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sábado, 16 de mayo de 2026

La ansiedad baja cuando recuperas el control

Como soy bastante “animado”, me entusiasmo con facilidad y me animo con demasiadas cosas a la vez. Nuevos proyectos, ideas, colaboraciones, cursos, artículos pendientes, personas con las que quiero quedar, compromisos que me parecen interesantes…

Durante un tiempo incluso disfruto de esa intensidad, pero llega un momento en que voy como un coche a demasiada velocidad, vibrando por exceso. Y ahí aparece cierta sobreactivación, cierta ansiedad y la sensación de que no llego a todo.

En estas ocasiones me recuerdo que cuando tienes o sientes control, la ansiedad baja. O quizá habría que decir: cuando recuperas sensación de control. Porque muchas veces la ansiedad no aparece simplemente por tener mucho que hacer, sino por la sensación de que todo se mezcla, se acumula y empieza a escaparse de las manos.

“El caos mental pesa más que la cantidad de trabajo”

En esos momentos, lo peor que puedo hacer es seguir acelerando, lo que toca es parar y recuperar control. Sacar las cosas de la cabeza y ponerlas delante. Hacer una lista de pendientes, definir qué tengo que hacer exactamente con cada asunto, clarificar prioridades, eliminar tareas que ya no merece la pena hacer, decidir qué puede esperar y también delegar algunas cosas, incluso pagando, si otra persona puede hacerlas mejor o más rápido que yo.

Algo cambia cuando haces eso. No necesariamente desaparece el trabajo, pero baja el nerviosismo, recuperas foco, la cabeza deja de dar vueltas sin dirección.

Muchas veces el problema no es tanto la cantidad de cosas que tenemos, sino la sensación de caos y falta de manejo sobre ellas.

Esto conecta bastante con el conocido modelo de Karasek y Johnson sobre estrés laboral. Ellos explicaban que uno de los factores que más estrés genera no es simplemente la exigencia, sino combinar alta exigencia con poca sensación de control y poco apoyo social.

En cambio, cuando recuperamos capacidad de decisión y además sentimos apoyo de otros, el malestar disminuye mucho.

Por eso ayuda tanto hablar con alguien, pedir ayuda, compartir cargas o encontrar personas en las que apoyarte. A veces basta una conversación para que algo vuelva a ordenarse por dentro.

También creo que parte de la tranquilidad pasa por distinguir sobre qué tienes control y sobre qué no. Porque hay personas que gastan enormes cantidades de energía intentando controlar lo que otros piensan, lo que quizá ocurrirá dentro de meses o situaciones sobre las que realmente no tienen influencia. Y ahí la cabeza puede convertirse en una centrifugadora permanente.

Con el tiempo voy aprendiendo que hay cosas sobre las que puedo actuar y otras que quizá toca aceptar. Y aceptar no es resignarse; muchas veces es simplemente dejar de desperdiciar energía mental en lo inmanejable. Si no tienes control ni capacidad de influencia sobre algo, quizá lo más inteligente sea soltarlo.

“La ansiedad muchas veces no baja cuando desaparecen los problemas, sino cuando recuperas sensación de dirección y apoyo”.

Y casi siempre podemos hacer algo para recuperar parte de ese control: ordenar, priorizar, decidir, pedir ayuda, delegar, descansar o simplemente empezar por lo importante.

No hace falta resolver toda la vida en una tarde. Basta con volver a poner las manos en el volante.

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domingo, 22 de marzo de 2026

El foco y la constancia abren puertas que no te esperas

Ayer acompañé a mi amigo Félix a un taller de respiración en Burgos, al que asistió otro grupo de amigos, que nos encontramos de vez en cuando (gracias a CISA-Aspanias por abrir el espacio).

Félix lleva tiempo formándose, tiempo invirtiendo en afinar su manera de acompañar. Y eso se nota. No solo en lo que hace, sino en cómo está, en la calma, en la presencia, en la forma de sostener el espacio.

El resultado fue claro: una experiencia profundamente nutritiva para quienes estuvimos.

Esto es lo que ocurrió ayer, que parece magia. Para entenderlo hay que mirar todo lo que pasó antes. Porque lo que vivimos no fue solo “respirar”, fue parar, fue escucharnos. Fue permitir que el cuerpo hablara. Y el cuerpo, muchas veces, sabe antes que la cabeza.

En https://breathworkmadrid.com/ Félix explica cómo a través de la respiración, puedes influir en cómo te sientes, reducir el estrés, soltar tensión, aclarar lo que llevas dentro. Y, en muchas ocasiones, conectar con algo importante: qué necesitas y hacia dónde quieres ir.

Ese fue el ejercicio de ayer, practicar a escucharte, a parar, a elegir desde un lugar más consciente. En un espacio cuidado, con música inmersiva, combinado con los olores adecuados y con una guía en la forma de respirar. Cuando bajas el ruido, aparece la claridad. Y con ella, el propósito.

Como chiste se contaba que llevamos toda la vida respirando y a ver si ahora íbamos a aprender. Resulta que tenemos una herramienta sencilla que es probable estemos desaprovechando.

Félix tiene claro su propósito, que no es otro que acompañar a personas. En este caso a través de una vía concreta, la respiración.

El resultado no es casualidad, es elección, práctica y camino. Muchas veces pensamos que las oportunidades aparecen de repente. Que “se abren puertas” y no vemos el trabajo silencioso que hay antes. Las horas, la constancia y el foco. La apuesta por seguir cuando no hay aplausos.

Cuando dudas, cuando no sabes si esto llevará a algún sitio, y aun así, sigues. Hasta que un día, la puerta se abre y desde fuera parece suerte, pero no lo es. Es el resultado de haber estado llamando mucho tiempo.

Vivir tu tiempo también es esto: elegir en qué inviertes tu energía, sostenerlo y confiar en el proceso.

A veces no necesitas hacer más. Necesitas parar, respirar y escucharte. Y desde ahí… seguir caminando. Ayer lo vivimos en primera persona, fue un gusto acompañar a Félix y al resto del grupo.

Seguro que repetiremos.

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viernes, 5 de septiembre de 2025

Con menos tiempo tenemos más foco

Siempre me llama la atención lo productivo que soy justo antes de irme de vacaciones. Esa última semana suelo entrar en un modo de foco absoluto: priorizo lo importante, elimino lo accesorio y avanzo en tareas que quizá llevaba semanas aplazando. ¿Por qué? Porque quiero dejar todo listo, cerrar asuntos pendientes y marcharme tranquilo. De repente, el tiempo limitado, la cuenta atrás hacia el descanso, se convierte en mi mejor aliado para organizarme y rendir al máximo.

Lo curioso es que, a la vuelta de vacaciones, muchas veces perdemos ese impulso. Volvemos con la idea de que “hay tiempo”, que lo que no hagamos hoy podremos hacerlo mañana. Y en ese exceso de confianza en que el tiempo siempre estará disponible, vamos dejando que se diluya el foco que tanto nos ayudó antes de marcharnos.

Ahora que septiembre está aquí y muchos regresamos a la rutina, es buen momento para recordarlo: cuando sentimos que el tiempo es limitado, trabajamos mejor. Nos volvemos más selectivos, más claros y más decididos. Al contrario, cuando creemos que tenemos horas y días de sobra, caemos fácilmente en el autoengaño del “ya lo haré”.

No es casualidad el dicho popular: “Si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada”. Quien está ocupado no puede permitirse perder tiempo; quien tiene poco espacio en la agenda suele ser quien mejor lo aprovecha. Mientras tanto, quien está demasiado ocioso acaba postergando, atrapado en esa falsa comodidad de que siempre habrá un mañana.

La paradoja es evidente: con menos horas, respetamos más cada hora. Con menos tiempo, le damos más valor al tiempo. Y ese principio no solo aplica al trabajo: también a la vida misma. La consciencia de que el tiempo no es infinito nos ayuda a cuidarlo más, a priorizar lo que de verdad importa y a evitar perderlo en lo irrelevante.

Con menos horas disponibles:

  • Priorizas lo esencial.
  • Dices no a lo accesorio.
  • Tomas decisiones rápidas.
  • Evitas distracciones porque sabes que no puedes permitirte ese lujo.

Quizá la clave para mantener el foco de septiembre sea simple: vivir cada día como si estuviéramos a punto de irnos. Con la claridad de que no podemos abarcarlo todo, pero sí podemos dar lo mejor en lo esencial.

No se trata de vivir con prisa, sino con consciencia. Menos horas, bien enfocadas, producen mejores resultados que muchas horas diluidas. Y menos vida desperdiciada en lo irrelevante deja más espacio para lo que de verdad nos llena.

Porque el tiempo limitado no es una condena, es una brújula. Y nos recuerda lo que realmente merece nuestra atención.

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sábado, 17 de mayo de 2025

Al mal tiempo, buena cara

El martes 13 de mayo llegué a Buenos Aires desde España a primera hora. Tenía que coger un vuelo interno a Tucumán, y ya había pasado todos los controles cuando llegó la noticia: el vuelo se cancelaba. “En martes y 13 ni te cases ni te embarques”, dice el refrán… y se cumplió al pie de la letra.

En un primer momento me invadió la frustración. Estaba tan cerca de embarcar que podía visualizar el despegue. Pero respiré hondo. Podía quedarme enganchado en la queja o decidir ocuparme de lo que sí estaba en mis manos. Elegí lo segundo.

Mientras otros se enfadaban con razón, aunque sin solución, yo intenté mantener la calma. La persona que me atendió estaba desbordada, como tantas veces ocurre en estos casos. Aun así, fue amable. Me explicó que la opción más temprana para volar a Tucumán era el día 15 a las seis de la mañana. ¿De qué me servía enfadarme con alguien que no tenía la culpa?

Pedí lo justo: alojamiento, comida y los traslados en Buenos Aires durante ese día y medio. No fue fácil encontrar alojamiento disponible, y la responsable tuvo que intentarlo varias veces. Agradezco su esfuerzo y su trato, incluso bajo presión.

Y en medio del caos, algunas lecciones comenzaron a tomar forma:

  • Que a veces no merece la pena enfadarse. Es mejor poner la energía en lo que puedes resolver y soltar lo que no está bajo tu control.
  • Que reconocer la amabilidad del otro y ser amable tú también, incluso en medio de la tensión, abre puertas. Motiva.
  • Que pedir lo justo, ni más ni menos, suele ser el camino más eficaz. No se trata de resignarse, sino de negociar con sensatez y sin venganza.

Con ese día inesperado en Buenos Aires, aproveché para visitar la Universidad en la que trabajaré esta semana que empieza. Me ubiqué, practiqué los trayectos, y me sentí más preparado. Al final, ese imprevisto me sirvió de orientación.

Pero la aventura no terminó ahí. El día 15 fui al aeropuerto previsto… y el vuelo había cambiado de terminal. Nadie me avisó. Corrí, tomé un taxi, y por suerte tenía dinero para cubrirlo. Lo reclamaré, aunque no tengo muchas esperanzas. Aun así, agradezco poder haberlo pagado. A veces, el dinero sí soluciona cosas, y rápido.

Y ahí viene otra enseñanza: tomárselo con humor. No engancharse en el enfado, que solo desgasta y a menudo termina salpicando a los que intentan ayudarte. Si tú estás tranquilo, es más probable que el otro lo esté también. Como decía un viejo compañero de trabajo: la amabilidad llama a la amabilidad.

“El enfado a veces solo desgasta y salpica al que quiere ayudarte”

Pero cuidado: esto no es resignación. Es aceptación activa. Buscar soluciones sin perder el foco, pedir lo justo sin perder la calma. Desde ahí se decide y actúa mejor.

Y sí, muchas cosas podrían haber salido peor: el avión no se estrelló, dormí bien, comí sin problemas. Lo que hoy vemos como “normal” era impensable hace décadas. Que se lo digan a mi tío abuelo Basilio y a su mujer Lola, que tardaron semanas en cruzar el océano hace más de 80 años. Hoy, en pocos días, uno puede ir de Burgos a Tucumán.

¿Por qué, entonces, tanta atención a lo que falla? ¿Por qué no poner más el foco en lo que funciona?

Ya he pasado unos días en Tucumán, han sido estupendos (eso es otra historia). Mañana vuelvo a Buenos Aires en autobús, buscando una opción con menos probabilidad de cancelación que el avión. Aunque claro, ahora hay inundaciones y algunas rutas están cortadas, no sé si podré viajar. La aventura continúa. Haré lo que pueda. No controlo la lluvia como no controlo la mayoría de cosas.

“Aceptar lo que no controlas y fluir con lo que hay”

“Lo que hay, hay”

Lo que sí puedo es elegir cómo vivir las circunstancias. No engancharme con lo que va mal, y sí reconocer todo lo que va bien. Porque siempre hay algo que va bien. Y muchas veces, con buena cara… el mal tiempo se vuelve más llevadero.

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domingo, 12 de enero de 2025

Madrugar o no madrugar

En español tenemos dichos para todo, también para lo que tiene que ver con el dormir. Por un lado, encontramos “Al que madruga Dios le ayuda” y su aparente contrario “No por mucho madrugar amanece más temprano”. El primero nos anima a madrugar, el segundo a descansar lo suficiente y a no tener prisa por la mañana.

¿A cuál de ellos hacer caso? ¿Qué es lo que conviene? ¿Dormir hasta tarde o madrugar? Muchos libros aconsejan madrugar y levantarse mucho antes de que salga el sol. Puede que a ti te funcione, cada uno tenemos nuestros ritmos.

Hay días que cuesta levantarse, salir de la cama, abandonar el cálido refugio de las sábanas, especialmente si sacas el brazo fuera y notas el frío del invierno, si todavía fuera es de noche ¿Cómo ponerse en pie con lo bien que se está en la cama?

Para madrugar con energía hay un truco. Me baso en otra de mis tretas, de sentido común, para llegar puntual o llegar pronto. La estrategia para llegar pronto es salir pronto. Los desplazamientos llevan lo que llevan, y si vamos más rápido de lo que debemos corremos el riesgo de accidente o multa.

Así que el truco para madrugar con energía es fácil, de sentido común (el menos común de los sentidos):

“Para levantarse pronto y con energía, acostarse pronto”

Si nos acostamos tarde y nos levantamos pronto dormiremos pocas horas, es posible que no las suficientes, con lo cual al día siguiente estaremos cansados y despistados. Más si llevamos varios días no durmiendo lo suficiente. Si te tienes que levantar pronto, acuéstate pronto.

No dormir lo que necesitamos afecta a nuestra concentración y memoria, hace que nos sintamos fatigados y somnolientos, que nos enfademos con más facilidad, con lo que empeora nuestras relaciones. Si no descansas no tendrás energía para el día.

Puede pasar que madrugues para aprovechar el día y que acabes madrugando para desaprovechar las horas, sobre todo si no tienes un foco claro de que es lo que vas a hacer. Cansado te entretienes con cualquier tontería, entretenimientos sobran.

