Stephen Covey advertía que podemos pasarnos la vida subiendo la escalera del éxito solo para descubrir al llegar arriba que estaba apoyada en la pared equivocada. Es decir, podemos esforzarnos durante años persiguiendo una idea de éxito que, al final, ni siquiera era la nuestra.
Si no
hacemos una pausa para preguntarnos qué es el éxito para nosotros, es fácil
acabar persiguiendo lo que otros dicen que debería ser: dinero, reconocimiento,
estatus, productividad sin pausa. Pero ¿y si todo eso no fuese suficiente o tan
siquiera necesario?
Ayer,
en uno de los cursos que imparto, hice una pregunta sencilla: ¿Qué es el éxito para ti? Las
respuestas fueron tan variadas como personales. Cuando las agrupé, descubrí un
patrón que invita a la reflexión. La mayoría de definiciones no tenían nada que
ver con riqueza, fama o poder. Surgieron, más bien, cinco grandes temas (entre
comillas las citas textuales):
- Equilibrio
y paz interior: “Estar en paz y tranquila con lo que haces”,
“estar en equilibrio”, “equilibrio laboral, familiar y social”.
- Logro
y realización personal: “Hacer realidad tus objetivos”,
“alcanzar lo que deseas”, “sentirse realizado”.
- Autonomía
sobre el tiempo: “Emplear mi tiempo en lo que realmente es
importante para mí”, “poder hacer lo que quiera hacer”.
- Contribución
y vínculo con otros: “Hacer mejor la vida a los que me rodean”,
“que cuenten conmigo”.
- Salud
y bienestar general: “Tener salud y ser feliz”.
- Aceptación
y autoexigencia sana: “Meterme en la cama sabiendo que el que hace
lo que puede no está obligado a más”
Lo
interesante es que todas estas ideas hablan de una vida vivible, no de logros
brillantes ni medallas. Hablan de sentirte en paz contigo mismo, de tener
tiempo para lo importante, de contribuir, de tener salud y de hacer que tu vida
encaje con tus valores.
Las
respuestas también compartían otro hilo conductor: casi todo lo que llamamos
“éxito” requiere decisiones constantes y personales. No basta con desear paz,
equilibrio o realización; hay que cultivarlos. Y esa es también una forma de
entrenar la suerte.
Cuando
defines lo que es el éxito para ti te vuelves más receptivo a las
oportunidades que sí encajan contigo. Tener claro tu éxito personal es como
afinar la brújula antes de emprender el viaje: eliges mejor los caminos, te
equivocas menos y, si te desvías, sabes cómo volver.
El
éxito no es una fórmula universal, ni una meta impuesta. Es una construcción
personal, que se diseña con intención. Si no te detienes a definirlo tú,
alguien más lo hará por ti.
Te
invito a hacer hoy este pequeño gran ejercicio: escribe en una sola frase qué
es el éxito para ti ¿Tu escalera está apoyada en la pared correcta?
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