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sábado, 18 de julio de 2026

Cuando dar un paso al lado también es avanzar

Hay decisiones que sorprenden más que cualquier ascenso. No porque sean difíciles de entender, sino porque van en dirección contraria a lo que la mayoría espera.

Durante años nos preparan para asumir más responsabilidades. Primero coordinas un pequeño equipo, después diriges un servicio, un departamento o una empresa. Desde fuera parece el camino natural, cada nuevo cargo es un reconocimiento al trabajo realizado.

Pero casi nadie habla del momento en que uno siente que esa etapa ha terminado. No porque haya salido mal, ni porque exista un conflicto, tampoco porque se haya perdido la ilusión por el proyecto o el cariño por las personas. Simplemente porque descubre que quiere aportar desde otro lugar.

Me recuerda, salvando todas las distancias, a esas parejas que se aprecian profundamente, que se desean lo mejor y que, aun así, comprenden que ya no quieren seguir siendo pareja. No hay enfado, no hay reproches, solo la certeza de que la relación necesita transformarse.

Con los puestos de responsabilidad puede ocurrir algo parecido. Uno puede sentirse orgulloso de lo vivido, agradecer la confianza recibida y seguir apreciando enormemente a sus compañeros. Y, al mismo tiempo, sentir que ha llegado el momento de dejar de dirigir para volver a disfrutar del trabajo de base.

Porque dirigir tiene muchas satisfacciones, pero también un peso que casi nunca se ve: Las decisiones difíciles, los conflictos que hay que mediar, la preocupación por el equipo, los problemas que te acompañan de camino a casa (incluso de vacaciones) y que, muchas veces, siguen contigo cuando intentas dormir.

Hay trabajos que terminan cuando sales por la puerta y responsabilidades que ocupan también una parte de la noche.

Quizá por eso llega un momento en que algunos médicos desean volver a centrarse en sus pacientes. Algunos profesores prefieren dedicar más tiempo a enseñar e investigar que a gestionar reuniones. Algunos ingenieros disfrutan más resolviendo problemas que organizando agendas.

No porque dirigir sea peor. Simplemente porque descubren que aquello que les hizo enamorarse de su profesión sigue estando en el trabajo cotidiano.

Lo curioso es que esta decisión puede generar incomprensión. "Pero ¿cómo vas a dejarlo si lo estás haciendo bien?"

Una organización también necesita personas que sepan cuándo ha llegado el momento de facilitar el relevo. Permanecer indefinidamente no siempre es la mejor forma de servir. A veces, el mayor acto de liderazgo consiste en confiar en que otros también pueden hacerlo bien.

No somos directores, jefes o responsables, solo desempeñamos ese papel durante un tiempo. Cuando dejamos de ocuparlo, seguimos siendo la misma persona, con la misma experiencia, con el mismo compromiso. Solo cambia el lugar desde el que contribuimos.

En el Camino de Santiago aprendí que ningún peregrino pretende quedarse para siempre en el albergue donde mejor le trataron. Lo agradece, descansa, da las gracias... y continúa caminando.

Tal vez los puestos de responsabilidad se parezcan un poco a esos albergues. Son etapas, no destinos.

Quizá una vida bien vivida no consista en subir cada vez más alto, sino en elegir, una y otra vez, el lugar desde el que queremos seguir aportando.

Porque, al final, no siempre avanzar significa ocupar un puesto más importante.

A veces, avanzar consiste simplemente en recuperar aquello que un día nos hizo disfrutar de nuestro trabajo.

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miércoles, 22 de julio de 2015

Escucharse y cuidarse

Dicen que las vacaciones sirven para descansar, desconectar y no siempre es cierto, en ocasiones se pueden necesitar otras vacaciones para descansar de las vacaciones o volver al trabajo para descansar.

Puede que te tomes las vacaciones como una obligación, que por inercia llenes de actividades y se conviertan en una carrera por hacerlo todo, olvidando el estar, el disfrutar y también el descansar.

Lo primero es ser consciente de cómo estás, ser capaz de escuchar tu cuerpo, tus sensaciones y tus emociones. Estamos tan habituados a tapar sus voces que ya hemos dejado de oír. Si tenemos sueño nos tomamos un café, si estamos tristes nos decimos que es una tontería o nos tomamos una copa, no nos permitimos enfadarnos, vivimos anestesiados.

Un amigo me dice desde hace ya varios años que hasta los 40 era analfabeto emocional y es ahora cuando lo estoy empezando a entender, cuando yo mismo me siento analfabeto. He sido educado para aguantar, para resistir, si un día no se comía porque había trabajo, no pasa nada, si no hay tiempo para dormir, no pasa nada, si algo ha salido mal, tampoco pasa nada, hay que seguir hacia delante.
Ordesa - foto de SantiMB.Photos
No está mal el seguir hacia delante, pero quizá hay que darle su tiempo, si algo ha salido mal, hemos perdido algo, permitirnos el duelo, la tristeza; si no dormimos suficiente parar a dormir y permitirnos echar gasolina cuando lo necesitamos. Si no tenemos tiempo para parar tendremosque tener tiempo para la enfermedad.

Si hemos dado el primer paso y somos conscientes de que estamos cansados, que no hemos dormido lo suficiente, que nuestra alimentación no es sana, que nos duele la rodilla… Toca quitarse la anestesia y buscar soluciones.

Hace un par de semanas volví a coincidir con una amiga después de tres meses y la comenté que me había dado cuenta de que la leche de vaca me sentaba mal, a lo que me preguntó ¿y qué has hecho? Tuve que reconocer que nada había cambiado y seguía tomándola, me ayudo a pasarme a la leche de soja.

Si estás cansado busca cómo descansas, observa si duermes lo suficiente, puedes ir antes a la cama. Las pantallas las utilizamos como distracción y descanso aunque frecuentemente tienen el efecto contrario, puede ser una gran idea apagar el ordenador, tablet, televisión e incluso el teléfono.

El cambio de actividad puede facilitar la recuperación física, mental y emocional. Igual que cuando conduces es bueno hacer descansos cada cierto tiempo, lo mismo aplica en cualquier actividad. Los descansos dependerán de tu preparación, no todos estamos preparados para correr un Maratón y cada uno se recupera de distinta forma.

Vas a estar contigo el resto de tu vida, debes cuidar tu mantenimiento, igual que cuidas el mantenimiento del coche, lo que hagas ahora, tus hábitos actuales, tendrán un impacto tanto en el corto, en el medio, como en el largo plazo. Tu forma de vivir ahora tendrá su impacto dentro de 20 años.

El primer paso para cuidar y acompañar a los demás es escucharse, cuidarse y acompañarse a uno mismo. El primer paso como padre o madre, esposo o esposa, hijo o hija… es cuidar de uno mismo para poder estar más plenamente con los demás.