Puede que aproveches mejor la noche que la madrugada, puede que te compense levantarte tarde si prefieres acostarte tarde. Pronto y tarde son conceptos subjetivos, cada uno tiene su opinión al respecto, cada uno tiene que encontrar su propio ritmo.

Y en el dormir ¿Cuánto es suficiente? Porque ese también es un concepto subjetivo, de cada uno. Hay mucha variabilidad, lo recomendado para un adulto es de entre 7 y 9 horas diarias, pero puede que necesites menos o más. Lo cantidad que te sienta bien también varía con la edad, así que presta atención a tu nivel de cansancio, a tu capacidad de concentración o a si te duermes en cualquier sitio.

Mi consejo, duerme lo suficiente (para ti), levántate con las pilas cargadas, con foco, con claridad en lo que quieres hacer con tu día. Madruga si te sienta bien, a mi me encanta ver como sale el sol y los sonidos de la naturaleza cuando se despierta. Además, empezar con calma, leer o escribir un rato antes de que la casa se despierte, me predispone a tener un buen día.

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domingo, 29 de octubre de 2023

Tener claro el resultado que quieres al final del día

Soy un optimista, siempre creo que puedo conseguir hacer muchas cosas en un día. Con listas de tareas demasiado largas corro el peligro de ir saltando de una cosa a otra, sin terminar en ninguna, avanzando poco o nada en cada cosa. También me suelo entretener en otras cosas que no tengo apuntadas. Al final del día puedo sentirme frustrado por lo que no he conseguido, en lugar de satisfecho por lo que sí he conseguido.

Limitar el número de resultados que queremos conseguir, ayuda a centrarnos, a conseguir el foco y a avanzar en lo concreto, sin perdernos en demasiado.

Hay muchos dichos que nos recuerdan esto, como “el que mucho abarca poco aprieta” o “si persigues dos conejos no cazaras ninguno”. En estos tiempos donde se nos van presentando múltiples opciones, muchos focos de atención, es fácil que nos perdamos entre tanto estímulo. Van saltando conejos y nosotros vamos cambiando el conejo al que perseguimos, sin atrapar a ninguno.

Imagen generada con Bing
Recuerdo una frase que me inspira: “No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas”. No estés demasiado atareado para no acabar nada.

¿Qué quieres acabar hoy? ¿Qué resultados quieres tener al final del día? Limita el número de resultados que quieres conseguir a tres (después podrás ir a por más). Tres es un número mágico, empieza por ahí.

Reflexiona al final del día cómo te ha ido con esos tres resultados que querías, qué te ha ayudado a conseguirlos y dónde han estado las dificultades (¿Dónde te has despistado?).

Por mi parte hoy quiero tener escrita esta entrada para el blog (esto casi está hecho, no hace falta que sea muy larga, que después asusta a los lectores y algunos no acaban - ¡Felicidades por haber llegado hasta aquí!).

Después quiero tener una charla tranquila con un amigo, ya hemos quedado para un café, así que, si no se tuerce, pinta bien.

También quiero hacer ejercicio, seguir cuidándome, tener hecho al menos 45 minutos de bicicleta estática. Esto ayuda al objetivo que tengo para este año de estar más en forma.

Con esas tres cosas me doy por satisfecho. Tengo otras actividades en la recámara, cuando acabe con los tres resultados prioritarios para hoy, puedo añadir más.

Lo mismo aplica para la semana ¿Qué tres resultados harán que la semana que viene merezca la pena? Para el mes o para el año ¿Qué tres resultados harán que este año haya merecido la pena? Después puedes llevar esos objetivos a cada día.

Qué tengas un buen día, al menos con tres resultados. Tu escoges qué resultados son importantes para ti hoy.

domingo, 27 de marzo de 2022

Momento a momento

Esta mañana he estado viendo un partido de vóley de mi hija Sofía, el partido ha sido ajustado, con buenas y malas rachas, de uno y otro equipo, con errores y aciertos.

En los partidos, estando físicamente presente, puede que te vayas del partido. Se suele decir cuando un par de fallos llevan a la falta de concentración, de atención a lo que continúa sucediendo. Te sales del partido y los fallos vienen uno detrás de otro.

Un par de jugadas malas y empiezan los procesos rumiativos, la cabeza empieza a pensar en el punto anterior o anticipar lo que vendrá. Puedes pensar en que lo podías haber hecho de otra forma o anticipar un resultado negativo.

Los mejores jugadores son los que siguen estando en el partido, a pesar de un posible error anterior, a pesar de un acierto espectacular del contrario. Mantienen el foco, la atención en lo que está pasando. Fuerza mental, resiliencia, capacidad de sobreponerse.

Nadal juega punto a punto, da lo mejor de sí mismo en cada momento, especialmente en los puntos importantes. Es capaz de mantener la concentración, especialmente cuando es más necesario.

El Cholo Simeone lo llama ir partido a partido. El anterior ya es pasado, el siguiente ya vendrá, toca jugar el de ahora. Hacer lo mejor que puedas en cada ocasión (y no más, solo se puede hacer lo que se puede hacer).

Lo mismo es aplicable a la vida, hay reveses y aciertos, malos y buenos momentos, puedes elegir vivir día a día. Después de un mal día puedes quedarte enganchado rumiando, dando vueltas a ese día en la cabeza, o puedes decidir vivir el día que toca, el nuevo día, igual que después de un mal partido.

Puedes elegir vivir momento a momento. Pasar página cuando conviene, agua pasada no mueve molino. Escoger estar aquí y ahora, en este momento. El momento anterior ya ha pasado, los siguientes ya vendrán. Hacer lo mejor de ese día, de ese momento, de ese encuentro, de ese informe, de ese examen… lo anterior ya pasó, lo siguiente ya vendrá. Disfrutar cada día, cada momento, jugar cada partido.

La experiencia nos permite aprender. Son los jugadores experimentados, los que han aprendido después de muchos partidos, los que mejor juegan punto a punto (si han sido capaces de aprender, hay quien no aprende nunca).

Igual que los partidos, la vida tampoco para. Si te quedas atascado en el punto anterior ya no estás en el partido, ya no estás en lo que sucede, ya no estás en el presente. Si te quedas atascado en el día anterior dejas de vivir el día de hoy, el que toca. Puedes elegir prestar atención al momento presente, no borrarte de la vida, no salirte de la vida.

Estar aquí y ahora, con las lecciones del pasado, sin engancharte en ellas y con los sueños del futuro, sin perderte en ellos. El pasado y el futuro forman parte de tu presente, en la medida adecuada.

Vivir el momento, vivir el presente, dejar que lo anterior se vaya, especialmente cuando no te sienta bien.

domingo, 24 de mayo de 2020

Cómo avanzar con teletrabajo o "tele-estudio"


Con los colegios cerrados por la pandemia, no así el curso, hemos tenido oportunidad de estar más con nuestros hijos, de acompañarles más en su desarrollo y de observar sus ilusiones, dificultades, emociones, tendencias y un largo etcétera. Y también, de paso, nos hemos podido observar a nosotros mismos.

En muchas cosas los niños nos dan cien vueltas, “son niños, pero no son tontos”. Y las realidades y los modos en los que nos enfrentamos a ellas son parecidos, será que no hemos cambiado tanto desde que somos niños. Dicen que muchas de las actitudes que tenemos de adultos son las que aprendimos de niños, de hecho, nos resulta difícil desaprender para aprender formas nuevas.

Estas semanas muchos hemos estado tele-trabajando mientras los niños tele-estudiaban. Vemos la paja en el ojo ajeno en lugar de ver la viga en el nuestro y hablamos de lo que les cuesta, de que no se ponen y de que cuando se ponen enseguida se cansan.

Formándose en casa. Imagen de Markus Trier en Pixabay 

En mi “tele-trabajo” estas dos semanas he estado como los niños con sus tareas escolares. Me “tocaba” hacer un trabajo que no me gusta, preparar una propuesta de proyecto de investigación y he visto cómo me cuesta, de hecho, me resulta tedioso, no acababa de ponerme y si lo conseguía me suponía esfuerzo mantenerme enfocado.

Me ha ayudado la compañía de dos conceptos para “aprovechar” mejor el tiempo. Conceptos que también ayudan a los niños con las tareas escolares: “tienen” que hacerlas, no les apetece, les cuesta mantenerse enfocados y se sienten la mar de satisfechos cuando las acaban. Nos lo podemos aplicar y podemos acompañar a los más pequeños en:

  1. Vencer la barrera de la pereza y empezar.
  2. Mantenerse enfocado, continuando hasta alcanzar el objetivo.
El primer paso es vencer la “barrera de la pereza”. Lo que cuesta es ponerse en marcha, vencer la inercia y ponerse en movimiento, ponerse con esa propuesta que no apetece, con esa tarea que no nos motiva. Y aquí sí que viene bien un poco de fuerza de voluntad, pensar que bien cuando acabe que me he quitado el muerto de encima. Cómo hay que hacerlo, cuanto antes mejor.

Y después mantener el foco, centrarte en lo que quieres conseguir y mantenerte ahí. Para esto me encanta la técnica “Pomodoro” de Francisco Cirilo ¿Cuánto tiempo puedes estar concentrado? Él lo cifró en 25 minutos, quizá para algunos es mucho, pues pon 5, 10 o 15 (es lo que he hecho yo con mis hijas cuando jugábamos a estar concentrados con 6 o 7 años).

Ahora ya solo queda el reloj de cuenta atrás, pon los 10 minutos y a mantenerse enfocado durante ese tiempo. Los niños se dan cuenta de si a los 3 minutos ya quieren chalar, levantarte a beber agua o miles de cosas con las que nos auto-interrumpimos.

Esto también vale para padres, nuestras auto-interrupciones o si llega alguien a preguntar algo (el jefe, un hijo…).  En caso de interrupción externa, se puede preguntar si puede esperar 7 minutos, o lo que quede para terminar tu “Pomodoro”, casi seguro que no es tan urgente y podrás trabajar al menos 25 minutos seguidos.

