Ayer,
hablando con una persona que también se había lesionado el codo, me contó que
estuvo nueve meses de rehabilitación hasta conseguir que volviese a funcionar
prácticamente como antes. Aun así, no ha recuperado completamente la extensión.
¡¡Nueve meses!!
Después
se lo comenté a Bea, mi mujer, y me contó que una compañera suya había pasado
por algo parecido. No recuerda exactamente si fueron nueve u once meses, pero
también fue un proceso largo.
De
repente me cambiaron las expectativas.
Hace
algo más de tres meses que me caí de la bicicleta y estoy a punto de cumplir
dos meses de rehabilitación. En mi cabeza, a estas alturas, esperaba estar
bastante mejor. Pensaba que esto sería cuestión de unas semanas, quizá unos
pocos meses, y que poco a poco iría recuperando mi vida normal.
Empiezo
a entender que probablemente esto va para largo.
Reconozco
que descubrirlo me ha dado un pequeño bajón. Porque una cosa es hacer un
esfuerzo cuando crees que la meta está cerca y otra bastante diferente
descubrir que aquello que pensabas que estaba a la vuelta de la esquina se
encuentra unos cuantos kilómetros más adelante.
Las
expectativas tienen mucho que ver con cómo vivimos lo que nos ocurre. Si
esperas recuperarte en tres meses y pasan tres meses sin conseguirlo, puedes
sentir que algo va mal. Si sabes que el proceso puede durar nueve meses, esos
mismos tres meses adquieren otro significado. La realidad no ha cambiado, pero
sí la forma de mirarla.
Así
que toca cambiar de estrategia mental. Esto no es un sprint, es un maratón.
Me
gustaría ir más rápido, me gustaría recuperar completamente el brazo cuanto
antes, me gustaría dedicar a otras cosas el tiempo que ahora dedico cada día a
rehabilitarlo. Pero, de momento, las circunstancias son las que son.
Hay
cosas en la vida que simplemente necesitan más tiempo del que pensábamos.
Puedes
poner esfuerzo, disciplina, atención y constancia, pero no siempre puedes
acelerar los procesos. Ocurre con una rehabilitación, pero también con aprender
algo, construir una relación, sacar adelante un proyecto, un hito laboral,
cambiar un hábito o atravesar determinados momentos de la vida.
Hay
resultados que no dependen de hacer muchísimo durante unos días, sino de hacer
un poco durante muchísimo tiempo.
Quizá
una parte importante de la paciencia consista precisamente en eso: dejar de
exigir al proceso que avance al ritmo que nosotros habíamos imaginado.
Así
que toca reajustar expectativas, asumir el pequeño bajón y continuar.
Esta mañana
he seguido con mis ejercicios. Pasado mañana también, y al siguiente, lo mismo.
No sé
cuánto tardará mi codo en recuperarse, lo que sí sé es lo que me toca hacer
hoy.
Cuando
descubres que la meta está más lejos de lo que pensabas, no necesitas correr
más. Necesitas aprender a seguir caminando.
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