la solución:
  1. Decidir qué es lo importante: en nuestro caso que los niños coman algo, son la prioridad y los que más sufren si no comen. Los adultos podemos aguantar un poco más.
  2. Ver y hablar sobre qué es lo que se puede hacer. No presionar más y mucho mejor si se quita presión. Carmen tomó la iniciativa, fue hacia la cocina y pregunto qué es lo que se podía servir ya, olvidándonos del menú.
  3. Pedir dando opciones es distinto de protestar por lo que no ha funcionado (buscar soluciones y no culpables). Vista la opción de comer un filete a la plancha plantearla cómo solución.
  4. Permitir que la otra parte salve su prestigio. Finalizamos la estancia en el restaurante planteando que nos cobrase un precio acorde a la situación sufrida, entendiendo que estaban desbordados y que el servicio había sido malo (basado en la evidencia).
  5. La relación se puede salvar, el precio fue adecuado, medio comimos y pagamos media comida y puedo decir que es posible que vuelva a probar a ir otro día con menos gente (el restaurante nos lo habían recomendado, lo que no siempre garantiza plena satisfacción). 

Finalmente pudimos disfrutar del día… Realmente elegimos disfrutar y lo pasamos bien en la mina y con el helado que compramos para compensar la escasa comida.


Cuando las cosas no salen cómo esperas te puedes centrar en lo que va mal o te puedes centrar en lo que todavía puede ir bien. Ver el vaso medio lleno o medio vacío, tú decides buscar culpables o soluciones.

viernes, 12 de febrero de 2016

Lo que de verdad importa

¿Qué es lo que de verdad te importa? Parece una pregunta fácil, prueba a contestar y mejor si lo haces por escrito antes de seguir leyendo, antes de pasar a la segunda pregunta.

¿Se nota lo que de verdad te importa en tu ocupación diaria? ¿Tienes la dedicación suficiente a lo que de verdad te importa? Pues son los hechos lo que cuenta, lo que se ve y percibe, aunque también la intención tenga su valor.

Si tienes claras las respuestas es un gran avance, la mitad del camino es saber a dónde quieres ir, después sólo queda caminar.

Si observamos a qué dedica el tiempo y la mente la sociedad parece que andamos a la búsqueda de ser reconocidos, de la riqueza, del dinero, que pensamos va a solucionar todos nuestros problemas o va a ser lo que nos de seguridad.

Lo que han descubierto en un estudio que se lleva haciendo en Harvard desde hace más de 75 años, desde 1938, siguiendo la vida de personas durante ese tiempo, que ahora tienen más de 90 años, es que lo que de verdad importa es tener buenas relaciones, relaciones significativas y cercanas.
Imagen de Norfl Carrodeguas - fieles amigos
Esta semana está siendo intensa, José, un amigo que no está en Burgos (nuestra ciudad común y dónde estamos parte del grupo de amigos) está pasando momentos duros. Desde aquí le mando un abrazo y le deseo que vaya bien. Afortunadamente ahora tiene cerca gente también cercana, y es que los momentos duros son más llevaderos cuando tenemos personas que nos acompañan. Incluso cuando nos acompañan en la distancia.

Pienso en los momentos difíciles que pueden tener los que viven lejos, en otra ciudad, han tenido que salir de España por la crisis (o por otros motivos) y espero que puedan contar con personas cercanas. Un accidente lejos de los seres queridos, con su periodo de recuperación en el hospital, puede ser mucho más duro para el que lo sufre y para los que le quieren.

Las buenas relaciones nos mantienen más felices y con una mejor salud física y mental, nuestro cerebro funciona mejor y tenemos más ganas de vivir. La vida se alarga en tiempo, vivimos más tiempo y también vivimos mejor el tiempo que vivimos. La clave ahora que hemos dado más años a la vida es dar más vida a los años y la clave está en las relaciones que mantenemos.

Así que hay que poner primero a las personas y después lo demás. No se puede ser rápido con las personas, no podemos ser eficientes en las relaciones, no puedes estar mirando continuamente el reloj en un encuentro. Hay que dedicar tiempo en cantidad suficiente, no sólo tiempo de calidad.

Se puede estar sólo entre la multitud, se puede estar sólo viviendo en pareja, se puede estar sólo teniendo muchos amigos. Vivir con los demás forma parte de tu actitud, de tus ganas de compartir. ¿Qué tipo de relaciones tienes? Si no son buenas no busques culpables, no busques la causa en los demás o en la situación, enfócate en lo que puedes hacer tú, en cuál es tu responsabilidad para mejorar tus relaciones, si es que de verdad te importan. Los demás no tienen por qué cambiar aunque tú quieras que cambien; si cambias tú, cambiarán tus relaciones, la iniciativa está en ti.

