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jueves, 4 de junio de 2026

El regalo inesperado de bajar el ritmo

Hay un dicho que siempre me ha gustado: “Si quieres ir deprisa, vísteme despacio”. Estos días está cobrando para mí un significado especial.

Desde el accidente de bicicleta tengo algunas limitaciones que me obligan a hacer las cosas de otra manera. Entre ellas, escribir con la mano izquierda. Y resulta curioso lo que ocurre cuando escribir te cuesta más: piensas mejor lo que vas a escribir.

Las palabras salen más despacio, corriges menos, te das cuenta de que no merece la pena escribir tres veces una frase porque antes de empezar ya la has pensado un poco más. Lo mismo ocurre con muchas otras tareas. Cuando no puedes hacerlas con la misma facilidad de siempre, te paras a valorar si realmente merece la pena hacerlas.

Vivimos en una época que premia la velocidad. Contestar rápido, decidir rápido, producir rápido. Sin embargo, muchas veces esa prisa nos hace dar rodeos. Hacemos algo deprisa, detectamos errores, corregimos, volvemos a revisar y terminamos dedicando más tiempo del que habríamos empleado si hubiéramos ido un poco más despacio desde el principio.

También estoy descubriendo otra consecuencia inesperada de esta situación. Como no puedo hacer todo lo que normalmente haría, la priorización se vuelve mucho más clara.

Cuando tienes menos capacidad disponible, empiezas a distinguir mejor entre lo importante y lo accesorio. Algunas cosas que parecían urgentes dejan de parecerlo. Algunas tareas que llenaban la agenda desaparecen sin que ocurra ninguna tragedia. Y otras, en cambio, muestran claramente que sí merecen atención.

El accidente no ha sido bueno. Nadie desea una caída ni las molestias que vienen después. Pero dentro de lo que ha ocurrido, sí me está regalando algo valioso: más claridad para elegir. Más conciencia de que no puedo hacerlo todo. Más permiso para centrarme en aquello que realmente aporta valor.

La paradoja es que esta lección no solo sirve cuando uno está limitado físicamente. También es válida cuando estamos perfectamente bien. La diferencia es que, cuando tenemos toda nuestra energía disponible, solemos olvidar que sigue siendo imposible hacerlo todo. Entonces llenamos los días de compromisos, tareas y proyectos hasta que volvemos a sentir que nos falta tiempo.

Creo que este periodo va a ser, en parte, un tiempo de reflexión. Una parada obligatoria de la que espero sacar fruto. Un tiempo para observar qué merece realmente mi atención y qué puedo dejar pasar. Un tiempo para salir con las ideas más claras y con una selección más consciente de lo que hago y de lo que no hago.

Porque a veces la vida nos obliga a bajar el ritmo para enseñarnos algo que la prisa no nos deja ver.

Mi recomendación es sencilla: no esperes a tener un accidente, una enfermedad o un agotamiento para darte cuenta de que no puedes hacerlo todo. Puedes parar un momento hoy mismo. Revisar tus compromisos. Preguntarte qué es realmente importante. Y elegir con más calma.

Muchas veces, la forma más rápida de avanzar consiste precisamente en ir un poco más despacio.

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domingo, 26 de mayo de 2024

Como pollo sin cabeza

Le escuché a Mario Alonso Puig una historia de dos amigos que se encuentran. Uno va corriendo a toda prisa y el otro le pregunta “¿Dónde vas tan deprisa?”. Ante la pregunta, para, se queda pensativo, le sale un bocadillo de pensamiento que dice “¿Dónde voy?... No lo sé” y el automatismo que lleva dentro le hace decir en voz alta “Bueno, bueno, me voy, que tengo prisa”.

Muchas veces vamos corriendo, a toda prisa, a ningún lugar. Parar parece un pecado, nuestro juez interno nos castiga y nos grita “¡Ya estás perdiendo otra vez el tiempo! ¡Vamos! ¡Hay mucho que hacer!”. Perdidos en la actividad, sin darnos cuenta de que necesitamos, que queremos, hacia donde deseamos dirigirnos. Sin parar llegaremos al sitio al que nos encaminamos, otra cosa es que sea el sitio a dónde queremos ir.

