Mostrando entradas con la etiqueta ritual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ritual. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de septiembre de 2026

Del ritual a la vida

El domingo participé en una Ceremonia de Fuego Maya-Tsotsil, guiada por Josefa, una mujer de Fuego Maya-Tsotsil, llegada desde México para compartir parte de la sabiduría recibida de su tradición.

Podría hablar del fuego, del Calendario Maya, de los ancestros, de las ofrendas o de muchas de las cosas que nos ha explicado y han sucedido durante la mañana. Pero me quedo especialmente con algo aparentemente más sencillo: la importancia de los rituales.

Los pueblos ancestrales llevan miles de años utilizándolos. Hay mucho que podemos aprender de ellos.

En nuestra cultura también los tenemos. Yo he crecido dentro de la tradición católica y, aunque muchas veces podamos realizar sus ritos casi automáticamente, si los observamos con atención están llenos de símbolos: el agua, el pan, el vino, las velas, el incienso, imponer las manos, guardar silencio, caminar en procesión... No todo se explica. Hay cosas que también se representan, se celebran y se viven con el cuerpo.

Creo que ahí hay un aprendizaje que trasciende las creencias concretas. Vivimos en una sociedad en la que intentamos comprender casi todo desde la cabeza. Leemos, pensamos, analizamos, hablamos, hacemos cursos, escuchamos podcasts... Pero una cosa es entender algo y otra bastante diferente integrarlo y llevarlo a la vida.

Los rituales son una forma de tender un puente entre la cabeza y la vida; entre la mente y el cuerpo.

Un ritual nos obliga a detenernos. Crea un espacio y un tiempo diferentes. Pone atención donde normalmente habría prisa y convierte una intención en un gesto. Algo que podríamos pensar durante unos segundos adquiere otra importancia cuando lo escribimos, lo pronunciamos, lo compartimos o lo representamos simbólicamente.

Durante la ceremonia de hoy han aparecido dos preguntas que ya me he encontrado en otros momentos y que me parecen especialmente poderosas: ¿qué necesitas soltar? y ¿cuál es tu intención?

Qué te está lastrando y hacia dónde quieres ir.

Necesitamos las dos cosas. Podemos tener muy claro aquello que queremos dejar atrás, pero no saber hacia dónde dirigirnos. Y también podemos saber perfectamente dónde queremos llegar mientras continuamos cargando con cosas que dificultan el camino.

Soltar peso y elegir dirección.

El fuego de hoy permitía representar ambas cosas. Y ahí entiendo mejor la fuerza del ritual: no porque el fuego vaya a resolver aquello que nosotros no resolvamos, sino porque convierte una idea en una experiencia. Hace visible algo que estaba dentro. Le da un momento, un gesto y un lugar. Y quizá por eso sea más fácil recordarlo cuando volvamos a nuestra vida cotidiana.

Porque al terminar cualquier ceremonia volvemos a la misma vida. Ahí empieza lo importante.

De poco sirve quemar simbólicamente aquello que quiero soltar si mañana vuelvo a agarrarlo con las dos manos. De poco sirve expresar una intención si después mis decisiones siguen llevándome en dirección contraria.

El ritual puede ayudarnos a tomar conciencia. La vida es donde tenemos que ponerlo en práctica.

Todas las culturas han creado ceremonias para acompañar los grandes momentos: nacimientos, paso a la edad adulta, matrimonios, muerte, despedidas, comienzos, agradecimientos, pérdidas o celebraciones. Las formas cambian, las creencias cambian, los símbolos cambian, pero parece permanecer una misma necesidad humana: marcar determinados momentos para poder darles significado e integrarlos.

Tenemos mucho que aprender de los pueblos ancestrales. Y quizá también tengamos mucho que redescubrir en nuestras propias tradiciones, incluso en aquellos ritos que hemos repetido tantas veces que hemos dejado de preguntarnos qué significan.

Hoy, alrededor del fuego, me he quedado con eso: no siempre basta con comprender algo, a veces necesitamos representarlo, sentirlo y ritualizarlo para hacerlo nuestro.

Y después, cuando el fuego se apaga y termina la ceremonia, queda lo verdaderamente difícil: llevarlo a la vida.

¿Qué necesitas soltar tú? ¿Y hacia dónde quieres ir?

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí y conecta conmigo.