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domingo, 21 de febrero de 2021

Tantas cosas pendientes que no hago nada

 Tantas cosas pendientes, tantas posibilidades, que no hago nada. Estamos rodeados de opciones, tanto en el entorno personal como en el profesional.

La lista de tareas no es una lista cerrada, a pesar de tener muchas pendientes siguen entrando tareas nuevas. Algunas llegan para quedarse, al ser tareas repetitivas. Otras se quedan aparcadas y si no podemos fechas ya ni nos acordamos desde cuando están ahí. Las tareas se van acumulando.

Hay momentos en que las tareas son tantas, algunas tan importantes, que nos sentimos abrumados. Sin saber muy bien por dónde empezar, vamos saltando de una tarea a otra, sin avanzar realmente en ninguna.

Dibujo de Leyre Fontaneda. El estrés que paraliza.

Es el problema de la multitarea, el tiempo se nos escapa cambiando de una actividad a otra. Los tiempos muertos se alargan. Podemos acabar el día con la sensación de no haber parado y a la vez no haber hecho nada.

Quizá es momento de parar, repasar la lista y decidir, elegir. No es cierto el dicho de que “el que quiere puede”, la realidad es que no podemos hacerlo todo. Por intentar hacerlo todo podemos no acabar nada.

Las actividades pendientes son posibilidades, que podemos vivir como obligaciones, cosas del lenguaje. Es claro que tenemos que sufrir y aceptar las consecuencias de lo que no hacemos, quizá algo que vivimos como una obligación. Y también podemos disfrutar y aceptar las consecuencias de lo que si hacemos. Mejor si escogemos qué vamos a hacer y qué no.

Si la lista te abruma, si es demasiado larga, para y decide. Asume la responsabilidad de tus decisiones. Quizá tienes que hablar con tu jefe, si es que tienes demasiadas tareas laborales. Quizá tienes que hablar con tu pareja o con quien convives, si cargas demasiado en casa. Si no puedes hacerlo todo, es en interés de todos el hacer una buena elección.

O quizá sientes qué sí puedes hacerlo todo y que eso tendrá consecuencias tanto positivas, por el esfuerzo realizado, como negativas, por el desgaste sufrido. Tú decides cuanta carga quieres llevar y cuanto desgaste quieres acumular.

Mi experiencia me dice que cuando estás abrumado es buen momento para parar y mirar. Solo el que mira puede ver con más detalle y más lejos.

Reserva y protege tiempo para lo importante, para las actividades y personas importantes, lo demás irá encontrando su lugar.

Para lo suficiente para decidir y continuar, evitando quedar atrapado en demasiadas cavilaciones, escapando de la parálisis por el análisis. Si sabes escucharte, muchas veces tu cuerpo sabe que es lo que quieres y te conviene.

En cualquier caso, es la aventura de la vida ir eligiendo qué camino tomar entre los muchos que se nos presentan. El camino a tomar dependerá de hacía dónde quieras ir y cuanto podrás disfrutar del paseo, el equilibrio entre la meta y el proceso.

domingo, 12 de julio de 2020

Escoger los objetivos y las batallas a luchar


Desde el final del confinamiento los compromisos se multiplican. Es algo típico de nuestra época, la multitud de opciones, las infinitas posibilidades. Muchos me han hablado de la tranquilidad de tener menos alternativas, con una elección más sencilla, mientras hemos pasado más tiempo en casa.

Con un aumento de nuestros proyectos, de ocio o trabajo, es posible pasarse todo el día haciendo, saltando de una cosa a otra, sin acabar ninguna, preguntándose al final del día ¿qué he hecho hoy? No he parado y estoy agotado. Si hago balance resulta que no siento que avance.

Despistado en demasiados pozos sin avanzar en lo importante - Dibujo de Sofía Fontaneda

Despistado entre tantas cosas llevo sin avanzar en lo importante dos semanas, perdido entre tareas menores, compromisos, socialización, etc. Quizá me hacía falta dispersarme un poco, perder el foco, para después volver con más energía.

No es cuestión de sentirse culpable y castigarse, sino darse cuenta y recentrarse, volver al camino que lleva al objetivo, después de haber explorado una zona.

En ocasiones, menos, es más, empezando menos cosas conseguimos acabar más. Y es que no cuenta lo que empiezas, cuentalo que acabas. Inmersos en demasiados proyectos nos perdemos, sin un foco claro, desperdiciamos el tiempo saltando de un objetivo a otro.

Ya lo dice el refrán, “el que mucho abarca poco aprieta”. Como no podemos hacerlo todo, la única salida es elegir que sí vamos a hacer. Esto debe venir acompañado de lo que dejamos para más adelante, o lo que directamente no vamos a hacer.

Si todo es importante resulta que nada es importante. La importancia resulta de comparar. Supone priorizar, poner primero, poner por delante ¿Qué es lo prioritario? ¿Si solo pudiese hacer una cosa que haría?

La multitarea, hacer varias cosas a la vez, es una quimera. Solo podemos simultanear tareas sencillas, que no requieran mucha concentración o que tengamos automatizadas. El cerebro funciona de forma secuencial, así que si simultaneamos tareas lo único que hacemos es trabajar cambiando muy rápido de una a otra y vuelta a empezar.

De forma que realmente solo hacemos una cosa en cada momento. Siendo así lo más sensato parece escoger una sola cosa y concentrarnos en ella.

Te propongo que al empezar cada día escojas una sola cosa, la que consideres más importante para el día y te centres en ella hasta darte por satisfecho. Después puedes pasar a otra.

La importancia la marcas tú. Lo más importante puede ser, si estás bloqueado en el trabajo, dedicarte a descansar. La inspiración puede venir en momentos de descanso. O cargar las pilas permite que mañana empieces con mayor energía.

Hoy he dado prioridad a escribir esta entrada del blog y puedo sentirme satisfecho de que está terminada. Puedo dar paso a la siguiente prioridad, disfrutar de la naturaleza en plenitud, equilibrar esfuerzo y disfrute.

miércoles, 23 de octubre de 2019

No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas

Te ha pasado alguna vez que te has pasado toda una mañana haciendo sin parar, a toda velocidad, y al acabar te da la sensación de que no has hecho nada, aunque no has parado de hacer, cambiando de una cosa a otra y dejando un montón de cosas a medias.

Cuantas veces no encontramos el tiempo suficiente porque tenemos demasiadas cosas que hacer y al final no acabamos nada, que es lo mismo que decir que no hacemos nada.

Y al ir cambiando de actividad, siempre haciendo, nos agotamos. Es cómo empezar un pozo, para encontrar agua, sabiendo que el agua está a tres metros, y antes de llegar al segundo metro estamos cavando otro, con un propósito parecido y así vamos saltando de un pozo a otro, todo el día cavando, sin encontrar agua, porque no hemos cavado los tres metros en ninguno de los pozos empezados.

Cavando pozos sin parar y sin acabar ninguno - dibujo de Sofía Fontaneda

Tenemos la conciencia tranquila, porque hemos trabajado, hemos estado haciendo, en la cultura del hacer, estamos de acuerdo con lo que se nos demanda, no estar parados. Cuanto mejor si de vez en cuando nos parásemos a pensar: “¿para qué estoy haciendo esto?” o “¿Por qué es importante acabarlo?”

Se habla de la multitarea, de hacer varias cosas a la vez, simultáneamente. Aunque podemos pensar que es más efectivo, en muchos casos disminuyen nuestros resultados o estos desaparecen. Es como estar escuchando a alguien (nuestra pareja, hijos, una compañera de trabajo) y a la vez estar con el móvil. Esta es la multitarea simultánea, aunque realmente es secuencial, porque lo que nuestro cerebro hace es ir cambiando de tarea muy rápidamente.

También está la multitarea secuencial, donde dedicamos tres minutos a algo y pasamos a dedicar otros tres minutos a otra cosa, sin acabar. Empezamos por arreglar un enchufe mientras hacemos las lentejas y dejamos el enchufe a medias porque tenemos que ir a comprar algo, al volver ya nos faltan cosas para continuar.

Esta es una de las enfermedades del mundo moderno, con tantos estímulos que llaman nuestra atención que somos incapaces de mantenernos enfocados en un objetivo. Como puede ser acabar de cavar el pozo y encontrar agua. Seguramente no tenemos la sed suficiente para mantenernos constantes en la tarea.