Vamos como pollo sin cabeza ¿Has visto a un pollo sin cabeza corriendo? Se va dejando la vida mientras corre, sin llegar a ningún lugar, dando tumbos.

Es difícil acertar en la diana si no se sabe donde está. Sin tener claro el objetivo ¿Cómo vamos a avanzar hacia él? Sin saber cómo queremos vivir, cómo nos vamos a acercar allí.

Es un tema que trae mucha controversia. Demasiado obsesionados con los objetivos dejamos de disfrutar del camino, que es lo único real. La excusa perfecta para no mirar al futuro, su incertidumbre, nunca sabes cómo va a resultar.

A mi me gusta preguntarme entre vez y cuando, quizá demasiado a menudo, ¿cómo quiero vivir? Si ¿estoy viviendo como quiero? O ¿estoy siguiendo las directrices que me marca la sociedad?

Saber lo que quiero, cómo quiero vivir, me compromete, ya no hay excusa para no ir a por ello. El “no sé” puede ser una excusa para no responsabilizarnos. Puede que prefiramos ni mirar, porque vivir como quieres también tiene sus consecuencias. Sabiendo lo que quieres, también puedes decidir esperar, porque ahora no es el momento.

Somos libres de vivir como queremos, respetando la libertad del resto. La libertad de escoger como quieres vivir.

Lo que no tiene sentido es vivir con prisa, estresado, sin saber el para qué de tanta prisa y tanto estrés. Si el objetivo no está claro, si no tienes clara la dirección, puedes parar, vivir con calma. Quizá al llegar a la próxima cima puedas ver mejor hacia donde quieres ir.

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sábado, 6 de enero de 2024

La enfermedad de la prisa, de lo corto, de lo rápido

En las noticias, decían que las canciones eran cada vez más cortas. Si no enganchan desde el principio, se abandonan, no se espera si se inician con un instrumental largo y el estribillo debe estar al principio.

Esto también pasa con los textos, si no enganchan desde el principio, se abandonan, los abandonamos. Algunos, antes de leer esta entrada del blog, habréis mirado el tiempo que se tarda en leer, si es demasiado larga, muchos la desechan (algunas redes sociales estiman el tiempo de lectura).

Hasta los vídeos que son de más de un minuto parecen demasiado largos. Han triunfado plataformas con contenidos cortos, donde se limitaba la duración de los vídeos, como TikTok. Aunque después se ha ampliado la duración permitida, siguen arrasando los vídeos cortos, que generan una gran adicción.

Twitter limitaba inicialmente las entradas a 140 caracteres, aunque después lo ha ido ampliando (Los usuarios de pago pueden escribir muchos más). Lo cierto es que demasiado texto espanta lectores.

Lo corto, lo rápido, es el nuevo mantra. Consumimos contenido sin integrarlo. Entra por un oído y sale por el otro, no queda nada. Simplemente nos distraemos, nos entretenemos y acabamos cansados de tanto estímulo. La lectura apresurada se convierte en superficial.

También triunfa la comida rápida, el aprenda un idioma en 7 días, baje peso rápidamente… ¿Te conviene ir tan rápido? ¿Te sienta bien? ¿Hay otra manera de vivir?

Invadidos por la prisa. Corriendo sin saber a donde vamos.
No puedo menos que recordar a Carl Honoré y su libro de “Elogio a la lentitud”. Honoré impulsa el movimiento “Slow”, que consistente en hacer las cosas a la velocidad justa, adecuada para cada momento (Kairos, el tiempo adecuado para cada cosa, frente a Cronos, el tiempo de reloj). Rápido si es necesario y lento cuando conviene.

Dar el tiempo adecuado a las conversaciones, a desarrollar una relación, a las comidas. Disfrutar de un buen libro, aunque tenga más de 140 caracteres. Dar el tiempo a que la historia se desarrolle en una película de hace 30, 40 o más años (ahora nos parecen lentas).

En un tiempo de cambio como el de ahora, parece que hay que ir deprisa. Sin embargo, a través de la lentitud, entendemos el cambio, el entorno, la novedad, integramos lo nuevo, evolucionamos y nos adaptamos mejor.

