lunes, 25 de mayo de 2026

Ir con tiempo da tranquilidad y opciones

Ayer, que era domingo, mi hija Sofía me pidió ayuda porque tenía que pagar las tasas para poder examinarse de la prueba de acceso a la Universidad. Nos pusimos a rellenar los papeles tranquilamente y, cuando llegamos al momento del pago, la plataforma no funcionaba. El pago online daba error una y otra vez.

Había un teléfono de contacto, pero siendo domingo no parecía el mejor día para encontrar solución rápida. Probamos distintas opciones, refrescamos páginas, cambiamos de navegador… nada. Esta mañana seguía sin funcionar.

Menos mal que todavía quedaba algo de margen. Hoy era el último día, pero aún había tiempo para reaccionar. Así que volvimos al método tradicional: imprimir el documento, ir al banco, pagar en ventanilla y conseguir el sello. Con eso pudo completar la matrícula.

Mientras salíamos del banco pensé: menos mal que no lo dejamos para última hora de verdad.

Porque cuando vas con algo de tiempo todavía tienes opciones. Puedes buscar otro camino, corregir errores, pedir ayuda o simplemente mantener la calma. Cuando vas demasiado justo, cualquier pequeño problema se convierte en un gran problema.

Incluso así, hacerlo el viernes habría sido mucho mejor. Habríamos tenido más margen, menos nervios y más capacidad de maniobra.

Y esa es una lección que sirve para mucho más que para unas tasas universitarias. Muchas veces vivimos confiando en que todo saldrá bien, en que la tecnología funcionará, en que el tráfico irá fluido, en que no habrá imprevistos, en que tendremos energía suficiente al final del día. Y a veces ocurre, pero otras no.

 Cuando vas demasiado justo, cualquier pequeño problema se convierte en un problema enorme: Una impresora que falla, un correo que no llega, un atasco, un documento que falta, una reunión que se alarga, una persona que no responde, una plataforma que falla. Y entonces llegan las prisas, los nervios… y muchas veces las lamentaciones.

También me pasó la semana pasada al llegar a una formación. Tuve problemas con el cargador del ordenador, menos mal que al ir con margen pudimos empezar la formación en “gestión del tiempo” puntuales. Si no hay problema, me da para respirar y empezar más tranquilo y enfocado.

Las prisas aumentan los errores, el nerviosismo y la sensación de agobio. Cuando todo depende de que nada falle, cualquier mínima desviación desordena el día entero.

Ir con margen no siempre significa perder tiempo. Muchas veces significa ganar tranquilidad, poder pensar mejor, elegir con calma, reaccionar y adaptarte sin que todo parezca derrumbarse.

No hace falta vivir obsesionado con anticiparse a todo, ni convertir la vida en una agenda rígida. Pero sí entender que aquello que realmente es importante merece algo de espacio alrededor. Porque algo puede salir mal.

Por eso quizá merece la pena preguntarse al empezar la semana:

¿Qué es lo importante estos días que merece que vaya con tiempo?

Porque, como dicen los anuncios, ir con calma no tiene precio. La calma no aparece por casualidad, se prepara antes.

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