La
semana pasada estuve en Silos con unos amigos. La mayoría del grupo de sistémica
del que hablé el 21 de diciembre (Saber juntarse es todo un arte). El grupo
crece, se han incorporado dos más, que enriquecen lo que ya había. Encuentro
para caminar juntos, aprender y avanzar.
El
miércoles tuvimos la suerte y el privilegio de poder conversar con el abad del
Monasterio de Santo Domingo de Silos. Inicialmente nos ilustró sobre la regla
de San Benito y su aplicación a cualquier organización.
Santo Domingo de Silos (foto tomada de sitiosdeespana.es) |
- Liderazgo
de servicio, basado en la comunidad: la regla expresa como la
autoridad debe ejercerse con humildad y en beneficio de la comunidad monástica.
En las organizaciones, esto se traduce en un liderazgo que valora y promueve la
colaboración, la participación y el bienestar de todos los miembros del equipo.
- Las
cosas importantes hay que consultarlas, aunque es responsabilidad
del que dirige decidir, después de
haber consultado. Dar voz y participación a las personas y a la vez no eludir
la responsabilidad del cargo.
- Equilibrio
entre trabajo y descanso (ora et labora): la Regla promueve el
equilibrio entre trabajo y oración, tiempo para el descanso y el recreo. Invita
a las organizaciones a equilibrar también los tiempos. Nos dijo el abad que San
Tomas de Aquino invitaba a tener aficiones, también a los monjes y mucho más a
nosotros.
- Respeto
por la individualidad: La Regla de San Benito enfatiza el respeto
por cada individuo en la comunidad, reconociendo sus dones y talentos únicos. La
atención a la diversidad, que suena tan moderna, ya estaba presente hace 1500 años.
- Responsabilidad
personal: La Regla hace hincapié en la disciplina personal y la
responsabilidad individual para el crecimiento espiritual y el bienestar de la
comunidad. Fundamentales en el desarrollo de cualquier organización o de
cualquiera a nivel personal.
Después
tuvimos oportunidad de conversar. En el monasterio se vive a otro ritmo, con
más pausa. La conversación del abad era meditada y profunda, a la par que sencilla
y accesible.
Me
encantó escuchar la perspectiva de
cientos de años, el respeto con el que se expresaba. Cuando hablamos de visión a largo plazo en la empresa
pensamos en tres, cinco o diez años (ese plazo ya nos parece una barbaridad).
El abad hablaba con una perspectiva mucho más amplia sobre las consecuencias en
30 a 60 años.
Hablamos
de como llevar la rutina. Para el la
rutina, más que aburrida, era más fácil. Contó como los días que pasa fuera del
monasterio echa de menos las horas de levantarse, de comer, el ritmo marcado
por la oración (de Laudes a Completas). Los hábitos nos ponen las cosas más
fáciles.
Recalcó
como todos tienen que aportar, el
que puede mucho que aporte mucho, el que puede menos que aporte menos. Pero que
no por poder aportar menos deje de aportarlo. Todos tenemos una contribución
que hacer.
La
vida en el monasterio no es tan distinta de la vida en cualquier organización.
Las enseñanzas del siglo VI siguen siendo aplicables ahora, igual que las
enseñanzas de los filósofos griegos. Tenemos más tecnología, pero no somos tan
distintos.
No
apunté lo que dijo, estaba absorto escuchando. Me quedé con unas cuantas ideas
que se van diluyendo en mi memoria, espero que mi cuerpo las haya absorbido,
que queden en mi subconsciente, para cuando sean necesarias. Nos regaló la
regla de San Benito, la leeré despacio, creo que tiene mucha sabiduría en sus
letras.
Gracias
por aportar tanto.
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