El
miércoles pasado tuve el privilegio de impartir el taller “Darte cuenta, elegir y actuar: autocuidado posible en contextos
exigentes” dentro de la iniciativa Cuidándome
te cuido.
Quiero
empezar dando las gracias al equipo de Cuidándome
te cuido por la invitación. Para mí fue un placer… y también un
aprendizaje. Porque cada vez que entro en un grupo de profesionales sanitarios
me llevo algo más de lo que doy.
Esta
iniciativa nació en 2020 para crear una cultura de autocuidado entre los
profesionales de Hospitales de Burgos y de Atención Primaria, proporcionando
herramientas que ayuden al bienestar tanto en la jornada laboral como en la
vida cotidiana
Que un
programa así siga teniendo continuidad desde entonces no es algo menor. Habla
de compromiso, de visión a largo plazo y de una idea clara: si queremos cuidar bien, primero tenemos
que cuidarnos.
Y
esto, que parece evidente, no lo es tanto en la práctica.
En
profesiones como las sanitarias, donde muchas decisiones son literalmente de
vida o muerte, donde el ritmo es intenso y la presión constante, es fácil
entrar en modo supervivencia. Sostener, resolver, atender, acompañar… Y hacerlo
una y otra vez.
Pero
llega un momento en que no podemos dar más si no nos recargamos.
Especialmente
en el largo plazo, no podemos estar autoexplotándonos continuamente porque “los
demás nos necesitan”. Esa lógica, sostenida durante años, termina pasando
factura. El cuidador también necesita ser cuidado. Y el primer responsable de
ese cuidado somos nosotros mismos.
En el
taller trabajamos una idea sencilla pero poderosa: el autocuidado no es una
sensación, es una decisión.
Empezamos
por el darse cuenta. Parar cinco
minutos. Respirar. Preguntarnos:
- ¿Qué me está pesando últimamente?
- ¿Qué estoy sosteniendo con demasiado esfuerzo?
- ¿Qué necesitaría más ahora mismo?
- ¿Qué necesitaría menos?
No
para buscar soluciones inmediatas. Solo para nombrar. Porque lo que no se
nombra, no se puede cuidar
Después
pasamos a la claridad. ¿Qué es realmente importante para mí ahora? No lo ideal.
No lo que “debería”. Lo que de verdad importa. Porque lo que no eliges, te
elige. Y el mayor ladrón de tiempo es no tener claros los objetivos
Y
finalmente, la acción, porque “La acción más pequeña es mejor que la intención
más grande”. No buscamos grandes revoluciones. Buscamos un paso posible,
realista y amable:
- Un gesto concreto de autocuidado esta semana:
- Algo que voy a dejar de hacer o hacer menos.
- Algo que voy a pedir (ayuda, tiempo, apoyo).
Porque
cuidarse no es hacerlo todo perfecto. Es empezar por algo.
En el
taller compartí algo que repito a menudo: priorizarse
es dedicarse tiempo. Y dedicarse tiempo no es egoísmo, es sostenibilidad.
Si yo no estoy bien, difícilmente podré sostener bien a otros.
Para
“recargar pilas” propuse cinco pilares básicos, sencillos y profundamente
efectivos:
- Dormir lo suficiente (en cantidad y calidad).
- Comer lo que nos sienta bien.
- Activar el cuerpo (ejercicio, caminar, movernos).
- Rodearnos de personas que nos sienten bien.
- Acercarnos a la naturaleza.
Y
junto a esto, un trabajo igual de importante: soltar lo que nos sobrecarga y nos va desgastando. No todo lo que
podemos hacer nos conviene. No todo lo que sostenemos es imprescindible.
El
lema del programa lo resume perfectamente: “Cuidarte también es una forma de
cuidar.”
Ojalá
esta cultura de autocuidado siga creciendo. Ojalá sigamos generando espacios
donde parar no sea un lujo, sino una responsabilidad. Porque cuidar al cuidador
no es una moda, es una necesidad estructural.
![]() |
| Gracias a ese equipazo |
A
veces, lo más revolucionario no es hacer más.
Es
cuidarse mejor.
Si
quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu,
puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario