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lunes, 4 de marzo de 2024

Posponer tiene sus ventajas y grandes inconvenientes

Este fin de semana he estado en un taller donde el tiempo pasaba sin darte cuenta. Sin reloj en la muñeca, el tiempo se desliza mientras estás absorto en lo que te interesa. Tiempo vivido y aprovechado en lo importante. Lo que Csíkszentmihályi define como tiempo de flujo (Flow), donde estás sin esfuerzo y los frutos son abundantes.

Hay otro tiempo, que también pasa rápido, no tan aprovechado, donde nos despistamos con cualquier cosa. Cuando tenemos pendiente un proyecto que no nos apetece, tendemos a ocuparnos con cualquier otra cosa, despistando la atención de lo que nos “convendría” hacer.

Ayer hablaba de esto con una compañera del taller, que se proponía, creo que no por primera vez, hacer con más tiempo, ponerse antes, con los proyectos e informes que tiene que entregar (como cuando decides que para el próximo examen te pones con más tiempo).

Yo me incluyo, con tantas personas en humanidad compartida, entre los que vamos dejando para después. Muchas veces no nos ponemos hasta que la amenaza de no hacerlo supera la fuerza de la pereza. Cuando estamos con el agua al cuello reaccionamos, seguimos nadando esforzadamente, hasta llegar a la orilla, cumpliendo con el plazo a duras penas. En parte satisfechos porque lo hemos conseguido y en parte decepcionados porque podríamos haberlo hecho mejor, además de estar agotados.

Se me ocurren, al menos, dos motivos para seguir procrastinando, para seguir posponiendo hasta el último momento:

  • La premura hace que te centres en lo importante: este es el famoso “trabajo mejor bajo presión”. Que es más una justificación que una realidad. Con tiempo el trabajo se hace mejor, con prisa es fácil que te dejes cosas importantes. Si lo que te pasa es que te despistas con una mosca, mejor atacar el problema, aprender a dirigir la atención, sin necesidad de una presión extra. Tu cuerpo te agradecerá una menor presión, sin estrés sufre menos.
  • Salva tu prestigio: ante el miedo de no ser capaz, de no ser suficiente, de no saber o la posibilidad de hacer un mal trabajo, el posponer te da la justificación perfecta “No es que no sepa, es que no he tenido tiempo”. No soy torpe, simplemente me despisto. Quizá sea mejor salvar tu prestigio porque te pones a tiempo y con tiempo, lo que casi seguro resultará en un mejor trabajo (y repito, con menos estrés).

Imagen de la TED Talk de Tim Urban "Inside the mind of a master procrastinator" (merece la pena verla; ¿Cómo controlar al mono de la gratificación instantanea?)
Como soy un procrastinador profesional, he pospuesto muchas veces y de vez en cuando lo sigo haciendo, me planteo y os planteo algunas nuevas aproximaciones:

  • Lo primero es ver si lo que estoy posponiendo es realmente importante. A veces pospongo porque lo tendría que hacer otro o porque no es importante. Si es el caso, solucionado, lo tacho directamente de la lista. Pero si es importante, decido hacerlo.
  • Si decido hacerlo, ya no es algo que se me impone desde fuera, es algo que yo decido. Así que toca reservar un hueco para ello como si ese hueco fuese sagrado, solo temas graves me sacarán de ahí.
  • Cuando llega el momento, cuesta ponerse, es difícil empezar, hay que superar la barrera de la pereza. Por fortuna, en muchas ocasiones, la pereza se esfuma a los cinco minutos. Así que, el mejor consejo, empieza y vamos viendo.
  • La atención se dispersa, es fácil irse detrás de cualquier mosca. La técnica Pomodoro puede ayudarte a perseverar y mantener la atención.
  • Finalmente celebrar el llegar a la meta, celebrar que lo he conseguido con tiempo.

Empezar con tiempo ayuda a gestionar los imprevistos que pueden surgir, disminuye el riesgo de hacerlo de manera insuficiente, aunque incrementa el riesgo de que te despistes con cualquier cosa. Ataca el problema de raíz, cuida tu atención y ella te cuidará a ti.

Posdata: El perfeccionismo nos lleva a procrastinar por miedo a no hacerlo perfecto.