Es increíble cuanto se puede hacer en 10 minutos de concentración, no te digo ya en 25. Y con la práctica puedes mantener el foco más tiempo, aunque no te olvides de descansar, también es importante.

Y un añadido que te puede ayudar, puedes apuntar cuanto tiempo dedicas realmente a eso que tanto te cuesta (puede ser la tarea). Tiempo real y efectivo, no cuenta si estás sentado en la mesa haciendo otra cosa, tiempo con foco, haciendo lo que te has propuesto para ese momento. Si sacas 3 horas efectivas al día estoy convencido que avanzarás ¿te parecen pocas? Prueba, los resultados se multiplican cuando trabajas enfocado.

Si quieres más detalle sobre estos puntos, aquí te dejo estos enlaces:


miércoles, 23 de octubre de 2019

No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas

Te ha pasado alguna vez que te has pasado toda una mañana haciendo sin parar, a toda velocidad, y al acabar te da la sensación de que no has hecho nada, aunque no has parado de hacer, cambiando de una cosa a otra y dejando un montón de cosas a medias.

Cuantas veces no encontramos el tiempo suficiente porque tenemos demasiadas cosas que hacer y al final no acabamos nada, que es lo mismo que decir que no hacemos nada.

Y al ir cambiando de actividad, siempre haciendo, nos agotamos. Es cómo empezar un pozo, para encontrar agua, sabiendo que el agua está a tres metros, y antes de llegar al segundo metro estamos cavando otro, con un propósito parecido y así vamos saltando de un pozo a otro, todo el día cavando, sin encontrar agua, porque no hemos cavado los tres metros en ninguno de los pozos empezados.

Cavando pozos sin parar y sin acabar ninguno - dibujo de Sofía Fontaneda

Tenemos la conciencia tranquila, porque hemos trabajado, hemos estado haciendo, en la cultura del hacer, estamos de acuerdo con lo que se nos demanda, no estar parados. Cuanto mejor si de vez en cuando nos parásemos a pensar: “¿para qué estoy haciendo esto?” o “¿Por qué es importante acabarlo?”

Se habla de la multitarea, de hacer varias cosas a la vez, simultáneamente. Aunque podemos pensar que es más efectivo, en muchos casos disminuyen nuestros resultados o estos desaparecen. Es como estar escuchando a alguien (nuestra pareja, hijos, una compañera de trabajo) y a la vez estar con el móvil. Esta es la multitarea simultánea, aunque realmente es secuencial, porque lo que nuestro cerebro hace es ir cambiando de tarea muy rápidamente.

También está la multitarea secuencial, donde dedicamos tres minutos a algo y pasamos a dedicar otros tres minutos a otra cosa, sin acabar. Empezamos por arreglar un enchufe mientras hacemos las lentejas y dejamos el enchufe a medias porque tenemos que ir a comprar algo, al volver ya nos faltan cosas para continuar.

Esta es una de las enfermedades del mundo moderno, con tantos estímulos que llaman nuestra atención que somos incapaces de mantenernos enfocados en un objetivo. Como puede ser acabar de cavar el pozo y encontrar agua. Seguramente no tenemos la sed suficiente para mantenernos constantes en la tarea.

Además, ser conscientes de que queremos avanzar en algo, que queremos acabarlo y sentir la satisfacción  de su finalización, nos puede ayudar a rechazar interrupciones: tanto las que nos vienen de fuera, como alguien que quiere tomar un café, el correo electrónico que pita o la consola que nos llama para echar una partida solo 15 minutos (que después se convierten en tres horas o las que nos vienen de dentro, cuando sentimos la urgencia de saltar a otra cosa, quizá porque esto nos está costando.

Te preguntaría ¿Cuántos pozos tienes empezados? ¿Cuáles quieres acabar? Pues escoge cuál es el más importante y a por él, hasta encontrar el agua, hasta acabar, porque

No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas

Y hoy escribo esto porque me siento con un montón de pozos abiertos, empezados, donde me puedo meter a cavar, y quiero escoger cuál es el pozo que quiero acabar primero. Quiero dejar de sentir ese ¡TODO A MEDIAS! Por lo menos he acabado esta entrada J.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Orden + contraorden = desorden

Cuándo no se tiene clara la dirección, cualquier dirección es buena y corremos el riesgo de cambiar de dirección demasiado a menudo y acabar dando vueltas en círculo, moviéndonos muy rápido para no ir a ninguna parte, haciendo mucho para no hacer nada.

La falta de claridad en los objetivos en una organización lleva a que el jefe de una orden para que pasado un rato de la orden contraria, con lo que finalmente la organización no sabe a qué atenerse y qué debe hacer. Una orden seguida de una contraorden provoca desorden y ningún avance.
Cuándo es uno mismo el que no tiene claros los objetivos va dando tumbos, a veces va muy rápido a ninguna parte y acaba muy cansado. Lo ilustra claramente una historia que encontré en Internet, de autor desconocido, sobre el síndrome D.A.D.E. (Deficit de Atención Debido a la Edad):

Decido lavar mi coche, cuando voy hacia el garaje, veo que hay correo en la mesa de entrada, decido revisarlo antes de lavar el coche. Dejo las llaves del coche sobre la mesa, echo a la papelera, todo el correo publicitario y veo que la papelera está llena. Decido entonces dejar las facturas sobre la mesa y vaciar primero la papelera. Pero, entonces pienso que como voy a pasar junto al buzón de correos, cuando saque a la basura la papelera, puedo primero preparar el pago de las facturas. Preparo mi talonario sobre la mesa, pero veo que no me queda más que un cheque. Mi otro talonario está en mi despacho. Voy allí y encuentro sobre la mesa la lata de Coca que había empezado a beber. Voy a buscar mi talonario, pero, antes de nada, es necesario que quite de ahí esta Coca, antes de que se caiga accidentalmente. Veo que está templada, por lo que decido meterla en el frigorífico para enfriarla. Me dirijo a la cocina con la Coca. El florero sobre la encimera me llama la atención: ¡Las flores necesitan agua! Dejo la Coca en la encimera y encuentro mis gafas para leer (que buscaba desde esta mañana). Pienso que es mejor llevarlas a mi despacho, pero antes voy a poner agua a las flores. Dejo las gafas en la encimera, lleno una jarra con agua y, de repente, veo el mando a distancia de la TV. Alguien lo ha dejado en la cocina. Pienso que, esta noche, para ver la tele, lo voy a buscar por todos los sitios y no me acordaré que está en la cocina. Decido entonces llevarlo al salón, que es su sitio, pero antes voy a añadir agua al florero. Echo agua al florero pero vierto la mayor parte al suelo. Entonces, pongo el mando en la mesa y voy a buscar un trapo para limpiar el estropicio. A continuación vuelvo a la puerta, tratando de acordarme de qué quería hacer.

Al final del día: el coche no está lavado, las facturas no están pagadas, hay una coca-cola templada en la encimera de la cocina, las flores no tienen agua suficiente, no tengo mi nuevo talonario, no encuentro el mando a distancia de la tele, no sé dónde están mis gafas y no consigo acordarme de qué he hecho con las llaves del coche. No comprendo nada, pues no he parado en todo el día y estoy completamente reventado.

Historia que de una manera u otra nos puede resultar familiar algunos días poco productivos, en casa o en el trabajo, donde al final de la jornada no recordamos que es lo que hemos hecho.

Creo que no es un problema de memoria, es un problema de atención a lo que hacemos, que se solucionaría teniendo claro que queremos hacer  y poniendo el foco en ello, sin dejarnos llevar por la multitarea o el cambio de actividad sin rumbo.

Por eso te aconsejo que elijas que hacer y te centres en ello, si es que quieres acabarlo, resistiendo a los numerosos estímulos que se nos presentan por el camino para pasar a otra actividad. Sin interrupciones acabarás antes.

Te dejo este enlace a un artículo dónde en 2010 ya hablábamos del DADE y otros aspectos de la gestión del tiempo: “El tiempo, un recurso escaso

lunes, 26 de septiembre de 2016

“Aprendiendo de los mejores” con Francisco Alcaide

El jueves pasado, 22 de septiembre, tuve ocasión de acompañar a Francisco Alcaide en la presentación de la décima edición de su libro “Aprendiendo de los mejores”. Un libro que lees no hace daño solo te puede llevar a seguir avanzando y mucho mejor si es cómo este.

He aprendido de uno de los buenos, de Francisco, de Paco, unas cuantas cosas, tanto en sus libros, en sus post y mucho más en las pocas conversaciones que hemos podido compartir. Así que te animo a acercarte a sus reflexiones.


De momento quiero compartir algunas ideas que se respiran al acercarte a Paco:
  • La idea que más se repitió es la generosidad, estar dispuesto a ayudar y a dar, de entrada, sin esperar recompensa. Aportar valor a aquellos a los que te acercas. Paco enseña esa generosidad con el ejemplo.
  • La importancia de las personas, un refrán indio dice “si quieres ir rápido vete sólo, si quieres ir lejos vete acompañado”. Además seguro que ir acompañado es más divertido. Desde la generosidad inicial es mucho más fácil pedir ayuda y que te ayuden cuando lo necesitas. Las muchas personas que acompañaban a Paco el jueves demuestran lo bien que sabe establecer y mantener relaciones.
  • Somos una media de las 5 personas conlas que más nos relacionamos. Mira a ver con quien te relaciones y cómo quieres ser, de quién quieres aprende y mucho mejor si te rodeas de los mejores. Solo tú puedes decir quiénes son los mejores para ti.
  • Paco es una persona que inspira y anima a hacer, empuja para que avances. Cuenta lo que haces y es lo que te lleva a obtener resultados. Y si estás paralizado por lo que van a decir, por las críticas, al final no haces nada, no consigues nada o te quedas muy lejos de lo que podrías llegar a hacer.
  • Y finalmente foco, estar enfocado, en caso contrario te dispersas y te pierdes, dejas de seguir el camino que tenías previsto. Como dijo Laura Chica, foco-Paco es un ejemplo de mantener la perseverancia en las metas, ser constante, en la persecución de tus sueños. Como pudimos ver con cada uno de los invitados a la mesa redonda de la presentación.

