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martes, 13 de mayo de 2025

El tiempo pasa, no vuelve; pero los lazos permanecen, siguen ahí

Han pasado 22 años desde la última vez que estuve en Argentina. Es mucho tiempo. En el año 2000 visité el país por primera vez, viajé a San Miguel de Tucumán, donde tengo familia, era el impulso para acercarme allí. El viaje tenía un doble propósito: personal y profesional. Aproveché la visita para conectar con las universidades de la zona. Ya trabajaba entonces en la Universidad de Burgos, y sentía el impulso de construir puentes entre España y Argentina, entre Europa y América Latina, entre mi historia familiar y mi trabajo académico.

Aquel viaje fue el comienzo de algo ilusionante: junto con Carmina en Argentina y más colaboración, organizamos un doctorado de la Universidad de Burgos en Tucumán. Regresé en 2002 y 2003, con las ganas y esperanza de la juventud.

En aquel momento la realidad pudo más que la ilusión, quizá el contexto no era aún el adecuado. Faltaba madurez institucional, tecnología, tiempo. La docencia online era algo aún marginal, y las videoconferencias eran casi ciencia ficción. El proyecto no pudo continuar. Como ocurre tantas veces en la vida, lo sembrado no dio fruto inmediato.

Y entonces… pasaron los años. Ahora regreso, aprovechando una estancia académica en la Universidad de Buenos Aires. Antes de parar en la capital, decidí regalarme algo más valioso que cualquier congreso o reunión: una semana en Tucumán. Una semana para reencontrarme con mi familia, con los recuerdos de una etapa de mi vida en la que los sueños aún estaban por escribirse y quizá volver a hacer crecer la relación universitaria que no se desarrolló en aquel momento.

Es una experiencia extraña, emocionante y profundamente humana. Quiero ver cómo ha cambiado el lugar, pero también cómo han crecido las personas. Quiero conocer a los hijos de mis primos, ver en sus rostros algo de la historia que compartimos. Sentir cómo el tiempo transforma, pero también cómo nos espera, de alguna manera.

A veces hablamos de "gestionar el tiempo" como si fuera un recurso más: como si se pudiera ordenar, distribuir o dominar con disciplina. Pero el tiempo no se gestiona del todo. El tiempo se vive. Se decide. Se honra.

Durante años, el tiempo se me fue en otros proyectos, otras urgencias, otros compromisos. Y está bien. Así es la vida. Ahora que vuelvo, me doy cuenta de que a veces "vivir tu tiempo" significa simplemente volver. Volver a lo que dejaste en pausa. Volver a los vínculos que te hicieron ser quien eres. Volver a los lugares que marcaron tu camino.

“Vivir tu tiempo a veces significa volver”

Si tienes suerte, tendrás tiempo para regresar y volver a experimentar parte de lo que vivas. Pero nunca se sabe, hay que aprovechar esta visita como si fuese la última.

Hoy, 22 años después, siento que vuelvo no solo a un país, sino a una parte de mí que había quedado en suspenso. Vuelvo a unas raíces que pueden seguir profundizando.

Porque el tiempo no vuelve, pero los lazos, si los cuidas, permanecen.

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domingo, 4 de mayo de 2025

El tiempo bien vivido es tiempo compartido: encuentra tu tribu

En nuestra constante búsqueda de productividad, eficiencia y metas, podemos pasar por alto algo esencial: las relaciones que nos sostienen y nos inspiran. ¿De qué sirve tener una agenda perfecta si no tenemos con quién compartirla?

Lola C. Belmonte, en su libro “El poder del círculo. Encuentra tu tribu”, nos recuerda una verdad poderosa: la calidad de tu vida está directamente relacionada con la calidad de tus relaciones. Gestionar bien el tiempo no solo se trata de tachar tareas; quizá es más importante elegir bien a las personas con quienes lo compartes.

Según la pirámide de necesidades de Maslow, la pertenencia es una necesidad justo después de la seguridad. Sin sentirnos parte de un grupo, nuestras metas pierden sentido. Los círculos de apoyo, ya sean: familia, amistades, colegas o comunidades afines; son el terreno fértil donde florecen nuestros talentos y proyectos.

En un mundo acelerado, rodearte de personas que te inspiran, que te escuchan de verdad y que creen en ti es una forma de autocuidado. Es invertir en una vida más plena.

“Tribu y tiempo son una alianza poderosa”

Cuando formas parte de un círculo que vibra contigo, tus decisiones cambian. Eliges mejor tus hábitos, tus palabras y hasta tus prioridades. Comienzas a cuidar no solo lo que haces con tu tiempo, sino también con quién lo haces.

  • ¿A quién quieres cerca en tu vida?
  • ¿Qué círculos te inspiran y cuáles te drenan?
  • ¿Qué rituales puedes crear para fortalecer esos vínculos?

Gestionar tu tiempo implica reconocer qué relaciones alimentan tu energía y cuáles la agotan. No se trata de excluir con juicio, sino de cerrar ciclos con gratitud, reconocer el camino recorrido juntos aunque ahora sea conveniente caminar por sendas distintas, como aconseja Belmonte. Elegir a qué tribu quieres pertenecer también significa aprender a decir adiós con amor.

Una buena vida no se construye solo con horarios organizados. Se construye con presencia, conexión y tribus conscientes. Al final del día, como bien dice Tony Robbins, “la calidad de tu vida es la calidad de tus relaciones”.

¿Y tú, estás invirtiendo tu tiempo en las personas adecuadas?

Te invito a reflexionar sobre qué círculos te elevan, y si no los tienes todavía… quizá ha llegado el momento de crearlos.

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domingo, 22 de octubre de 2023

Reencuentro con los compañeros de EGB. Los amigos del cole

Ayer fue un día para recordar, de reencuentro, de compartir. Nos juntamos a comer algunos de los compañeros del cole, fuimos 40, faltaban unos cuantos. Este año, la mayoría hemos cumplido 50 años, otros están cerca de cumplirlos, una cifra redonda y especial. Ya no somos ni tan jóvenes, ni tan viejos, edad de hacer balance, aunque esto se puede decir a cualquier edad.

Nos volvimos a ver en el colegio, donde hemos vivido tantas horas juntos. Cientos de anécdotas compartidas, recuerdos, rememoración de sueños, sentimientos.

Los años pasan, muchas cosas cambian y otras permanecen. Nos hicimos una foto, en las mismas escaleras donde nos hacíamos la foto anual. Los altos seguían siendo altos y se pusieron detrás, los bajos seguían siendo bajos y estuvieron en primera fila (esta vez sin banco). Nos reconocíamos, las caras y los gestos permanecían. Allí estaba la esencia.

La magia de volver a ver a los que ya conocíamos, a volver a reconocernos y ponernos al día. De niño y adolescente conoces a la gente de otra forma, más espontanea, con menos máscaras, más natural, todo fluye ¡Qué grande poder reencontrarnos!

Momento especial cuando aparecieron cuatro profesores de nuestra infancia y adolescencia. De distintas etapas. Instante único, tanto para nosotros como para ellos. Representan nuestra historia, nuestros inicios. Nos acompañan en la foto.

Foto de reencuentro

Don Emilio, que llegó al colegio cuando hacíamos 1º de EGB, acostumbrados al hermano Blas, Emilio era un soplo de aire distinto, más cercano. Nosotros, sus primeros alumnos, casi no se nota en la foto que es algo mayor que nosotros. Ayer cantamos “¡Viva la gente!”, tal como la cantábamos con 5 o 6 años, en 1978/79, al son de esa guitarra especial. Todavía recordamos la letra y el estribillo, que al menos a mi me ha marcado “¡Las cosas son importantes, pero la gente lo es más!” (Pulsa aquí y podrás escuchar la canción en las voces de “Enrique y Ana”), que también estuvieron en nuestra infancia. Emilio se jubiló hace un par de años, después de 42 años en el colegio, su legado permanece en nosotros.

Marco Antonio y las ciencias naturales, en esas clases donde ya teníamos entre 12 y 14 años, revolucionados y revolucionarios, con ganas de explorar. Abriéndonos a la independencia en un mundo lleno de reglas. Casi estuvo en el colegio lo que estuvimos nosotros, después fue a buscar nuevos caminos, con los años hemos ido coincidiendo, los niños nos hacemos mayores.

Don Javier, profesor serio y con buen humor, aunque parezca contradictorio. Lo dice todo que recibió de regalo un jamón y un Oscar cuando se fué. Nos hizo saber que "las normas de convivencia no son un capricho del profesor, sino que van encaminadas a nuestra formacion"; alguno lo copio 200 veces.

La señorita Lourdes, bendita entre tanto hombre, como cuando llego al colegio y nosotros teníamos 15 años ¡Qué mayores nos veíamos y nos creíamos! La Salle era un colegio de chicos, a esa edad éramos todos chicos y nunca habíamos tenido una profesora joven ¡Os podéis imaginar el impacto! Ayer contaba lo difícil que había sido para ella. Lo que ha cambiado el colegio, lo que ha cambiado la educación, lo que hemos evolucionado. A ella se la distingue bien en la foto.

Cómo hemos cambiado y cómo nos mantenemos iguales. El cambio y lo permanente, la esencia de cada uno sigue estando ahí. Todo cambia y todo permanece.

Gracias Miguel Miguel Moreno por impulsar el grupo de Whatsapp, por mantener la unión y la llama encendida. Gracias a los que os movéis por organizar estos reencuentros, gracias GGV (Goyo) por el diseño de las camisetas y por apoyar la iniciativa ¡Cuánto os quiero! ¡Cuánto me alegro de volver a veros! ¡Eché a muchos de menos!

Reconecté con el niño y el adolescente que fui y que llevo dentro ¡Qué bueno poder sentirlos junto con el adulto que ahora soy! ¡Qué bueno poder consultarlos cuando tengo algo que decidir! Toda una mezcla de sentimientos, recuerdos, sueños.

Gracias a todos por estar ahí, tanto a los que vinisteis como a los que no. Somos historia común, no somos los unos sin los otros, la riqueza de conocernos, ¡qué bueno sentirnos conectados! Seguimos caminando juntos, incluso en la distancia.

¡Viva la gente, la hay donde quiera que vas!

¡Viva la gente, es lo que nos gusta más!

…

Y entonces me di cuenta de una gran realidad,

las cosas son importantes, pero la gente lo es más

domingo, 11 de septiembre de 2022

El poder del grupo, de la comunidad. Vivir acompañado

Este fin de semana he estado en Los Molinos, en Fuerteventura. Una pequeña agrupación de casitas, casi casetas, donde comparten existencia unos cuantos privilegiados.

Ha perdido parte de su encanto, hace no tanto no tenía electricidad, ni tele, ni cobertura, tampoco agua corriente. Era un lugar mágico para desconectar.

Uno de esos lugares semiaislados, donde no hace tanto, unos 100 años, vivía gran parte de la población española.

En esas condiciones era imprescindible contar con el vecino, con el que vive al lado. Si tenías un problema, era el único que podía ayudar. La ayuda mutua era la regla, más que la excepción. Ahora, podemos vivir aislados, rodeados de gente, en un edificio en donde no sabemos ni el nombre del vecino.

En la comunidad de Los Molinos se sigue viviendo con el vecino. Si hay un problema con la barca, el que está al lado te echa una mano. Si una espina de un tuno se te ha metido en el ojo, la vecina te saca la pincha. Urgencias del Hospital parece quedar muy lejos. Dos cosas que he podido vivir muy de cerca este fin de semana.

Los vecinos se acercan a echar una mano en Los Molinos - Fuerteventura

Acostumbrados a no tener todos los servicios, entre todos generan las habilidades para vivir juntos. Unos aprenden de otros, alguien trae una innovación y pronto se ve en todas las casas. Como los paneles solares que han hecho llegar la electricidad.

Creo que el milagro de los panes y los peces que se narra en la biblia es el simple milagro de compartir. Si compartimos la comida que traemos, todos comen hasta hartarse y siempre sobra. Es algo que he experimentado con los amigos en múltiples ocasiones.

Es el gran beneficio de la economía del compartir. Compartimos coche con el BlaBlaCar, compartimos casa con otras aplicaciones. El beneficio de las casas rurales está en que compartimos espacio en lugar de cada uno tener el suyo.

Provengo del pueblo de Castilla, pueblos de menos de 200 habitantes, donde te juntabas con los vecinos para hacer la matanza, para los trabajos importantes, donde todo el mundo echaba una mano.

Formar parte de un equipo te hace más fuerte. Algo que parece que se nos olvida con la cultura individualista, de cada uno a lo suyo, del corto plazo, del beneficio rápido.

La grandeza de la familia, que te da raíces, un lugar donde estar y volver, una comunidad a pesar de las discusiones. La comunidad de origen y de desarrollo, donde encontrar apoyo en los momentos difíciles.

También la familia elegida de los amigos, con los que hemos compartido etapas en la vida. A veces perdemos el contacto, a veces estamos lejos ¡qué bonito el reencuentro! Ver que están ahí para seguir caminando y compartiendo.

La vida sabe mejor acompañado, el camino se disfruta más en compañía. Aunque también hay momentos para estar solo.

En la obsesión por la gestión del tiempo, por la productividad, a veces nos olvidamos de los que nos rodean. Nos olvidamos de una de las esencias de la vida, con quién la compartimos. Nos olvidamos de vivir.

De eso se acuerdan bien en las comunidades que siempre han estado ahí, como la de LosMolinos. Por eso, venir a los Molinos me reconecta, me tranquiliza, me ayuda a disfrutar de la conversación calmada y del paseo en compañía, por un entorno idílico. Gracias por siempre encontrar las puertas abiertas.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Pedir, dar, recibir, compartir

No estamos solos, vivimos acompañados, rodeados de otros. En una sociedad cada vez más compleja, dependemos en mayor medida unos de otros. Mis abuelos eran capaces de vivir con lo que producían, más apegados a la tierra, agricultores con algunos animales, cultivaban y recogían lo necesario.

Somos interdependientes, dependemos unos de otros, vivimos del intercambio, ahora más que antes. Ahora sobreviviríamos menos sin esa colaboración. Cada quien tiene su profesión y el dinero o su equivalente facilita comprar lo necesario.

El intercambio económico cumple su función y vivimos el espejismo de la independencia, suponiendo que podemos “comprar” lo necesario, cuando muchas veces lo más importante no tiene precio.

Se nos olvida la colaboración más valiosa, más allá de lo económico: el papel del buen vecino, que echa una mano cuando hace falta; la mano amiga, que nos ayuda a levantarnos; los compañeros de viaje y de vida, con los que recorremos parte del camino y tantos otros regalos que se nos entregan gratis.

A algunos nos cuesta pedir, hemos aprendido y grabado a fuego que pedir es mostrarse débil. Creemos que con esfuerzo podemos cualquier cosa y nos resistimos a ponérnoslo fácil. Incluso nos negamos a ver cuándo necesitamos ayuda.

Pide ayuda cuando la necesites - No esperes a que lo adivinen (Dibujo Leyre Fontaneda)

Hay quien se enfada porque un compañero de trabajo, la pareja o sus hijos no han hecho lo que esperaba, o lo han hecho de otra manera. Expectativas imposibles de cumplir si no se expresan.

Sin pedir negamos al otro la posibilidad de ayudarnos. La satisfacción de aportar. No podemos pretender que el otro se adelante a lo que necesitamos, que nos lea el pensamiento.

Pedir supone el riesgo de recibir un “no”. Es un acto de valentía. Estar dispuesto a aceptar un “no” por respuesta, porque el otro no está obligado a ayudarnos. Lo más bonito de dar es no estar obligado a ello.

Sin pedir es más difícil que te den. Mi abuelo siempre pedía descuento, decía que el no ya lo tenía. Solo veía la ventaja de pedir, si te negaban el descuento pues estabas como al principio.

El intercambio nos favorece a todos. Tenemos distintas cualidades, habilidades, conocimientos, capacidades. Algo que me puede suponer un gran esfuerzo al que me acompaña no le cuesta, incluso le entretiene y le agrada. Aprovechemos la diversidad siendo trasparentes, mostrando lo que queremos o necesitamos, pidiendo para poner fácil que nos ayuden.

El trabajo en equipo supone aprovechar las capacidades diferentes de cada uno. Compartimos un destino común.

Todos hemos recibido ayuda, especialmente en los comienzos. Tan importante como pedir es saber aceptar los regalos que nos encontramos. No rechazar las manos que se nos brindan.

Estos 10 días hemos estado confinados por el dichoso COVID, nos ha tocado cerca. Hemos tenido muchas personas amigas pendientes de lo que necesitábamos. Sin pedir hacemos más difícil que nos ayuden, les obligamos a adivinar.

Es gustoso dar y recibir. Poder agradecer cuando nos ayudan y ser capaz de prestar ayuda. Pedir y dar nos une, es una forma de comunicación, un lazo que nos trasciende. Juntos cada uno de nosotros somos más.

Pide de la forma adecuada:

  • Sabiendo lo que quieres. Podrás pedir claramente.
  • A quien pueda dar. No suele ser práctico pedir peras al olmo.
  • De forma concreta, sin irte por las ramas, que no tengan que adivinar qué es lo que quieres (no tiene por qué salir del otro).
  • En la medida adecuada. Dice el refrán que el que al pedir abusa, a cambio, recibe una excusa.

Puede que pedir no sea fácil, pero ya lo recoge la biblia, “pedid y se os dará”.


sábado, 4 de abril de 2020

La muerte unida con la vida


Corren tiempos difíciles; la vulnerabilidad, la enfermedad y la muerte se sienten cerca, no solo en las frías cifras que hoy nos dicen que ya ha habido, por lo menos, 11.744 muertos por Coronavirus en España.

Cada una de esas muertes tiene una historia, toda una vida y un entorno de seres queridos que la han acompañado. Hoy escribo acordándome de mi tío Jose Mari, con el que tanto he compartido y del que tanto he aprendido.

Ha muerto en el amanecer del 2 de abril, en un momento donde el duelo es especialmente duro, por la distancia que nos separa, a pesar de las redes sociales.

Siempre recordaré su sonrisa, los chicles que nos daba en nuestra infancia, su pasión por los bolos (el me enseñó a jugar), el fútbol (su Real Madrid), la buena mesa, la buena conversación y el buen humor (pasión por la vida). Vivía en el mismo edificio, tres pisos más abajo ¡Cuántas horas he pasado en su casa jugando con sus hijos Jorge y Josemari!

Con el equipo campeón de bolos 2014 - Quintanilla Vivar
Foto tomada de idj.burgos.es (Instituto Provincial para el Deporte y la Juventud)

¿Qué dirán cuando muramos? ¿Qué nos gustaría que dijesen? Familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo, aquellos con los que hemos estado compartido vida. Me gustaría oír lo que oigo de Jose Mari, una buena persona, con buen humor, siempre son la sonrisa. Con él daba gusto compartir tiempo. Era una suerte, si en una boda o evento, compartías mesa con él y con MariCruz, su mujer, el buen rato estaba garantizado. Y somos muchos los que lo sentimos así.

Con 87 años tenía más energía que otros de 20 y muchas ganas de seguir viviendo, todavía pensaba en el próximo cordero asado que iba a comer. La muerte se une a la vida, en la muerte apreciamos mejor la vida y su valor. De lo que estoy convencido es de que Jose Mari vivió, no solo dejo pasar la vida, tendría apuntados muchos momentos realmente vividos si los llevásemos por cuenta (como en el cuento de Jorge Bucay "El buscador").

Las palabras se quedan cortas para despedir a alguien querido. Alguien que sigue viviendo en nosotros, nunca lo olvidaremos.

miércoles, 13 de julio de 2016

Trabajar en casa, el fin de semana o en vacaciones

En un momento en el que el teletrabajo puede facilitar muchas cosas también trabajar en casa puede ser complicado o podemos complicarnos al trabajar en casa. En casa podemos tener muchas más distracciones.

Es habitual encontrar personas que pasean los papeles y el ordenador del trabajo a casa, con la intención de acabar algo esta noche y al día siguiente vuelven con los papeles sin tocar y el ordenador sin encender. A mí me ha pasado alguna vez.

Si es el fin de semana, además, tienes en la cabeza en todo momento ese trabajo pendiente sin hacer que no te permite disfrutar, como cuando de estudiante tenías examen al día siguiente y te ponías a ver una película.
Teletrabajo de página de empresariados.com
Existen tres pasos claves que harán que puedas avanzar en lo que te hayas propuesto (estudiar, hacer ese informe o escribir este post) y que puedas disfrutar de tu tiempo en casa  y con los de casa.

1.    Planifica. Establece límites de tiempo y espacio antes de llevarte los papeles, define cuándo y dónde vas a trabajar. Si llevas los papeles para trabajar esta noche puedes establecer que vas a dedicar una hora después de cenar y no más.

En el trabajo los límites están normalmente más claros, hay un tiempo y un espacio, en casa tú eres el responsable de fijar ese límite.

2.    Tiempo predecible en el que estarás disponible. El límite, el tiempo en el que no estás disponible, tiene que venir acompañado de otros momentos en los que sí lo estarás. Momentos no dedicados a trabajar, dedicados a tus temas personales y familiares.

Especialmente si tienes pareja o hijos, podrán respetar mucho mejor los límites que has puesto en el apartado anterior si saben en qué momentos podrán contar contigo. Si te pasas tu tiempo en casa trabajando te vas a perder la vida en familia. La cosa se complica cuando tienes hijos y también se vuelve mucho más divertida.

3.    Comparte y acuerda  estos tiempos y espacios con aquellos con los que convives. Pueden ser compañeros de piso, tu pareja, hijos o tus padres.

Si compartes cariño, espacio, inquietudes también querrás compartir tiempo y si cada uno se organiza por su cuenta es posible que paséis por el mismo espacio sin coincidir. Los planes conjuntos suelen funcionar mejor y si has hecho planes por tu cuenta, por lo menos comunícalo.

Peor que saber que no puedes contar con quien te acompaña es no saber siquiera si está o no está, dudar de si está disponible. Puede que esté de cuerpo presente y de pensamiento ausente, con lo cual quizá estaría mejor trabajando. Si estás en casa estate.

Lo mismo sirve para trabajar en vacaciones o para tu ocio personal en los fines de semana. Por mi parte acostumbraba a ir a jugar al pádel con los amigos de 9 a 11 de la mañana los domingos para poder estar en casa cuando todos se empezaban a mover.

También es una buena opción, quizá mejor, la de no trabajar en vacaciones, ni por las noches, ni los fines de semana, puede que te ayude a aprovechar mejor el tiempo de trabajo en otros momentos.

Hay tiempo para hacer muchas cosas, quizá no para todo, fija tus prioridades y decide si realmente quieres hacer eso.

viernes, 26 de febrero de 2016

El poder del baile

El baile, de manera natural, forma parte de nosotros mismos. Los niños bailan cuando están contentos, como forma de expresarse, para relacionarse con los demás. Podemos encontrar bailes de celebración, para ir a la guerra o para atraer la lluvia. El baile expresa sentimientos y estados de ánimo.

Como forma de entretenimiento y encuentro nos vamos juntando, este año uno de cada dos fines de semana, unas cuantas parejas en el pueblo para bailar y aprender esta forma de comunicación y acercamiento.

Surgió como surgen otras muchas cosas, casi sin querer, y el grupo ha ido creciendo gracias a la pasión que pone el maestro, Atigo, que lleva el ritmo en la sangre después de unos años viviendo en Cuba. No llevamos mucho tiempo y para los que no habíamos bailado mucho el avance es espectacular.
Atigo y su pasión
El pasado fin de semana caí en la cuenta de la cantidad de cosas que se pueden aplicar al día a día de las aprendidas en el baile:
  1. La importancia de la pasión, que es contagiosa y anima a aquellos que te rodean. Hacer las cosas con pasión lleva a que salgan y se perciban mejor, nos impulsa a seguir, como hace Atigo.
  2. La vergüenza limita el aprendizaje, si no te atreves a probar los pasos, aunque al principio salga mal, no aprenderás. Para avanzar hay que salir de la zona de confort y arriesgarte al qué dirán.
  3. No sale bien a la primera, hay que seguir intentándolo y practicar, mucho mejor un rato a diario. Ser constante y no desfallecer siguiendo tus metas.
  4. Dar tiempo para que el aprendizaje deje poso, no se puede conseguir todo en un día, tener paciencia, saber esperar a que la siembra de sus frutos.
  5. No estamos solos, todo funciona mucho mejor cuando te coordinas con quien te acompaña, es fundamental saber comunicarse y entender las señales.
  6. No hace falta correr, no hacen falta grandes movimientos, sólo seguir el ritmo, dejarse llevar por la música en la dirección correcta. Si corres demasiado te vas a pegar una gran sudada (como a mí me pasaba) y acabarás muy cansado.
  7. Para seguir el ritmo hay que escuchar la música. En la vida hay que escuchar para no hacer a lo tonto, no hacer las cosas que no hacen falta o no meterte donde no te llaman. La escucha es la mejor herramienta para bailar y para comunicarte.
  8. Aprender a usar las pausas, saber parar y esperar. En un mundo donde vivimos la cultura de la prisa la pausa tiene un gran impacto, dando un discurso, meditando una respuesta o bailando.
  9. Disfrutar del baile, sale mejor, te ayuda con las dificultades y los errores se toman con humor en lugar de con desesperación, ayudando a mejorar. Disfrutar de lo que haces tiene el mismo efecto.
  10. La importancia de estar con otros, el baile no es lo mismo estando solo, aunque también se puede disfrutar de bailar sin compañía. Los compañeros nos ayudan a un viaje más enriquecedor.

La vida es un baile y tú escoges si te quieres quedar mirando o quieres saltar a la pista y bailar, vivir y compartir con los demás ¡qué disfrutes del baile!