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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Cuando descubres que esto va para largo

Ayer, hablando con una persona que también se había lesionado el codo, me contó que estuvo nueve meses de rehabilitación hasta conseguir que volviese a funcionar prácticamente como antes. Aun así, no ha recuperado completamente la extensión.

¡¡Nueve meses!!

Después se lo comenté a Bea, mi mujer, y me contó que una compañera suya había pasado por algo parecido. No recuerda exactamente si fueron nueve u once meses, pero también fue un proceso largo.

De repente me cambiaron las expectativas.

Hace algo más de tres meses que me caí de la bicicleta y estoy a punto de cumplir dos meses de rehabilitación. En mi cabeza, a estas alturas, esperaba estar bastante mejor. Pensaba que esto sería cuestión de unas semanas, quizá unos pocos meses, y que poco a poco iría recuperando mi vida normal.

Empiezo a entender que probablemente esto va para largo.

Reconozco que descubrirlo me ha dado un pequeño bajón. Porque una cosa es hacer un esfuerzo cuando crees que la meta está cerca y otra bastante diferente descubrir que aquello que pensabas que estaba a la vuelta de la esquina se encuentra unos cuantos kilómetros más adelante.

Las expectativas tienen mucho que ver con cómo vivimos lo que nos ocurre. Si esperas recuperarte en tres meses y pasan tres meses sin conseguirlo, puedes sentir que algo va mal. Si sabes que el proceso puede durar nueve meses, esos mismos tres meses adquieren otro significado. La realidad no ha cambiado, pero sí la forma de mirarla.

Así que toca cambiar de estrategia mental. Esto no es un sprint, es un maratón.

En un maratón no puedes correr pensando permanentemente en cuánto falta para llegar. Hay que concentrarse en el siguiente kilómetro. En mi caso, seguir haciendo los ejercicios por la mañana y por la noche, acudir a rehabilitación, escuchar al cuerpo, celebrar las pequeñas mejoras y aceptar que habrá días mejores y días peores (ayer fue de esos con dolor).

Me gustaría ir más rápido, me gustaría recuperar completamente el brazo cuanto antes, me gustaría dedicar a otras cosas el tiempo que ahora dedico cada día a rehabilitarlo. Pero, de momento, las circunstancias son las que son.

Hay cosas en la vida que simplemente necesitan más tiempo del que pensábamos.

Puedes poner esfuerzo, disciplina, atención y constancia, pero no siempre puedes acelerar los procesos. Ocurre con una rehabilitación, pero también con aprender algo, construir una relación, sacar adelante un proyecto, un hito laboral, cambiar un hábito o atravesar determinados momentos de la vida.

Hay resultados que no dependen de hacer muchísimo durante unos días, sino de hacer un poco durante muchísimo tiempo.

Quizá una parte importante de la paciencia consista precisamente en eso: dejar de exigir al proceso que avance al ritmo que nosotros habíamos imaginado.

Así que toca reajustar expectativas, asumir el pequeño bajón y continuar.

Esta mañana he seguido con mis ejercicios. Pasado mañana también, y al siguiente, lo mismo.

No sé cuánto tardará mi codo en recuperarse, lo que sí sé es lo que me toca hacer hoy.

Cuando descubres que la meta está más lejos de lo que pensabas, no necesitas correr más. Necesitas aprender a seguir caminando.

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domingo, 22 de marzo de 2026

El foco y la constancia abren puertas que no te esperas

Ayer acompañé a mi amigo Félix a un taller de respiración en Burgos, al que asistió otro grupo de amigos, que nos encontramos de vez en cuando (gracias a CISA-Aspanias por abrir el espacio).

Félix lleva tiempo formándose, tiempo invirtiendo en afinar su manera de acompañar. Y eso se nota. No solo en lo que hace, sino en cómo está, en la calma, en la presencia, en la forma de sostener el espacio.

El resultado fue claro: una experiencia profundamente nutritiva para quienes estuvimos.

Esto es lo que ocurrió ayer, que parece magia. Para entenderlo hay que mirar todo lo que pasó antes. Porque lo que vivimos no fue solo “respirar”, fue parar, fue escucharnos. Fue permitir que el cuerpo hablara. Y el cuerpo, muchas veces, sabe antes que la cabeza.

En https://breathworkmadrid.com/ Félix explica cómo a través de la respiración, puedes influir en cómo te sientes, reducir el estrés, soltar tensión, aclarar lo que llevas dentro. Y, en muchas ocasiones, conectar con algo importante: qué necesitas y hacia dónde quieres ir.

Ese fue el ejercicio de ayer, practicar a escucharte, a parar, a elegir desde un lugar más consciente. En un espacio cuidado, con música inmersiva, combinado con los olores adecuados y con una guía en la forma de respirar. Cuando bajas el ruido, aparece la claridad. Y con ella, el propósito.

Como chiste se contaba que llevamos toda la vida respirando y a ver si ahora íbamos a aprender. Resulta que tenemos una herramienta sencilla que es probable estemos desaprovechando.

Félix tiene claro su propósito, que no es otro que acompañar a personas. En este caso a través de una vía concreta, la respiración.

El resultado no es casualidad, es elección, práctica y camino. Muchas veces pensamos que las oportunidades aparecen de repente. Que “se abren puertas” y no vemos el trabajo silencioso que hay antes. Las horas, la constancia y el foco. La apuesta por seguir cuando no hay aplausos.

Cuando dudas, cuando no sabes si esto llevará a algún sitio, y aun así, sigues. Hasta que un día, la puerta se abre y desde fuera parece suerte, pero no lo es. Es el resultado de haber estado llamando mucho tiempo.

Vivir tu tiempo también es esto: elegir en qué inviertes tu energía, sostenerlo y confiar en el proceso.

A veces no necesitas hacer más. Necesitas parar, respirar y escucharte. Y desde ahí… seguir caminando. Ayer lo vivimos en primera persona, fue un gusto acompañar a Félix y al resto del grupo.

Seguro que repetiremos.

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viernes, 13 de diciembre de 2024

El poder invisible de los hábitos

Hace unos días, mi hijo Juan me hizo pensar, como logra muchas veces. Cuando le recordamos que debía estudiar puso como excusa que le costaba ponerse y su madre le dijo que a ella también le costaba hacer la comida, así que estaba pensando en no hacerla.

Ante esto contesto: “Yo no estudio porque no tengo el hábito, pero tú haces la comida porque tienes el hábito de cocinar. Es fácil para ti”. Vamos, que

“Los hábitos nos lo ponen fácil”

Este domingo por mi parte estaba lejos del ordenador y no escribí la entrada para el blog que tengo costumbre de escribir ese día de la semana. Me dije, ya lo escribo el martes, cuando vuelva a casa y ya estamos a viernes. Perdí el hábito de hacerlo cuando acostumbro y de esta manera me ha costado más.

Me quedé pensando la respuesta de Juan. Por un lado, tenía razón: hacer algo con regularidad lo vuelve más sencillo. Pero también había algo que él no veía: detrás de cada hábito que parece “fácil”, hubo un inicio que seguramente no lo fue.

De la lucha inicial (de estudiar) a la fluidez. Con hábito cuesta menos

Al principio cuesta, y con fuerza de voluntad, la repetición se convierte en rutina y la rutina en hábito. Además, si no quieres romper la cadena de repeticiones, que es como romper una racha, eso te impulsa a continuar. Por mi parte ya está cerca el final de año, el objetivo de una entrada a la semana está al alcance de la mano, eso me motiva los días que a pesar del hábito me cuesta, o como esta semana que he roto el hábito.

Lo que Juan todavía no ve del todo es que crear un hábito requiere superar la resistencia inicial. Es un proceso incómodo, lleno de intentos fallidos y muchas ganas de rendirse. Pero una vez que se establece, es como si el hábito tomara las riendas y el esfuerzo desapareciera.

La ausencia de hábito tiene su coste. Sin la costumbre de estudiar ponerse resulta un desafío, te enfrentas a una montaña de resistencia interna.

Una vez que el hábito está en marcha, aparece la "magia de la inercia". No necesitamos convencernos de hacerlo; simplemente lo hacemos. Ese estado fluido es lo que hace que sea “fácil”. No es magia, es práctica acumulada.

Los hábitos nos facilitan la vida; son el puente entre lo que cuesta mucho y lo que un día hacemos sin esfuerzo. Si algo parece imposible hoy, recuerda que quizás lo único que necesitas es empezar, paso a paso.

La diferencia está en la práctica repetida y la constancia. El poder de empezar, aunque sea con un pequeño paso.

Aprovecho para recomendar un libro que Juan ha pedido a los Reyes: “Hábitos atómicos” de James Clear, que se ha hecho popular entre los adolescentes y no tan jóvenes. Guía de como pequeños cambios, sostenidos en el tiempo (hábitos), cambian radicalmente nuestros resultados

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domingo, 7 de julio de 2024

10 años escribiendo sobre “Vivir tu tiempo”

El blog “Vivir tu tiempo” cumple 10 años. Comenzó con una entrada el 4 de julio de 2014, con un Empezar - ¿Para qué? Para reflexionar sobre la gestión del tiempo, de la vida. El tiempo es vida; si dices “No tengo tiempo” estás diciendo “No tengo vida”.

En diez años han pasado muchas cosas. Leyre, mi hija mayor ya tiene 19 años, cuando empecé tenía solo 9 años. El cambio es evidente. Como también el cambio en Sofía que ahora tiene 15 y Juan que cuenta con 12. A esas edades, 10 años es mucho tiempo, también un verano es muy largo. Con más años parece, el tiempo corre más, nos queda menos.

En 10 años el blog cuenta con 273 entradas (27 por año), lleva un rato leerlas. Una entrada cada dos semanas. Durante este tiempo he invitado a vivir una vida más consciente y equilibrada, de forma más plena y satisfactoria. Escribir me ha ayudado a reflexionar, espero que si lo has leído te haya servido a ti también.