Posdata 2: Una autoexigencia desmesurada puede hacernos pensar que procrastinamos cuando lo que necesitamos es descansar. No es posible hacerlo todo y no es fácil darte cuenta de cuando haces suficiente.

lunes, 2 de mayo de 2022

El síndrome “¡Ya voy!” y nunca llegas

“¡Ya voy!”, “¡ahora voy!”, “¡qué te he dicho que ya voy!” Pasa cuando nos llaman a comer en casa, a recoger la habitación, a fregar o para salir de viaje. Esa coletilla, tan usada en casa, también se encuentra en otros entornos.

Cuántas veces ese “¡ahora voy!” se convierte en nunca. Inicialmente pospuesto, para empezar dentro de cinco minutos, se convierte en eternamente pospuesto.

El “ya voy…” que me dice mi hija… al pasar el tiempo se olvida y no viene. Decimos “ahora voy” a un compañero y después nos olvidamos.

No siempre es fácil empezar. Desde que dices que vas a estudiar, hasta que te pones; desde que dices que vas a fregar, hasta que te pones, desde que dices que te vas a cuidar, hasta que te pones… No solo decimos el “ahora voy” a los demás, también nos lo decimos a nosotros mismos.

Cada uno tenemos actividades que nos cuestan más, que cuando vamos a empezar nos despistamos, quizá cinco minutos con el móvil, que se convierten en media hora o en hora y media.

¡Ya voy!... A limpiar el fregadero del jardín ¿Iré realmente?

Los comienzos pueden ser un gran ladrón de tiempo. Esperar los “ahora voy” que se alargan, mientras nos despistamos por el camino. Poniendo consciencia, nos podemos dar cuenta de cómo se escapan los minutos, convirtiéndose en horas.

Lo mismo sucede al cambiar de actividad ¿Cuánto tiempo necesitas para el cambio? ¿Cómo es ponerte de nuevo a hacer algo? ¿Cuánto se alarga un café? ¿Cuánto consume consultar el correo?

Dos pasos básicos para comenzar sin dilación:

  1. Tener claro lo que vamos a hacer.
  2.  Ponernos a ello, que es comprometernos con nosotros.

Para comenzar sin despistarnos nos podemos tomar unos segundos para darnos cuenta, ser conscientes. Para ello podemos hacer un DROP: Detenernos, Respirar, Observar y Proseguir.

Ser conscientes de lo que queremos hacer, de cómo nos vamos a despistar o entretener, de cómo pasa el tiempo.

Un buen ejercicio para estar más satisfechos al final del día con lo que hemos hecho: “Saber que es lo que queremos y ponernos a ello, sin dejarlo para dentro de cinco minutos”.

Sirve hasta para descansar. Si quieres descansar, no te despistes con el móvil, es probable que no descanses.

El tiempo no se puede gestionar, solo pasa, sí podemos gestionar la atención, a qué prestamos atención en nuestros minutos, a qué dedicamos nuestros momentos.

Te invito a poner atención a cuánto te lleva empezar una tarea, a cuánto te lleva cambiar de actividad y con que te despistas o entretienes ¿Merece la pena el entretenimiento? ¿Cómo estarías más satisfecho y mejor?

Compromiso de una semana: decidir que vas a hacer en tu día y hacerlo. Ya me contarás que tal ha ido la semana.

domingo, 13 de marzo de 2022

Crear tu suerte, lograr lo que quieres

Cuantas veces hemos oído “He suspendido el examen porque he tenido mala suerte” o “porque he tenido un fallo tonto” o “porque no he tenido suficiente tiempo para prepararlo”.

Hay una frase que se atribuye a numerosos deportistas que dice “cuanto más entreno, más suerte tengo”. Parece que la suerte se consigue entrenando, preparándote.

En ocasiones se va posponiendo la hora de ponerse a estudiar, con la sensación que todavía queda mucho tiempo. El tiempo pasa, el examen se acerca y ya, cuando no queda otra opción para evitar el desastre, comienza el estudio.

El famoso dejar para luego, posponer, procrastinar. Mucho más fácil ahora encontrar entretenimientos, en el móvil, internet, la televisión o la nevera. Hasta que encuentras la fuerza de voluntad o la motivación para empezar.