Además, ser conscientes de que queremos avanzar en algo, que queremos acabarlo y sentir la satisfacción  de su finalización, nos puede ayudar a rechazar interrupciones: tanto las que nos vienen de fuera, como alguien que quiere tomar un café, el correo electrónico que pita o la consola que nos llama para echar una partida solo 15 minutos (que después se convierten en tres horas o las que nos vienen de dentro, cuando sentimos la urgencia de saltar a otra cosa, quizá porque esto nos está costando.

Te preguntaría ¿Cuántos pozos tienes empezados? ¿Cuáles quieres acabar? Pues escoge cuál es el más importante y a por él, hasta encontrar el agua, hasta acabar, porque

No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas

Y hoy escribo esto porque me siento con un montón de pozos abiertos, empezados, donde me puedo meter a cavar, y quiero escoger cuál es el pozo que quiero acabar primero. Quiero dejar de sentir ese ¡TODO A MEDIAS! Por lo menos he acabado esta entrada J.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Orden + contraorden = desorden

Cuándo no se tiene clara la dirección, cualquier dirección es buena y corremos el riesgo de cambiar de dirección demasiado a menudo y acabar dando vueltas en círculo, moviéndonos muy rápido para no ir a ninguna parte, haciendo mucho para no hacer nada.

La falta de claridad en los objetivos en una organización lleva a que el jefe de una orden para que pasado un rato de la orden contraria, con lo que finalmente la organización no sabe a qué atenerse y qué debe hacer. Una orden seguida de una contraorden provoca desorden y ningún avance.
Cuándo es uno mismo el que no tiene claros los objetivos va dando tumbos, a veces va muy rápido a ninguna parte y acaba muy cansado. Lo ilustra claramente una historia que encontré en Internet, de autor desconocido, sobre el síndrome D.A.D.E. (Deficit de Atención Debido a la Edad):

Decido lavar mi coche, cuando voy hacia el garaje, veo que hay correo en la mesa de entrada, decido revisarlo antes de lavar el coche. Dejo las llaves del coche sobre la mesa, echo a la papelera, todo el correo publicitario y veo que la papelera está llena. Decido entonces dejar las facturas sobre la mesa y vaciar primero la papelera. Pero, entonces pienso que como voy a pasar junto al buzón de correos, cuando saque a la basura la papelera, puedo primero preparar el pago de las facturas. Preparo mi talonario sobre la mesa, pero veo que no me queda más que un cheque. Mi otro talonario está en mi despacho. Voy allí y encuentro sobre la mesa la lata de Coca que había empezado a beber. Voy a buscar mi talonario, pero, antes de nada, es necesario que quite de ahí esta Coca, antes de que se caiga accidentalmente. Veo que está templada, por lo que decido meterla en el frigorífico para enfriarla. Me dirijo a la cocina con la Coca. El florero sobre la encimera me llama la atención: ¡Las flores necesitan agua! Dejo la Coca en la encimera y encuentro mis gafas para leer (que buscaba desde esta mañana). Pienso que es mejor llevarlas a mi despacho, pero antes voy a poner agua a las flores. Dejo las gafas en la encimera, lleno una jarra con agua y, de repente, veo el mando a distancia de la TV. Alguien lo ha dejado en la cocina. Pienso que, esta noche, para ver la tele, lo voy a buscar por todos los sitios y no me acordaré que está en la cocina. Decido entonces llevarlo al salón, que es su sitio, pero antes voy a añadir agua al florero. Echo agua al florero pero vierto la mayor parte al suelo. Entonces, pongo el mando en la mesa y voy a buscar un trapo para limpiar el estropicio. A continuación vuelvo a la puerta, tratando de acordarme de qué quería hacer.

Al final del día: el coche no está lavado, las facturas no están pagadas, hay una coca-cola templada en la encimera de la cocina, las flores no tienen agua suficiente, no tengo mi nuevo talonario, no encuentro el mando a distancia de la tele, no sé dónde están mis gafas y no consigo acordarme de qué he hecho con las llaves del coche. No comprendo nada, pues no he parado en todo el día y estoy completamente reventado.

Historia que de una manera u otra nos puede resultar familiar algunos días poco productivos, en casa o en el trabajo, donde al final de la jornada no recordamos que es lo que hemos hecho.

Creo que no es un problema de memoria, es un problema de atención a lo que hacemos, que se solucionaría teniendo claro que queremos hacer  y poniendo el foco en ello, sin dejarnos llevar por la multitarea o el cambio de actividad sin rumbo.

