Hoy me
toca renunciar a pasar unos días en Silos con un grupo de amigos y
profesionales con los que, de vez en cuando, hacemos una parada en el camino.
Una de esas pausas que ayudan a salir del ruido diario para preguntarnos algo
tan sencillo y tan importante como: ¿de dónde vengo?, ¿dónde estoy?, ¿hacia
dónde quiero ir?
Esta
vez no podré estar. Mi cuerpo todavía no está para demasiadas aventuras. Los
dolores siguen ahí, la movilidad mejora poco a poco, pero aún queda camino por
recorrer. Y aunque racionalmente sé que necesito descansar y recuperarme,
reconozco que me cuesta aceptarlo.
Porque
renunciar a algo que te apetece nunca es
fácil.
Muchas
veces, a lo largo de mi vida, he cometido la misma equivocación: intentar
volver antes de tiempo. Forzar, exigirme más de la cuenta, convencerme de que
podía, aunque el cuerpo estuviera diciendo claramente que no.
Casi
siempre el resultado ha sido el mismo: acabar pagando el precio después.
Con
los años he aprendido que escuchar al cuerpo no es una muestra de debilidad, es
una forma de inteligencia. El cuerpo suele hablar bajito al principio y, si no
le hacemos caso, termina gritando.
Ahora
me toca escuchar y aceptar que recuperarse también es una tarea. Que descansar
también es necesario. Que hay momentos para empujar y momentos para parar. Y
este es uno de esos momentos.
Os
echaré mucho de menos. Sé que estos días pensaré mucho en vosotros, en las
risas, el movimiento y sentimiento compartido que tendréis junto al monasterio,
en los paseos, las reflexiones, las conversaciones y en los silencios que tanto
enseñan.
Esta
vez no estaré allí, decido quedarme con conciencia. Estaré haciendo lo que ahora
mismo me toca: cuidarme para volver con más fuerza cuando llegue el momento.
Porque
cuando toca descanso, toca descanso.
Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario