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miércoles, 10 de junio de 2026

Hoy me toca renunciar

Hoy me toca renunciar a pasar unos días en Silos con un grupo de amigos y profesionales con los que, de vez en cuando, hacemos una parada en el camino. Una de esas pausas que ayudan a salir del ruido diario para preguntarnos algo tan sencillo y tan importante como: ¿de dónde vengo?, ¿dónde estoy?, ¿hacia dónde quiero ir?

Son encuentros que disfruto mucho. Salgo de ellos con más claridad, más perspectiva y, casi siempre, con alguna pregunta importante rondando por dentro.

Esta vez no podré estar. Mi cuerpo todavía no está para demasiadas aventuras. Los dolores siguen ahí, la movilidad mejora poco a poco, pero aún queda camino por recorrer. Y aunque racionalmente sé que necesito descansar y recuperarme, reconozco que me cuesta aceptarlo.

Porque renunciar a algo que te apetece nunca es fácil.

Muchas veces, a lo largo de mi vida, he cometido la misma equivocación: intentar volver antes de tiempo. Forzar, exigirme más de la cuenta, convencerme de que podía, aunque el cuerpo estuviera diciendo claramente que no.

Casi siempre el resultado ha sido el mismo: acabar pagando el precio después.

Con los años he aprendido que escuchar al cuerpo no es una muestra de debilidad, es una forma de inteligencia. El cuerpo suele hablar bajito al principio y, si no le hacemos caso, termina gritando.

Ahora me toca escuchar y aceptar que recuperarse también es una tarea. Que descansar también es necesario. Que hay momentos para empujar y momentos para parar. Y este es uno de esos momentos.

Os echaré mucho de menos. Sé que estos días pensaré mucho en vosotros, en las risas, el movimiento y sentimiento compartido que tendréis junto al monasterio, en los paseos, las reflexiones, las conversaciones y en los silencios que tanto enseñan.

Esta vez no estaré allí, decido quedarme con conciencia. Estaré haciendo lo que ahora mismo me toca: cuidarme para volver con más fuerza cuando llegue el momento.

Porque cuando toca descanso, toca descanso.

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domingo, 13 de abril de 2025

Cargado puedo disfrutar, sobrecargado sufro

A veces entro en ciclos. Me ilusiono con ideas, proyectos, propuestas. Me apunto a cosas porque me motivan, porque me hacen sentir vivo, útil, conectado. Sin darme cuenta, me voy cargando. Un compromiso aquí, otro allá. Un "sí" que parecía pequeño, otro que parecía inofensivo. Y cuando me quiero dar cuenta, ya estoy tirando de demasiadas cuerdas a la vez.

Lo curioso es que no paro. Sigo. Me esfuerzo por cumplir con todo lo que me he echado encima. Me desgasto. Empiezo a notar el cansancio, el mal humor, esa sensación de ir todo el día corriendo, pero sin disfrutar del camino. Ahí es cuando me doy cuenta: no estoy simplemente cargado, estoy sobrecargado.

Demasiado cargado no avanzo en nada, como el burro de la foto
Cargado está bien. Cargado es tener cosas que hacer, responsabilidades, retos. Pero todavía con margen, con energía, con claridad mental.

“Cuando estás cargado, puedes disfrutar; Cuando estás sobrecargado, sobrevives”.

Cuando llego a ese punto, sé que toca empezar a soltar. Decir que no. Renunciar, aunque me cueste. Porque si no empiezo a quitarme carga, reviento. Así de claro.

La buena noticia es que, con el tiempo, cada vez me doy cuenta antes. He aprendido a identificar en cuántos fregados me estoy metiendo. Y aunque me sigan apeteciendo muchas cosas, empiezo a ser capaz de decir "no". Me cuesta, sobre todo si la propuesta me ilusiona, pero lo digo; cuando no me apetece es más fácil decir no. Pero incluso cuando sí me gustaría… empiezo a saber elegir.

Y si aun así me paso de rosca, también noto antes que me estoy sobrecargando. Y entonces empiezo a descargar antes de explotar. Me centro en lo importante, en lo que realmente cuenta. Lo demás puede esperar, porque no puedo con todo, porque no soy Superman. Y, sobre todo, porque:

“quiero vivir mi tiempo, no simplemente llenarlo”.

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domingo, 21 de abril de 2024

Lista de cosas que "no hacer" (en lugar de lista de cosas que hacer)

Obsesionado con la cantidad de cosas que tengo que hacer hay veces que me pierdo en cosas que “no” debería, ni quiero, hacer. Tener una lista de “cosas que hacer” es poderoso, salvo cuando la lista se alarga demasiado y no sabes por dónde empezar (aun así, da claridad).

¿Dónde encontrar tiempo? ¿Cuál es la barita mágica que permite que aparezca? No hay tiempo para todo. Para encontrar tiempo descubrir dónde y de qué manera se te escapa. Dejar de hacer algunas cosas es la única forma de encontrar tiempo para otras.

Todos los días tenemos 24 horas ¿Cuántas de esas horas son realmente vividas como te gusta vivirlas? ¿Cuántas son aprovechadas? ¿Cuántas se escapan en cosas que es mejor no hacer o que no compensan el tiempo dedicado?

Hoy te propongo hacer tu “lista de cosas que no hacer”, o las que vas a hacer menos. En la justa medida está la virtud. Me encanta el café, el problema es cuando me tomo muchos cafés; Me encanta socializar, el problema es cuando socializo demasiado, no me queda tiempo para avanzar en lo que quiero.

Como siempre, tú escoges, tú decides. Decidir no es fácil, esta semana escuchaba de una jovencita de 19 años que madurar es una faena, cuesta, hay que decidir y decidir es descartar, optar por una cosa y dejar otra.

Lista de cosas que "NO HACER"

Prueba esta semana a dejar algunas cosas: los videojuegos; ver las noticias del mediodía y las de la noche (se repiten); las redes sociales (o ponerte un límite; por ejemplo, de 30 minutos); la comida que no te sienta bien. Tú escoges, tú decides qué dejar (para encontrar tiempo para otras cosas).

También puedes dejar de juntarte con algunas personas que no te sientan bien; o juntarte menos. Hay personas que nos quitan energía y otras que nos la dan. Si dedicas tiempo a unas se lo quitas a otras. Tienes derecho a decidir con quien quieres pasar tu tiempo; lo digo porque, aunque parece obvio, mucha gente no lo siente así o a veces se nos olvida que nuestro tiempo es nuestro y con lo tuyo tú escoges. Puedes hacer una lista de personas con las que no juntarte (o juntarte menos).

Cuando estamos con alguien desde la culpa o la obligación, ese estar no sienta igual que cuando lo hacemos desde lo que queremos y disfrutamos. Puede sonar fuerte, pero puedes escoger con quien no quieres juntarte o con quien quieres juntarte menos, para juntarte más con aquellos que si quieres. Tú escoges, tú decides, con quién quieres pasar tu tiempo (y con quién no).

De la mano con lo anterior, decidir con quién no juntarte, viene la lista de las interrupciones que no vas a permitir. Puede que sea otra persona quien interrumpe; pero tú eres quien escoge y decide si aceptas la interrupción. Puedes también decidir cuáles son los momentos en los que no vas a permitir interrupciones permitiéndolas el resto del tiempo. Tú escoges, tú decides qué parte de tu tiempo quieres proteger, tu tiempo de “no interrupciones”.

También puedes escoger abandonar ciertas actitudes que llevan tiempo y consumen energía sin aportar mucho: la queja, el drama, la comparación constante con los demás, la procrastinación, la preocupación por lo que no puedes controlar, la necesidad de complacer a los demás, el qué dirán. Tú escoges, tú decides, cuál quieres que sea tu actitud.

Puede ser difícil, no es tan fácil soltar lo que no nos conviene, es a lo que estamos acostumbrados. Parece que llevamos tatuado el dicho “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Sal de la rueda del hámster y escoge, elige, decide. Es tu tiempo, tu vida, lo que está en juego. Cuidar de tu tiempo es cuidar de ti y de tu vida (el tiempo es vida).

Tú eliges, tú decides, a qué dedicas tu tiempo, a quién dedicas tu tiempo y con qué quieres enredarte. Dejando (cosas, personas, interrupciones, actitudes). Liberando el tiempo, dejando, aparece tiempo para lo que quieres.

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miércoles, 27 de julio de 2022

Simplifica tu vida. Póntelo fácil.

Las vacaciones se acercan, hay que preparar la maleta y algunas personas no encuentran una maleta lo suficientemente grande para llevar todo lo que quieren llevar, todo lo que creen que necesitan.

Por mi parte, me gusta viajar ligero, no tener que facturar en el avión, a no ser que sea imprescindible. Con menos equipaje te mueves más ligero. Con menos cosas encuentras más rápido lo que necesitas y no te pierdes entre un montón de prescindibles.

Llenamos la maleta de un montón de cosas que no necesitamos, que nos sobran. El exceso de equipaje puede hacer que nos olvidemos de lo importante, tratando de recordar las minucias.

Lo mismo sucede con lo que tenemos previsto hacer, durante las vacaciones podemos llenar el día y no parar, correr de un sitio a otro sin saborearlos, estresados por todo lo que tenemos que ver y hacer. Un día de vacaciones puede ser agotador.

Este exceso de equipaje y actividades se refleja en nuestro día a día, también cuando no estamos de vacaciones. Con demasiados pendientes nos olvidamos de lo importante, queriendo hacer demasiado nos dejamos lo que importa.

En muchas ocasiones, menos, es más. Dejando lo prescindible y centrándonos en lo importante avanzamos en lo que queremos y necesitamos.

Con demasiados pendientes igual no avanzas en ninguno. Como el burro demasiado cargado
Si te preocupas de demasiadas cosas es fácil que te olvides de lo importante. Si cargas demasiado te sobra casi todo. Si te entretienes con lo prescindible no te queda tiempo para hacer lo importante.

Elegir tus batallas, no se puede luchar en todas. Si ya tienes demasiadas cosas que hacer, si estás haciendo malabares, puede que al intentar meter una pelota más se caigan todas. Puede que la intentar hacer una cosa más dejes todas sin hacer. Cuenta lo que acabas, cuenta más si te acerca a dónde quieres estar, si es importante.

Si tratas de ir a por dos conejos se escapan ambos. Priorizar, decidir el objetivo e ir a por él es el primer paso para llegar. Priorizar es simplificar, ponértelo fácil para conseguir la prioridad.

Identifica qué es aquello más importante para ti y concéntrate en ello, en disfrutarlo. Deja de intentar controlar demasiadas cosas. Con demasiadas cosas que hacer, nunca tienes tiempo, sientes escasez de horas, no te da la vida. Además, si estás pensando en lo pendiente no acabas de disfrutar de lo que haces.

domingo, 10 de abril de 2022

Eliminar antes de organizar

¿Cómo tienes el trastero? ¿Lleno? ¿Hasta los topes? - ¿Cómo tienes el armario de la ropa? ¿Lleno? ¿Hasta los topes? Las cosas crecen hasta llenar el espacio disponible (Ley de Parkinson). Por eso, en cuanto te descuidas, se llena el trastero, el armario o cualquier espacio.

Además, cuantas más cosas tienes más difícil es que encuentres lo que necesitas. Ohno iba más lejos y decía que más difícil es que tengas lo que necesitas.

Tenemos cosas en el trastero que ni sospechamos que están ahí, ropa en el armario que hace años que no nos ponemos. Ropa para cuando adelgace, para cuando engorde, para cuando vuelva a estar de moda.

Lo mismo pasa con las agendas, las cosas que hacer crecen hasta llenar el tiempo disponible y más allá. Cuántas cosas de las pendientes se van a quedar sin hacer.

Si no hay tiempo para hacerlo todo, no lo vas a poder hacer todo, da igual cómo lo organices

En cuanto me descuido crece la lista de pendientes. Por ejemplo, me encanta leer y sin darme cuenta la estantería se llena de libros que quiero leer, que sueño con leer. En cuanto me paro a reflexionar me doy cuenta de que no dispongo de tanto tiempo, de que tengo muchas más actividades y que ya está bien con leer un par de libros al mes, unos 24 al año.

Si tengo muchos más, como es el caso, da lo mismo como los organice, a no ser que pare el resto de mi vida, no va a ser posible. Además, no todo es la velocidad, el engullir, leer con gusto, lleva tiempo, digerir lo leído supone masticarlo, reflexionarlo, integrarlo. Si engullo como un pavo puedo leer y será como no haber leído.

Las cosas se disfrutan cuando las dedicamos el tiempo que merecen

Pasa lo mismo con los múltiples proyectos que pueden surgir. Iniciativas interesantes, apetecibles, en las que puedes aportar y te pueden aportar. La lista va creciendo hasta que es demasiado larga para poderla gestionar.

Con demasiadas cosas pendientes corres el riesgo de ir saltando de una cosa a otra sin avanzar en ninguna

La clave no está en la organización, está en la selección, en elegir y eliminar. Cómo cuando vas a ordenar un armario, la clave del orden está más en la eliminación que en la organización. Hay cosas que no se deben almacenar, como hay cosas que no se deben hacer.

Si estás en demasiadas cosas, elimina antes de organizar. Organizar demasiadas cosas pronto te sumirá de nuevo en el caos, en el salto de una a otra. Los imprevistos irán surgiendo y te irán atrapando.

Rodeado de cosas pendientes es difícil centrarte en lo que tienes entre manos (foto tomada de centro de psicología Canvis)

El primer paso para la planificación es la eliminación, podar aquello que no es prioritario, que es menos importante. Si todo es importante y no quieres eliminar nada, resulta que nada es importante. La importancia es un término relativo, más importante que otra cosa.

Lo más duro, recortar compromisos. Si estás comprometido en demasiadas cosas es probable que no llegues a todas. Es mejor que te pongas colorado una vez, diciendo que lo sientes y que no vas a poder, a que te pongas rojo todos los días, porque a pesar de los esfuerzos no llegas como te gustaría.

domingo, 18 de abril de 2021

Demasiadas cosas pendientes para cargar con todas. Vacía tu mochila para ir más ligero.

Tendemos a acumular. Esto lo sabe cualquiera que haga una mudanza después de estar viviendo dos años en un mismo sitio. Parece increíble la cantidad de cosas que aparecen.

Para un viaje, si no tenemos cuidado, vamos cargando la maleta por si acaso. Pueden ser tantas las circunstancias, los por si acaso, que al final no hay quien lleve la maleta.

Vamos con la mochila demasiado cargada. Acompaño a mi hija Sofía, la autora del dibujo, al colegio cada mañana. Me pregunto si usa lo que lleva en la mochila. Demasiado peso, que sin duda tendrá efectos en su espalda, o en la mía, que cargo con su peso un rato.

Demasiadas cosas para cargar con todas. Dibujo de Sofía Fontaneda

Igual que cargamos la maleta por si acaso, igual que acumulamos en casa, vamos asumiendo tareas, responsabilidades, compromisos que nos van lastrando. Llevamos la mochila demasiado cargada para avanzar.

Es difícil avanzar con demasiados pendientes, con demasiado peso. Esto nos puede pasar en el trabajo, en nuestra vida personal, en casa. Sin darnos cuenta, igual que llenamos la casa, vamos acumulando cosas en la lista de pendientes.

La lista de pendientes puede ser tan larga que se nos pierden cosas si no la revisamos frecuentemente. Nos pasamos la vida reordenando los pendientes, planificando, en lugar de haciendo. Como no hacemos, lo volvemos a planificar para la semana siguiente.

¡Una tarea más! Arrastrar pendientes de una semana a otra.

Abrumados por tantas cosas pendientes la pregunta es ¿tenemos que hacerlas todas? Igual podemos empezar por tachar algunas.

Tenemos la ilusión de que podemos hacerlo todo, somos superhombres o supermujeres con poderes especiales. Si realmente podemos hacerlo todo, no hay problema, solo es cuestión de ir haciendo.

Si la realidad, como suele ser, es que no podemos hacerlo todo, solo nos queda eliminar, decidir qué es lo que no vamos a hacer. Es la única forma de encontrar tiempo para lo que sí vamos a hacer.

Si no decidimos que dejamos y seguimos con nuestra ilusión de poder con todo, habrá cosas que se queden sin hacer. No podemos hacerlo todo, si no eliges que dejas, lo que se quede sin hacer puede ser lo más importante.

No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas. No somos más importantes por tener más cosas pendientes, solo estamos más abrumados y con menor claridad.

Si tienes demasiados pendientes es momento de parar, decidir qué es lo que no vas a hacer, decidir qué es lo que otros pueden hacer por ti (puede que te compense pagar por ello) y priorizar lo que queda.

Empezando por lo importante sabes que lo que queda sin hacer es menos importante. Si todo es importante es que nada es importante. Si no eres capaz de distinguir lo que te merece la pena, no podrás priorizar.

Nadie puede priorizar por ti, para cada uno, distintas cosas son importantes. El éxito no es el mismo para todos. Que no te pase como decía Stephen Covey “Toda la vida subiendo por la escalera del éxito, para llegar arriba y darme cuenta de que está apoyada en la pared equivocada”.

¿Qué es lo importante para ti? ¿Qué es lo que valoras? ¿Cuáles son tus valores? ¿Cómo se nota eso en tu agenda? ¿Cómo se nota en tu planificación? ¿Cómo se nota en lo que haces? Tus acciones, tus comportamientos, son los que muestran que es importante para ti.

domingo, 8 de noviembre de 2020

El método ABCDE para priorizar

 Vivimos en el mundo de la actividad, tan atareados haciendo cosas que en ocasiones olvidamos para qué las hacemos. Encontrar el momento de parar, pensar, escuchar, sentir y elegir que vamos a hacer nos permitirá encontrar las horas que se deslizan entre nuestros dedos, sin dejarnos tiempo para lo que consideramos importante.

Seguramente hayas oído hablar del método ABC para priorizar, donde clasificas cada actividad según su importancia. Las actividades A son las más importantes, después las B de una importancia media y las C con una importancia menor. Una vez clasificadas, teniendo claro que hay que empezar por lo importante, empiezas por las actividades A, hasta terminarlas; después sigues con las B y por último las C. De esta forma, si no logras terminar todo, las que se quedan sin hacer son las menos importantes.

Priorizar es establecer orden, decidir que va primero y qué después (o nunca)

Ampliando este método está el ABCDE. Dos letras más de una importancia capital. De hecho, hemos de empezar por la E, antes de clasificar actividades. La E de Eliminar, eliminar todas las actividades que no merece la pena hacer, que sabemos que no vamos a hacer si nos escuchamos.

Es difícil desechar muchas de nuestras actividades pendientes. Si están entre las pendientes es por algo. En ocasiones son las que van pasando en la agenda de semana en semana, posponiéndose en todas las ocasiones. Es momento de parar, decidir si realmente la queremos hacer y ponemos fecha o si por el contrario la vamos retrasando porque no merece la pena, o porque le tocaría resolverla a otra persona, o por otro motivo y es mejor eliminarla. Que deje de ocupar espacio en la agenda, en nuestras notas y en nuestra mente.

No cuenta lo que tenemos en la lista de pendientes, cuenta lo que hacemos. Así que, si no lo vamos a hacer, mejor tacharlo de la lista.

Con muchas de las actividades eliminadas, o devueltas al responsable de ejecutarlas, tendremos menos pendientes, lo que hace la clasificación más fácil.

El segundo paso es la D de delegar. Ver quien te puede echar una mano, en quien puedes delegar. Mucho mejor si, además, sirve a la otra persona para aprender, desarrollarse.

La delegación da fruto en el largo plazo. Delegar supone un proceso de enseñanza y aprendizaje que necesita tiempo para dar frutos. Primero hay que enseñar cómo hacer, acompañar en el hacer las primeras veces, para que después puedan hacer sin nuestra supervisión.

Un ejemplo de delegación es cuando enseñamos a nuestro hijo a hacer lentejas. Si no sabe, la primera vez, nos resultaría más fácil hacerlas nosotros. La delegación supone enseñar, que nos vea haciendo y después que haga y lo veamos haciendo, vayamos dando sugerencias, para que finalmente pueda hacer solo.

Lo mismo que para nuestro hijo aplica para el que llega nuevo a la empresa o para aquel que colabora con nosotros. Al principio cuesta delegar, después casi seguro que no lo hace como nosotros, debemos saber aceptar las diferencias. Cada uno tiene su estilo y seguramente, el alumno superará al maestro con la práctica suficiente.

Más libres, con menos tareas pendientes, después de haber eliminado y delegado, toca priorizar para empezar por lo importante. Mira esta semana que vas a eliminar, que decides no hacer, para encontrar el tiempo y hacer lo que sí que quieres hacer.

domingo, 21 de junio de 2020

Si no puedes hacerlo todo, elimina y delega

¿Tienes la sensación de que no puedes hacer todo? Quizá, más que una sensación, sea una realidad. Hay ocasiones que no tenemos suficiente tiempo para todo lo que tenemos o queremos hacer.

Podemos probar estrategias que no funcionan en el largo plazo, trabajar demasiado, dormir menos o tratar de ir más rápido, con los errores y repeticiones que ello conlleva.

Solo hay dos caminos para encontrar tu tiempo para lo importante: eliminar y delegar. A ti te corresponde la responsabilidad de decidir qué es lo importante, lo prioritario, lo que pones primero, poniendo otras cosas después.

He escuchado muchas veces la frase “todo es importante”. La importancia es un término relativo, más importante o menos importante que lo demás. Si todo es importante resulta que no hay diferencias, nada tiene mayor importancia, luego igual puedo decir que nada es importante.

“Si todo es prioritario entonces nada es prioritario”

El primer paso es decidir qué se quedará sin hacer. El principio de realidad nos indica que: si no hay tiempo para todo, no se puede hacer todo, aunque nos empeñemos. Es mejor que decidas tú qué es lo que dejas en lugar de que se quede lo más importante sin hacer (a veces hacemos lo poco importante, con la esperanza de dejar tiempo libre, para centrarnos en lo importante, que es lo que finalmente se queda sin hacer, porque es tiempo imaginario nunca llega).

“Elimina lo que no merece la pena (lo menos importante)”

El siguiente paso es delegar. Decidir que es mejor que hagan otros. Vencer la barrera que nos impide delegar, porque pensamos que no lo van a hacer como nosotros (eso es casi seguro, aunque igual lo hacen mejor) o porque no queremos tomarnos la molestia de enseñar.

Delegar puede dar sus frutos inmediatos con una delegación sencilla. La mejor delegación da sus frutos en el largo plazo.

Pondré un ejemplo de andar por casa. Supón que tienes un hijo de tres años, hay que recoger la habitación de juguetes ¿Qué es más fácil, recoger tú o hacer que el niño la recoja (delegar)?

¿Qué es más fácil? ¿Recoger o hacer que recojan?
Si has tenido la experiencia la respuesta es clara, mucho más fácil y rápido recoger tú. Si quieres que tu hijo recoja tendrás que hacerlo con él, si lo dejas solo no va a ser capaz, además de que es probable que se ponga a jugar de nuevo.

Además, no será suficiente recoger con él una vez, tendrás que hacerlo más de una vez. Y cuando lo haga solo, tendrás que ir a supervisar como ha ido, a hacer correcciones.

Con el tiempo, será capaz de hacerlo solo porque le has dado la oportunidad de aprender, de hacer contigo, equivocarse y finalmente ser capaz de hacerlo solo. En el largo plazo ya no tendrás que recoger ni supervisar. Esto es el empoderamiento, el empowerment en inglés, que parece que suena más grandilocuente, desarrollar a las personas.

Lo mismo funciona para que se pongan en el desayuno, se vistan, hagan la cama y un largo etcétera. Inicialmente tienes que acompañar, después el aprendizaje da sus frutos.

“La delegación supone esfuerzo al principio y da sus frutos en el largo plazo”

Lo mismo pasa en el trabajo cuando llega alguien nuevo. Los recién salidos de su formación, cuando empiezan a trabajar, quizá no saben mucho, lo que sí tienen son muchas ganas, mucha energía, ilusión y pasión. Tienen ganas de aprender, ayúdalos y podrás delegar, cometerán equivocaciones, como hemos hecho todos y en no mucho tiempo darán sus frutos. También nos sorprenderán con soluciones nuevas.

No podemos tener prisa, es como la agricultura, con el trigo, si tiramos de la espiga, para que crezca más rápido, solo conseguiremos arrancarla, la maduración, el aprendizaje, tiene sus tiempos.

“Tener paciencia para recoger los frutos de la delegación”

Uno de los problemas de nuestro sistema son los contratos precarios, no dejan el tiempo suficiente de maduración, de aprendizaje, de este modo pierde el trabajador y pierde la empresa, perdemos todos, en competitividad y productividad. Pero este ya es otro tema.

Puedes encontrar otras formas de delegación. Una es la delegación hacia arriba, hacia el jefe. Es beneficioso para él que seamos productivos, a veces dos minutos suyos (por ejemplo, con una llamada) pueden suponer un ahorro de dos horas. En un equipo hay veces que es mejor que lo haga el jefe.

También puedes delegar pagando. En mi caso, pagar a alguien para que me ayude con las labores del hogar siempre ha sido una de las mejores decisiones. Me ha ahorrado tiempo, además de discusiones y conflictos con mi mujer.

Si quieres recuperar tu tiempo para lo importante, elimina y delega.

miércoles, 23 de octubre de 2019

No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas

Te ha pasado alguna vez que te has pasado toda una mañana haciendo sin parar, a toda velocidad, y al acabar te da la sensación de que no has hecho nada, aunque no has parado de hacer, cambiando de una cosa a otra y dejando un montón de cosas a medias.

Cuantas veces no encontramos el tiempo suficiente porque tenemos demasiadas cosas que hacer y al final no acabamos nada, que es lo mismo que decir que no hacemos nada.

Y al ir cambiando de actividad, siempre haciendo, nos agotamos. Es cómo empezar un pozo, para encontrar agua, sabiendo que el agua está a tres metros, y antes de llegar al segundo metro estamos cavando otro, con un propósito parecido y así vamos saltando de un pozo a otro, todo el día cavando, sin encontrar agua, porque no hemos cavado los tres metros en ninguno de los pozos empezados.

Cavando pozos sin parar y sin acabar ninguno - dibujo de Sofía Fontaneda

Tenemos la conciencia tranquila, porque hemos trabajado, hemos estado haciendo, en la cultura del hacer, estamos de acuerdo con lo que se nos demanda, no estar parados. Cuanto mejor si de vez en cuando nos parásemos a pensar: “¿para qué estoy haciendo esto?” o “¿Por qué es importante acabarlo?”

Se habla de la multitarea, de hacer varias cosas a la vez, simultáneamente. Aunque podemos pensar que es más efectivo, en muchos casos disminuyen nuestros resultados o estos desaparecen. Es como estar escuchando a alguien (nuestra pareja, hijos, una compañera de trabajo) y a la vez estar con el móvil. Esta es la multitarea simultánea, aunque realmente es secuencial, porque lo que nuestro cerebro hace es ir cambiando de tarea muy rápidamente.

También está la multitarea secuencial, donde dedicamos tres minutos a algo y pasamos a dedicar otros tres minutos a otra cosa, sin acabar. Empezamos por arreglar un enchufe mientras hacemos las lentejas y dejamos el enchufe a medias porque tenemos que ir a comprar algo, al volver ya nos faltan cosas para continuar.

Esta es una de las enfermedades del mundo moderno, con tantos estímulos que llaman nuestra atención que somos incapaces de mantenernos enfocados en un objetivo. Como puede ser acabar de cavar el pozo y encontrar agua. Seguramente no tenemos la sed suficiente para mantenernos constantes en la tarea.

Además, ser conscientes de que queremos avanzar en algo, que queremos acabarlo y sentir la satisfacción  de su finalización, nos puede ayudar a rechazar interrupciones: tanto las que nos vienen de fuera, como alguien que quiere tomar un café, el correo electrónico que pita o la consola que nos llama para echar una partida solo 15 minutos (que después se convierten en tres horas o las que nos vienen de dentro, cuando sentimos la urgencia de saltar a otra cosa, quizá porque esto nos está costando.

Te preguntaría ¿Cuántos pozos tienes empezados? ¿Cuáles quieres acabar? Pues escoge cuál es el más importante y a por él, hasta encontrar el agua, hasta acabar, porque

No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas

Y hoy escribo esto porque me siento con un montón de pozos abiertos, empezados, donde me puedo meter a cavar, y quiero escoger cuál es el pozo que quiero acabar primero. Quiero dejar de sentir ese ¡TODO A MEDIAS! Por lo menos he acabado esta entrada J.

lunes, 10 de junio de 2019

Tantas cosas que hacer que no hago nada


Abrumado, con demasiadas cosas que hacer, desorientado, sin saber por dónde empezar. Días atareados, sin parar y con la sensación de no hacer nada. Se presenta la ansiedad por no saber si lo vas a conseguir y la frustración por la falta de avance.

“Todo el día haciendo y al final no parece que haya hecho nada”.

Con todo lo que tienes pendiente no te puedes parar a pensar, enfrascado en la acción acabas el día agotado, las horas se vuelven poco productivas de tanto alargarlas y los días van pasando, con cada vez más cosas pendientes.

Quizá la clave está en el “demasiadas”. Demasiado para que puedas hacerlo, demasiado para que quieras hacerlo. No somos “todopoderosos”, no lo podemos hacer todo y si nos empeñamos conseguiremos sobrevivir, sin apenas vivir de verdad.

Entretenidos en el ajetreo, distraídos haciendo sin pensar ni sentir, la vida se va pasando sin darnos cuenta. Y en muchas ocasiones nos entretenemos haciendo lo que no merece la pena hacer, solo para anestesiarnos con la sensación de que no paramos.

El mayor desperdicio de tiempo se produce cuando no tienes claro el objetivo, no sabes qué te propones, no sabes a dónde vas.

Cuando te encuentres abrumado es tiempo de parar, de sacar de la cabeza y del cuerpo todo eso que crees que tienes pendiente y dar tres pasos, por este orden:

1.- Eliminar: Tachar todo aquello que no merezca nuestro tiempo, eso que puede haber estado en pendiente mucho tiempo y vamos dejando porque no merece la pena (de vez en cuando procrastinar – dejar para más adelante – nos puede dar pistas de que no tenemos que hacer nada). Quitarnos la sensación de culpa, porque estamos decidiendo no hacer estas cosas para hacer otras que merecen más la pena.

2.- Delegar: buscar ayuda, personas que nos pueden ayudar con la labor y que además pueden encontrar satisfacción o desarrollo con en ella. No todo lo tenemos que hacer nosotros. El mayor freno a la delegación es la soberbia de pensar que nadie lo va a hacer tan bien como nosotros.

3.- Priorizar: poner por orden de importancia y empezar por lo más importante.

Las consecuencias hacen a las acciones importantes de dos maneras:
  • Si lo hago las consecuencias van a ser muy buenas.
  • Si no lo hago las consecuencias van a ser muy malas.

Con las prioridades claras es tiempo de ponerse en camino. No hay tiempo para todo y hay que buscarlo y reservarlo para lo importante. El resto de actividades se tendrán que conformar con el hueco que quede.

sábado, 9 de abril de 2016

La excusitis te aleja de la solución

¿Has dicho alguna vez no tengo tiempo? Casi seguro que sí, me incluyo entre los que hemos puesto esta excusa. Si te paras a pensar es una excusa falsa, todos tenemos 24 horas al día, todos los días, vivimos inmersos en el tiempo como los peces en el agua, por eso a veces nos cuesta darnos cuenta de que sí tenemos tiempo.

Si hay algo que te lleva una hora y en un mes no lo has hecho ¿seguro que es por falta de tiempo? No será por falta de ganas o porque priorizas otras cosas.

Si propongo a alguna persona quedar a tomar café y me contesta que no tiene tiempo es que no soy prioritario para ella. Sí tiene tiempo, lo que pasa es escoge no tomar café conmigo. Va a dedicar su tiempo a otra cosa. Lo que es legítimo.

La mayoría de las veces decidimos que hacer casi en automático, sin pensarlo mucho, te invito a que reflexiones ahora en cómo priorizas: Lo que más me apetece, lo más corto, lo último que me ha pedido, lo primero que me han pedido, lo más fácil…
Las excusas de Dilbert no hacen el trabajo
De tantas formas como podemos priorizar te sugiero priorizar lo importante, lo que te va a llevar a los resultados que tú quieres, en el largo, en el medio y en el corto plazo. Puedes disfrutar del camino y de la satisfacción del logro conseguido. Y esos resultados pueden ser descansar aquí y ahora, pueden ser ayudar a algún amigo o quizá a un desconocido y disfrutar de la satisfacción que produce.