Mantener la actividad durante 10 años no es fácil. Implica perseverancia, constancia, motivación.

Difícil resumir todo lo que ha pasado en 10 años, da tiempo a mucho. Relacionado con el blog, me ha dado tiempo a hacer el grado de Psicología y me he formado como terapeuta Gestalt. También a dirigir una Tesis Doctoral sobre uso del tiempo de los adolescentes y el efecto de las nuevas tecnologías. Seguro que si repasas también has hecho mucho y te han pasado muchas cosas en los últimos 10 años.

Todos hemos superado la pandemia de Covid-19, no hace tanto. A la vez hemos olvidado parte de las lecciones que aprendimos, los años pasan y olvidamos rápido.

¿Qué vendrá los próximos 10 años? Podemos soñar despiertos, imaginar, pensar lo que podemos/queremos hacer. Primero creamos en el pensamiento para después pasar a la acción. Imaginar los próximos 10 años me ayuda a la acción a largo plazo.

Una buena vida para cada uno es distinta, las elecciones de como usar el tiempo serán distintas. Espero que estos 10 años de entradas en el blog te hayan servido para escoger mejor como vivir, como gestionar tu tiempo. Siempre puedes repasar alguna de las 273 entradas.

Si quieres que te acompañe a imaginar posibilidades, desde donde estás, puedes escribirme en Linkedin.

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martes, 13 de febrero de 2024

La magia de la (auto)disciplina

La disciplina tiene algo de mala prensa, suena a sacrificio, a obligarte, a perder libertad, a coartar la espontaneidad, lo que surge. Los grandes objetivos son difícilmente alcanzables sin disciplina.

La disciplina nos ayuda a hacer lo que nos conviene: comer sano, ejercicio… Puede suponer hacer un esfuerzo ahora, en el corto plazo, que mantenido en el tiempo, nos lleva a un buen sitio.

Hablando de disciplina, el mago More dice que, si no eres capaz de comprometerte y dar 10.000 pasos al día, difícilmente serás capaz de otros retos.

¿Eres capaz de comprometerte contigo mismo? Darte cuenta de lo que te conviene, empezar y continuar. El comienzo puede ser difícil, si generas el hábito se irá haciendo más fácil. Aún así encontrarás días en los que se pone cuesta arriba, momentos en los que necesitarás esfuerzo consciente. Si no superas estos obstáculos, destrozas el hábito. Con el hábito perdido vuelve a costar empezar, algunas veces más, porque no confías en conseguirlo.

La disciplina se trabaja, se entrena. Confiamos en alguien cuando cumple con lo que dice. Confiamos en nosotros cuando cumplimos lo que nos decimos. Estableciendo pequeñas disciplinas podemos ir asumiendo retos más grandes. Hay que ser capaz de correr primero un kilómetro si quieres llegar a correr una maratón.

La disciplina te lleva donde quieres estar en el futuro, en el largo plazo. Puede que sacrifiques algo en el corto plazo por un bien mayor en el largo plazo.

  • Tiene que ver con el control de impulsos (darte cuenta del impulso que te lleva a hacer otra cosa, que te conviene menos ¿Pregúntate si te conviene más?). Antes de ceder al impulso haz una pausa, un minuto es suficiente, en la mayoría de los casos el impulso se desvanece.
  • Practica el control de la atención. Darte cuenta de cómo te despistas, donde se va tu mente y tu imaginación, que te aleja de lo que quieres/necesitas/te conviene hacer. La meditación puede ayudarte en este darte cuenta.
  • Si aparece la pereza, encontrar la energía que te permita superar la barrera de la pereza (transformar la pereza en acción).

Cuando cumples con lo que te propones, muestras disciplina. La disciplina te lleva a una mayor sensación de autocontrol. La sensación de autocontrol lleva a la autoconfianza. Confías en otro cuando cumple lo que te dice, confiarás más en ti cuando cumples lo que te propones.

La disciplina genera coherencia conmigo mismo, entre lo que quiero hacer y lo que hago. Hacer lo que te conviene, incluso cuando no te apetece.

Empieza con un primer reto: levantarte con el primer sonido del despertador, leer 30 minutos todos los días, planificar el día la noche anterior.

Ponlo fácil (entorno). Más fácil irte a correr según te levantas si has dejado la ropa preparada el día anterior. Poner más a mano la comida que te conviene comer y poner más difícil la que no te conviene o directamente no comprarla. Reduce opciones, elimina las que no te convienen, eso lo hace más fácil.

La disciplina no es un castigo, es algo que tú decides para llevar una vida que deseas (desde tu punto de vista).

miércoles, 20 de julio de 2022

Para conseguir tus objetivos no hay misterios: plan y ejecución

Hace ya tiempo, en mi primer curso de la Universidad, viendo el resultado del examen de física, me sorprendí, esperaba más nota. Creía que era la asignatura que más había estudiado y era la de peor nota.

Empecé a apuntar cuanto estudiaba, cuantas horas dedicaba a cada asignatura. En los siguientes exámenes se repitió el resultado, la peor nota la de física y yo seguía pensando que era a la que más horas había dedicado.

Ahora tenía datos y al analizarlos la realidad era muy distinta. Había dedicado el doble de horas a cálculo, algebra o química que a física. Los resultados reflejaban las horas dedicadas en realidad, no lo que yo suponía que había dedicado.

La mente nos juega malas pasadas a veces. Me gustaba más la química, el cálculo y el algebra y menos la física. Me costaba menos ponerme con lo que me gustaba y mucho más con la física. Los ratos que pasaba estudiando física se me hacían más largos, así que pensaba que pasaba más horas.

Mis horas de estudio el 3 y 4 de abril de 1992 (ya ha llovido - 30 años)
Al final no hay misterios, si quieres aprender de algo y que eso lo reflejen los exámenes, hay que echar horas. Como dicen en Argentina, horas-culo, horas con el culo pegado a la silla, horas de estudio que al final dan sus frutos. Al final aprenderás a estudiar, irás avanzando y cada vez costará menos.

No hay misterio, si quieres tener un cuerpo de gimnasio, lo que tienes que hacer es ir al gimnasio y echarle horas. Si quieres aprender inglés, pues dedicar tiempo al inglés; mejor si puedes ir a un país de habla inglesa e interaccionar con nativos.

Si te sorprenden tus resultados, tanto para bien como para mal, analiza que es lo que estás haciendo. Lo que haces habitualmente construye tus hábitos, tus hábitos te llevan a tus resultados, no hay misterios.

No hay misterios, tres pasos para conseguir los resultados que quieres, tus objetivos:

  1. Saber lo que quieres (tener claro el objetivo, el resultado perseguido);
  2. Definir cómo conseguirlo (Plan);
  3. Hacer lo que tienes que hacer (La ejecución repetida y constante genera el hábito).

Los hábitos permiten automatizar la ejecución, que podamos hacerla ya sin pensar y con menos esfuerzo. No gastamos fuerza de voluntad, que es limitada.

domingo, 8 de mayo de 2022

Poco a poco se llega a 200. Celebrar cuando se llega

Hoy estoy de celebración, 200 entradas en el blog, 200 días distintos en los que he compartido alguna idea, es una cifra redonda, merece una buena celebración y algún capricho.

La celebración de un éxito, de un logro, de llegar a un hito es disfrute en sí mismo; el disfrute de llegar a la cumbre de una montaña y ver el paisaje. También la celebración es el combustible para continuar, para seguir avanzando.

Empecé el 4 de julio de 2014, venciendo la barrera de la pereza, que me impedía ponerme. También la barrera de la vergüenza, de que lo que escribiese no mereciese la pena.

Tras casi 8 años he disfrutado del camino, de la escritura, de comentar sobre lo escrito, de reflexionar sobre el uso del tiempo y compartir con muchos.

He encontrado el tiempo para seguir escribiendo. Sí, tengo tiempo. Porque como decía en la primera entrada, si no tienes tiempo es que no tienes vida. Porque el tiempo es vida.

Mirando atrás veo que no siempre he avanzado al mismo ritmo. En el año 2015 escribí 51 entradas (casi una por semana) y en el 2018 solo 2. En ese momento me sentía corriendo, a toda velocidad, a ningún lugar, era momento de parar.

A ratos como una tortuga o a ratos como una liebre, he ido avanzando, he llegado a los 200 por una obviedad, no me he parado antes. Poco a poco, se llega a cualquier lugar, si seguimos avanzando, con tiempo se llega.

Este año me he propuesto llegar a las 52, una por semana, publicando cada domingo, generando el hábito de escribir. Cuando ya es una costumbre, es más fácil. Los hábitos son lo que forjan a la persona.

Muchas lecciones aprendidas y reflexionadas para escribir estas 200 entradas. En muchos casos de vuelta a la esencia, de vuelta a lo básico, a lo más sencillo.

Si quieres hacer algo, lograr algo, llegar a algún lugar, hay una receta mágica:

  1. Empieza
  2. Sigue

Cada día me gusta más el título que escogí para el blog: “Vivir tu tiempo”. Cada uno tenemos eso, nuestro tiempo, en nuestra época y lo que nos toca es vivirlo.

Hoy estoy de celebración y te invito a que no olvides celebrar tus logros, tus avances y tus ilusiones.

domingo, 13 de marzo de 2022

Crear tu suerte, lograr lo que quieres

Cuantas veces hemos oído “He suspendido el examen porque he tenido mala suerte” o “porque he tenido un fallo tonto” o “porque no he tenido suficiente tiempo para prepararlo”.

Hay una frase que se atribuye a numerosos deportistas que dice “cuanto más entreno, más suerte tengo”. Parece que la suerte se consigue entrenando, preparándote.