El motivo aparente es que ya no hay otra opción, o te pones o el fracaso está garantizado. Con tan poco tiempo, si suspendes, ya no es que seas torpe, es que no empezaste a tiempo, salvas tu autoimagen, tu sensación de capacidad. Algo sales ganando cuando pospones.

Los resultados no se dan por casualidad, se dan por causalidad. Una pequeña variación entre las letras “s” y “u” que supone una gran diferencia. Los resultados, la buena o mala suerte, se da por lo que hacemos, por cómo nos preparamos.

Lo explica bien el libro de Alex Rovira y Fernando Trías de Bes “La buena suerte”. Hay que preparar las circunstancias para que se de la buena suerte. Hay que preparar el terreno, sembrar y cuidar lo sembrado para poder recoger. Para poder tener suerte en la cosecha. El libro lo puedes leer en poco más de una hora.

Si estudias, sueles tener suerte en los exámenes (mucho más difícil si no estudias). Generas la base de conocimiento para seguir aprendiendo, es más fácil aprender a multiplicar cuando sabes sumar. Además, adquieres el hábito de estudio, lo que consolida tu buena suerte.

¿Qué hábitos te llevaran a la suerte que quieres?

Decía Pablo Picasso “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”. Cuando la oportunidad llegue, que te encuentre preparado, podrás decir ¡Qué suerte que llego esa oportunidad! Si no te preparas dirás, ¡qué mala suerte que llega esta oportunidad cuando no estoy preparado!

La suerte la creas, con tus acciones de hoy creas tus resultados de mañana. Con un resultado positivo es más fácil el siguiente, es más fácil ir encadenándolos.

Lo que he escrito es de sentido común, nada difícil de entender. Aunque no es práctica común.

Si no obtienes resultados, en lugar de quejarte y echar balones fuera, para, observa, reflexiona y decide que puedes hacer para mejorarlos, que puedes hacer para aumentar tus probabilidades de suerte.

Si sigues haciendo lo mismo seguirás obteniendo lo mismo. Si quieres cambiar tus resultados, cambia lo que haces.

Lo que hemos contado para los exámenes sirve también para los proyectos que tengamos entre manos. Incluso para aquellos que tenemos aparcados. Decide por donde empezar y ponte a ello.

Eres responsable de tu suerte, aunque a veces también se dan casualidades.

domingo, 23 de enero de 2022

El precio de la pereza. Cosas con inflación de esfuerzo

Hay cosas que siempre nos dan pereza, aunque las hagamos todos los días, siempre nos cuestan. Encontramos una barrera invisible que nos impide ponernos, lo vamos posponiendo, procrastinando, dejando para más tarde. Será que nos imaginamos que la tarea desaparecerá por arte de magia.

Algunas de esas cosas cuestan más cuando las hemos dejado para más adelante. Pensando en esto, recuerdo cómo lo aprendí, en un piso de estudiante, cuando al acabar de cenar daba una pereza increíble ponerte a fregar, la charla y el sofá te llamaban con fuerza.

En el mejor de los casos, los cacharros se quedaban acumulados en el fregadero, si es que no se quedaban esparcidos por la mesa. Parece que cuando eres joven eres más tolerante al desorden, solo hay que ver algunas habitaciones.

Los cacharros, que costaba fregar por la noche, seguían ahí por la mañana. Es curioso, la magia no funcionaba, no aparecían fregados y ordenados.

Además, para mi desgracia, costaba más despegar la suciedad. Extraños procesos hacen que la suciedad esté más pegada con el tiempo. No teníamos ni la prudencia de dejar los cacharros a remojo (otra cosa que se aprende con la experiencia).

Cuando no friegas por la noche, lo que te encuentras por la mañana
Ayer mi hija se decidió por la pastelería. Como los genes se heredan la cocina quedo poco ordenada y sin fregar. La foto es de esta mañana, que al menos me ha inspirado para escribir. Me he visto tentado a recoger, pero eso sería privarla de aprendizaje:

“Hay algunas tareas que es mejor abordar pronto”

Hay tareas que, si no se abordan, se atascan, se amontonan y crecen. Hay labores que sufren de inflación, como los precios: si no las abordas pronto, con el tiempo, van costando más.

Mi hija tiene otra opinión. Ha fregado mientras yo escribía, afirma que la cuesta menos por la mañana. Al envejecer nos cambia la visión ¿Será la experiencia?

