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miércoles, 2 de septiembre de 2026

Cuando descubres que esto va para largo

Ayer, hablando con una persona que también se había lesionado el codo, me contó que estuvo nueve meses de rehabilitación hasta conseguir que volviese a funcionar prácticamente como antes. Aun así, no ha recuperado completamente la extensión.

¡¡Nueve meses!!

Después se lo comenté a Bea, mi mujer, y me contó que una compañera suya había pasado por algo parecido. No recuerda exactamente si fueron nueve u once meses, pero también fue un proceso largo.

De repente me cambiaron las expectativas.

Hace algo más de tres meses que me caí de la bicicleta y estoy a punto de cumplir dos meses de rehabilitación. En mi cabeza, a estas alturas, esperaba estar bastante mejor. Pensaba que esto sería cuestión de unas semanas, quizá unos pocos meses, y que poco a poco iría recuperando mi vida normal.

Empiezo a entender que probablemente esto va para largo.

Reconozco que descubrirlo me ha dado un pequeño bajón. Porque una cosa es hacer un esfuerzo cuando crees que la meta está cerca y otra bastante diferente descubrir que aquello que pensabas que estaba a la vuelta de la esquina se encuentra unos cuantos kilómetros más adelante.

Las expectativas tienen mucho que ver con cómo vivimos lo que nos ocurre. Si esperas recuperarte en tres meses y pasan tres meses sin conseguirlo, puedes sentir que algo va mal. Si sabes que el proceso puede durar nueve meses, esos mismos tres meses adquieren otro significado. La realidad no ha cambiado, pero sí la forma de mirarla.

Así que toca cambiar de estrategia mental. Esto no es un sprint, es un maratón.

En un maratón no puedes correr pensando permanentemente en cuánto falta para llegar. Hay que concentrarse en el siguiente kilómetro. En mi caso, seguir haciendo los ejercicios por la mañana y por la noche, acudir a rehabilitación, escuchar al cuerpo, celebrar las pequeñas mejoras y aceptar que habrá días mejores y días peores (ayer fue de esos con dolor).

Me gustaría ir más rápido, me gustaría recuperar completamente el brazo cuanto antes, me gustaría dedicar a otras cosas el tiempo que ahora dedico cada día a rehabilitarlo. Pero, de momento, las circunstancias son las que son.

Hay cosas en la vida que simplemente necesitan más tiempo del que pensábamos.

Puedes poner esfuerzo, disciplina, atención y constancia, pero no siempre puedes acelerar los procesos. Ocurre con una rehabilitación, pero también con aprender algo, construir una relación, sacar adelante un proyecto, un hito laboral, cambiar un hábito o atravesar determinados momentos de la vida.

Hay resultados que no dependen de hacer muchísimo durante unos días, sino de hacer un poco durante muchísimo tiempo.

Quizá una parte importante de la paciencia consista precisamente en eso: dejar de exigir al proceso que avance al ritmo que nosotros habíamos imaginado.

Así que toca reajustar expectativas, asumir el pequeño bajón y continuar.

Esta mañana he seguido con mis ejercicios. Pasado mañana también, y al siguiente, lo mismo.

No sé cuánto tardará mi codo en recuperarse, lo que sí sé es lo que me toca hacer hoy.

Cuando descubres que la meta está más lejos de lo que pensabas, no necesitas correr más. Necesitas aprender a seguir caminando.

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lunes, 7 de julio de 2025

Un golpe que despierta

Esta semana he recibido un buen palo. Me cuesta escribir sobre ello: es hacer público lo que vivo como un fracaso. Es contar lo que podría ser como un suspenso en un examen para el que creías estar preparado. Es poner en palabras algo que preferiría silenciar, barrer bajo la alfombra y que pase sin dejar rastro.

Pero esta vez no quiero que pase sin dejar huella. Porque duele. Porque me importa. Y porque a veces, lo que más cuesta decir en voz alta es justo lo que más necesitamos poner en palabras.

Me han denegado el sexenio de investigación. Soy profesor universitario en España, y esta es la evaluación de seis años de actividad investigadora. Un hito que marca el pulso del reconocimiento académico y que, aunque pueda pasar inadvertido desde fuera, pesa. Pesa en el currículum, pesa en las oportunidades, y pesa en la propia mirada hacia uno mismo.

No ha salido. La comisión evaluadora ha dicho que no. Y aunque creo sinceramente que las contribuciones estaban ahí, que se podían haber valorado positivamente, lo cierto es que no ha ocurrido.

No voy a echar balones fuera: he suspendido, no me han suspendido. Asumo la responsabilidad, asumo que puedo hacer algo distinto la próxima vez. Aunque es una decepción, también es una oportunidad para aprender y decidir qué hacer. Cuando asumes, puedes actuar. Cuando te responsabilizas, aunque duela, dejas de ser víctima y vuelves a ser actor. Aunque el escenario no sea el que esperabas.

Ha sido un palo. Un golpe en toda regla. De esos que no solo desaniman, sino que tambalean. Un impacto emocional y profesional. Me pilló desprevenido: esperaba otra cosa. Invertí tiempo, esfuerzo, ilusión… y detrás venía también una expectativa de recompensa. Pero no. No ha sido así

La tristeza y la rabia han estado ahí, y todavía no se han disipado del todo. Pero de la rabia saco energía. La energía del enfado, si no se queda estancada en la queja, puede convertirse en combustible. Una sacudida. Una voz que te dice: despierta. Y eso es lo que ha pasado.

El martes recibí la noticia y desde entonces estoy más enfocado, veo con más claridad, me siento despierto, como si la niebla se hubiera disipado y ahora pudiera ver, aunque no con alegría, sí con nitidez. Este revés ha hecho de espejo, me ha obligado a preguntarme por qué hago lo que hago, a qué le estoy dedicando el tiempo, qué quiero conseguir, qué puedo mejorar, qué quiero cambiar. Ya estaba con esas preguntas en mente y esto me ayuda a ver la respuesta con más claridad.

Esto mismo les ha pasado antes a compañeros que respeto mucho. Académicos brillantes, comprometidos, sólidos y que creo que son mejores investigadores que yo. Por eso me ha sorprendido menos, me sorprendió más en su caso.

Para volver a presentar la solicitud tengo que esperar tres años, y hacer méritos en ese tiempo. Parece mucho, pero tres años pasan volando. Raramente miramos con atención el medio plazo, pero esa es ahora mi hoja de ruta. Mis compañeros siguieron trabajando, y es la única forma de seguir avanzando. Son mis referentes en el camino. Es mucho mejor caminar acompañado.

En ese caminar acompañado, esta semana ha sido especialmente importante contar lo que ha pasado. A veces lo ocultamos por vergüenza, por no querer mostrar vulnerabilidad, por miedo a que nos miren distinto. Pero cuando me atreví a compartir la noticia con algunos compañeros, amigos y familiares, me encontré con algo que no esperaba: ánimo sincero, reconocimiento, comprensión y afecto. Me han recordado quién soy más allá de una evaluación. Me han ayudado a relativizar sin restar importancia. Y, sobre todo, me han hecho sentir que no estoy solo.

Conversaciones breves o largas, mensajes inesperados, abrazos literales o simbólicos… todo eso me ha sostenido más de lo que creía. A veces uno no necesita grandes discursos, solo sentir que hay alguien al otro lado, alguien que te ve, que te escucha y que confía en ti incluso cuando tú mismo tambaleas un poco. Por eso lo agradezco profundamente. Porque en este camino, contar con otros no solo aligera el peso, sino que te devuelve el paso firme. Algunos me preguntaron “¿Qué vas a hacer?”.

Voy a volver y no por revancha. Voy a volver mejor preparado, con más claridad, con más profundidad. No para agradar a ninguna comisión, sino para honrar mi compromiso con la universidad, con el conocimiento, con lo que verdaderamente me apasiona. Eso es lo que importa. El sexenio es una consecuencia, no un fin.

Para poder avanzar con foco estoy soltando cosas. Coincide con que dejo la dirección de departamento. Ha sido un trabajo importante, del que me siento satisfecho y cierro con tranquilidad. Soltar ahora es un regalo, porque necesito reenfocar, dedicarme a la investigación, regresar a cosas que disfruto y con las que aporto, con tiempo y energía. Además, ayuda a marcar una transición, un cambio en mi dedicación.

Hay derrotas que no destruyen, sino que despiertan. Hay rechazos que nos invitan a ajustar el rumbo, a madurar el deseo, a afinar la mirada. Este ha sido uno. Me lo quedo así.

Esta entrada es una declaración de intenciones. No para hacer ruido. No para buscar consuelo. Sino para recordarme a mí mismo, y quizá a quien esté en una situación parecida, que el golpe no es el final. Que también puede ser el inicio de algo mejor.

Esto también va por los chavales que han recibido más suspensos de los que esperaban, para quienes no han sacado las pruebas de acceso a la Universidad como querían. En el fondo vale para todos, porque sin duda, la vida viene con decepciones ocasionales.

La ley de la cosecha dice: “El que siembra, recoge”; pero el que es agricultor no olvida el corolario “Pero no siempre”. A pesar del trabajo hecho, a pesar de cuidar el campo, hay veces que un granizo estropea la cosecha cuando estás a punto de recogerla, cuando ya estás ilusionado por los frutos que ya ves. Pues hay que volver a sembrar, porque lo que está claro es que el que no siembra, no recoge.

En mi caso, volveré a ver esa cosecha a punto de ser recogida en tres años. Pero ya desde ahora:

¡A por ello!


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domingo, 7 de julio de 2024

10 años escribiendo sobre “Vivir tu tiempo”

El blog “Vivir tu tiempo” cumple 10 años. Comenzó con una entrada el 4 de julio de 2014, con un Empezar - ¿Para qué? Para reflexionar sobre la gestión del tiempo, de la vida. El tiempo es vida; si dices “No tengo tiempo” estás diciendo “No tengo vida”.

En diez años han pasado muchas cosas. Leyre, mi hija mayor ya tiene 19 años, cuando empecé tenía solo 9 años. El cambio es evidente. Como también el cambio en Sofía que ahora tiene 15 y Juan que cuenta con 12. A esas edades, 10 años es mucho tiempo, también un verano es muy largo. Con más años parece, el tiempo corre más, nos queda menos.

En 10 años el blog cuenta con 273 entradas (27 por año), lleva un rato leerlas. Una entrada cada dos semanas. Durante este tiempo he invitado a vivir una vida más consciente y equilibrada, de forma más plena y satisfactoria. Escribir me ha ayudado a reflexionar, espero que si lo has leído te haya servido a ti también.

Mantener la actividad durante 10 años no es fácil. Implica perseverancia, constancia, motivación.

Difícil resumir todo lo que ha pasado en 10 años, da tiempo a mucho. Relacionado con el blog, me ha dado tiempo a hacer el grado de Psicología y me he formado como terapeuta Gestalt. También a dirigir una Tesis Doctoral sobre uso del tiempo de los adolescentes y el efecto de las nuevas tecnologías. Seguro que si repasas también has hecho mucho y te han pasado muchas cosas en los últimos 10 años.

Todos hemos superado la pandemia de Covid-19, no hace tanto. A la vez hemos olvidado parte de las lecciones que aprendimos, los años pasan y olvidamos rápido.

¿Qué vendrá los próximos 10 años? Podemos soñar despiertos, imaginar, pensar lo que podemos/queremos hacer. Primero creamos en el pensamiento para después pasar a la acción. Imaginar los próximos 10 años me ayuda a la acción a largo plazo.

Una buena vida para cada uno es distinta, las elecciones de como usar el tiempo serán distintas. Espero que estos 10 años de entradas en el blog te hayan servido para escoger mejor como vivir, como gestionar tu tiempo. Siempre puedes repasar alguna de las 273 entradas.

Si quieres que te acompañe a imaginar posibilidades, desde donde estás, puedes escribirme en Linkedin.

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domingo, 16 de agosto de 2020

Una escala de grises entre el blanco y el negro. Entre veleta y perseverante

Esta semana, como el año pasado, tenía previsto hacer varias etapas del Camino de Santiago, entre Logroño y Burgos, con mi hija Sofía. El objetivo de la semana claro, alcanzable, dividido en etapas diarias, ya solo quedaba caminar.

Comenzamos ilusionados en Logroño, camino de Navarrete y Nájera, disfrutando del camino, la compañía y el paisaje. En la etapa entre Nájera y Santo Domingo de la Calzada, en Azofra, a los 5 km de salir, un mal tropiezo y tobillo resentido. Eran las 9:05, aplicar hielo y esperar a las 9:30 que abría la farmacia para hacer un vendaje, confiando en poder proseguir, cumplir con el plan.

vendaje para poder continuar
Vendaje para poder continuar

Creo en la importancia de la perseverancia y la constancia para llegar a la meta. Qué las dificultades siempre aparecen y que la voluntad vence muchas barreras. Así que decidí continuar, a pesar de la sensatez de mi hija de 11 años diciendo que lo podíamos dejar para otra ocasión. El abandono, en contraposición a las ganas de llegar, no cabía en mi cabeza.

