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miércoles, 12 de agosto de 2015

No me puedo perder nada ¡¡Qué estrés!!

Hablando con una amiga ha surgido el tema de que se nos mete prisa para todo, estamos en la cultura de la prisa, interpretamos el carpe diem como que no te puedes perder nada y tienes que ir corriendo a hacer lo siguiente. En la publicidad nos venden todo lo que necesitamos para ser felices y tenemos que correr para conseguirlo. Tanto correr detrás de la fatua felicidad lo que conseguimos es perderla porque no tenemos tiempo de verla donde estamos.

Parece que el “carpe diem” es ir a tirarse en parapente cuando esta locución latina literalmente significa toma el día, que viene a ser “aprovecha el momento”.

Aprovechar el momento puede ser estar descansando en el sofá, una buena charla con un amigo, una barbacoa de verano o ver una película que disfrutas. Cada uno debe decidir cómo aprovechar su momento.

Y vueltos hacia la sabiduría de la antigüedad, que ha perdurado hasta nuestros días. Cómo ya contábamos en la entrada de volver  a nacer, en el griego oráculo de Delfos, en el frontón del templo encontramos dos preceptos:
  • “Conócete a ti mismo”: punto de partida para marcar tu dirección, saber lo que quieres, a qué puerto te diriges.
  • “Nada en demasía”: un poco de ejercicio es bueno, demasiado puede ser negativo; dormir es necesario y dormir demasiado nos deja entumecidos. Encontrar la justa medida

También en Grecia, con referencia al tiempo se empleaban dos palabras, Cronos y Kairós. Cronos tiene naturaleza cuantitativa, que se puede medir, lo podemos asimilar al tiempo del reloj, a las horas que pasan. Kairós es cualitativo, el momento adecuado para que algo suceda, el tiempo oportuno para hacer algo. Nos fijamos tanto en el reloj para hacer las cosas que nos olvidamos de sentir lo adecuado para cada momento.

Cuando alguien sabe que me apasiona la gestión del tiempo, vivir el tiempo, la pregunta es dónde tengo la barita mágica, esa que permite tener los días más largos (¿serán de 30 horas?), conocer la receta de poder hacer más en menos tiempo  ¡¡no tengo la barita mágica!! el truco es dejar de hacer cosas, decidir qué vas a dejar para poder hacer otras cosas que valoras más.
Varita mágica para estirar el tiempo
Es buen momento para recordar la fábula de la liebre y la tortuga, la tortuga tarda en llegar y siempre llega, es constante, no va corriendo de un lado a otro, no empieza algo y lo deja a medias. Cada vez que interrumpimos una actividad (leer un libro, fregar…) retomarla nos llevará un tiempo, se va alargando. Tanto estar en lo siguiente, en el futuro, nos olvidamos de vivir lo que nos toca en el presente.

Estamos en una sociedad en la que el estrés vende, tendemos a decir: ¡Estoy ocupadísimo! ¡No me da la vida! ¡No tengo tiempo! ¡Ando estresado! Si te oyes mucho diciendo estás frases puede ser momento de frenar.

Tanto decir que estamos estresados nos estresamos de verdad. El estrés está relacionado con la vida sedentaria, comer mal, el alcohol y el tabaco entre otras cosas, lo que en el largo plazo nos lleva a perder la salud o directamente a la caja.


Puedes repetirte la frase: “No puedo hacerlo todo”, así que tengo que elegir, poner en orden lo que tengo, quiero hacer y decidir antes de estresarme. Al menos seré yo quien decida qué se queda sin hacer, lo que es asumir la responsabilidad de mi propia vida. Si no merece la pena hacer algo, hacerlo bien sigue sin merecer la pena.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Atreverse – arriesgarse – carpe diem

Si no friegas o pones la mesa es difícil que rompas un plato, si no cocinas no se te quemará la comida, si no te presentas a un examen no suspenderás o si no pides una cita a alguien que te gusta no te dirán que no. También te perderás tener los platos limpios por ti mismo, cocinar una buena comida e ir aprendiendo a cocinar, aprobar el examen o que te digan que “sí” al pedir la cita a alguien que te gusta.

Como en estas ocasiones comentadas hay otras en las que puede que no lo intentes por miedo al fracaso, miedo al qué dirán, a no dar la talla. Dice el refrán “siente miedo y hazlo de todos modos”. Si no haces no te equivocas pero tampoco consigues muchas cosas, sin decisión para hacer te perderás muchas cosas sin probar.
Saltando en Menorca - Foto de Xosé Castro Roig
El miedo puede ser positivo para protegernos del peligro, aunque en el caso que te paralice ante un peligro falso te está negando algo que ya te pertenecía, algo que no te atreves a coger.

Uno de esos peligros falsos es valorar más lo que los demás dicen de ti, lo que puedan llegar a pensar, que valorar lo que piensas tú de ti mismo. Para conseguir algunos de tus objetivos, de las cosas que te gustarían, debes salir de la zona cómoda, la zona de confort, lo habitual y en ocasiones hacer frente a la presión del grupo, que marca otra dirección. El rebaño de ovejas sigue a las que van en cabeza, lo que no quiere decir que las primeras sepan a dónde van.

Dice Francisco Alcaide que cuando haces algo “aciertas o aprendes”. Es difícil que todo nos salga perfecto a la primera, de hecho la mayoría de nosotros andamos y parece que de media nos caemos 4000 veces antes de aprender a andar. Si no nos hubiésemos arriesgado a caernos ahora no andaríamos. No he conocido a nadie que no se haya caído nunca, podéis preguntar por ahí.

Si no sale, si te equivocas, te puedes recuperar, para eso está la resiliencia, la capacidad de recuperarnos de situaciones adversas. Y cómo los músculos la tendremos más desarrollada si la trabajamos, nos recuperaremos más fácil, igual que nos resultará más fácil tomar el riesgo de hacer si nos vamos habituando con pequeñas cosas.

Hacer lo de siempre es cómodo, seguro, puede ser aburrido, te pierdes el 100% de los viajes a los que nunca te arriesgas. Esto no significa que debamos estar constantemente atreviéndonos, lo que quiero decir es que merece la pena arriesgarse de vez en cuando. Seguro que todos tenemos en mente alguna vez en la que hubiese merecido la pena atreverse y seguro que también todos tenemos en mente alguna cosa en la que merezca la pena tomar el riesgo, empieza por ahí.

En un cartel leí: “no nos atrevemos a muchas cosas porque nos parecen difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos”

No se puede reciclar el tiempo perdido, ni las oportunidades perdidas, aunque siempre hay ocasiones nuevas. El tren pasa varias veces, aunque hayas perdido el anterior igual todavía estás a tiempo, si te decides a subir a algún tren. No me gusta el dicho del tren sólo pasa una vez, creo que no es cierto, aunque a veces no somos capaces de ver los trenes que van pasando. No te quedes anclado en lo que no hiciste, eso ya pasó.

No sacas tiempo para esa afición que tanto te gusta, emplea el truco de los 5 minutos, es cómo magia, seguro que puedes sacar 5 minutos esta semana para ella, por arte de magia, si te comprometes a dedicar esos 5 minutos aparecerá más tiempo. Normalmente lo que más cuesta es ponerse.

Como ya dije en una entrada anterior, puedes elegir seguir igual o cambiar, tú decides, tenemos la libertad de elegir aceptando las consecuencias. El que no arriesga no gana, tanto pones tanto sacas, si no pruebas no lo consigues. No hacer puede ser más estable aunque nos priva de oportunidades para que pasen cosas nuevas.


Una gran película como es “El club de los poetas muertos” nos invita a ver el mundo desde otra perspectiva, no ser amebas, escuchar nuestra propia voz, coger las rosas mientras podamos, pues todos seremos pasto de los gusanos, la mala noticia es que no somos inmortales, aunque vivamos como si lo fuésemos, no esperes a que sea demasiado tarde, carpe diem. Te dejo un fragmento de la película que seguro puedes saborear (son menos de 2 minutos).