En ocasiones se va posponiendo la hora de ponerse a estudiar, con la sensación que todavía queda mucho tiempo. El tiempo pasa, el examen se acerca y ya, cuando no queda otra opción para evitar el desastre, comienza el estudio.

El famoso dejar para luego, posponer, procrastinar. Mucho más fácil ahora encontrar entretenimientos, en el móvil, internet, la televisión o la nevera. Hasta que encuentras la fuerza de voluntad o la motivación para empezar.

El motivo aparente es que ya no hay otra opción, o te pones o el fracaso está garantizado. Con tan poco tiempo, si suspendes, ya no es que seas torpe, es que no empezaste a tiempo, salvas tu autoimagen, tu sensación de capacidad. Algo sales ganando cuando pospones.

Los resultados no se dan por casualidad, se dan por causalidad. Una pequeña variación entre las letras “s” y “u” que supone una gran diferencia. Los resultados, la buena o mala suerte, se da por lo que hacemos, por cómo nos preparamos.

Lo explica bien el libro de Alex Rovira y Fernando Trías de Bes “La buena suerte”. Hay que preparar las circunstancias para que se de la buena suerte. Hay que preparar el terreno, sembrar y cuidar lo sembrado para poder recoger. Para poder tener suerte en la cosecha. El libro lo puedes leer en poco más de una hora.

Si estudias, sueles tener suerte en los exámenes (mucho más difícil si no estudias). Generas la base de conocimiento para seguir aprendiendo, es más fácil aprender a multiplicar cuando sabes sumar. Además, adquieres el hábito de estudio, lo que consolida tu buena suerte.

¿Qué hábitos te llevaran a la suerte que quieres?

Decía Pablo Picasso “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”. Cuando la oportunidad llegue, que te encuentre preparado, podrás decir ¡Qué suerte que llego esa oportunidad! Si no te preparas dirás, ¡qué mala suerte que llega esta oportunidad cuando no estoy preparado!

La suerte la creas, con tus acciones de hoy creas tus resultados de mañana. Con un resultado positivo es más fácil el siguiente, es más fácil ir encadenándolos.

Lo que he escrito es de sentido común, nada difícil de entender. Aunque no es práctica común.

Si no obtienes resultados, en lugar de quejarte y echar balones fuera, para, observa, reflexiona y decide que puedes hacer para mejorarlos, que puedes hacer para aumentar tus probabilidades de suerte.

Si sigues haciendo lo mismo seguirás obteniendo lo mismo. Si quieres cambiar tus resultados, cambia lo que haces.

Lo que hemos contado para los exámenes sirve también para los proyectos que tengamos entre manos. Incluso para aquellos que tenemos aparcados. Decide por donde empezar y ponte a ello.

Eres responsable de tu suerte, aunque a veces también se dan casualidades.

domingo, 6 de marzo de 2022

¿Qué tal andas?

¿Qué tal andas? Muchas veces lo empleamos como sinónimo de ¿Qué tal estás? ¿Cómo te sientes? Grandes preguntas, no siempre fáciles de contestar, porque a veces no nos miramos mucho.

En este caso la pregunta la formulo en sentido literal ¿Qué tal andas? ¿Has aprendido a andar? ¿Sabes andar marcha atrás? Parece fácil, salvo que sufras alguna lesión.

Si estás leyendo, ya sabes leer, así que probablemente también andar. Quizá ya ni recordamos lo que nos costó. Dicen que un niño se cae 4.000 veces antes de aprender a andar. Cuando da sus primeros pasos, desde un mueble a otro, tambaleándose, ya es un gran logro. Es todavía pronto para que aprenda a andar marcha atrás.

Con el tiempo va mejorando, a base de practicar, de intentarlo, de caerse y levantarse, hasta que el proceso se vuelve automático. Hasta hemos olvidado como aprendimos. Sale solo, no vamos pensando como equilibrar el peso sobre una u otra pierna. Ahora nos parece fácil, lo damos por obvio, por natural, olvidando lo que costó.

Cómo a andar, hemos aprendido otras muchas cosas: a entender y hablar un idioma (el nuestro), que nos sirve para comunicarnos; a leer, lo que seguramente nos costó largas horas de práctica y un largo etcétera.

Si se te ha olvidado lo que cuesta aprender algo que nos parece obvio, como puede ser escribir, te propongo que pares la lectura y pruebes:

  1. Escribe tu nombre y apellidos, con un bolígrafo o lapicero.
  2. Cambia de mano el bolígrafo o lapicero.
  3. Ahora escribe tu nombre y apellidos de nuevo, con la mano no dominante (con la que no sueles escribir).

¿Qué tal ha ido? ¿Has escrito con mejor letra? ¿Has escrito más rápido? ¿Cómo sería tener que aprender con esa otra mano? Llevaría una buena dosis de fuerza de voluntad, de ganas o necesidad.

La lista de cosas que hemos aprendido y que ahora nos parecen naturales es enorme: comer con cuchillo y tenedor; sumar y restar; encender la luz; atarnos los cordones de los zapatos; cocinar y otras muchas que dependen de nuestro entorno, nuestra necesidad, nuestra profesión.

