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viernes, 12 de junio de 2026

Cumplir años

Hoy cumplo 53 años. Cuantos más años cumplo, más convencido estoy de que cumplirlos es un privilegio.

No todos llegan hasta aquí. Algunas personas de mi edad que quiero ya no están. Este año se fueron Gabi y Juan. Por eso, cuando llega un cumpleaños siento una profunda sensación de agradecimiento. Seguir cumpliendo años es, probablemente, el mejor regalo que podemos recibir.

Cumplir años también significa hacerse mayor. Aceptar que ya no tengo la energía de los veinte, que algunas recuperaciones son más lentas y que el cuerpo empieza a recordarte que el tiempo pasa. Pero también significa seguir teniendo la oportunidad de vivir, aprender, disfrutar, equivocarme y volver a empezar.

Cada cumpleaños es un recordatorio de algo que a menudo olvidamos: el tiempo es finito y, precisamente por eso, es valioso.

Tengo la sensación de que me queda mucho por aprender, experimentar y vivir. Me siento más curioso que cuando era joven, también más consciente. Quizá porque ahora sé que no podré hacerlo todo. Y cuando descubres que no podrás hacerlo todo, empiezas a preguntarte qué merece realmente la pena.

Una amiga suele decir que con los años pierdes vista, pero ves a un tonto venir de lejos. Me hace gracia la frase, pero encierra una gran verdad. La experiencia te ayuda a distinguir mejor lo importante de lo accesorio. Te pierdes menos en discusiones inútiles, en preocupaciones que no llevan a ninguna parte o en intentar agradar a todo el mundo. Como se suele decir, llega un momento en el que estás mayor para ciertas tonterías.

Aunque, pensándolo bien, para algunas tonterías se puede estar mayor a cualquier edad. Tú escoges hasta cuando quieres aguantar tonterías.

Con los años quizá avanzas más despacio, pero también más directo. Conoces mejor el camino.

Hace tiempo, cuando preparaba una charla sobre el tiempo para un grupo numeroso de jubilados, mi hijo Juan me regaló una reflexión que no he olvidado. Me dijo que cuanto más mayor, el tiempo es más importante, porque queda menos.

A medida que cumplimos años, el tiempo disponible disminuye (aunque no sabemos cuánto nos queda). Puede parecer una idea incómoda, pero también es una invitación a vivir con más intención. No para hacer más cosas, sino para hacer más nuestras las cosas que hacemos.

Porque aprovechar el tiempo no significa lo mismo para todos. Para unos será emprender un proyecto, para otros viajar y para otros cuidar a su familia, leer un libro, pasear sin prisa o simplemente sentarse a conversar con alguien a quien quieren. Lo importante es que sea tu forma de aprovecharlo.

Llego a los 53 años con una certeza mayor que cuando cumplí 23, 33 o 43: el tiempo es demasiado valioso para vivirlo en piloto automático. Quizá por eso cada cumpleaños me parece una buena excusa para detenerme unos minutos y hacerme algunas preguntas:

  • ¿Cómo ha ido este año?
  • ¿Quién soy hoy?
  • ¿En quién me estoy convirtiendo?
  • ¿Cómo quiero vivir el año que empieza?

No siempre tengo respuestas claras. Pero cada vez estoy más convencido de que las preguntas adecuadas valen mucho más que muchas respuestas apresuradas.

Y hoy, al apagar una vela más, la pregunta que quiero llevarme al nuevo año es sencilla:

Si el tiempo es mi recurso más valioso, ¿estoy dedicándolo a aquello que de verdad importa?

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domingo, 11 de abril de 2021

El contacto nutre y calma; echo de menos estar con los demás, con los viejos amigos

Tanto estado de alarma, tanto confinamiento y aislamiento social, se me está haciendo largo y duro. Echo de menos estar con mucha gente, la riqueza del intercambio de contacto, cariño, pareceres, experiencias y conocimientos. Seguro que no soy el único.

Ahora me siento más social que nunca. Echo de menos a la tribu, empezando por mis dos hermanas que viven un poco más lejos y ahora vemos menos. Echo de menos a muchos amigos, separados ahora por barreras legales o imaginarias.

¡Cuánto daño está haciendo este virus! No solo con los daños físicos a quienes se contagian, sino con los daños emocionales y sociales del aislamiento ¿Cuál será la herencia que nos deje esta carencia de contacto que muchos sufren y sufrimos?

Hemos descubierto nuevas formas de contacto. Me parece útil la telepresencia y en muchos casos habrá eliminado desplazamientos innecesarios. Pero echo de menos el cara a cara, lo practicado por la especie durante miles de años.

Compartir con los viejos amigos (foto tomada de Pixabay: Stevepb)
Aprendemos en lo social. Somos seres indefensos al nacer que aprendemos de nuestros mayores. Aprendemos en el contacto y la comunicación.

La interdependencia es mayor ahora que hace 60 años. Mis abuelos eran capaces de una subsistencia independiente, conocían la tierra, los animales y vivían en esa sostenibilidad a la que nosotros aspiramos.