También, con el tiempo, el hábito de posponer, puede tener efectos más perjudiciales, ser caldo de cultivo para los gérmenes (en el caso del fregoteo) y dificultar otras tareas. Es más difícil organizar la compra en una cocina sucia, o preparar el desayuno.

Las tareas pendientes, que nos da pereza abordar, se acumulan, ocupan espacio en nuestra cabeza, además de espacio físico. Lo pospuesto se dificulta con el tiempo y además dificulta otras cosas que queramos hacer.

Si como a mí, te costaba fregar, este es un buen recordatorio para abordar pronto las tareas, si es que no puedes evitar hacerlas. Normalmente no desaparecen por arte de magia. También puedes decidir no hacerlas y aceptar sus consecuencias.

Ante estas tareas que nos dan pereza, dos ideas:

  • Son más fáciles si las abordas cuando tocan, superando la barrera de la pereza.
  • Si no eres capaz, al menos, póntelo fácil para cuando las empieces o las retomes (como poner en remojo los cacharros).

Ánimo para vencer la barrera de la pereza, lo más difícil es empezar, dar el primer paso y coger el estropajo (o lo que sea necesario).

domingo, 7 de marzo de 2021

Dejar de posponer, vencer la pereza, la apatía o la desgana

La apatía es la falta de emoción, asociada con falta de motivación o entusiasmo. Los grados y las causas son múltiples, algunas de ellas pueden ser la falta de expectativas, el desgaste emocional y la falta de refuerzo.

En la apatía nos abandonamos a la falta de actividad física, mental y social. Si teníamos-queríamos hacer algo que vamos posponiendo, nos sentimos culpables, faltos de fuerza de voluntad, hasta he oído decir eso de “soy imbécil”. Sabiendo lo que tengo que hacer lo he ido dejando hasta que parece demasiado tarde o, en el peor de los casos, es demasiado tarde.

Todos podemos recordar algún momento de estudios donde costaba ponerse a estudiar, cualquier cosa parecía más interesante, ver una película o hasta fregar los platos.

Pereza, apatía o desgana. Dibujo de Leyre Fontaneda

La experiencia me indica que lo que más cuesta es ponerse, empezar, vencer la barrera de la pereza. Una vez comenzado, la inercia invita a continuar. Nos podemos poner sin ganas, solo por cinco minutos, y los siguientes cinco minutos serán más fáciles.

Los pensamientos “me tenía que poner a…” junto con “el último vídeo, la última partida…” hacen que pase un minuto, diez, una hora, un día, un mes y hasta un año. El cargo de conciencia se acumula, la sensación de fracaso, de ser incapaz.

Empezar es la salida, es el primer paso el que lleva a un viaje de 100 millas o más. Una vez comenzado el viaje, con constancia se llega. Y es que no hay misterios, para estar en forma hay que hacer ejercicio (y empezar en algún momento), para dominar un idioma o las matemáticas sucede lo mismo. Empezar, dar el primer paso, y continuar, seguir dando pasos.

Puede ayudar encontrar la motivación, ya sea en el camino (algo que disfrutar) o en la meta. Lo bien que te vas a sentir una vez lo hayas conseguido.

No hace falta esperar al momento límite, a la frase “es que funciono mejor bajo presión”. La presión, es estrés, acaba pasando factura.

Además, el momento límite solo llega para algunas cosas, que tienen marcada fecha. Hay otras cosas importantes, sin fecha límite, en las que la presión nunca llega y cómo “solo” trabajamos bajo presión, nunca las hacemos.

Observa eso que lleva mucho tiempo entre lo pendiente, que tú sabes que es importante para ti y aun así se queda sin avanzar, incluso sin comenzarse. Decide si es momento de empezar o quizá de tacharlo de la lista de pendientes. Si el momento no es ahora ¿cuándo?

La apatía, la desgana (falta de ganas) muchas veces se vencen empezando, lo que más cuesta de correr es ponerse las zapatillas y salir, después es más fácil disfrutar del camino.

domingo, 27 de septiembre de 2020

Terminar lo que empiezas

 ¿Cuántas cosas tienes empezadas sin acabar? Por mi parte unas cuantas. Ocupando espacio en mi cabeza, lo inacabado en ocasiones me provoca malestar y no aporta nada.