Puedes escuchar a Carl Honore en la entrevista de BBVA Aprendemos juntos pulsando aquí (1 hora y 10 minutos). Si no tienes tiempo, si tienes prisa, puedes escuchar el tráiler en este otro enlace (4 minutos y 26 segundos).

Las grandes damnificadas de la prisa son las relaciones, especialmente con los de cerca. La comunicación se hace superficial, nos perdemos la conexión profunda.

No me alargo, quiero que llegues al final y te tomes el tiempo para integrar lo leído, hacerlo tuyo ¿Cómo quieres vivir? A veces vamos tan rápido que nos perdemos la vida.

domingo, 19 de noviembre de 2023

Cultura de la prisa, del no tengo tiempo

Vivimos en la cultura de la prisa, repetimos “NO TENGO TIEMPO”, corriendo de un lado para otro, muchas veces sin saber muy bien a dónde vamos. Con una larga lista de pendientes, que no deja de crecer, a pesar de todos nuestros esfuerzos.

En un mundo con posibilidades infinitas, donde las opciones nunca han sido tan numerosas, nos perdemos entre tanta oportunidad. Nos perdemos al elegir o elegimos a toda prisa. Los quehaceres y los placeres nos van llevando y saltamos de una cosa a otra, muchas veces sin acabar ninguna. El día pasa y no sabemos que hemos hecho con nuestras 24 horas.

La realidad es que tiempo siempre tenemos, todos los días 24 horas, así que la frase “no tengo tiempo” carece de sentido. Todos los días tenemos la capacidad de elegir que hacemos con nuestro tiempo.

¿Cómo eliges? ¿Cómo elegimos? Nuestras elecciones configuran nuestra vida y nuestra dirección. Si sigues por ese camino llegaras da donde te encaminas. En ocasiones sentimos que podemos predecir donde acabará alguien. También podemos apostar por donde acabaremos nosotros, sabiendo a qué dedicamos el tiempo.

El tiempo no se puede gestionar, simplemente va pasando. Lo que podemos gestionar es que hacemos en el tiempo que tenemos. Damos importancia a las cosas por el tiempo que las dedicamos.

Cuando propongo a alguien tomar un café y me suelta el célebre “no tengo tiempo”, a veces contesto “es que no soy suficientemente importante para ti”. Enseguida se disculpan diciendo que realmente no tienen tiempo, que están muy ocupados, lo que no dudo. También es cierto que ponen por delante todas esas ocupaciones a que nos tomemos un café. No pasa nada, cada uno toma sus elecciones, si es que puede. Es cuestión de prioridades.

Podemos no tener tiempo para ir a la montaña en familia, con amigos. Seguro que encontramos cosas que hacer en su lugar, depende de a qué le demos importancia.

Hoy nos hemos regalado tiempo en Santa Cruz del Valle Urbión - preciosa ruta y mejor compañía. Aunque la foto sale un poco borrosa, eso no es lo importante

Quizá sentimos que algo es importante, decimos que es importante. Pero nuestros actos hablan más alto que nuestras palabras, los hechos nos configuran, quizá más que los sentimientos.

Para saber qué es lo importante para ti, déjame ver tu agenda. Si dices que la familia es importante ¿Cuánto tiempo le dedicas? Más allá de lo que trabajas, porque puedes usar la excusa de que trabajas para que tengan todo lo que quieran, o todo lo que necesitan. Quizá lo que quieren y necesitan es pasar tiempo contigo.

El tiempo, el mayor regalo, porque es de lo que está hecha la vida.

¿Qué es lo importante? Si no tenemos tiempo, si no encontramos tiempo para ello, es que eso no es suficientemente importante.

La importancia depende del criterio de cada uno. A veces es difícil alinear la importancia de lo que sentimos, de lo que pensamos y de lo que hacemos. Merece la pena reflexionar a qué dedicamos el tiempo, que sí tenemos.

Gracias por dedicar tu tiempo a leer la entrada de esta semana. Puedes enviársela a quien dice que no tiene tiempo para una charla tranquila contigo, para un paseo o para un café.

domingo, 28 de agosto de 2022

Encontrar tu ritmo, parar cuando haga falta

Tengo la sensación de que la sociedad se acelera, cada vez va a un ritmo más rápido. Las películas de hace 30 años nos parecen lentas, en esas películas las cosas ocurren más despacio. Ese ritmo nos impacienta, tenemos prisa hasta para ver una película.

No hace tantos años esperabas una semana para ver el próximo capítulo de una serie que te gustaba, no te quedaba otro remedio. Mantenías la intriga durante toda la semana. Ahora se han puesto de moda los maratones de series, donde puedes ver toda la temporada de una sentada.

Perdemos la paciencia con mayor facilidad, queremos que todo se mueva al ritmo que marcamos. En los atascos nos ponemos nerviosos, vivimos con prisa y en ocasiones sin darnos cuenta. Vivimos en la sociedad de la inmediatez, todo tiene que ser para ya.

Cada sitio tiene su ritmo, no es lo mismo vivir en Madrid que en una ciudad más pequeña o en un pueblo. Me encanta ir a Canarias, todo trascurre con más calma, con menos prisa, al menos para mí, que suelo ir sin muchos objetivos, simplemente a estar.

Quizá sea ese del problema, vivir gobernados por los objetivos, por el futuro, hace que nos perdamos el presente, que queramos que pase rápido, para llegar a algún lugar. Equivale a querer que pase rápido la vida, a acercarnos más rápido a la muerte, que es lo único seguro.

Llevados por un ritmo frenético, con prisa, a veces sin saber a dónde vamos con tanta prisa. Con prisa, la vida pasa, sin darnos cuenta. Saltamos de una actividad a otra porque se nos ha olvidado el “dolce far niente”, el placer de la ociosidad, del disfrute del tiempo presente, sin objetivo, simplemente estar.

Para bajar el ritmo pensamos en la meditación, no sabemos como parar, lo hemos olvidado. Recuerdo la imagen de un orangután inmóvil, tranquilo, simplemente estando. Diría que estaba descansando, como si descansar fuese el único motivo para estar parado. Con tantos objetivos olvidamos el placer de “simplemente” estar.

El placer de "simplemente" estar. Nos creemos superiores y se nos olvidan cosas básicas
Nos cuesta respetar el ritmo de las cosas, queremos hacer la comida más rápido, leer más veloces, adelgazar en tres días, aprender un idioma en una semana. Cultura de la velocidad, de ir rápido.

No podemos tirar de una planta para que crezca más rápido, la arrancaremos. Tiene su ritmo, requiere sus cuidados, en el momento adecuado.

Ni nos paramos a pensar cual es nuestro ritmo. Con tanta actividad dejamos de sentirnos. Nos dejamos arrastrar por el entorno.

Si con la bicicleta nos empeñamos en seguir el ritmo del que sube la montaña más rápido que nosotros, es probable que nos llegue una pájara, que nos quedemos a mitad de puerto sin fuerzas para pedalear. Lo mismo pasa si no aprovechamos los avituallamientos para coger fuerzas.

Es necesario encontrar nuestro ritmo, encontrar nuestras paradas, cuando nos hacen falta, sin esperar a que el cuerpo nos pare, que nos de una pájara de la vida, que nos haga difícil continuar.

No hay prisa, cultiva la paciencia y el disfrute del momento ¿Para que ir tan rápido a ningún lugar?

jueves, 16 de junio de 2016

El tiempo con los hijos

En este mundo de la prisa, donde todo pasa rápido y nos han vendido que hay que llegar a todas partes, ser excelentes profesionales, amigos, compañeros y además padres y madres.

Está extendido el modelo de la super-mujer y también el super-hombre que llegan a todo y a todos. Con tanta exigencia, auto-exigencia en muchos casos, aparece el estrés. La realidad es que no se puede llegar a todo, por lo que hay que priorizar, saber dónde poner el foco y centrarse en lo importante.

