Mostrando entradas con la etiqueta Ayuda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ayuda. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de mayo de 2026

Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes

Dicen que si quieres hacer reír a Dios, le cuentes tus planes. Esta semana me ha tocado comprobarlo de primera mano.

El miércoles, después de impartir una sesión del curso de gestión del tiempo en Norsol, salí a dar una vuelta en bicicleta. Tenía muchos planes para estos días y para la semana siguiente. Temas personales, trabajo pendiente, proyectos en marcha, compromisos cerrados, ideas que quería desarrollar y unas cuantas cosas que me apetecía hacer.

Pero en cuestión de segundos todo cambió.

Una caída me llevó a urgencias y el diagnóstico fue una fractura de la cabeza del radio. Nada especialmente grave dentro de lo que cabe, pero suficiente para obligarme a parar. No puedo conducir, muchas actividades quedan temporalmente descartadas y mi agenda ha tenido que ser replanteada por completo.

A veces vivimos con la sensación de que controlamos mucho más de lo que realmente controlamos. Hacemos planes, organizamos el calendario, llenamos la agenda y damos por hecho que mañana seguiremos exactamente donde hoy lo hemos dejado.

Y entonces la vida nos recuerda que no siempre funciona así.

Una de las cosas que más me ha llegado estos días ha sido la atención y la ayuda recibida; empezando por urgencias. La profesionalidad, la cercanía y la tranquilidad con la que te atienden cuando estás dolorido. Solemos acordarnos de estos servicios cuando los necesitamos, pero conviene recordar la enorme suerte que tenemos de vivir en un lugar donde, cuando ocurre algo así, hay personas preparadas para ayudarte de inmediato.

No es perfecto, como nada lo es, pero merece la pena detenerse un momento para agradecerlo.

Si algo me quedó claro desde el mismo momento de la caída es la importancia de no estar solo.

Tuve la enorme suerte de ir acompañado por Rodrigo, no podía haber llevado mejor compañía. Cuando te caes, te haces daño y las cosas se complican de repente, tener a alguien al lado no cambia lo ocurrido, pero sí cambia mucho cómo lo vives. Te ayuda a relativizar, a quitarle peso a la situación y, sobre todo, a sentirte acompañado cuando estás más vulnerable.

Además, apareció otra de esas personas que la vida te pone delante en el momento adecuado. Un caminante que pasaba por allí, Fernando "Tito", se ofreció a ayudarnos y nos acompañó llevando la bicicleta. Probablemente para él fue un gesto sencillo, pero para mí significó mucho más de lo que imagina. Hay ayudas que resuelven un problema práctico y además te reconcilian con la bondad de las personas.

Y la cadena de ayuda continuó y continua. Juan se encargó de recoger la bicicleta en urgencias y de acercarme el DNI cuando hizo falta. Sofía estuvo pendiente de las cosas de casa y ayudando en todo lo que podía. Y quiero agradecer especialmente a mi hermana Yolanda que viniera a acompañarme en urgencias. Además de su cariño, contaba con la tranquilidad que da conocer bien ese entorno después de haber trabajado allí durante años.

También agradezco mucho a Mónica, que trabaja allí, que pasara a estar. Cuando estás en urgencias, encontrarte con una cara conocida siempre aporta tranquilidad. En momentos así, cualquier palabra de calma, cualquier gesto de cercanía o simplemente la compañía de alguien que te aprecia tiene mucho más valor del que solemos reconocer.

Por eso, además del excelente trato profesional que recibí en urgencias, me llevo la sensación de haber estado extraordinariamente bien acompañado. Y cuando uno está más débil o más vulnerable, descubrir que hay tantas personas dispuestas a echar una mano es una de las mejores medicinas que existen.

También quiero dar las gracias a tantos amigos y amigas que me han escrito, llamado o se han ofrecido para ayudar en lo que hiciera falta. Es difícil expresar lo reconfortante que resulta sentir tanto cariño cuando las cosas se tuercen un poco. Me siento profundamente afortunado por poder contar con tanta gente buena a mi alrededor.

Muchas veces hablamos de productividad, de autonomía o de independencia como si fueran ideales absolutos. Pero la realidad es que todos somos vulnerables en algún momento, todos necesitamos ayuda alguna vez.

Una de las lecciones más importantes de estos días para mí está siendo precisamente esa. Normalmente tendemos a fijarnos en lo que no podemos hacer. Yo también podría estar pensando continuamente en las limitaciones que me impone ahora el brazo y las demás secuelas, en los planes cancelados o en todo lo que se retrasa.

Sin embargo, me estoy encontrando con otra oportunidad: aprender a dejarme ayudar.

Pedir ayuda no siempre es fácil. A veces cuesta más pedirla que ofrecerla. Estamos acostumbrados a ser nosotros quienes resolvemos, quienes organizamos, quienes echamos una mano a los demás. Pero la vida tiene la costumbre de enseñarnos también la otra cara: la de aceptar el apoyo que nos ofrecen. Y no solo aceptarlo, sino agradecerlo.

Estoy especialmente agradecido a mis hijos. Ver cómo están pendientes, cómo ayudan y cómo intentan hacerme la vida más fácil me recuerda que el cariño que sembramos durante años acaba apareciendo cuando más falta hace.

Pero esta experiencia también me está permitiendo dejarme ayudar por mis padres, algo que no ocurre todos los días y que tiene un valor especial. Estos días han venido a casa y me he encontrado a mi madre cortándome el filete. Me hizo sonreír porque probablemente no lo hacía desde que yo era un niño.

Hay momentos que, en medio de una dificultad, te recuerdan de forma muy sencilla el cariño que has recibido durante toda la vida. Quizá hacerse mayor también consiste en descubrir que, por mucho tiempo que pase, seguimos necesitando a quienes siempre han estado ahí.

Quizá por eso, cuando sucede algo inesperado, una de las preguntas importantes no es qué hemos perdido temporalmente, sino con quién contamos para atravesarlo.

Porque las dificultades pasan mejor cuando no se caminan solo.

Los planes son útiles, pero la vida siempre tiene la última palabra. Cuando la vida cambia los planes, lo verdaderamente importante no es aferrarse a lo que ya no puede ser, sino adaptarse a lo que toca vivir.

Ahora toca parar, descansar y recuperarse. Dejar que otros ayuden, tener paciencia y aprovechar también esta pausa obligatoria para hacer algunas cosas que normalmente nunca encuentran hueco en la agenda.

Mi recomendación es sencilla: cuida tus relaciones antes de necesitarlas. Dedica tiempo a la familia, a los amigos y a las personas importantes de tu vida cuando todo va bien. Aprende también a pedir ayuda y a dejarte ayudar. Porque cuando la vida te obligue a parar (y antes o después a todos nos ocurre) descubrirás que uno de los mayores tesoros no es lo que tienes en la agenda, sino las personas que aparecen para ayudarte a seguir adelante.

Y si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes. Pero no olvides darle las gracias por las personas que pone a tu lado cuando esos planes cambian.

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.

domingo, 3 de noviembre de 2024

La vida se escapa o cambia en un instante

Esta semana está siendo dura en España, especialmente en la zona valenciana. Los próximos meses van a ser difíciles, la vida te cambia en un instante o se te escapa en un descuido.

El lunes todo parecía tranquilo, el martes llegaron intensas lluvias que desbordaron los torrentes. Aguas abajo, donde la lluvia no era tanta, el desastre llegó de manera silenciosa. El agua aparece por los desagües, en lugar de salir por ellos.

En poco tiempo se van llenando los garajes de agua, en las calles, los coches son arrastrados como juguetes. El agua arrastra ramas, hojas y desechos. Los sótanos se convierten en pozas fangosas, trampas para quienes habían bajado a salvar el coche, sin poder imaginar la rapidez de la inundación.

Foto tomada del Heraldo de Aragón (
Desde las ventanas, algunos miran aún sin poderlo creer cómo el agua se lleva lo que encuentra a su paso. Las calles tranquilas se convierten en arroyos cargados de escombros. Ante la fuerza de la naturaleza se extiende un sentimiento de impotencia y vulnerabilidad.

La vida te cambia en un instante, las preocupaciones de la semana pasada parecen tonterías. De hecho, son tonterías frente a la tragedia que enfrenta a la muerte. La vida se escapa en un suspiro, el último suspiro. Algunos amigos, vecinos, personas queridas ya no están. La corriente se los llevó, dejando atrás solo el recuerdo y la tristeza para sus seres queridos.

Después de la tormenta, el verdadero golpe de la tragedia queda claro. En un instante se puede perder todo. Las heridas seguirán sangrando. Esperar ver a los que se han ido, confiar en escuchar su voz, aunque sea para discutir. Lo irreparable de la pérdida, las cicatrices que quedarán.

Aunque el camino sea difícil, de esta salimos juntos. Agradecimiento por la solidaridad, la ayuda, de los que se lanzan a ayudar. Sentimiento de comunidad que lucha codo con codo. Cuando lo público se desborda podemos contar con el vecino.

La verdadera fuerza no es solo física: es la unión de muchas personas decididas a reconstruir, a apoyarse mutuamente y a levantar a quien más lo necesita. La unión que hace la fuerza. No estamos solos, no estás solo ni sola.

Lo perdido duele, especialmente las vidas. Ya nada será igual. En estos momentos difíciles, sentir el apoyo y el acompañamiento, ayuda a mirar hacia el futuro. La presencia de otros no elimina el sufrimiento, pero lo hace un poco más llevadero. No estamos solos en nuestra tristeza.

La vida es frágil, nuestra existencia cambiante. Volverá la rutina y nos sentiremos seguros, casi inmortales. La tragedia nos recuerda que puede desmoronarse lo que damos por sentado, nos impulsa a vivir con lo que hay, cada instante, con cada persona.

Nos prometemos ser más valientes, decir lo que sentimos, abrazar más, preocuparnos menos por lo superficial. No siempre habrá un “mañana” para hacer lo que dejamos pendiente. Ya lo decía Pau Donés, “Vivir es urgente”. No dejes para mañana lo importante.

Recordar que todo puede cambiar en un instante no es vivir con miedo, es vivir consciente. Cada día es un regalo.

Si quieres ver cuando publico una nueva entrada, puedes seguirme en LinkedIn. Pulsa aquí

domingo, 22 de septiembre de 2024

Saber a quién preguntar ahorra mucho tiempo

Mi hija Leyre está estudiando fuera de casa. Este año se ha ido a vivir a un piso y son muchas las decisiones que tiene que tomar y varias las cosas nuevas que tiene que hacer.

Este comienzo de curso pregunta bastante. Al hacérselo notar me dijo, “papa, lo que nos has enseñado, no hace falta saberlo todo, hay que saber a quien preguntar, y yo os tengo a vosotros”. Le dije, ya tengo idea sobre la que escribir.

No estamos solos, estamos con otros. Intentar solucionar todo solo, ser autosuficiente, puede ser un gran sumidero de tiempo, suponer dificultades y equivocaciones. Mejor preguntar a alguien que tenga la experiencia, que ya haya pasado por ello, que pueda proporcionar orientación y guía.

Generado con IA (Bing)
Lo primero es identificar a quién puede orientarte, quien tiene experiencia con el tema. Estupendo si esa persona está entre tus conocidos, sino siempre puedes preguntar a quién preguntar.

Después hay que formular la pregunta adecuada. Para saber qué preguntar debes tener claro el resultado que persigues. También la conversación te puede ayudar a clarificar lo que quieres. Para obtener respuestas útiles tienes que preguntar de forma adecuada.

  • Ser claro y específico al preguntar, si haces preguntas genéricas te contestarán cosas genéricas.
  • Poner en contexto la pregunta en lo que sea relevante. Si te conocen es fácil que conozcan tu contexto

Según iba a ponerme a escribir esta entrada me ha llamado una amiga. Ha comprado un móvil nuevo y tenía problemas para pasar la información del antiguo, llevaba un rato intentándolo. Su reflexión final es que por 20€ se lo hacen en una tienda, que su tiempo vale más, así que irá a la tienda. Con eso puede dedicar el tiempo a otra cosa.

Puedes decidir que haces con tu tiempo, a quién preguntar para hacer las cosas más fácilmente. También, si alguien tiene más experiencia o medios, le puedes pagar por que lo haga. No podemos saberlo todo, no podemos hacerlo todo.

