sábado, 16 de mayo de 2026

La ansiedad baja cuando recuperas el control

Como soy bastante “animado”, me entusiasmo con facilidad y me animo con demasiadas cosas a la vez. Nuevos proyectos, ideas, colaboraciones, cursos, artículos pendientes, personas con las que quiero quedar, compromisos que me parecen interesantes…

Durante un tiempo incluso disfruto de esa intensidad, pero llega un momento en que voy como un coche a demasiada velocidad, vibrando por exceso. Y ahí aparece cierta sobreactivación, cierta ansiedad y la sensación de que no llego a todo.

En estas ocasiones me recuerdo que cuando tienes o sientes control, la ansiedad baja. O quizá habría que decir: cuando recuperas sensación de control. Porque muchas veces la ansiedad no aparece simplemente por tener mucho que hacer, sino por la sensación de que todo se mezcla, se acumula y empieza a escaparse de las manos.

“El caos mental pesa más que la cantidad de trabajo”

En esos momentos, lo peor que puedo hacer es seguir acelerando, lo que toca es parar y recuperar control. Sacar las cosas de la cabeza y ponerlas delante. Hacer una lista de pendientes, definir qué tengo que hacer exactamente con cada asunto, clarificar prioridades, eliminar tareas que ya no merece la pena hacer, decidir qué puede esperar y también delegar algunas cosas, incluso pagando, si otra persona puede hacerlas mejor o más rápido que yo.

Algo cambia cuando haces eso. No necesariamente desaparece el trabajo, pero baja el nerviosismo, recuperas foco, la cabeza deja de dar vueltas sin dirección.

Muchas veces el problema no es tanto la cantidad de cosas que tenemos, sino la sensación de caos y falta de manejo sobre ellas.

Esto conecta bastante con el conocido modelo de Karasek y Johnson sobre estrés laboral. Ellos explicaban que uno de los factores que más estrés genera no es simplemente la exigencia, sino combinar alta exigencia con poca sensación de control y poco apoyo social.

En cambio, cuando recuperamos capacidad de decisión y además sentimos apoyo de otros, el malestar disminuye mucho.

Por eso ayuda tanto hablar con alguien, pedir ayuda, compartir cargas o encontrar personas en las que apoyarte. A veces basta una conversación para que algo vuelva a ordenarse por dentro.

También creo que parte de la tranquilidad pasa por distinguir sobre qué tienes control y sobre qué no. Porque hay personas que gastan enormes cantidades de energía intentando controlar lo que otros piensan, lo que quizá ocurrirá dentro de meses o situaciones sobre las que realmente no tienen influencia. Y ahí la cabeza puede convertirse en una centrifugadora permanente.

Con el tiempo voy aprendiendo que hay cosas sobre las que puedo actuar y otras que quizá toca aceptar. Y aceptar no es resignarse; muchas veces es simplemente dejar de desperdiciar energía mental en lo inmanejable. Si no tienes control ni capacidad de influencia sobre algo, quizá lo más inteligente sea soltarlo.

“La ansiedad muchas veces no baja cuando desaparecen los problemas, sino cuando recuperas sensación de dirección y apoyo”.

Y casi siempre podemos hacer algo para recuperar parte de ese control: ordenar, priorizar, decidir, pedir ayuda, delegar, descansar o simplemente empezar por lo importante.

No hace falta resolver toda la vida en una tarde. Basta con volver a poner las manos en el volante.

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.


No hay comentarios:

Publicar un comentario