Por eso te aconsejo que elijas que hacer y te centres en ello, si es que quieres acabarlo, resistiendo a los numerosos estímulos que se nos presentan por el camino para pasar a otra actividad. Sin interrupciones acabarás antes.

Te dejo este enlace a un artículo dónde en 2010 ya hablábamos del DADE y otros aspectos de la gestión del tiempo: “El tiempo, un recurso escaso

viernes, 19 de junio de 2015

El mundo de la prisa - ¡FRENA!

Esta semana anda circulando por internet un vídeo de José Mota y la agenda matrimonial que me ha llegado desde distintas procedencias, lo que muestra lo bien que ha captado el día a día de muchos matrimonios llevado hasta el extremo (¿o no tan extremo?).


Tenemos tantas actividades, tanto nosotros como los niños, que vamos corriendo de un lado a otro, sin poder saborear, apreciar, darnos cuenta, integrar, lo mucho que vamos haciendo. Iba a decir viviendo pero para vivirlo nos tenemos que dar tiempo.

Entramos en multi-actividad y esta nos lleva a la prisa ¡venga! ¡vamos que no llegamos! No encontramos el tiempo para tener una conversación tranquila, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con un amigo, con el compañero de trabajo.

“Vamos tan deprisa que no tenemos tiempo de saber dónde vamos y si nos paramos a pensarlo un automatismo mental nos hace salir corriendo de nuevo”

Tanta actividad porque se nos olvida decir “NO”, no solo a las cosas que no nos gustan (qué es lo fácil), también hay que decírselo a algunas que nos apetecen para centrarnos y poner foco en lo importante o lo que realmente disfrutamos.

Estamos en no cerrarnos puertas, dejarlas todas abiertas. En los niños significa apuntarlos a inglés, música, baile, matemáticas, francés y hasta a yoga para que se relajen de tanta actividad. Qué tal dejarles que se aburran y que usen la imaginación, tan importante y que si no se usa se atrofia.

¿Qué pasaría si, por no cerrarnos puertas, en lugar de centrarnos en una chica que nos gusta nos centramos en cinco? Otra opción es quemar los barcos, que no haya vuelta atrás, lo que nos obligará a centrarnos.

Aplica aunque no tengamos niños, con tantos estímulos encontramos muchas cosas que nos gustan, nos apuntamos y al final no vamos, y si vamos no estamos porque ya pensamos en lo siguiente.
El conejo de Alicia en el País de las Maravillas (siempre con prisa)
Regálate un minuto, frena, párate, sólo un minuto, seguro que te lo puedes permitir y decide si merece la pena seguir con lo que estás haciendo, si sientes que es así, adelante, entrégate a ello, vívelo.


Hacer menos para acabar más, disfrutar más, estar presentes, comunicarnos con los que nos rodean, vivir tu tiempo y ser más feliz.

sábado, 25 de abril de 2015

Concentración - Pomodoro

Una de las características de esta época es la falta de concentración, la ausencia del presente, del aquí y ahora. Hay quien tiende más al pasado, a un pasado que recuerda como mejor o a un pasado que recuerda negativamente y que siente le condiciona el presente. Otros tienden más al futuro, a ensoñar, a planificar, a esperar que algo cambie sin hacer nada. Algunos optan por estar en el presente.

Lo único que vivimos es el momento presente y desde este presente construimos nuestro futuro, que depende de nosotros en gran medida, aunque las circunstancias influyen, lo determinante es que hacemos con nuestras circunstancias.

A esta falta de presencia, de concentración, podemos añadir la falta de constancia, el ir cambiando rápidamente de una cosa a otra, la multitarea, saltando de un lugar a otro sin acabar nada.

Recibimos multitud de estímulos que tratan de captar nuestra atención, tenemos múltiples opciones disponibles, para trabajar o para entretenernos. Tenemos tanto que podemos-queremos hacer que en ocasiones nos perdemos por el camino de un sitio a otro sin acabar nada.

Tengo costumbre de ir a las bibliotecas y observar, ver cada cuanto tiempo los que están por ahí se desconcentran, miran el móvil, salen a dar una vuelta, charlan con el de al lado, se entretienen de distintas maneras. Esto pasa entre los jóvenes y no tan jóvenes.

También podemos parar en cualquier cafetería y observar en las conversaciones quién está allí y cuánto tiempo está ahí. Cada cuánto miran al móvil, se les ve perdidos en sus pensamientos. Tan poco habitual es estar con alguien que escuche empáticamente, que se le perciba contigo, que hasta llama la atención.

Y el estar presente es un hábito, y cómo todo hábito se puede entrenar, igual que podemos llevar muchos años entrenando el hábito de no estar presentes, tomando la costumbre de ir a otro lado porque enseguida nos aburrimos, probemos a establecer el hábito de estar presentes. La técnica pomodoro nos puede ayudar.

Francesco Cirillo observo la falta de concentración cuando era estudiatne en las bibliotecas y en sí mismo y se preguntó durante cuánto tiempo podía estar concentrado en algo ¿Cuánto tiempo podría estudiar seguido sin descentrarse?
Pomodoro Technique - foto de Jussi Linkola
Francesco estimo que 25 minutos estarían bien y esto es lo que viene a llamarse “pomodoro”, que es tomate en italiano, recordando los relojes de cocina que nos avisan de cuando el tiempo de cocción ha transcurrido. En este caso debes poner un reloj de cuenta atrás al empezar con la actividad y en cualquier momento te estará indicando cuanto te queda para completar los 25 minutos.

La idea es mantener la concentración en lo que estás haciendo durante esos 25 minutos evitando las interrupciones, tanto externas como internas. Interrupciones externas pueden ser llamadas al móvil, mensajes entrantes, visitas en el despacho y otras tantas. Las internas pueden ser llamadas que hacemos, se nos ocurre algo y vamos a hacerlo, escribimos un correo, nos levantamos (si observamos, las internas suelen ser más habituales que las externas).

El objetivo es hacer cuantos más bloques de 25 minutos mejor. Para que el pomodoro cuente debes conseguir estar los 25 minutos dedicado a la tarea evitando las interrupciones.

Por ejemplo, si aparece alguien por la puerta que quiere hablar contigo y en ese momento te pones a la conversación habrás interrumpido el pomodoro y no contará. En cambio sí te quedan 13 minutos de pomodoro y le dices, te importa que vaya a verte en 13 minutos, casi seguro que puede esperar y tú podrás acabar tu pomodoro. Después aprovechas el descanso tras los 25 minutos y vas a atender a ese compañero, que quizá ya tenga su problema solucionado.

Lo mismo aplica para las interrupciones internas, cuando te acuerdas de que tienes qué buscar algo en internet o mirar que tiempo va a hacer el fin de semana. Lo apuntas en una hoja y sigues con lo que estabas haciendo, cuando acabes el pomodoro puedes decidir dedicarte a ello.

Una vez que acabes los 25 minutos toca descansar, 2 o 3 minutos entre pomodoro y pomodoro (estirarte, respirar…) para volver a la concentración y unos 15-20 minutos cuando hayas acumulado 4 pomodoros. Es importante hacer los descansos, te permitirán estar concentrado esos 25 minutos.

Esta es la técnica resumida según lo explica Francesco Cirillo en su libro “the pomodoro technique” de la que podéis encontrar más detalles en su página web pomodorotechnique. Hay hasta aplicaciones para móvil que permiten planificarse en base a pomodoros.

En cualquier caso la podéis adaptar para vosotros o para los más jóvenes. Con mis hijas hago pomodoros de 15 minutos cuando tienen que hacer tarea y después pueden disfrutar de otros 15 minutos con el ordenador, un trato justo. No ven la tarea como algo interminable, sino que sólo hay que estar 15 minutos, se acabe o no se acabe, después 15 minutos con algo entretenido y otros 15 con tarea, así hasta acabar, lo importante es ir dando pasos.

Con vosotros mismos podéis variar también el tiempo, aumentarlo o reducirlo, si vas avanzando con tiempo siempre llegas.

Si eres bombero igual no te aplica la técnica pomodoro, tu trabajo es atender emergencias. O si tu trabajo es atender al público cuando venga alguien quizá no sea adecuado que le digas si puede esperar 12 minutos. En cualquier caso es muy probable que tengas que hacer algún trabajo para el que necesites concentración y en esos casos esta técnica te puede resultar adecuada.

Me dedico entre otras cosas a formar en gestión del tiempo y la experiencia con la gente que acude a los cursos es que la técnica pomodoro y sus adaptaciones ayudan a acabar cosas que antes no avanzaban.

Te invito esta semana a probar con la técnica “Pomodoro” y a que veas cuántos pomodoros eres capaz de hacer en un día. Puedes empezar con alguna actividad que quizá te cueste como puede ser el inglés o hacer deporte. ¿25 minutos son demasiados? Empieza con menos.

jueves, 26 de marzo de 2015

Supervivir

Con montones de cosas por hacer, miles de opciones, la respuesta automática es acelerar, ir deprisa, no vaya a ser que nos perdamos algo. A pesar de ir tan deprisa tenemos sensación de no llegar, pensamos que el día sería mejor si tuviese 25 horas e incluso tratamos de simultanear cosas para ser más productivos, la famosa multitarea (leo a la vez que veo la tele y así me entero de muchas menos cosas).

Si hablas de productividad la primera aproximación parece la de hacer más cosas en menos tiempo, cuando comentas que te dedicas a la productividad personal se crea expectación, como si fueses a sacar un conejo de la chistera. La expectación se transforma en perplejidad cuando dices que la clave para tener más tiempo es dejar de hacer cosas.

La habilidad de dejar cosas y ser capaz de decidir qué cosas dejas es clave. Es la otra cara de la moneda cuando decido lo que “sí” voy a hacer, elegir en que voy a poner el foco, que es lo importante. Aunque me gusten los cinco segundos platos en un restaurante no los voy a comer todos, me daría un empacho, así que elijo que dejo aunque también me guste. Descartar lo que no nos gusta es fácil, la diferencia la marcamos cuando somos capaces de descartar cosas que si nos gustan para centrar nuestro foco.

Dejar las cosas suficientes, centrarte en lo importante, te permitirá pasar de sobrevivir, ir corriendo por la vida, a supervivir, disfrutar de la vida. Dice un viejo refrán castellano “Vísteme despacio que tengo prisa”. Si nos paramos a pensar ¿A dónde vamos tan deprisa?

Rebajar el ritmo nos permitirá ser más conscientes de nosotros mismos y de los que nos rodean, estar presentes. Estar presente parece una obviedad, siempre estamos presentes de cuerpo físico, aunque podemos estar ausentes de conciencia, emoción y espíritu. Podríamos hablar del absentismo emocional, aunque ha venido no está.

Una vida apresurada se convierte en superficial, hay cosas que requieren su tiempo, como son las relaciones con los demás, el saborear una comida, una buena charla, disfrutar de un libro. Saber ir rápido cuando la situación lo requiere y despacio cuando es preciso.

Somos hijos de nuestra sociedad, de nuestro entorno y dependiendo de dónde estemos haremos las cosas más rápido o más despacio. Diversos estudios han comprobado que en las ciudades se anda más rápido que en los pueblos y más rápido en las ciudades más grandes.

A nivel mundial se ha desarrollado el movimiento “slow” para que nos tomemos las cosas con más calma, dejemos de estar tan pendientes del reloj, casi esclavizados por sus manillas o por la agenda. Entre los impulsores del movimiento “slow” se encuentra Carl Honore con su libro “Elogio a la lentitud”, donde podemos encontrar múltiples ejemplos.

Los beneficios de comer despacio, además de saborear más y mejor la comida, damos tiempo para que la señal de que estamos saciados llegue al cerebro, con lo que se convierte en una herramienta de lucha contra la obesidad. Comer rápido engorda porque para cuando la señal de saciedad llega al cerebro ya hemos ingerido unos cuantos bocados más.

Llama más la atención el Slow-Sex, el movimiento de la calma aplicado al sexo, tomarte tu tiempo en las relaciones íntimas, vivir esos momentos intensamente ¿Estamos tan apresurados para no tomarnos ni estos momentos con calma? Decía Woody Allen “El sexo es la mayor diversión que uno puede tener sin reírse”. El buen sexo incluye ternura, comunicación, respeto, variedad y lentitud.

Para llegar lejos no se trata de ir deprisa sino de ser constante, como ejemplo tenemos la fábula de la liebre y la tortuga.

Son muchas las razones o excusas para correr, además no nos paramos habitualmente a cuestionarlas; también hay excelentes razones para ir despacio, tómate un tiempo para pensar en ellas y después decide, elige cómo quieres vivir, elige el ritmo que te hace feliz.