Son muchas más las ideas que podría destacar y me quedo con estas cinco: generosidad, personas, relaciones, actuar y foco. Todo para no dispersar ideas.

Paco, gracias porque eres uno de los máximos responsables de que escriba semana a semana este blog, igual que has animado a muchos a escribir ese libro pendiente o iniciar ese negocio que les alegraba el corazón. Gracias por ser inspiración para actuar.

jueves, 16 de junio de 2016

El tiempo con los hijos

En este mundo de la prisa, donde todo pasa rápido y nos han vendido que hay que llegar a todas partes, ser excelentes profesionales, amigos, compañeros y además padres y madres.

Está extendido el modelo de la super-mujer y también el super-hombre que llegan a todo y a todos. Con tanta exigencia, auto-exigencia en muchos casos, aparece el estrés. La realidad es que no se puede llegar a todo, por lo que hay que priorizar, saber dónde poner el foco y centrarse en lo importante.

En muchos lugares se abre una brecha entre los que tienen hijos y los que no (en el trabajo, entre los amigos), con distintos estilos de vida, distintos compromisos y distintas prioridades.
Khahil Gibran - poema sobre los hijos
Acompañar a un hijo no es sencillo, en este tema más que en ninguno las reflexiones pueden ser controvertidas y cada hijo es diferente, igual que cada padre, aun así, he compartido reflexiones con otros padres y madres y ahora las quiero compartir aquí, para lo que puedan servir:
  1. No se puede ser rápido con los hijos, igual que no se puede ser rápido con las personas, necesitan su tiempo, hay que respetar sus ritmos, que no son los nuestros. Somos compañeros de viaje y a veces el compañero tiene que ir más despacio.
  2. Los niños aprenden con el ejemplo, así que si queremos que lean debemos leer, si queremos que no se enganchen a la televisión, el ordenador, la tablet o el teléfono no debemos engancharnos nosotros. Si queremos que coman sano podemos acompañarlos en las comidas. Los gatos tienen gatitos, los hijos se parecen a los padres, no solo físicamente.
  3. Escuchar cuando lo necesiten así aprenderán a escucharnos a nosotros cuando lo necesitemos. Si no escucha es porque muchas veces no se siente escuchado.
  4. Nuestra labor es ayudarles a crecer, a ser independientes. Igual que van creciendo poco a poco también poco a poco deben ir ganando en independencia y autonomía. Su independencia acorde con su edad, aprender a vestirse, prepararse el desayuno, el almuerzo…
  5. Capítulo aparte merece el tema de las tareas del colegio, tema controvertido en muchas casas y discusiones. La tarea no debe ser para los padres, debe ayudar a los niños a crecer en autonomía. Labor conjunta con los profesores que deben adaptarse al desarrollo del niño.
  6. Las tareas y obligaciones de los niños deben dejar tiempo para socializarse y jugar. En muchos casos el exceso de tiempo de la tarea puede que no sea problema de la cantidad de deberes sino de la falta de atención al hacerlos. Para ello proponer tiempos de atención a lo que están haciendo, enseñarles a tener foco, se puede emplear el sistema pomodoro con tiempo de 10 minutos e ir incrementando.
  7. Normas y reglas claras, estables, para que sepan a qué atenerse, sepan que hacer, igual que las reglas de tráfico. Las reglas se deben ir adaptando a su desarrollo e independencia.
  8. La confianza es algo recíproco, si das confianza recibes confianza. No una confianza ciega, sino una confianza que se van ganando con hechos y les lleva a la independencia. También tus actos harán que te ganes su confianza, si es que la mereces.


Como resumen, acompañarles, con el ejemplo, sin prisa, para que cada vez sean más independientes, permitiendo que cometan errores de los que aprender, sin sobreprotegerlos y sin llenarles la agenda de actividades, permitiendo que asuman cada vez mayor responsabilidad en su desarrollo y relaciones. Respetar sus gustos, que no son los nuestros y acompañarlos ahora y siempre.

domingo, 15 de mayo de 2016

Menos es más

Un amigo cura me dijo hace muchos años que los sermones tienen que ser como las minifaldas, cortos y que enseñen (¡todavía no entiendo porque se salió de cura!). Eso mismo se puede aplicar a los post en internet, las conversaciones, los discursos, las cartas, las clases…

Baltasar Gracián decía “Lo bueno si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo”. Así que la brevedad aporta.

Puede pasar que al querer contar demasiado al final no se entienda nada. No es tanto lo que escribes sino lo que sirve de lo escrito, lo mismo que cómo profesor no es tanto lo que enseñas sino lo que aprenden los estudiantes.
Foto de el arte de presentar - Menos es más
También aplica al hacer demasiado o al hacer muchas cosas. Haciendo tanto se pierde el foco y al final no se sabe ni para que se hace. Para hacer mejor las cosas deja de hacer tantas cosas.

Lo mejor predicar con el ejemplo, así que hoy la entrada del blog es breve ;-)