Hace un rato he preguntado a un amigo donde comprar leña, él la ha comprado no hace mucho. Creo que tengo más posibilidades de tomar una buena decisión que buscando por mi cuenta. Espero que a final de semana la leña en la leñera, que ha empezado a hacer frío. No me veo en el monte cortándola por mi cuenta.

Cuando no existían los móviles, para encontrar la dirección en una ciudad, preguntabas a quien veías en la calle. Algunos se negaban a preguntar y preferían dar vueltas y vueltas hasta encontrar el destino. Es una forma de conocer la ciudad si te sobra tiempo, pero creo que hay mejores opciones.

Buscar ayuda o asesoría para distintas cosas, como hacer ejercicio, una buena nutrición o escribir un libro, puede mejorar los resultados y acortar los plazos.

¿Qué puedes preguntar que te ayudaría a avanzar más rápido?

Si quieres ver cuando publico una nueva entrada, puedes seguirme en LinkedIn. Pulsa aquí

domingo, 11 de septiembre de 2022

El poder del grupo, de la comunidad. Vivir acompañado

Este fin de semana he estado en Los Molinos, en Fuerteventura. Una pequeña agrupación de casitas, casi casetas, donde comparten existencia unos cuantos privilegiados.

Ha perdido parte de su encanto, hace no tanto no tenía electricidad, ni tele, ni cobertura, tampoco agua corriente. Era un lugar mágico para desconectar.

Uno de esos lugares semiaislados, donde no hace tanto, unos 100 años, vivía gran parte de la población española.

En esas condiciones era imprescindible contar con el vecino, con el que vive al lado. Si tenías un problema, era el único que podía ayudar. La ayuda mutua era la regla, más que la excepción. Ahora, podemos vivir aislados, rodeados de gente, en un edificio en donde no sabemos ni el nombre del vecino.

En la comunidad de Los Molinos se sigue viviendo con el vecino. Si hay un problema con la barca, el que está al lado te echa una mano. Si una espina de un tuno se te ha metido en el ojo, la vecina te saca la pincha. Urgencias del Hospital parece quedar muy lejos. Dos cosas que he podido vivir muy de cerca este fin de semana.

Los vecinos se acercan a echar una mano en Los Molinos - Fuerteventura

Acostumbrados a no tener todos los servicios, entre todos generan las habilidades para vivir juntos. Unos aprenden de otros, alguien trae una innovación y pronto se ve en todas las casas. Como los paneles solares que han hecho llegar la electricidad.

Creo que el milagro de los panes y los peces que se narra en la biblia es el simple milagro de compartir. Si compartimos la comida que traemos, todos comen hasta hartarse y siempre sobra. Es algo que he experimentado con los amigos en múltiples ocasiones.

Es el gran beneficio de la economía del compartir. Compartimos coche con el BlaBlaCar, compartimos casa con otras aplicaciones. El beneficio de las casas rurales está en que compartimos espacio en lugar de cada uno tener el suyo.

Provengo del pueblo de Castilla, pueblos de menos de 200 habitantes, donde te juntabas con los vecinos para hacer la matanza, para los trabajos importantes, donde todo el mundo echaba una mano.

Formar parte de un equipo te hace más fuerte. Algo que parece que se nos olvida con la cultura individualista, de cada uno a lo suyo, del corto plazo, del beneficio rápido.

La grandeza de la familia, que te da raíces, un lugar donde estar y volver, una comunidad a pesar de las discusiones. La comunidad de origen y de desarrollo, donde encontrar apoyo en los momentos difíciles.

También la familia elegida de los amigos, con los que hemos compartido etapas en la vida. A veces perdemos el contacto, a veces estamos lejos ¡qué bonito el reencuentro! Ver que están ahí para seguir caminando y compartiendo.

La vida sabe mejor acompañado, el camino se disfruta más en compañía. Aunque también hay momentos para estar solo.

En la obsesión por la gestión del tiempo, por la productividad, a veces nos olvidamos de los que nos rodean. Nos olvidamos de una de las esencias de la vida, con quién la compartimos. Nos olvidamos de vivir.

De eso se acuerdan bien en las comunidades que siempre han estado ahí, como la de LosMolinos. Por eso, venir a los Molinos me reconecta, me tranquiliza, me ayuda a disfrutar de la conversación calmada y del paseo en compañía, por un entorno idílico. Gracias por siempre encontrar las puertas abiertas.

martes, 23 de agosto de 2022

Capacidad para superar los reveses

La vida está llena de reveses, de imprevistos, de cosas que no salen como estaba planificado

La semana pasada estuvimos haciendo parte del camino de Santiago en bicicleta, desde Castrojeriz a Astorga. En una de las etapas pinchamos, algo que, aunque imprevisto, sucede de vez en cuando.

Llevábamos cámara de repuesto, pero la válvula estaba rota, no funcionaba. También llevábamos parches, pero el pinchazo estaba cerca de la válvula y era difícil su reparación. A pesar de estar preparados parecía que todo se torcía: Pinchazo difícil + cámara de repuesto disfuncional.

Arreglando el pinchazo - provisionalmente (con los compañeros de ruta)

Afortunadamente mucha gente hace el camino, también en bicicleta. Unos ciclistas de Jaca, que no conocíamos, también tenían avería. Les preguntamos si tenían una cámara de repuesto y nos la prestaron amablemente.

Arcadio, de 89 años, vecino del Burgo Ranero, pueblo en la etapa de Sahagún a León, nos presto una bomba de píe para bicicleta. En el camino siempre encuentras buena gente, dispuesta a ayudar, acompañar y charlar.

De esta manera pudimos continuar camino, a pesar del imprevisto y las dificultades.

Algunas lecciones aprendidas:

  • Siempre surgen imprevistos y dificultades.
  • Te puedes quedar paralizado o buscar soluciones.
  • Si pides ayuda sueles encontrarla. Pedid y se os dará, dice el evangelio.
  • La ayuda, muchas veces, viene de desconocidos, que después ya son conocidos. No vamos solo por el camino (de Santiago y de la vida).

Nos vamos a caer, habrá fallos, imprevistos. Lo importante es ser capaz de levantarse y continuar. Este año ya hemos llegado a Astorga.


domingo, 16 de octubre de 2016

La vendimia

Ayer fue día de vendimia, de recoger frutos, en compañía. La ribera del Duero es tierra de vino y en esta época se llena de gente recogiendo el fruto de la vid.

Ahora se vende la experiencia de pasar un día vendimiando y hay quién paga por vivirla, como decía el amigo al que fuimos a ayudar, para nosotros la experiencia fue gratis.

Una experiencia de conexión:
  • Con la naturaleza, al aire libre, con los frutos que vienen del trabajo, del cuidado de las cepas y de la tierra que nos provee.
  • Con nuestro pasado que nos une a nuestros ancestros agricultores que nos legaron el buen vino. Como otras muchas cosas.
  • Con los amigos con los que compartimos el trabajo.

Disfrutamos enormemente del día a pesar del trabajo, del esfuerzo y del resentimiento de la espalda. Un día equilibrado porque era un esfuerzo que podíamos asumir y tuvimos ratos de descanso y diversión, de reír y compartir anécdotas. Si hubiésemos trabajado mucho más de lo que estábamos acostumbrados hoy tendríamos dolores por todo el cuerpo. Hay que saber respetar las dosis, incluso de trabajo.

Si quieres llegar lejos vete acompañado, que además es mucho más divertido. Ese mismo trabajo, hecho sólo, hubiese sido mucho más duro, además más largo.

Para recibir ayuda tienes que pedir ayuda y hacer fácil que te ayuden. Javi y familia, los dueños de las cepas, supieron pedir ayuda y hacer fácil que el resto pudiésemos ir, facilitar desde los guantes a las tijeras y hacer el día agradable. Supieron acoger a todos los que fuimos, algo que siempre han hecho bien.
Javi con el tractor
Una experiencia vivida con los niños, que les permite ver y sentir de manera distinta. Puede parecer que un niño iba a hacer poco trabajo y ayer demostraron, desde la diversión, que podían coger muchas uvas. Todos reclamaron sus guantes, sus tijeras o garillos y aportaron. Cualquier ayuda es buena y no se debe despreciar.

Nos enseñan cada día cómo el trabajo puede ser divertido y cómo se hace mejor desde la voluntad que desde la obligación. Seguro que es mejor y más productivo si eliges trabajar que si te ves obligado a trabajar.


Y no hay que olvidar la celebración por el trabajo hecho, la satisfacción cada vez que se acaba una hilera o se llena un cesto y el disfrutar del resultado, las uvas o el buen vino. Al año que viene repetimos.

domingo, 29 de mayo de 2016

Estar parado es distinto de estar quieto

El jueves pasado estuve hablando con dos personas del proyectoempleat en Burgos: Inés Álvarez (@inexplicable26) y Máximo Rondón (@MaximoRondonA), cargados de ideas y de ilusión, a pesar de las dificultades para encontrar empleo.

Me explicaron que es distinto estar parado, sin trabajo, que estar quieto, sin hacer nada y cómo desde el proyecto empleat están haciendo muchas cosas que podéis ver en su web, ayudando también a otros a encontrar un puesto de trabajo.
Logo proyecto empleat
Comparten en la red (Burgos con empleo) muchas de las ofertas de empleo de Burgos y provincia que se publican en distintos medios, diariamente, de lunes a jueves. Un gran trabajo que seguro puede ayudar a muchos.

Como parte del proyecto clarifican cuáles son sus objetivos, definen hacia dónde quieren ir, empezando por conocerse, saber qué es lo que les gusta y que se les da bien.

Como el objetivo suele estar relacionado con conseguir unos ingresos deben encontrar la intersección entre eso que les gusta y se les da bien con aquello que el entorno (el mercado) necesita, por lo que está dispuesto a pagar, ahí estará la oportunidad de trabajo.

Porque como comentábamos en nuestra charla, puedes pasarte años haciendo algo que se te da bien y te gusta, pero con lo que no consigues los ingresos necesarios para una vida independiente y auto-sostenida en el largo plazo. Definir claramente el propósito de lo que quieres conseguir hace que no des palos de ciego ni camines cómo un pollo sin cabeza, caminando sin avanzar en el camino que quieres andar.

Este es uno de los principios a aplicar para muchas cosas, también para encontrar empleo, por cuenta ajena o propia. El principio de detectar y cubrir las necesidades de los que nos rodean. El entorno necesita información y ellos la facilitan. La Ley de la reciprocidad facilitará que el entorno pueda devolver lo que ellos aportan y será más probable si se lo ponemos fácil ¿Cómo poner fácil que el entorno les retribuya por lo que aportan?

Para ponerlo fácil hay que hacer propuestas concretas. Estás propuestas pueden ser de venta: es más fácil que te compre un curso concreto, por ejemplo sobre cómo hablar en público, con unos contenidos concretos a que te compre formación de manera genérica. Pueden ser propuestas para proyectos concretos: por ejemplo colaboración para montar una feria de empleo o una petición para dar una charla a personas en situación de desempleo que les pueda ser útil sobre algo que conozca.

Puede ser que nos estemos quejando de que la gente no nos ayuda, para encontrar trabajo, en el trabajo que ya tenemos la suerte de tener o en casa en el cuidado de nuestros hijos o nuestros mayores, para hacer la comida... ¿Qué sucedería si en lugar de quejarnos hacemos fácil que nos puedan ayudar? Sobre todo en cosas que les supongan poco esfuerzo o incluso disfrute y que para nosotros puedan ser de gran ayuda ¿Qué tal si probamos a pedir ayuda? Algo que nos cuesta tanto tantas veces. De pedir ayuda ya hablamos en una entrada del blog anterior.

Una cosa que hacen muy bien en el proyecto empleat es trabajar en equipo,  ir bien acompañados, ya lo dice un proverbio de los indios americanos: “Si quieres ir rápido vete sólo, si quiere ir lejos vete acompañado”.

En resumen, para no estar quieto aunque estés parado, me quedo con estas reflexiones.
  1. Conocerte: saber que se te da bien y que te gusta hacer.
  2. Saber cómo eso puede aportar a los demás ¿Van a estar dispuestos a pagar por ello?
  3. Tener claros tus objetivos.
  4. Definir los pasos para alcanzarlos.
  5. Crear una red de personas de apoyo: ayudar a los demás en sus objetivos y facilitar que otros te ayuden. Propuestas concretas.
  6. Ir dando pasos que te acerquen al objetivo.