En muchos lugares se abre una brecha entre los que tienen hijos y los que no (en el trabajo, entre los amigos), con distintos estilos de vida, distintos compromisos y distintas prioridades.
Khahil Gibran - poema sobre los hijos
Acompañar a un hijo no es sencillo, en este tema más que en ninguno las reflexiones pueden ser controvertidas y cada hijo es diferente, igual que cada padre, aun así, he compartido reflexiones con otros padres y madres y ahora las quiero compartir aquí, para lo que puedan servir:
  1. No se puede ser rápido con los hijos, igual que no se puede ser rápido con las personas, necesitan su tiempo, hay que respetar sus ritmos, que no son los nuestros. Somos compañeros de viaje y a veces el compañero tiene que ir más despacio.
  2. Los niños aprenden con el ejemplo, así que si queremos que lean debemos leer, si queremos que no se enganchen a la televisión, el ordenador, la tablet o el teléfono no debemos engancharnos nosotros. Si queremos que coman sano podemos acompañarlos en las comidas. Los gatos tienen gatitos, los hijos se parecen a los padres, no solo físicamente.
  3. Escuchar cuando lo necesiten así aprenderán a escucharnos a nosotros cuando lo necesitemos. Si no escucha es porque muchas veces no se siente escuchado.
  4. Nuestra labor es ayudarles a crecer, a ser independientes. Igual que van creciendo poco a poco también poco a poco deben ir ganando en independencia y autonomía. Su independencia acorde con su edad, aprender a vestirse, prepararse el desayuno, el almuerzo…
  5. Capítulo aparte merece el tema de las tareas del colegio, tema controvertido en muchas casas y discusiones. La tarea no debe ser para los padres, debe ayudar a los niños a crecer en autonomía. Labor conjunta con los profesores que deben adaptarse al desarrollo del niño.
  6. Las tareas y obligaciones de los niños deben dejar tiempo para socializarse y jugar. En muchos casos el exceso de tiempo de la tarea puede que no sea problema de la cantidad de deberes sino de la falta de atención al hacerlos. Para ello proponer tiempos de atención a lo que están haciendo, enseñarles a tener foco, se puede emplear el sistema pomodoro con tiempo de 10 minutos e ir incrementando.
  7. Normas y reglas claras, estables, para que sepan a qué atenerse, sepan que hacer, igual que las reglas de tráfico. Las reglas se deben ir adaptando a su desarrollo e independencia.
  8. La confianza es algo recíproco, si das confianza recibes confianza. No una confianza ciega, sino una confianza que se van ganando con hechos y les lleva a la independencia. También tus actos harán que te ganes su confianza, si es que la mereces.


Como resumen, acompañarles, con el ejemplo, sin prisa, para que cada vez sean más independientes, permitiendo que cometan errores de los que aprender, sin sobreprotegerlos y sin llenarles la agenda de actividades, permitiendo que asuman cada vez mayor responsabilidad en su desarrollo y relaciones. Respetar sus gustos, que no son los nuestros y acompañarlos ahora y siempre.

jueves, 19 de mayo de 2016

La prisa en la comunicación lleva a la confusión y al conflicto

Los griegos distinguían entre Kairos y Chronos: Kairos es el tiempo adecuado u oportuno para que algo importante suceda y Chronos es la personificación del tiempo, el tiempo de reloj, el tiempo que pasa.

Cuando vamos a hablar con alguien con el reloj en la mano, porque tenemos cinco minutos, nos sentimos con prisa y en muchas ocasiones la comunicación no va bien.

Es distinto decir algo rápidamente a que el interlocutor lo escuche y lo comprenda. El teléfono estropeado es un juego infantil que pone de manifiesto la diferencia entre lo que se dice y lo que se escucha, mucho más complicado si además se busca la comprensión.

Ser rápido con las personas no siempre es eficiente, la prisa en la comunicación puede llevar al error, a la confusión, a la incomprensión y al conflicto. En muchos casos porque no nos tomamos el tiempo para escoger cómo decir las cosas, buscar el momento oportuno y en otras ocasiones porque la comunicación es breve en exceso.