Y te propongo que te des unos segundos, un par de respiraciones tranquilas, para decidir qué hacer, para evitar el interruptor automático e incorporar la consciencia, la decisión pensada. Saber que tienes el control, no de las circunstancias pero si de lo que haces con las circunstancias.

El decir “no tengo tiempo” es adoptar el papel de víctima, tienes un tiempo con el que no puedes hacer todo, tu responsabilidad es elegir, elegir que hacer y responsabilizarte de los resultados a los que te llevan tus elecciones. El decir “no he tenido tiempo” es poner excusas, es poner la responsabilidad fuera, es adoptar el papel de víctima.

Además la víctima cede el control de su vida, es víctima de las circunstancias. Se enfoca en el problema y en todo lo que se puede haber dado mal más que en la solución, en lo que se puede hacer con lo que ha sucedido hasta ahora.

La víctima se centra en lo que ha ido mal y busca excusas en lugar de soluciones. Lo que pasa también en las empresas si se buscan culpables todo el mundo tendrá una excusa y nadie pensará en las soluciones.

La excusa parece que te exime de buscar soluciones. Y la excusa no solo se pone frente a otros, también nos la ponemos a nosotros mismos, depende de qué es lo que nos decimos, de cómo nos auto-justificamos.  

Si no he hecho algo que debería haber hecho me puede centrar en decirme cuáles han sido las circunstancias que me han puesto dificultades para hacerlo, en la justificación o me puedo centrar en el siguiente paso para hacerlo, en la solución.

Enfocarte en la justificación perpetúa el problema y te convierte en víctima, centrarte en la solución te lleva a avanzar y a convertirte en protagonista. ¿Quieres ser víctima o protagonista?
Progresas o pones excusas

miércoles, 1 de julio de 2015

¿Qué es lo mejor que puedes hacer en este momento?

Hoy he fregado en casa y he recordado una lección que aprendí hace ya algunos años, que algunas cosas es mejor hacerlas pronto. Estaba sólo en un piso de estudiante y por las noches me daba pereza fregar, así que lo dejaba para el día siguiente por la mañana. Por la mañana, tampoco me apetecía, tenía más prisa y además lo que había que fregar estaba más pegado, con lo que costaba más.

Es una lección que me ha servido en otras ocasiones. Cuando mis alumnos universitarios se plantean dejar una asignatura para el año siguiente porque les resulta complicada les pregunto “¿Es que al año que viene va a ser más fácil?”

El futuro es un momento imaginario donde vamos a tener más tiempo, estar más desocupados, descansados y concentrados, donde podremos hacer cualquier cosa. Ese momento ideal, en la mayoría de las ocasiones nunca llega. Así que si hay que hacer algo suele ser bueno el dicho “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

También con las asignaturas parece más inteligente sacar adelante primero las difíciles y después abordar las más sencillas, así el camino será cuesta abajo. Si empezamos por lo más fácil, al final, que estamos con ganas de acabar, viene la cuesta arriba, cuando más cansados estamos y las dificultades aumentan.

Y en este punto cabe preguntarse ¿Cómo decides que es lo primero que vas a hacer? ¿Cómo priorizas? Ante esta pregunta he encontrado múltiples respuestas:
  • Lo más corto o rápido: así acabo pronto y me da la sensación de que avanzo.
  • Lo primero que llego: que es lo que más tiempo lleva esperando.
  • Lo último que llego: que es lo que ha llamado mi atención.
  • Lo más fácil: así tengo la seguridad de que voy a acabar algo.
  • Lo más cómodo: lo que me supone poco o ningún esfuerzo.
  • Lo urgente: como tiene fecha límite parece prioritario o importante.
Si te observas esta semana podrás ver que hábito empleas para decidir qué haces en cada momento, es posible que utilices distintos mecanismos en distintas situaciones. Puedes llegar incluso a priorizar lo menos importante, eso relaja mucho, aunque lo hagas mal no va a tener consecuencias.

Especialmente peligrosa resulta la urgencia, se nos cuela con su apariencia de importancia debido a los plazos. Es habitual escuchar “¡Deja todo, esto es urgente! La respuesta puede ser “pero ¿es importante?
Ordesa - foto de SantiMB.Photos
Parece lógico dar prioridad a lo importante, lo que significa empezar por ahí. Cómo nos aconseja Brian Tracy en su libro ¡Tráguese ese sapo! Lo importante que es lo que nos puede llevar a tener resultados.

Tener claro al comenzar la semana qué es lo más importante que voy a hacer esta semana y al comenzar el día qué es lo más importante que voy a hacer hoy. Este puede ser un buen asunto con el que empezar.

Hay que tener en cuenta que habrá veces que lo mejor será no hacer nada. En cualquier caso podemos de vez en cuando preguntarnos: “¿Lo que estoy haciendo es lo mejor que puedo estar haciendo en este momento?” Pregúntate cuatro o cinco veces todos los días esta semana.