Puede ser que esté inacabado porque no quiero continuar con ello, no quiero seguir ese camino, ni me merece la pena. Aun así, el esfuerzo hecho, las expectativas que tenía al empezar, no me dejan abandonarlo. Si este es el caso es posible que haya llegado el momento de soltar esas expectativas, dejar ir el esfuerzo realizado, el tiempo invertido, y continuar sin esa carga de lo inacabado. Puedo abandonar cosas a medias si yo quiero, aceptando las consecuencias.

Un tejado a medias no protege mucho de la lluvia. Imagen de Capri23auto. 

Por otra parte, está lo inacabado que me gustaría acabar, que voy posponiendo por distintos motivos, puede ser pereza, porque me disperso con diversos intereses (empiezo mucho más de lo que acabo). En este mundo, con cada vez más estímulos, es cada vez más difícil mantener la atención y la constancia.

Puede ayudar vislumbrar la meta, sentir como será acabar, disfrutar de algún fruto por anticipado. En un viaje los últimos kilómetros parecen más largos. Pero si ante esos kilómetros que parecen largos te paras y nunca los haces, no llegarás a ver ese paisaje que espera, no llegarás a disfrutar de esos frutos, que ya están maduros.

Si paras, pospones el llegar, puede que la fruta, ahora madura, se pase o se pudra. Si después del esfuerzo de plantar, cuidar lo sembrado, no recoges los frutos llegado el momento, puede ser que ya nunca los puedas recoger y tengas que empezar de nuevo.

Algunas veces es el perfeccionismo el que no deja acabar. Todo, siempre, se puede mejorar. La única forma de acabar es decidir que ya es suficiente, aceptar que no todo tiene que ser perfecto. Así, esta breve entrada, aunque corta, puede ser suficiente.


Te invito a un reto este mes de octubre que va a empezar, dedicarlo a acabar pendientes, a cerrar cosas si no las quieres acabar, a aligerar la mochila para andar más ligero y poder incorporar otras cosas, si es lo que quieres.

domingo, 6 de septiembre de 2020

No puedes acabar una tarea a menos que la empieces

 Hay días que soy un maestro de la procrastinación (hacer cosas triviales posponiendo las importantes), de dejar para mañana lo importante, entreteniéndome con mil tareas menores, sin importancia, que me dan la sensación de que hago algo productivo, mientras lo importante, lo que quería hacer sí o sí se queda en el tintero, sin hacer. Nos consolamos diciendo, “al menos estoy haciendo algo”.

El problema se agrava si esté hábito improductivo se alarga: una semana, varias semanas... Puedo ser consciente si me doy cuenta de que lo importante lleva demasiado tiempo sin avanzar.

Mejor no hacer nada que estar ocupado en cosas poco útiles que te despistan

Cuando lo importante no avanza y tiene fecha límite, con el tiempo, se convierte en una crisis. Al ser importante, va a tener consecuencias, y como al ir dejándolo, queda poco tiempo para la fecha límite, el estrés aparece. Si el estrés es moderado y puntual nos puede ayudar a superar esa crisis. Otro problema es cuando las crisis son una constante, el estrés se convierte en crónico, saltando de una crisis a la siguiente.

“Posponiendo lo importante provocamos crisis en nuestra vida cuando se convierte en urgente”

Lo importante puede pasar inadvertido cuando no hay fecha límite, lo podemos posponer de manera infinita. Suelen ser las que nos llevan a resultados muy positivos si las hacemos y que, sin embargo, pasan desapercibidas si no las hacemos. Si pones fecha a lo importante, al menos te darás cuenta de por cuanto tiempo lo vas posponiendo.

Lo importante es lo que tiene consecuencias. Lo que hacemos nos lleva a resultados. Las consecuencias pueden ser muy buenas cuando hago algo con importancia o al hacerlo puedo evitar unas consecuencias negativas.

Dejar para mañana es un hábito, cuanto más vas dejando una cosa más fácil es que la sigas dejando para más adelante. Si procrastinas en algún ámbito de tu vida es más fácil que también lo hagas en otros. Si quieres obtener resultados diferentes tienes que romper el hábito.

“Si lo dejas para mañana un día, es probable que los días vayan pasando uno tras otro”

Puedes ir dejando lo que te desagrada, aun sabiendo que lo tienes que hacer, con lo que la preocupación y el desagrado irán creciendo. Hazlo primero, cuanto antes, y disfruta del resto. Es más fácil hacer lo que nos gusta, aunque las consecuencias no sean las que nos gustan. Inteligencia para ver las consecuencias de nuestros actos.

Otro motivo es encontrar la tarea abrumadora o demasiado difícil, no sabes por dónde empezar. Puedes dividirla en tareas más pequeñas, empezar a hacer y normalmente el camino aparece ante ti. No puedes ver todos los giros hasta que no empieces a andar ¡Cuantas veces lo que parece tan difícil no lo es tanto si nos ponemos a ello!

No puedes acabar una tarea a menos que la empieces

También nos lleva a posponer las cosas el perfeccionismo, que nos paraliza, la indecisión ante la necesidad de acertar, no equivocarnos. Aunque no actuar puede ser un error mayor. Los autores perfeccionistas siempre están revisando el primer capítulo, así que rara vez terminan un libro.

Algunas preguntas que te pueden ayudar a tomar conciencia: ¿Qué suelo procrastinar? ¿Qué estoy posponiendo ahora? ¿Cómo me siento al darme cuenta? ¿Qué causa mi hábito de dejar para más tarde? ¿Cuáles son las consecuencias?

Por otra parte, ver lo que dejas para más adelante, puede hacerte ver que realmente no lo quieres hacer, no te toca (es responsabilidad de otro), no está de acuerdo con tus valores y prefieres aceptar las consecuencias de no hacerlo. En ese caso, es momento de pasar página, dejarlo y dejar de sentirte culpable por no hacerlo.

Dos reglas para conseguir cualquier cosa: primero empieza y después continúa ¿Qué quieres conseguir? Pues es momento de empezar, deja de ponerte excusas.

miércoles, 15 de julio de 2015

Procrastinación, el hábito de posponer

Procrastinar, posponer, diferir, aplazar, todos son términos para definir el hábito de dejar para mañana lo que puedes hacer hoy.

Frente hacer algo que es importante, como cuentan en esta historia de youtube, encontramos miles de cosas que hacer antes de abordar la tarea fundamental. Frente a hacer lo importante nos mantenemos ocupados en cosas menores, de manera que no tengamos la sensación de pérdida de tiempo.

Así al final del día, al hacer la revisión, no sabemos que hemos hecho, no hemos parado en todo el día y no hemos avanzado en lo fundamental. Postergamos para hacer otras cosas más urgentes o placenteras.
En un ejemplo práctico, vemos la siguiente situación:
  1. Tengo que estudiar para el examen que tendré dentro de una semana.
  2. No me apetece demasiado.
  3. Hace un día estupendo para ir a la piscina.

Frente a esta situación puedo dejarme llevar, llamar a un amigo e irme directamente a la piscina (ya estudiaré más tarde, lo que no suele ocurrir) o puedo abordarlo de otro modo, estudiando un par de horas y después ir a la piscina. Seguramente si pongo fuerza de voluntad y opto por la segunda opción acabaré con mejor sensación (he avanzado algo) y disfrutaré más de la piscina.

No hacer, no abordar lo que tenemos-queremos hacer, se puede deber a dos factores fundamentales:
  • Cosas que nos apetecen poco, nos parecen difíciles (nos asustan) o no nos gustan. Si tenemos este problema es útil usar el principio de ¡Cómete ese sapo! abordado en una entrada anterior. La primera media hora del día a tu proyecto prioritario.
  • También se da con más frecuencia los días de calor o los días que estamos cansados. Si este es el caso es fundamental aprender a gestionar nuestra energía.
  • Procrastinar tiene recompensa, nos libera temporalmente de lo que tenemos que hacer, actúa como analgésico contra el estrés que después reaparece con más fuerza. Te recompensa por no enfrentarte a tareas que temes.

En ocasiones no empezamos un trabajo porque tememos que nos va a llevar mucho tiempo o no vamos a saber hacerlo. En el momento que nos ponemos descubrimos que no nos lleva ni dos horas. Muchas veces para descubrir esto nos tenemos que someter al estrés de que el plazo ya está cerca, lo que hace que nos pongamos en marcha. El problema es más grave con las tareas que no tienen plazo, este no llega nunca con lo cual no las abordamos.