La clave de hoy: buenas relaciones con la familia, los amigos y la comunidad; sentir que contribuyes y formas parte de algo más grande, que compartes tu camino, tus alegrías, decepciones y dificultades. Las alegrías compartidas son más alegres y las dificultades compartidas son menos difíciles. Compartir es partir con (alguien), te deseo buenas relaciones.

La importancia de las relaciones interpersonales, de ser escuchado y saber escuchar, hablar con franqueza queda de manifiesto en este artículo de Theodore Zeldin que me pasó un amigo. Gracias Oliver por compartir lo que sabes que me interesa, si a los amigos les comentamos nuestros sueños nos ayudan a que los convirtamos en realidad.
Te dejo con una charla de 12 minutos de Robert Waldinger, quien ahora dirige el estudio llevado a cabo en Harvard durante más de 75 años, sobre que hace una buena vida:

miércoles, 15 de julio de 2015

Procrastinación, el hábito de posponer

Procrastinar, posponer, diferir, aplazar, todos son términos para definir el hábito de dejar para mañana lo que puedes hacer hoy.

Frente hacer algo que es importante, como cuentan en esta historia de youtube, encontramos miles de cosas que hacer antes de abordar la tarea fundamental. Frente a hacer lo importante nos mantenemos ocupados en cosas menores, de manera que no tengamos la sensación de pérdida de tiempo.

Así al final del día, al hacer la revisión, no sabemos que hemos hecho, no hemos parado en todo el día y no hemos avanzado en lo fundamental. Postergamos para hacer otras cosas más urgentes o placenteras.
En un ejemplo práctico, vemos la siguiente situación:
  1. Tengo que estudiar para el examen que tendré dentro de una semana.
  2. No me apetece demasiado.
  3. Hace un día estupendo para ir a la piscina.

Frente a esta situación puedo dejarme llevar, llamar a un amigo e irme directamente a la piscina (ya estudiaré más tarde, lo que no suele ocurrir) o puedo abordarlo de otro modo, estudiando un par de horas y después ir a la piscina. Seguramente si pongo fuerza de voluntad y opto por la segunda opción acabaré con mejor sensación (he avanzado algo) y disfrutaré más de la piscina.

No hacer, no abordar lo que tenemos-queremos hacer, se puede deber a dos factores fundamentales:
  • Cosas que nos apetecen poco, nos parecen difíciles (nos asustan) o no nos gustan. Si tenemos este problema es útil usar el principio de ¡Cómete ese sapo! abordado en una entrada anterior. La primera media hora del día a tu proyecto prioritario.
  • También se da con más frecuencia los días de calor o los días que estamos cansados. Si este es el caso es fundamental aprender a gestionar nuestra energía.
  • Procrastinar tiene recompensa, nos libera temporalmente de lo que tenemos que hacer, actúa como analgésico contra el estrés que después reaparece con más fuerza. Te recompensa por no enfrentarte a tareas que temes.

En ocasiones no empezamos un trabajo porque tememos que nos va a llevar mucho tiempo o no vamos a saber hacerlo. En el momento que nos ponemos descubrimos que no nos lleva ni dos horas. Muchas veces para descubrir esto nos tenemos que someter al estrés de que el plazo ya está cerca, lo que hace que nos pongamos en marcha. El problema es más grave con las tareas que no tienen plazo, este no llega nunca con lo cual no las abordamos.

Hay a quien le lleva una hora ponerse a hacer trabajo productivo, así que si no tiene al menos hora y media ni se lo plantea. Frente a estas personas están los “traperos del tiempo”, como Gregorio Marañón, que empleaba para escribir todos los recortes de las horas, los minutos sueltos, que sumados hacen un tiempo considerable.

Si tienes este problema te recomiendo el libro de Neil Fiore “Hazlo ahora: supera la procrastinación y saca provecho de tu tiempo” Las tareas que posponemos nos llevan a hacer otras tareas que no nos aportan ni aportan a los de nuestro alrededor como excusa.

¿Qué tareas u objetivos pospones o intentas evitar? ¿Tienes que hacerlo? ¿Quieres hacerlo? ¿Por qué no empiezas? Dedica al menos 5 minutos cada día. Puedes poner la energía en resistirte a hacer algo o ponerla en hacerlo.

Cambia el pensamiento de tengo que hacerlo por el de elijo hacerlo. Decide cuándo, dónde y porque parte del trabajo vas a comenzar. ¿Eliges empezar o escoges aceptar las consecuencias de seguir postergando? Concéntrate en el principio, en empezar, no en el final (sobre todo para tareas largas).