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martes, 14 de julio de 2026

Reconectar con el cuerpo

¿Qué tal has dormido? Cada vez veo más gente que, antes de contestar, mira el reloj o el móvil y contesta: Pues… seis horas y cuarenta y tres minutos. Sueño profundo: una hora y doce. Calidad del sueño: 81%.

Me pregunto si, sin esa pantalla, sabríamos responder.

Quizá antes diríamos algo mucho más sencillo: he descansado; me he levantado cansado; me noto pesado; hoy tengo mucha energía.

Lo mismo ocurre con los pasos. Terminamos el día y, antes de preguntarnos cómo están nuestras piernas o cómo nos sentimos, miramos el reloj para comprobar si hemos llegado a los diez mil pasos.

Las herramientas tecnológicas pueden ser muy útiles. Nos aportan información valiosa. El problema aparece cuando dejamos de escucharnos para escuchar únicamente los datos.

Algo parecido ha ocurrido con el GPS. Nos lleva exactamente a donde queremos ir, pero muchos hemos perdido parte de la capacidad para orientarnos. Cuanto más dependemos de la tecnología, menos entrenamos ese "mapa interno".

Con el cuerpo puede estar sucediendo algo parecido:

  • En lugar de preguntarnos "¿cómo estoy?", preguntamos al reloj.
  • En lugar de sentir el cansancio, consultamos una gráfica.
  • En lugar de notar la respiración, esperamos a que una aplicación nos diga si estamos estresados.

Sin embargo, el cuerpo suele saber muchas cosas antes que nuestra cabeza.

Cuando volvemos a escucharlo empezamos a descubrir relaciones que antes pasaban desapercibidas. Hoy he dormido mal… ¿ha sido por el calor? ¿Porque cené demasiado tarde? ¿Porque llevo varios días preocupado? ¿Porque necesito descansar más?

A veces podremos cambiar la causa, otras no, pero comprender de dónde viene lo que sentimos ya cambia nuestra manera de vivirlo.

El cuerpo también nos avisa mucho antes de que seamos conscientes de lo que nos ocurre. Unos hombros que llevan días tensos, una mandíbula apretada, un nudo en el estómago o una respiración cada vez más superficial suelen ser mensajes que pasamos por alto. Si aprendemos a escucharlos, muchas veces podemos cuidar de nosotros antes de que el malestar acabe convirtiéndose en agotamiento, ansiedad o enfermedad.

Además, el cuerpo siempre vive en el presente. Mientras la mente viaja constantemente al pasado o al futuro, el cuerpo solo puede estar aquí y ahora. Por eso, cuando conectamos con él, también nos resulta más fácil salir del piloto automático y volver a este instante.

Reconectar con el cuerpo también nos ayuda a reconectar con los demás. Cuando aprendemos a reconocer nuestras propias emociones, nos resulta mucho más fácil percibir las del otro. Comprendemos mejor un silencio, una mirada, un gesto o un cambio en el tono de voz. Esa capacidad de resonar con quien tenemos delante nace, en gran medida, de haber aprendido antes a escucharnos a nosotros mismos.

Las emociones se sienten antes de pensarse. El mejor sensor que tenemos para entender nuestra vida no está en la muñeca, está dentro de nosotros.

Los relojes inteligentes pueden decirnos cuántas horas hemos dormido o cuántos pasos hemos dado. Pero todavía no existe ningún dispositivo capaz de medir la paz, la serenidad, la ilusión o el bienestar de sentir que estamos viviendo la vida que queremos vivir.

Hoy, antes de mirar el reloj, prueba a hacer una pausa. Pregúntate simplemente: ¿Cómo estoy?

Escucha la respuesta antes de buscarla en una pantalla.

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martes, 21 de abril de 2026

Vida antes o después de la muerte

Hay una pregunta que ha acompañado al ser humano desde siempre:

¿Hay vida después de la muerte?

Religión y filosofía han dedicado siglos a intentar responderla. Algunas tradiciones dibujan un más allá lleno de sentido, otras lo dejan en el misterio, y otras directamente lo niegan. Y, en función de lo que creemos que hay después, organizamos en parte cómo vivimos ahora.

Pero últimamente me ronda otra pregunta que, sin hacer tanto ruido, me parece más urgente:

¿Hay vida antes de la muerte?

Puede parecer obvia, claro que la hay. Estamos aquí, respiramos, hacemos cosas, nos movemos. Pero si miramos un poco más de cerca, la respuesta ya no es tan evidente.

Porque muchas veces no estamos viviendo… estamos esperando.

  • Esperando a acabar de estudiar.
  • Esperando a que los hijos crezcan.
  • Esperando a tener más tiempo.
  • Esperando a cambiar de trabajo.
  • Esperando a jubilarnos.

Siempre hay un “después” que parece el momento adecuado para empezar a vivir de verdad.

Y así, casi sin darnos cuenta, vamos aplazando la vida, la dejamos en pausa. La empujamos hacia adelante como si fuera un asunto que ya atenderemos más tarde, cuando las condiciones sean mejores, cuando haya menos ruido, cuando todo esté más ordenado.

Pero la vida no es eso que empieza cuando todo encaja. La vida es esto que está pasando ahora, con lo que hay, con lo que falta, con lo que duele y con lo que ilusiona.

A veces incluso llevamos esa lógica al extremo: organizamos nuestra vida aquí pensando en lo que pueda venir después de la muerte. Y no digo que esa pregunta no tenga valor, lo tiene y mucho. Pero puede convertirse en una trampa si nos hace descuidar lo único seguro que tenemos: este momento.

Porque mientras pensamos en el “luego”, el “ahora” se nos escapa; y el ahora no vuelve. No se recupera cuando tengamos más tiempo, no se compra cuando tengamos más dinero, no aparece el día que nos jubilemos. El ahora es el único lugar donde la vida ocurre.

Quizá no se trata tanto de resolver qué pasará después de la muerte, sino de no llegar a ella con la sensación de no haber vivido antes.

  • De no haber dicho lo que queríamos decir.
  • De no haber hecho lo que sabíamos que nos hacía bien.
  • De no haber estado donde realmente queríamos estar.

Porque en el fondo, lo sabemos. Sabemos qué nos sienta bien, sabemos qué estamos posponiendo, sabemos dónde nos estamos contando historias para no movernos. Y, aun así, muchas veces no lo hacemos. No por falta de claridad, sino por inercia, miedo, comodidad o seguir el ritmo que toca.

Pero hay una buena noticia: no hace falta cambiarlo todo de golpe, puede bastar con dejar de posponer una cosa: una llamada, un plan…

La vida no empieza después, no empieza cuando todo esté listo, empieza cuando dejas de aplazarla. Y eso siempre puede ser ahora.

Ya lo decía Pau Donés y lo llevo escrito en una camiseta que me regaló una buena amiga: “Vivir es urgente”. Me gusta ponérmela para que no se me olvide. Que no se te olvide a ti tampoco.

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