Evolucionamos porque, lo que alguien de nuestra especie probaba y aprendía en un lugar, se trasladaba a otros con los viajeros, trovadores y mercaderes. Ahora los avances tecnológicos se difunden más rápido, pero ¿qué pasa con los avances sociales?

Del contacto y del intercambio de experiencias aprendemos. Echo de menos las ideas que aparecen cuando otros me cuentan lo que hacen, el aprender de las experiencias de los demás. Esas ideas que se transforman en nuevas formas de hacer. Echo en falta el contacto cara a cara con aquellos que han tomado distintas decisiones, el compartir vidas.

El conocimiento y la experiencia crecen cuando se comparten.

No estamos solos, ahora vivimos en burbujas, afortunadamente todavía tenemos cercanos con los que estar. Ese contacto que nos calma ante tanta incertidumbre.

La semana pasada tuve la primera reunión presencial en el trabajo desde hace más de un año. Sentí la alegría del reencuentro, las ganas de estar juntos, de contar lo vivido. El encuentro se me hizo corto.

Los que vivimos juntos tendemos a parecernos, vivir cosas parecidas. Echo de menos a los que están a media distancia, los que aportan diversidad, nuevas ideas, distintas perspectivas. El camino lo recorremos entre todos.

Echo de menos a esos cercanos que ahora están lejos, a los que tantas veces he tenido cerca y ahora no puedo ver en persona, a sentir cómo están y cómo les va.

De la diversidad se aprende y ahora siento que estoy/estamos perdiendo mucha diversidad. Las barreras nos empobrecen a todos.

Me encanta la frase de “caminamos a hombros de gigantes”, los que han estado antes nos han dejado un legado que nos permite vivir como vivimos.

Espero que las barreras caigan pronto, para poder seguir construyendo juntos ese legado para los que vendrán.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Los jóvenes de hoy en día sueñan y hacen

“Los jóvenes de hoy en día adoran las cosas lujosas; tienen malos modales y desprecian la autoridad; muestran una falta de respeto hacia los mayores y les encanta platicar en donde estén. Los jóvenes son hoy en día unos tiranos y no son serviciales en sus casas. Nunca se levantan cuando los mayores entran en la casa. Les llevan la contraria a sus padres, hablan delante de la gente, comen golosinas en la mesa, cruzan sus piernas y les faltan al respeto a sus maestros”.

Podríamos oír esta frase a mucha gente ahora, aunque realmente la frase está atribuida a Aristóteles, en el siglo IV antes de Cristo. Así que siempre se ha hablado mal de los jóvenes.

La juventud es una época de descubrimientos, de probar, dónde normalmente nos atrevemos más y tenemos menos ataduras, la juventud es la esperanza del futuro. Seguramente Aristóteles tenía un mal día y había olvidado cómo era de joven.

Este viernes estuve hablando con María, una alumna que hace unos dos años se fue a hacer su trabajo fin de grado, antiguo proyecto fin de carrera, a Méjico. Después de acabar estuvo unos meses viviendo en Las Vegas (Estados Unidos) para aprender inglés. Volvió por España y se marchó a Australia a continuar con el inglés donde estuvo cinco meses para irse de viaje por el sudeste asiático durante cuatro meses y medio. Todo esto con poco dinero y muchas ganas.

Aprendí mucho en la conversación, sobre todo un nuevo mundo de intercambio de servicios que se mueve en internet, sobre el atreverse a hacer cosas, hacer que las cosas les sucedan, sin esperar que sucedan por arte de magia.

Ella ha aprendido de las experiencias, de vivir con gente de distintas culturas, de ver nuevas formas de vivir y todo por salir de la zona de confort, esa zona donde estamos cómodos y aprendemos poco. Para aprender nos tenemos que retar y a veces sentir incomodidad.

El aprendizaje, la experiencia, lo que sabemos, nos da posibilidades, nos abre puertas, además de abrirnos la cabeza. Y las experiencias que tengas dependen de lo que decidas hacer, quedarte en casa delante de la tele con el mando a distancia o hacer cosas.

El momento perfecto nunca llega. Hoy en un foro de emprendimiento que si tienes hijos pequeños igual no es el mejor momento para emprender e iniciar una empresa. Aunque si la juventud ya se pasó y tienes un sueño ¿a qué vas a esperar?
En Nueva Orleans, en 2011, Candy Chang pintó una pared de pizarra y dio espacio y permiso para que la gente soñase, escribió “before I die I want…” (“antes de morir quiero…”) y dejo tizas para que cada uno añadiese lo que quisiese y todos nos pudiésemos sentir acompañados en nuestros sueños. Las cosas más valiosas que tenemos son el tiempo y las relaciones con otras personas, como Candy nos dice en el video más abajo.

No somos eternos, nunca vas a ser más joven que ahora, aunque tengas 60 años. No esperes más para perseguir tu sueño y hacer lo que quieres hacer antes de morir.