Mucha suerte a todos los que estáis en búsqueda de empleo y también os deseo constancia para ir dando los pasos necesarios en el camino.

viernes, 15 de enero de 2016

Pedir ayuda, una lección que tengo que aprender

Desde pequeño me han enseñado a ser lo más autosuficiente posible, a ser fuerte o al menos parecerlo, a hacer las cosas por mí mismo o al menos a intentarlo y yo solito me he grabado en el subconsciente una creencia falsa como es “puedo con todo”. Creencia que a veces tiene sus ventajas y en otras ocasiones nos abruma.

Está de moda el mito de la super-mujer que puede con todo en casa y en el trabajo (super-mama y super-profesional). Y está el otro mito no tan conocido del super-papa, del que se habla menos, que quiere lo mismo, ser un papa estupendo y un gran profesional. No somos tan distintos. En ocasiones lo sufrimos en silencio y otras veces nos quejamos a gritos.

La verdad es que “NO puedo con todo”, me duele escribirlo y me ayuda a ser más consciente de que esa es la realidad. Una de las herramientas que ya uso es dejar cosas, ya que no se puede hacer todo, elegir que hacer y también que NO hacer.

Aun así no es suficiente, dentro de mi, siento que tengo que pedir ayuda y estoy en el camino de aprender a pedirla, todavía me cuesta mucho. Nos hemos creído o al menos yo lo he hecho, que es como reconocer que no damos la talla. Puede haber más motivos, sentimos que quedamos en deuda con quien nos presta ayuda, que molestamos, que no tenemos derecho a quejarnos o que nos van a decir que no.

Normalmente todos estamos encantados de ayudar, estrecha los lazos entre quien pide y quien da y es la red social, la comunidad, la que nos da la fuerza para superar los obstáculos. Somos sociales por naturaleza y la ayuda mutua la llevamos en los genes.

Lo curioso es que a la mayoría les cuesta (nos cuesta) menos ayudar que pedir ayuda, si no me crees pregunta a los que tienes alrededor. Pidiendo ayuda y aceptando que nos la presten reforzamos a quienes nos echa una mano. Una de las más potentes medicinas para salir de la depresión es ayudar a otros. Lo cierto es que nos sentimos mejor cuando aportamos a alguien y mucho mejor si es alguien cercano.


Estoy en el proceso de aprender a pedir ayuda y para ello me he hecho un guión, voy a ver si lo practico que es la única forma de aprender. Para encontrar ayuda:
  1. Saber qué es lo que necesitas.
  2. Encontrar quién te puede ayudar.
  3. Hacer fácil que pueda ayudarte: pedir ayuda, ser específico, decir de qué forma concreta te pueden ayudar.
  4. Aceptar la ayuda.
  5. Agradece la ayuda, reconoce lo que te han aportado, cuida a los que tienes cerca porque valen más que el oro.
El cuarto paso nos cuesta especialmente, más si la ayuda nos la prestan sin solicitarla o se ofrecen a hacerlo. Imagina que has montado una cena en casa con amigos, a la hora de irse alguien se ofrece a fregar los platos ¿Qué le dices? Seguramente la respuesta automática es “no te preocupes” y tratas de que no los friegue. No nos dejamos ayudar en cosas tan simples y seguro que montaríamos muchas más cenas y lo pasaríamos mejor todos si nos dejamos ayudar.

De la ayuda mutua nacen y se fortalecen las relaciones y no es que sean relaciones interesadas, nos encanta prestar ayuda a cualquiera y mucho más a quienes nos la han prestado antes.

Prueba a buscar ayuda cuando la necesites, dejarte ayudar cuando alguien te quiera echar una mano, agradece esa ayuda y permite que los que te rodean puedan sentirse bien porque sienten que te han aportado. Yo lo voy a hacer.


Voy a empezar pidiendo ayuda para que difundas este post y los que voy escribiendo entre quienes creas que les puede gustar. Y me encantará cualquier sugerencia para mejorar lo que escribo.