El incendio
de la Sierra de Ávila obligaba, el sábado, a evacuar el encuentro de
adolescentes de la Fundación Claudio Naranjo en el que estaba participando mi
hija Sofía.
Desde
el jueves convivíamos con una cierta incertidumbre por la evolución del
incendio. Ayudaba saber que estaban bien y confiar en un equipo que supo
gestionar la situación con una serenidad admirable.
Zaida,
una de las madres del encuentro, abrió las puertas de su casa para acoger a los
cincuenta adolescentes y a todo el equipo. Gracias a ese gesto pudieron pasar
allí la noche con tranquilidad hasta que, al día siguiente, los padres fuimos para
recogerlos.
No es
un gesto cualquiera. Abrir la puerta de tu casa a cincuenta adolescentes no es
solo ofrecer un techo, es abrir un espacio de confianza, es decir con los
hechos: "Aquí cabéis todos". Eso habla de una manera de relacionarse.
El
domingo, mientras compartíamos tiempo al recogerles, nos informaron de que “El
Corralón”, en Casavieja, el lugar donde habían vivido el encuentro durante toda
la semana, había sido arrasado por el fuego.
La tristeza
por la pérdida se podía sentir. Algunos lugares dejan de ser solo un edificio
para convertirse en el escenario donde suceden experiencias que cambian a las
personas.
Durante
esos días y en años anteriores, aquel lugar había acogido experiencias,
conversaciones, silencios, risas, lágrimas, abrazos y descubrimientos. Había
sido el hogar temporal de cincuenta adolescentes que estaban aprendiendo algo
que rara vez se enseña en un aula.
![]() |
| Caricatura inspirada en el encuentro de adolescentes de la Fundacion en el año 2025 |
Invertimos
muchos años en enseñar conocimientos a nuestros hijos. Matemáticas, idiomas,
tecnología... Y apenas dedicamos tiempo a ayudarles a comprender cómo viven sus
relaciones, cuando probablemente de ellas dependa buena parte de su bienestar.
Algo que también nos puede venir bien a los mayores.
Siento
que ya el año pasado mi hija Sofía descubrió nuevas formas de relacionarse. Parece
una obviedad, pero no lo es. Cuando somos adolescentes (y muchas veces también
cuando somos adultos) tendemos a pensar que la forma en la que vivimos las
relaciones en casa, en el colegio o en nuestro grupo de amigos es simplemente
"lo normal".
Hasta
que un día descubres personas que escuchan
antes de responder, que pueden discrepar sin atacar, poner límites sin dejar de
cuidar o mostrar lo que sienten sin necesidad de esconderse. Entonces
entiendes que no existe una única manera de relacionarse
Existen
otras formas de relacionarse, y puedes elegir cómo quieres hacerlo tú. Puedes
decidir qué tipo de relaciones quieres construir y con qué personas quieres
compartirlas.
Creo
que ese descubrimiento, con diecisiete años, es un regalo para toda la vida.
Las
relaciones no solo transforman a las personas, también crean comunidades. Quizá
por eso Zaida abrió las puertas de su casa sin pensárselo demasiado. Quizá por
eso tantos antiguos participantes, familias y amigos se han ofrecido ya para
ayudar a recuperar El Corralón. Un espacio con el que también nos relacionamos.
Cuando
un lugar ha sido construido para favorecer encuentros auténticos, termina
generando una comunidad, que también cuida de ese lugar. Los edificios pueden
quemarse y las relaciones permanecen.
Por
eso estoy convencido de que El Corralón volverá a levantarse. No solo porque se
reconstruyan unas paredes, sino porque detrás hay una comunidad que cree
profundamente en lo que allí sucede.
Con
seguridad voy a volver a ese lugar que ya siento un poco mío y que forma parte
de la historia de vida de mi hija.
No
quiero terminar sin expresar un profundo agradecimiento a la Fundación Claudio
Naranjo y, muy especialmente, al equipo encabezado por Martín, Patricia y
María, junto con el resto de monitores y guías.
Ellos
no solo han acompañado a nuestros hijos. También nos han acompañado a los
padres durante unos días especialmente difíciles. La información llegó cuando
tenía que llegar, con cercanía, serenidad y transparencia. En medio de la
incertidumbre supieron transmitir confianza.
Y,
sobre todo, quiero agradecerles algo más profundo: la forma de estar con los
adolescentes. En el encuentro no solo hablaron de las relaciones, las vivieron.
Acompañar
así no consiste únicamente en organizar actividades. Requiere haber recorrido
antes un camino de trabajo personal. Porque resulta muy difícil ayudar a otros
a relacionarse si antes no has aprendido a relacionarte contigo mismo y con los
demás.
Los
adolescentes aprenden mucho menos de lo que les decimos que de cómo nos ven
relacionarnos. Lo más valioso de este encuentro ha sido mostrarles con el
ejemplo formas de relacionarse, tanto con las personas como con los lugares y
las situaciones.
Las
personas construimos relaciones, y las buenas relaciones terminan construyendo
comunidades.
Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario