jueves, 21 de abril de 2016

Los cuatro pasos para vivir la vida que quieres

La vida es cómo un viaje con un punto de partida y una estación final. El recorrido lo marcas tú o te lo marcan y te dejas llevar. Puedes decidir dónde quieres ir, te puedes poner tus propios límites (y no salir de tu ciudad) o abrirte a nuevas experiencias, planificar el camino y después disfrutar de él o sufrir su recorrido. Tú decides, lo que te hace responsable de tu futuro.

Hay cuatro pasos fundamentales en un viaje:
  1. Saber dónde estoy.
  2. Decidir dónde quiero ir.
  3. Planificar el recorrido.
  4. Recorrer lo planificado para llegar a dónde quería ir.

El primer paso parece el más fácil, hoy estoy en Burgos, mañana estaré en Palma de Mallorca, así que cada día cambia la respuesta. Es la pregunta que me lleva a conocerme, a preguntarme quién soy hoy, cómo vivo, con quién vivo, dónde permanezco y otras muchas preguntas. En el oráculo de Delfos se recordaba en el frontón “Conócete a ti mismo” y es el primer paso de otros muchos, no siempre fácil. En ocasiones nos ponemos la excusa de “no tengo tiempo” para no conocernos.

Algunos deciden hacer el camino de Santiago para encontrar respuestas, tomarse un tiempo y cambiar de aires. Y esto nos lleva al segundo paso, decidir dónde quiero ir. Si quiero ir a Santiago está claro el objetivo y aprovechando la metáfora de la vida cómo un viaje, dónde quieres ir, dónde quieres vivir, cómo quieres vivir, quién quieres ser, con quién quieres vivir y otras muchas preguntas con sus respuestas te llevan a dar el segundo paso. Establecer objetivos.
Cuando tienes claro el objetivo, en tercer lugar, hay que planificar el camino, ver cómo puedo llegar allí, qué necesito llevar en la mochila, qué va a ser carga inútil que es mejor que no lleve, cuál es el camino, qué pasos voy a ir dando y cuando los voy a dar. Marcar las etapas del camino de Santiago, que andando desde Burgos no voy a llegar en un día. Si el objetivo lleva tiempo fijar etapas, marcar hitos para cada momento, pasos cortos que me llevarán al gran recorrido.

No menos importante decidir con quién voy a hacer el camino, dice un viejo proverbio que para ir rápido mejor ir sólo y para llegar lejos mejor ir acompañado. Si el camino es largo la compañía me ayudará a superar las dificultades, a mantener la paciencia, juntos podemos más. Hay compañeros que nos acompañarán todo el camino y otros unas etapas, quizá los volvamos a encontrar más adelante, es cómo la vida, donde unos te acompañan siempre y otros en algunos momentos.

Con los tres pasos anteriores si no damos el cuarto no llegaremos a ningún sitio, llega el momento de caminar, de hacer, de ir cumpliendo el plan y a veces desviándose para volver a recordar el objetivo. Si no avanzo no llegaré a Santiago. No hace falta prisa, salvo la que nos metamos a nosotros mismos, es cuestión de avanzar  y con tiempo llegaremos, como la tortuga siempre llega si tiene claro dónde.

En el cuarto paso toca disfrutar del camino para llegar a los objetivos del segundo paso, una vida con propósito es más motivante. Victor Frankl descubrió en los campos de concentración que los que tenían un motivo eran los que sobrevivían, no los más fuertes.

Lo que me hace caminar hoy es el propósito de hoy, tengo la libertad de cambiarlo mañana y decidir qué voy a Vigo en lugar de a Santiago, de momento el objetivo me da el foco para dar el siguiente paso.

Te invito a dar los pasos, empezando por conocerte cada día un poco más, te invito a vivir y disfrutar una vida con propósito.

jueves, 14 de abril de 2016

Reserva un tiempo para lo que quieres

Cuando durante mis estudios universitarios en Madrid volvía a Burgos para un fin de semana o vacaciones siempre traía libros, con la intención de estudiar. La realidad es que aparcaba los libros en una mesa y creo que nunca llegué a abrirlos.

Después esto mismo me ha ocurrido trasportando papeles del trabajo a casa para avanzar algo de trabajo y volviendo al día siguiente con los mismos papeles sin haberlos tocado.

En estos casos si te paras a pensar te sientes mal, con sensación de fracaso, piensas que no eres capaz de cumplir con tus propósitos, te defraudas, te decepcionas por no cumplir contigo mismo, minando tu autoestima y autoconfianza, haciendo más difícil cumplir con tus propósitos la próxima vez.
Llevar trabajo a casa - Foto de Corbis en revistaohlala
Poco a poco nos vamos acostumbrando y para no hacernos daño olvidamos que no hemos cumplido con nuestro propósito. Convertimos en un hábito el no hacer lo que nos proponemos, suponemos que solo eran buenas intenciones y para perdonarnos, nos contamos la historia de que nunca pretendimos hacer nada realmente.

Esto nos puede ocurrir con los estudios, con el trabajo y con otras cosas. Puede ser que queramos hacer algo de deporte, tomar un café con un amigo, leer un buen libro, ordenar la habitación, meditar o cualquier otra tarea. Normalmente una tarea que nos cuesta empezar y nos escudamos en otras para no hacerla, aparentamos que estamos ocupados.

Estar ocupado es popular, todo el mundo muestra que tiene montones de cosas por hacer y para no ser menos también nosotros nos mostramos ocupados hasta para nosotros mismos.

El truco para no decepcionarte la próxima vez es reservar un tiempo por anticipado, si vas a estudiar el fin de semana, marca a qué hora te vas a poner y a qué hora lo vas a dejar, deja ese tiempo bloqueado en la agenda y acuerda ese hueco con los que te rodean.

Si tienes que trabajar una hora esta noche, decide cual es la mejor hora por anticipado, reserva un tiempo y atente a él. Tan bueno es tener una hora para empezar como una hora para terminar.

Y si no consigues hacer ejercicio no te engañes diciendo que no tienes tiempo, reserva un hueco por anticipado y trata ese espacio como si tuvieses una cita importante con el médico. Así es como he escrito hoy este post, reservando un tiempo por anticipado.


Por mi parte te recomendaría que reservases todos los días un tiempo, aunque solo sean cinco minutos, a hacer algo que disfrutes. Mucho mejor si puede ser más tiempo, la vida disfrutada sabe mejor y el resultado de lo que haces también sale mejor, tiene alma.

sábado, 9 de abril de 2016

La excusitis te aleja de la solución

¿Has dicho alguna vez no tengo tiempo? Casi seguro que sí, me incluyo entre los que hemos puesto esta excusa. Si te paras a pensar es una excusa falsa, todos tenemos 24 horas al día, todos los días, vivimos inmersos en el tiempo como los peces en el agua, por eso a veces nos cuesta darnos cuenta de que sí tenemos tiempo.

Si hay algo que te lleva una hora y en un mes no lo has hecho ¿seguro que es por falta de tiempo? No será por falta de ganas o porque priorizas otras cosas.

Si propongo a alguna persona quedar a tomar café y me contesta que no tiene tiempo es que no soy prioritario para ella. Sí tiene tiempo, lo que pasa es escoge no tomar café conmigo. Va a dedicar su tiempo a otra cosa. Lo que es legítimo.

La mayoría de las veces decidimos que hacer casi en automático, sin pensarlo mucho, te invito a que reflexiones ahora en cómo priorizas: Lo que más me apetece, lo más corto, lo último que me ha pedido, lo primero que me han pedido, lo más fácil…
Las excusas de Dilbert no hacen el trabajo
De tantas formas como podemos priorizar te sugiero priorizar lo importante, lo que te va a llevar a los resultados que tú quieres, en el largo, en el medio y en el corto plazo. Puedes disfrutar del camino y de la satisfacción del logro conseguido. Y esos resultados pueden ser descansar aquí y ahora, pueden ser ayudar a algún amigo o quizá a un desconocido y disfrutar de la satisfacción que produce.

Y te propongo que te des unos segundos, un par de respiraciones tranquilas, para decidir qué hacer, para evitar el interruptor automático e incorporar la consciencia, la decisión pensada. Saber que tienes el control, no de las circunstancias pero si de lo que haces con las circunstancias.

El decir “no tengo tiempo” es adoptar el papel de víctima, tienes un tiempo con el que no puedes hacer todo, tu responsabilidad es elegir, elegir que hacer y responsabilizarte de los resultados a los que te llevan tus elecciones. El decir “no he tenido tiempo” es poner excusas, es poner la responsabilidad fuera, es adoptar el papel de víctima.

Además la víctima cede el control de su vida, es víctima de las circunstancias. Se enfoca en el problema y en todo lo que se puede haber dado mal más que en la solución, en lo que se puede hacer con lo que ha sucedido hasta ahora.

La víctima se centra en lo que ha ido mal y busca excusas en lugar de soluciones. Lo que pasa también en las empresas si se buscan culpables todo el mundo tendrá una excusa y nadie pensará en las soluciones.

La excusa parece que te exime de buscar soluciones. Y la excusa no solo se pone frente a otros, también nos la ponemos a nosotros mismos, depende de qué es lo que nos decimos, de cómo nos auto-justificamos.  

Si no he hecho algo que debería haber hecho me puede centrar en decirme cuáles han sido las circunstancias que me han puesto dificultades para hacerlo, en la justificación o me puedo centrar en el siguiente paso para hacerlo, en la solución.

Enfocarte en la justificación perpetúa el problema y te convierte en víctima, centrarte en la solución te lleva a avanzar y a convertirte en protagonista. ¿Quieres ser víctima o protagonista?
Progresas o pones excusas