Hay a quien le lleva una hora ponerse a hacer trabajo productivo, así que si no tiene al menos hora y media ni se lo plantea. Frente a estas personas están los “traperos del tiempo”, como Gregorio Marañón, que empleaba para escribir todos los recortes de las horas, los minutos sueltos, que sumados hacen un tiempo considerable.

Si tienes este problema te recomiendo el libro de Neil Fiore “Hazlo ahora: supera la procrastinación y saca provecho de tu tiempo” Las tareas que posponemos nos llevan a hacer otras tareas que no nos aportan ni aportan a los de nuestro alrededor como excusa.

¿Qué tareas u objetivos pospones o intentas evitar? ¿Tienes que hacerlo? ¿Quieres hacerlo? ¿Por qué no empiezas? Dedica al menos 5 minutos cada día. Puedes poner la energía en resistirte a hacer algo o ponerla en hacerlo.

Cambia el pensamiento de tengo que hacerlo por el de elijo hacerlo. Decide cuándo, dónde y porque parte del trabajo vas a comenzar. ¿Eliges empezar o escoges aceptar las consecuencias de seguir postergando? Concéntrate en el principio, en empezar, no en el final (sobre todo para tareas largas).

miércoles, 6 de mayo de 2015

¡Tráguese ese sapo!

Tienes una tarea tan larga que no sabes por dónde empezar, algo que vas posponiendo una y otra vez porque no encuentras el momento de ponerte y si encuentras un rato es demasiado corto para avanzar lo suficiente.

La famosa procrastinación, hay tareas que vamos posponiendo una y otra vez. Quizá sea una pista de que no lo tenemos que hacer, que no es necesario o que lo debe de hacer otra persona. Si lo has pospuesto demasiado tiempo pregúntate si es necesario, si no lo es ya lo puedes tachar de la lista de pendientes. En el caso de que sea necesario lo mejor es fijar el momento de empezar y no dejarlo más.

Si la labor es demasiado larga es posible que no la hayamos empezado porque no encontramos un hueco lo suficientemente grande. Siempre ha sido más fácil aparcar motos que camiones, necesitan menos huecos, por eso para una tarea corta siempre hay tiempo y para una larga no encontramos el hueco. Priorizamos no por importancia sino por el tiempo que lleva la tarea, haciendo las cortas por lo menos tachamos cosas de la lista.
Camiones atascados - foto de Emilio García
Cuando tenemos más de un camión circulando, más de una tarea larga pendiente, el tráfico se hace más lento, hasta se puede bloquear. Puede suceder que dos o tres tareas largas nos bloqueen haciéndonos sentir abrumados.

¿Cómo te comerías un elefante? La respuesta es bocado a bocado. Si tenemos una tarea demasiado larga para hacerla de una vez tenemos que dividirla en bocados más pequeños ¿Qué es lo primero que puedes hacer para avanzar? Una vez dividida emplear el truco de solo por cinco minutos para empezar, después es más fácil continuar.

Si estás abrumado con demasiadas cosas y no dispones de tiempo para hacerlas todas es mejor que decidas que vas a dejar de hacer antes de que dejes lo que no quieres. Hay pocas cosas importantes que nos llevan a obtener los resultados que buscamos, emplea el tiempo en lo que pueda marcar una diferencia en tu vida.

Hacer las cosas correctas, no sólo correctamente las cosas. Una de los peores usos del tiempo es hacer muy bien algo que no necesita hacerse.

Es un buen hábito empezar cada día con lo más importante que tengas que hacer, cómo nos recuerda Brian Tracy en su libro ¡Tráguese ese sapo! Resistir a la tentación de empezar con lo más fácil. Y lo llama sapo porque en muchas ocasiones no nos apetece enfrentarnos a él y lo vamos dejando ¡Qué bien nos vamos a sentir cuando lo hayamos terminado!

Hacer el trabajo, no solo los planes. Si planificamos y no hacemos lo planificado conseguiremos minar nuestra autoestima, dejaremos de creer en nosotros mismos. El momento de la verdad, el momento de hacer.

“No hay tiempo para hacerlo todo, pero siempre hay tiempo para hacer lo más importante” ¿Qué es lo más importante para ti? Decide y a por ello.