Contar algo lleva un tiempo y si queremos que nos comprendan lleva más tiempo. Un buen paso es comprobar si nos hemos explicado bien para que nos entiendan, si han entendido lo que queríamos decir y si nosotros entendemos lo que nos quieren decir, no sólo las palabras, también los sentimientos y emociones que las acompañan. Comprender al otro, escuchar, lleva más atención que simplemente oír.
El conejo de Alicia en el país de las Maravillas - Siempre con prisa
Cómo vivimos en el mundo de la prisa ante cualquier comentario, pregunta, sentimos que debemos dar una respuesta inmediata y este sentimiento de prisa puede estar aumentado si la comunicación o el tema nos cabrea, contestamos desde el calentón, con los nervios a flor de piel y después nos arrepentimos.

No hace falta acabar hoy todas las discusiones, se pueden dejar para mañana, en ocasiones el tiempo hace su labor y los puntos de vista cambian de un día para otro, el nuestro o el de nuestro interlocutor. Hay gente que se lamenta de no tener la respuesta justa e inmediata, envidian a los que tienen una creatividad rápida, aunque a veces la mejor respuesta es la ausencia de respuesta, el estar callado. El tiempo puede hacer que la respuesta, la comunicación y la relación sean mejores en otro momento.

Sucede lo mismo con las decisiones precipitadas, fruto de la prisa y la comunicación precipitada. Cuando nos piden que decidamos algo parece que teníamos que haber decidido ayer. Quizá no haya que posponer todas las decisiones y paralizarnos con el análisis, aunque para las decisiones importantes es mejor el Kairos (tiempo oportuno) que el Chronos (tiempo de reloj y la prisa).

Siempre presionados por hacer algo, estar parado tiene mala prensa y no siempre es necesario ni conveniente estar haciendo. Cuando haces algo y te arrepientes echar marcha atrás puede ser costoso. La clave es el equilibrio entre hacer y no hacer, entre el pollo sin cabeza y la parálisis por el análisis.

Deja espacio, un tiempo, para que entre en juego la decisión consciente, darte cuenta de lo que estás sintiendo en la comunicación, en las decisiones, que emoción te despierta y que es lo que te está diciendo el cuerpo. Parar para después avanzar con mayor claridad.

miércoles, 12 de agosto de 2015

No me puedo perder nada ¡¡Qué estrés!!

Hablando con una amiga ha surgido el tema de que se nos mete prisa para todo, estamos en la cultura de la prisa, interpretamos el carpe diem como que no te puedes perder nada y tienes que ir corriendo a hacer lo siguiente. En la publicidad nos venden todo lo que necesitamos para ser felices y tenemos que correr para conseguirlo. Tanto correr detrás de la fatua felicidad lo que conseguimos es perderla porque no tenemos tiempo de verla donde estamos.

Parece que el “carpe diem” es ir a tirarse en parapente cuando esta locución latina literalmente significa toma el día, que viene a ser “aprovecha el momento”.

Aprovechar el momento puede ser estar descansando en el sofá, una buena charla con un amigo, una barbacoa de verano o ver una película que disfrutas. Cada uno debe decidir cómo aprovechar su momento.

Y vueltos hacia la sabiduría de la antigüedad, que ha perdurado hasta nuestros días. Cómo ya contábamos en la entrada de volver  a nacer, en el griego oráculo de Delfos, en el frontón del templo encontramos dos preceptos:
  • “Conócete a ti mismo”: punto de partida para marcar tu dirección, saber lo que quieres, a qué puerto te diriges.
  • “Nada en demasía”: un poco de ejercicio es bueno, demasiado puede ser negativo; dormir es necesario y dormir demasiado nos deja entumecidos. Encontrar la justa medida

También en Grecia, con referencia al tiempo se empleaban dos palabras, Cronos y Kairós. Cronos tiene naturaleza cuantitativa, que se puede medir, lo podemos asimilar al tiempo del reloj, a las horas que pasan. Kairós es cualitativo, el momento adecuado para que algo suceda, el tiempo oportuno para hacer algo. Nos fijamos tanto en el reloj para hacer las cosas que nos olvidamos de sentir lo adecuado para cada momento.

