Ayer,
que era domingo, mi hija Sofía me pidió ayuda porque tenía que pagar las tasas
para poder examinarse de la prueba de acceso a la Universidad. Nos pusimos a
rellenar los papeles tranquilamente y, cuando llegamos al momento del pago, la
plataforma no funcionaba. El pago online daba error una y otra vez.
Había
un teléfono de contacto, pero siendo domingo no parecía el mejor día para
encontrar solución rápida. Probamos distintas opciones, refrescamos páginas,
cambiamos de navegador… nada. Esta mañana seguía sin funcionar.
Menos
mal que todavía quedaba algo de margen. Hoy era el último día, pero aún había
tiempo para reaccionar. Así que volvimos al método tradicional: imprimir el
documento, ir al banco, pagar en ventanilla y conseguir el sello. Con eso pudo
completar la matrícula.
Mientras
salíamos del banco pensé: menos mal que no lo dejamos para última hora de
verdad.
Incluso
así, hacerlo el viernes habría sido mucho mejor. Habríamos tenido más margen, menos nervios y más capacidad
de maniobra.
Y esa
es una lección que sirve para mucho más que para unas tasas universitarias. Muchas
veces vivimos confiando en que todo saldrá bien, en que la tecnología
funcionará, en que el tráfico irá fluido, en que no habrá imprevistos, en que
tendremos energía suficiente al final del día. Y a veces ocurre, pero otras no.
También
me pasó la semana pasada al llegar a una formación. Tuve problemas con el
cargador del ordenador, menos mal que al ir con margen pudimos empezar la formación
en “gestión del tiempo” puntuales. Si no hay problema, me da para respirar y
empezar más tranquilo y enfocado.
Las
prisas aumentan los errores, el nerviosismo y la sensación de agobio. Cuando
todo depende de que nada falle, cualquier mínima desviación desordena el día
entero.
Ir con
margen no siempre significa perder tiempo. Muchas veces significa ganar
tranquilidad, poder pensar mejor, elegir con calma, reaccionar y adaptarte sin
que todo parezca derrumbarse.
No
hace falta vivir obsesionado con anticiparse a todo, ni convertir la vida en
una agenda rígida. Pero sí entender que aquello
que realmente es importante merece algo de espacio alrededor. Porque algo
puede salir mal.
Por
eso quizá merece la pena preguntarse al empezar la semana:
¿Qué es lo importante estos días que
merece que vaya con tiempo?
Porque,
como dicen los anuncios, ir con calma no tiene precio. La calma no aparece por casualidad, se prepara antes.
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