Para aprender cosas nuevas podemos fijarnos en cómo aprendimos a andar:

  1. Tener un propósito claro o una necesidad clara: Seguro que sentíamos como importante aprender a andar, poder desplazarnos, llegar a sitios distintos.
  2. Un método, muchas veces de prueba y error: seguro que nos caímos más de una vez antes de andar.
  3. Constancia para seguir: Después de cada caída nos levantamos o nos ayudaron a levantarnos para volver a intentarlo, seguir aprendiendo, mejorando.

Con un propósito claro es más fácil encontrar la constancia, la fuerza de voluntad. No hay misterios para aprender inglés, es practicar todos los días. No hay misterios para estar en forma, hacer ejercicio de forma regular.

Una vez que tengas el propósito, lo que más cuesta es el primer paso, después es solo seguir dando más.

domingo, 20 de diciembre de 2020

El secreto para conseguir resultados

En este mundo de la inmediatez, donde todo lo queremos para ya, hace dos semanas escribía sobre la paciencia y la constancia para llegar donde queramos. La energía la podemos encontrar en el propósito, en la meta clara, en un objetivo donde encontrar motivación, el motivo para la acción.

A veces esa constancia supone sacrificio y esfuerzo, acompañados de fuerza de voluntad. Otras veces parece más fácil, hay un secreto para conseguir la constancia necesaria.

Quería escribir una entrada en el blog todas las semanas y encontré mi rutina de domingo por la mañana: Al levantarme me ponía a escribir lo que me había venido rondando por la cabeza durante toda la semana. Resultaba fácil, casi automático, el sábado me venían muchas ideas a la cabeza y el domingo escogía sobre qué escribir.

Ahora, la rutina ha cambiado, el domingo por la mañana vamos al monte. Me levanto, me calzo las botas de montaña y nos vamos a respirar aire puro y a disfrutar del almuerzo. Un hábito que también me encanta.

De repente se hace más difícil escribir la entrada el blog, ahora supone esfuerzo, no tiene su hueco automático y tengo que buscárselo. Las ideas no avanzan solas. Cuando sabía el momento en el que iba a escribir, era como si cuerpo y mente se preparasen automáticamente.

Si quiero seguir escribiendo semanalmente puedo dejarlo a encontrar el momento y poner fuerza de voluntad cada semana o encontrar el mismo espacio de tiempo todas las semanas (día y hora), para que se convierta en rutina y funcione casi solo. Poner esfuerzo las primeras semanas para que después funcione en automático.

Ayer oía hablar a Nadal de las rutinas para sacar cuando juega al tenis, algunos lo pueden llamar manías. Dice que esas rutinas solo las tiene cuando compite, que ayudan.

Rutina de Rafa Nadal. Tomado de sextoanillo.com

Las rutinas y los hábitos son casi sinónimos. Nos llevan por un camino, en una dirección, casi sin darnos cuenta. En algunos casos nos ayudan y en otros nos pueden perjudicar, sobre todo si nos llevan al exceso.

Dicen que un hábito necesita de 21 repeticiones para establecerse. Es una gran mentira, que a base de repetirse parece verdad. Lo cierto es que cuando repetimos algo, con cada repetición, la siguiente resulta más fácil. Con el tiempo lo convertimos en parte de nosotros.

Si me acostumbro a leer todos los días antes de acostarme me costará dormir si no leo. Si me acostumbro a correr todos los días, el día que no corro me duelen las piernas, es su forma de decir que falta algo.

Las rutinas, los hábitos, pueden ser difíciles de establecer. Lo más difícil es empezar. Después continuar resulta más fácil. La inercia hace que después sea difícil frenar, dejarlo.

La primera ley de Newton, la ley de la Inercia, dice que todo cuerpo continuará en su estado de reposo o movimiento rectilíneo uniforme a no ser que se le aplique una fuerza que le haga cambiar de estado. Como los cuerpos de Newton tenemos inercia, nos mantenemos en nuestras rutinas a no ser que hagamos algo para cambiar.

La clave está en el comienzo, aplicar la fuerza de voluntad inicial suficiente para empezar a movernos o cambiar de hábitos. Escoger los hábitos que nos convienen, empezar y con cada repetición nos costará menos seguir.

Ahora que llega el nuevo año, que seguro vendrá acompañado de buenas intenciones, regálate buenos hábitos, que te hagan más fácil tener una buena vida.

Los hábitos nos evitan tener que hacer con esfuerzo y tener que decidir en cada momento que hacer. Nos llevan a la meta pudiendo disfrutar del camino, sin desgastar la fuerza de voluntad, que es limitada.


Te deseo un 2021 lleno de buenas rutinas.

domingo, 6 de diciembre de 2020

Con constancia y tiempo, se llega

Vivimos en un mundo de inmediatez, parece que todo tiene que estar a un clic de distancia. La cultura nos empuja al corto plazo, olvidando el largo recorrido ¡Lo queremos todo para ya!

Vivimos como la liebre, del cuento de la liebre y la tortuga, corriendo en distintas direcciones, en ocasiones sin dirección. La tortuga va despacio y llega, siempre llega. Mientras la dirección está clara todo le lleva a la meta ¿Cuál es tu meta?

Las cosas que merecen la pena, muchas veces, llevan su tiempo. No aprendimos a andar en un día, tampoco a hablar. Cosas, aparentemente sencillas, que nos permiten movernos y comunicarnos. Nos llevó su tiempo aprender, así aprender otras habilidades también lleva su tiempo.

Teníamos claro el propósito, dicen que un niño se cae, de media, 4000 veces antes de aprender a andar. Aun con todas esas caídas, aprendemos, somos constantes, tener claro el objetivo y ver a otros que lo han logrado nos estimula, sin darnos cuenta.

Descendemos de agricultores, que con paciencia y constancia cultivaban la tierra, la preparaban, sembraban y seguían cuidando la planta para que creciese, nutriéndola en cada caso con lo que necesitase. No se puede obligar a la planta a crecer más rápido tirando del tallo, la arrancaríamos.

Una planta no crece más rápido si tiras de ella, la arrancas y no podrá crecer

Dibujo de Leyre Fontaneda

Cultivar, con paciencia y constancia es la clave de la cosecha. La ley de la cosecha “recoges lo que siembras” y cuidas. Aunque a veces hay reveses, agentes externos que perjudican la cosecha, lo que está claro es que si no siembras no recoges.

Muchos no quieren pensar en objetivos, no quieren mirar al futuro, dicen que les estresa o se escudan en la importancia de “vivir el presente” ante un futuro indeterminado. También es una forma de vivir.

Por mi parte me gusta apostar por el equilibrio, entre presente y futuro, entre la producción de hoy y la inversión para el futuro. El disfrutar hoy y sentar las bases para seguir disfrutando en el futuro. De la cosecha de hoy, dejar semilla para sembrar y poder recoger mañana.

El futuro, sin olvidar el presente, que la meta no borre el camino que ahora recorres. Sin caer en la trampa de la felicidad derivada, esa que llegará algún día, olvidando la felicidad de cada día.

Como regla, hacer todos los días algo que disfrutes, para no perderte en el futuro, en lo que vendrá. Equilibrar el largo plazo con el corto plazo, los frutos que recoges y disfrutas hoy con la siembra y la cosecha futura.

La vida no es una carrera hacia la tumba ¿Dónde vamos corriendo tan rápido? Vivir a ritmo lento para poder contemplar el paisaje, disfrutar de la compañía y de los regalos de cada día.

La obsesión por el futuro, la prisa porque llegue, puede hacer que te olvides de vivir hoy. También el descuido del futuro lo hace más incierto. Hoy estás construyendo tu futuro. Encuentra tu equilibrio, no siempre es fácil.

domingo, 14 de junio de 2020

Un millón de pasos (1.000.000) comienzan con un primer paso


¡Un millón de pasos parecen muchos (1.000.000)! Al menos he dado esos pasos en los últimos 100 días y el número va en aumento. El día 1 de marzo, hace más de tres meses, empecé dando 10.000 pasos diarios, los que recomiendan en distintos sitios y lo que comenzó cómo una idea se ha convertido en un hábito.

Teniendo en cuenta que ya han pasado más de 100 días y que no he fallado ninguno, pues la multiplicación es fácil (100 días x 10.000 pasos/día = 1.000.000 pasos).

La frase de Lao-Tse “Un viaje de mil millas comienza con un primer paso” no es tan difícil de superar, aunque mil millas suenen a mucho. Elige el viaje que quieres hacer y empieza por dar el primer paso. Después mantente dando pasos.

Casi seguro llegarán momentos de cansancio, de desgaste, como refleja el desgaste de los zapatos de la foto. Llegará el momento de cambiar de zapatos y continuar. Para seguir puedes encontrar la energía en un “para qué” del camino o simplemente en el disfrute de cada día, de cada paso, disfrutar de la actividad de caminar en sí misma. Es posible disfrutar del esfuerzo.

Mi zapato desgastado por más de un millón y medio de pasos (Junio 2020)
Las dos claves: empezar + continuar una vez que has empezado, mantener la constancia, la velocidad positiva, como dice mi amigo Mario Sánchez, la formula dice que espacio = velocidad x tiempo, lo que quiere decir que, si mantienes velocidad positiva, con tiempo, siempre llegas.

Y una vez que te pones, una vez que llevas ya 10.000, ya que estás, pues a menudo sigues. Has vencido la barrera de la pereza, la dificultad de empezar y seguir es más fácil. De hecho, ahora que llevamos dispositivos que lo miden todo, pues resulta que la media diaria que he hecho es de 15.000 pasos/día, así que son un millón y medio de pasos (1.500.000 pasos), casi las mil millas de Lao-Tse.