Cuando alguien sabe que me apasiona la gestión del tiempo, vivir el tiempo, la pregunta es dónde tengo la barita mágica, esa que permite tener los días más largos (¿serán de 30 horas?), conocer la receta de poder hacer más en menos tiempo  ¡¡no tengo la barita mágica!! el truco es dejar de hacer cosas, decidir qué vas a dejar para poder hacer otras cosas que valoras más.
Varita mágica para estirar el tiempo
Es buen momento para recordar la fábula de la liebre y la tortuga, la tortuga tarda en llegar y siempre llega, es constante, no va corriendo de un lado a otro, no empieza algo y lo deja a medias. Cada vez que interrumpimos una actividad (leer un libro, fregar…) retomarla nos llevará un tiempo, se va alargando. Tanto estar en lo siguiente, en el futuro, nos olvidamos de vivir lo que nos toca en el presente.

Estamos en una sociedad en la que el estrés vende, tendemos a decir: ¡Estoy ocupadísimo! ¡No me da la vida! ¡No tengo tiempo! ¡Ando estresado! Si te oyes mucho diciendo estás frases puede ser momento de frenar.

Tanto decir que estamos estresados nos estresamos de verdad. El estrés está relacionado con la vida sedentaria, comer mal, el alcohol y el tabaco entre otras cosas, lo que en el largo plazo nos lleva a perder la salud o directamente a la caja.


Puedes repetirte la frase: “No puedo hacerlo todo”, así que tengo que elegir, poner en orden lo que tengo, quiero hacer y decidir antes de estresarme. Al menos seré yo quien decida qué se queda sin hacer, lo que es asumir la responsabilidad de mi propia vida. Si no merece la pena hacer algo, hacerlo bien sigue sin merecer la pena.

miércoles, 8 de julio de 2015

La puntualidad es una cuestión de hábito

La puntualidad es cuestión de hábito, habitualmente llegan tarde los mismos, se llega tarde a los mismos sitios o en determinados entornos siempre se empieza tarde.

Esta mañana salíamos de viaje 25 personas, una ha llegado 10 minutos tarde y el autobús ha estado esperando, nada del todo extraño, 10 minutos no es mucho tiempo, de lo más normal. Curiosamente es una de esas personas que suele llegar tarde, si apostases quien va a llegar tarde apostarías por ella.

Si todos fuésemos puntuales podíamos haber quedado 10 minutos más tarde y habríamos salido a la misma hora. La consecuencia aparente es que se la ha esperado 10 minutos, otra forma de verlo es que cada uno la ha esperado 10 minutos, por 24 personas son 240 minutos, cuatro horas de espera (menos mal que estaba repartido, la cantidad de cosas que se podían haber hecho en cuatro horas).

Como contamos con que alguien llegará tarde vamos dando margen, para poder esperar, lo que se convierte en tiempos perdidos y en el mejor de los casos en tiempo en el que socializar, si esperamos acompañados.
Puntualidad del Ave - Foto de Asterep
La misma regla aplica en las reuniones, por uno que se retrase hay muchos que esperan. Además se puede convertir en costumbre (hábito) el empezar 15 o 20 minutos más tarde, con lo que ya no se sabe a qué hora ir y todos nos vamos retrasando sistemáticamente esos minutos. Con lo que se acaba convocando a las 10 para empezar a las 10:20.

Es como cuando nos queremos hacer trampa para llegar pronto y adelantamos 5 minutos el reloj, en un par de días ya nos hemos hecho a la idea de que el reloj está 5 minutos adelantado y lo único que conseguimos es hacer cuentas, sumar o restar 5 minutos, llegando igual de tarde que cuando lo teníamos en hora.

La fama precede a los tardones, los españoles tenemos mala fama en puntualidad y en ocasiones podemos pagar las consecuencias. En una ocasión tuve que trabajar con un holandés en un proyecto, quedamos en Amsterdam y el primer día llegó 15 minutos tarde, lo repitió el segundo día, con otros 15 minutos de retraso y cómo disculpa dijo que en España se solía empezar 15 minutos tarde. Le respondí que en España empezábamos 15 minutos tarde cuando quedábamos con holandeses, que ahora entendía porque siempre llegaban 15 minutos tarde, no volvió a retrasarse. Me había dolido más lo que dijo de los españoles que los 15 minutos de retraso.

En el cole de mis hijos dan mucha importancia a la puntualidad, lo que me alegra porque les generará el hábito de ser puntuales. Entran a las 9 y se cierran las puertas hasta las 9.30, así que cómo padre sabes que si llegas tarde te tocará esperar hasta esa hora para que pueda entrar el retrasado. Un buen aliciente.

En su campaña de puntualidad tienen un cartel de la revista “maestro infantil” que dice, ser puntual es
  • …ser considerado con el que espera.
  • …valorar el tiempo propio y el ajeno.
  • …un gesto de aprecio y respeto.
  • …la mejor forma de demostrar que ese encuentro será importante

La puntualidad nos ayuda a programarnos. Si no sabemos si el tren llegará tarde (o demasiado pronto) nos es difícil poder comprometernos a llegar a una  hora. Si no sabemos a qué hora empieza la reunión difícilmente sabremos a qué hora va a acabar, con lo que no sabemos a partir de qué hora podremos estar en otra actividad.

La impuntualidad es la madre de la prisa, el origen está en salir tarde con lo que ya adelantamos que llegamos tarde y tendemos a apresurarnos. Se puede ser impuntual con las personas y con las cosas que tenemos que hacer para una fecha determinada. El origen es el mismo y tiene una fácil solución.

Para llegar pronto (puntuales) el truco es salir pronto. Si sueles llegar siempre 15 minutos tarde, el truco está en salir 15 minutos antes. Si sueles acabar tarde, el truco es empezar antes y no parar demasiado por el camino.

Si los impuntuales son los demás, tienes libertad de esperar o no, podéis empezar la reunión a la hora y así romper con el hábito de empezar tarde (al principio puede costar). Muchos agradecerán la puntualidad.

Manda esta entrada aquellos que crees que la pueden necesitar, que no son muy puntuales, a los que sueles esperar. También esperar es un signo de lo que lo aprecias…

viernes, 19 de junio de 2015

El mundo de la prisa - ¡FRENA!

Esta semana anda circulando por internet un vídeo de José Mota y la agenda matrimonial que me ha llegado desde distintas procedencias, lo que muestra lo bien que ha captado el día a día de muchos matrimonios llevado hasta el extremo (¿o no tan extremo?).


Tenemos tantas actividades, tanto nosotros como los niños, que vamos corriendo de un lado a otro, sin poder saborear, apreciar, darnos cuenta, integrar, lo mucho que vamos haciendo. Iba a decir viviendo pero para vivirlo nos tenemos que dar tiempo.

Entramos en multi-actividad y esta nos lleva a la prisa ¡venga! ¡vamos que no llegamos! No encontramos el tiempo para tener una conversación tranquila, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con un amigo, con el compañero de trabajo.

“Vamos tan deprisa que no tenemos tiempo de saber dónde vamos y si nos paramos a pensarlo un automatismo mental nos hace salir corriendo de nuevo”

Tanta actividad porque se nos olvida decir “NO”, no solo a las cosas que no nos gustan (qué es lo fácil), también hay que decírselo a algunas que nos apetecen para centrarnos y poner foco en lo importante o lo que realmente disfrutamos.

Estamos en no cerrarnos puertas, dejarlas todas abiertas. En los niños significa apuntarlos a inglés, música, baile, matemáticas, francés y hasta a yoga para que se relajen de tanta actividad. Qué tal dejarles que se aburran y que usen la imaginación, tan importante y que si no se usa se atrofia.

¿Qué pasaría si, por no cerrarnos puertas, en lugar de centrarnos en una chica que nos gusta nos centramos en cinco? Otra opción es quemar los barcos, que no haya vuelta atrás, lo que nos obligará a centrarnos.

Aplica aunque no tengamos niños, con tantos estímulos encontramos muchas cosas que nos gustan, nos apuntamos y al final no vamos, y si vamos no estamos porque ya pensamos en lo siguiente.
El conejo de Alicia en el País de las Maravillas (siempre con prisa)
Regálate un minuto, frena, párate, sólo un minuto, seguro que te lo puedes permitir y decide si merece la pena seguir con lo que estás haciendo, si sientes que es así, adelante, entrégate a ello, vívelo.


Hacer menos para acabar más, disfrutar más, estar presentes, comunicarnos con los que nos rodean, vivir tu tiempo y ser más feliz.