Desde el punto de vista positivo se puede decir constante, perseverante, tenaz. Lo mismo que decir cabezota, testarudo, obstinado, terco, tozudo; que no suena tan positivo. Al fin y al cabo, depende de cómo se mire.

Empeñado en seguir, hicimos la etapa, con bastantes molestias, llegando 15 kilómetros más adelante a Santo Domingo de la Calzada. Todavía confiaba en seguir al día siguiente, pero 45 minutos de parada me hicieron ver que no era adecuado.

La reflexión que me hago tiene que ver con lo que en psicología se conoce como el sesgo de la inversión hecha. Cuando ya has invertido tiempo, esfuerzo, dinero, en algo, sea proyecto, estudios u otras cosas, aunque todo indique que sería mejor dejarlo, hay un sesgo que favorece la opción de seguir adelante, en caso contrario sería reconocer la pérdida de lo invertido, reconocer la equivocación, renunciar. Esto me impulsaba a continuar, a llegar hasta Burgos.

Es difícil decidir cuándo es suficiente, cuándo no merece la pena continuar. No es cierta la frase “si quieres puedes”. Y, a veces, aunque puedas, no merece la pena continuar. Casi seguro que aunque a rastras hubiese llegado.

En mi entorno tiene muy mala prensa la inconstancia, lo inconsecuente, ser cambiante, variable o veleta. Es muy importante perseverar, cumplir objetivos. Sin duda sigo pensando en su importancia, fundamental para lograr determinados objetivos. En mi caso tengo que aprender que a veces no merece la pena, que se puede abandonar, al menos temporalmente.

Entre dos extremos hay una gran escala de grises. Entre el perseverante-cabezota y el veleta hay muchos grados. Finalmente abandonamos el camino en Santo Domingo de la Calzada, lo continuaremos en mejor ocasión.

La planificación se hace cuando se dan unas condiciones, y cuando las condiciones cambian, lo sensato es cambiar el plan. Lo contrario es cabezonería, aunque lo vendamos como perseverancia.

jueves, 22 de octubre de 2015

Seguir intentándolo suele tener el premio de conseguirlo

Los obstáculos están para distinguir el que realmente quiere algo del que no quiere (oído de Francisco Alcaide). Un niño se cae de media 4.000 veces antes de aprender a andar y creo que la gran mayoría aprendemos a andar, será que no nos lo pensamos demasiado y lo seguimos intentando.

Nacemos con la cualidad de la perseverancia, con la capacidad de aprender cosas nuevas y avanzar. Con tres o cuatro años (algunos incluso con dos) aprendemos a andar en bici sin ruedines. Puede que lo consigamos más tarde si no lo intentamos lo suficiente o si nos asustamos por alguna mala caída.
Aprendiendo a andar en bici - foto de Mariana Sapriza
Si tenemos muchas ganas aprendemos antes a leer. Mi hermana, un año menor que yo, aprendió a leer el periódico cuando yo ni siquiera era capaz de leer la cartilla, seguro que tenía más interés. Ya era suficientemente mayor cuando decidí que merecía la pena aprender a leer, todavía recuerdo el momento, en el camping de veraneo. Una vez decidida la meta comienzas a andar y el llegar es cuestión de tiempo.

En el colegio estudiábamos que el espacio recorrido es igual a velocidad por tiempo (s = v x t), lo que quiere decir que si vamos avanzando, velocidad positiva, con tiempo, siempre llegamos a cubrir cualquier distancia, es cuestión de perseverar. Como la tortuga del cuento en la carrera con la liebre.

Decía Henry Ford que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estás en lo cierto. Si crees que finalmente conseguirás andar seguirás intentándolo hasta conseguirlo. Si crees que conseguirás acabar la carrera se convertirá en realidad si sigues poniendo de tu parte. No vale sólo con creer hay que hacer para que los sueños se conviertan en realidad.

Edison antes de encontrar la solución que hizo funcionar la bombilla lo intento más de 1.000 veces y cuando un colaborador le pregunto si no se desanimaba a continuar le contesto que ya sabía unas cuantas formas que no funcionaban, ¡ya estaba más cerca de conseguirlo!

¿Eres de los que ven las cosas que pasan, explican lo que ha pasado o de los que hacen que las cosas sucedan?

Si mantienes la ilusión , si crees y te esfuerzas verás nuevas oportunidades, encontrarás amigos que te ayuden, como el niño de este vídeo encuentra ayuda cuando decide quitar un árbol del camino.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Las oposiciones, una carrera de fondo

Las oposiciones son una carrera de fondo en la que no siempre se ve el final, las fechas no están siempre determinadas y van pasando los meses e incluso los años sin que aparezca la convocatoria.

Cuando la convocatoria se anuncia próxima o ya se plantean las fechas para las pruebas, todo el mundo se pone a correr. El que haya empezado a andar antes tendrá algo de ventaja.

Estamos en tiempo de oposiciones, muchos años con plazas congeladas y quizá las elecciones próximas animan a consolidar puestos de trabajo. Me tocan cerca las oposiciones de enfermería, así que este post va dedicado a las enfermeras y enfermeros, especialmente a quién me ha pedido que escriba un post sobre el tema.

Lo primero es conseguir buenos materiales para estudiar, tener claro el temario, aprender de los que ya han pasado por las oposiciones y ordenar el material. En muchos casos merece la pena invertir en comprar el material y apuntarse a unas clases que nos ayudan a mantener el ritmo.

Buscar el entorno de estudio adecuado, en casa preparar una buena mesa, con una silla adecuada y buena iluminación. Un atril puede prevenir dolores de espalda. Puedes establecer más de un sitio para satisfacer la necesidad de cambio, en ocasiones espacio compartido en una biblioteca donde sientes que no eres el único que está estudiando.

Planifica lo que vas a estudiar en los próximos meses, marcando donde tienes que haber llegado cada semana. Revisa semanalmente si cumples con los objetivos, tanto de avance en la materia como de horas previstas de estudio.

Para empezar coger ritmo de estudio diario, 6 días a la semana puede ser adecuado para descansar uno. Igual que si llevas tiempo sin correr al principio puede costar correr 7 minutos en poco tiempo podrás ir aumentando. Para ir entrenando la concentración puede venir bien la técnica Pomodoro explicada en un post anterior.

La clave suele ser la disciplina, también conocida como constancia o perseverancia. Las dificultades están ahí para distinguir a los que dicen que quieren de los que realmente quieren ¿Realmente quieres sacar la oposición? No te engañes y no te pongas excusas, cada día planificado hay que cumplirlo. Si pones la excusa “por un día no pasa nada” volverás a caer más días y se puede convertir en rutina el no cumplir contigo. Si algún día no te apetece ponerte emplea el truco de los cinco minutos, lo que suele costar más es empezar.

“La constancia es la madre del éxito”

Encuentra tu ritmo: Un buen ritmo puede ser 45 minutos de estudio y 10 de descanso durante 3 horas y media (sacas tres horas de estudio), un par de horas de descanso y repetir el proceso.

Estabilidad: estudiar a las mismas horas y a las mismas horas todos los días, coger una rutina-hábito de estudio hace más fácil avanzar. Esto es difícil para las enfermeras que trabajan a turnos y cada día es único. La recomendación es estabilidad según el turno, planificar las horas de estudio como parte del turno, además de planificar el descanso en el ciclo.

En el siguiente gráfico planteo un ejemplo de cómo ajustar el estudio para un turno de los llamados “anti-estrés”: dos mañanas, dos tardes, dos noches, salida de noche y tres días libres. Cada quién deberá ajustar el estudio a su turno de trabajo.
Ejemplo ajuste horas de estudio para oposición y trabajo a turnos
Busca un grupo de apoyo, más gente en tu misma situación, que te entienda y que tenga el mismo ritmo y tiempo que tú. Te ayudarán en los momentos duros, que los habrá.

Descansa adecuadamente, duerme lo suficiente, no te olvides de hacer ejercicio. Y simplifica tu vida, seguro que hay muchas cosas que pueden esperar, aunque no aparques las importantes. Puedes planificar un día de descanso en el ciclo y plantearlo como un premio si has cumplido el resto de los días.

Revisa si vas avanzando según lo previsto. Si no cumples lo planificado o las horas de estudio no cunden pregúntate porque para poder poner solución. Si cumples date algún pequeño premio, gominolas o chocolate puede ser suficiente.

Cree que puedes. Estudia para sacar la oposición, si no crees en ti el mundo no va a creer en ti. Si no crees que puedes aprobar no estudiarás con el mismo espíritu. Decía Henry Ford “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estás en lo cierto”. Esta máxima se cumple en todos los ámbitos de la vida.

Un extra si tienes hijos, el más difícil todavía, buscar el apoyo de la pareja, demás familia y próximos. Los hijos también son una carrera de fondo y no vale con ir dando esprines, probablemente sacar la oposición adelante es algo bueno para ellos y para la pareja, ahí puedes encontrar motivación.


El trabajo constante se irá acumulando como los granos de arena de la playa y habrás hecho lo posible para el gran o fatídico día, suerte y disfruta por el camino. Aunque no se de bien siempre te quedará lo aprendido y tendrás un trecho avanzado para la próxima ocasión, aunque nunca se sabe cuándo pasará el próximo tren.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Ley de la cosecha

En un par de generaciones hemos perdido gran parte de nuestra conexión con la naturaleza. Mis abuelos eran agricultores, estaban conectados con la tierra y entendían bien las leyes naturales, la vida les iba en ello.

Una de esas leyes universales es la ley de la cosecha, hay que sembrar para poder recoger. Además no es automático, no vale solo con sembrar, existe todo un proceso. Este proceso va en contra de la cultura del pelotazo, hay que dar tiempo para que la semilla crezca y poder recoger los frutos.

Cada fruto tiene su periodo de crecimiento y maduración, una cosa es sembrar trigo y otra distinta es plantar un cerezo. En un caso nos puede permitir recoger en un periodo más corto y en otro en un plazo más largo, también durante más tiempo.
Cosecha de quinoa - foto de Mariano Mantel
Antes de nada hay que preparar la tierra, como hace el caballero con suerte que consigue el trébol de cuatro hojas en el libro “La buena suerte” de Alex Rovira y Fernando Trías de Bes. Buscar la tierra adecuada, prepararla para cuando llegue la semilla.

Una vez preparada la tierra y en el momento adecuado toca sembrar y sembraremos según lo que queramos recoger, si quieres recoger tomates no sembrarás patatas.

Cada semilla, cada planta, necesita sus cuidados, regar lo necesario, quitar las malas hierbas. Según lo que sembremos y lo que queramos recoger habrá momentos en los que tengamos que tener mayor dedicación y emplearnos con disciplina, no vale con regar hoy para todo el mes, hay que ir de forma progresiva.

Y tenemos que estar atentos para recoger en el momento oportuno, cuando la semilla ha madurado. La cosecha también puede suponer dedicación, disciplina y esfuerzo.

Quien convive con agricultores sabe que no siempre que se hace el trabajo se recoge, no siempre que se siembra y se pone empeño la cosecha es buena, dependemos de fenómenos que no controlamos, como que haga calor o frío, de que hiele en el momento menos oportuno.

A pesar de estas componentes menos controlables es casi seguro que si no siembras no recogerás y que sembrando incrementas tus posibilidades de recoger, tanto o más cuanto mejor conozcas el proceso de lo que siembras y cuanta mayor disciplina apliques.

Para conocer cómo sembrar y llegar a una buena cosecha lo mejor es preguntar a los que ya lo han hecho. Vamos pasando nuestros conocimientos de una generación a la siguiente, lo que nos ha permitido ir aprendiendo cada vez más, apoyándonos en los que vinieron antes que nosotros. Aprovecha este conocimiento que ya está ahí.

Somos responsables de lo que recogemos, si no te gusta lo que recoges mira a ver qué es lo que has sembrado (y cómo has cuidado lo que has sembrado). Sirve para resultados académicos, en las relaciones con los demás, en el trabajo que tienes y en todos los aspectos donde busques un resultado. Somos responsables de nuestra vida y dependiendo de lo que siembres hoy recogerás mañana.


¿Qué es lo que estás recogiendo? ¿Qué quieres recoger? ¿Cuál es el proceso? Paciencia, que la semilla crezca lleva tiempo, y disciplina, no todos los días apetecerá ir a cuidar la tierra ¿Qué vas a sembrar y recoger?

El periodo de crecimiento puede ser largo y en algunos casos puede parecer que no está sucediendo nada. La naturaleza tiene sus reglas y son reglas a respetar.