Lo pongo en cifras, con sus ceros, porque refleja a la cantidad tan grande que se puede llegar una vez que empiezas y mantienes la constancia. Es cómo el cuento de la liebre y la tortuga; la tortuga tarda pero siempre llega, va avanzando poco a poco.

Una vez encontrado el hábito, los espacios, resulta fácil mantener la constancia, el cuerpo te va llevando. Ahora ya hay unas horas en las que camino y esas horas están ahí para eso.

El Coronavirus ha ayudado, ha traído nuevos hábitos, y la suerte de estar en un país donde he podido salir a pasear (el cambio de circunstancias suele cambiar la forma de vivir). Espero mantener el hábito ahora que llega la “nueva normalidad”, esa nueva normalidad que escogemos cada uno de nosotros.

¿Qué camino quieres recorrer? ¿Qué millón de pasos quieres andar? Escoge tu camino y empieza a caminar. Y si no tienes claro el destino que sueñas, igual si tienes claro por dónde quieres empezar a andar, la senda se irá abriendo ante ti, con cada paso irás viendo más claro el siguiente.

viernes, 11 de marzo de 2016

El poder de la constancia

He estado hablando con una persona que quiere perder peso, lleva tiempo intentándolo y no lo consigue. Fue a una endocrina para perder peso y que cuando vio que la endocrina estaba gorda decidió no hacer mucho caso, es como si un calvo te vende crece-pelo. Me ha dicho que va a probar unas pastillas recomendadas por una amiga, que además cuestan una pasta y me pregunta qué opino.

Las pastillas no son de las que recetan los endocrinos, con lo que coincidimos en que igual no es buena idea, nunca sabes que efecto pueden tener a largo plazo (ni siquiera a corto plazo). Afortunadamente las pastillas van acompañadas de ejercicio y dieta y el tratamiento dura tres o cuatro meses (el ejercicio y la dieta pueden marcar la diferencia)

Estoy convencido que en esos cuatro meses bajará de peso. El precio de las pastillas ayudará a mantener la motivación y la constancia para hacer ejercicio y comer de forma más saludable. Incluso los días que no apetezca hacer deporte y apetezca más darse un atracón. Quizá las pastillas solo tengan efecto placebo.
Foto de jmacpepe
Creo que la respuesta está en la constancia, en proponerte un objetivo, tener un buen porqué para ir a por ello y trazar un plan que te lleve hacia la meta. Después sólo queda la perseverancia para mantenerte en el plan y estar cada día un paso más cerca del objetivo.

He escuchado a Francisco Alcaide (@falcaide) decir que las dificultades están para distinguir los que dicen que quieren conseguir algo de los que realmente lo quieren. No todos los días apetece lo mismo, no siempre cuesta lo mismo, si realmente quieres conseguir el objetivo encontrarás fuerzas para mantenerte en el camino para conseguirlo.

Lo difícil es empezar, después es más fácil mantener los buenos hábitos. Hacer deporte de forma regular durante la semana te va a costar las primeras semanas si no hacías deporte, al cabo de dos meses si no haces ejercicio el cuerpo te va a pedir que te muevas. La constancia crea los hábitos para sea más fácil seguir, la clave es crear buenos hábitos.

Adelgazar también tiene que ver con el tiempo. Si acostumbras a comer rápido y estás 30 minutos comiendo comerás más que si comes más despacio. Un buen ejercicio para comer menos es apoyar el tenedor o la cuchara cada vez que te llevas un bocado a la boca.

Por otra parte la señal de que estamos llenos, de que hemos comido lo suficiente, tarda en llegar unos 15 minutos al cerebro. Si comes rápido puedes ingerir muchas calorías en esos 15 minutos. Por eso recomiendan parar de comer antes de sentirnos llenos.

En algunos casos tenemos que estar dispuestos a ir en contra de nuestra educación. Puede que nos hayan educado a acabarnos el plato, aunque ya estemos llenos. Puede que nos hayan empujado a comer el último filete para que no sobre ¿Cuál es el problema de guardarlo para mañana?

En resumen:
  • Ponerse objetivos y encontrar un buen porqué para conseguirlos (si tienes el por qué encontrarás el cómo).
  • Diseñar el plan para conseguir el objetivo.
  • Constancia para seguir el plan. La perseverancia hace cambiar malos hábitos por buenos (dieta, comer despacio y ejercicio).
  • Darse cuenta y cambiar creencias que nos limitan (acabarse el plato).
  • Hacer público el objetivo puede ayudar.

Los que me conocen saben que tengo cierto sobrepeso, así que este artículo puede hacer algo de gracia. Voy a aprovecharlo para hacer público el objetivo de bajar a 92 kilos este año 2016. El hacer público los objetivos ayuda a conseguirlos, así no tienes que soportar la vergüenza de no cumplir.

Si conoces a alguien con sobrepeso le puedes enviar el post, en los comentarios podéis hacer públicos vuestros objetivos para el 2016. En esta caso mejor objetivos de medio-largo plazo.