Hoy
será un post corto, no tengo fuerzas para mucho más. La gripe ha venido a visitarme,
espero que su visita dure solo los tres días que prometen.
La
visita de la gripe suele coincidir en mi caso con el final de periodos de
trabajo intenso. ¡Vaya suerte! Me deja terminar lo que tenía que hacer y cuando
voy a poder descansar llega de visita. Será que antes no se lo he permitido,
las defensas han funcionado mejor o será que ahora permito esta visita para
obligarme a descansar.
Está
claro que no lo hago de forma consciente y en mi caso funciona así, después de
periodos de sobretrabajo, en los que he podido estar más nervioso de lo normal,
viene la enfermedad y entonces hay que parar.
El
jueves hablaba con unos compañeros sobre el mantenimiento de las máquinas, o
del coche que quizá todo el mundo conozca. Si no tienes tiempo para hacer el
mantenimiento preventivo, ir a las revisiones, o escuchar cuando empieza a
sonar mal, el coche se averiará cuando menos te lo esperes y te verás obligado
a parar.
El
cuerpo funciona igual, si no lo cuidas(descansas
lo suficiente, comes lo adecuado, haces ejercicio …) te obliga a parar cuando
no lo esperas. Y hoy hablo desde la experiencia de estar descansando por
obligación.
A
pesar de estar sin fuerzas, ¿Por qué escribo? Me he comprometido conmigo mismo
y con los posibles lectores a escribir un post a la semana. Es importante
cumplir con los compromisos, son la base de la confianza, y los compromisos con
uno mismo la base de la autoconfianza.
El
mejor ejercicio, cuidarse, “Mens sano in corpore sano” ¿Qué vas a hacer para
cuidarte esta semana? Si no tienes tiempo para la salud (cuidarte) tendrás que
tenerlo para la enfermedad.
No
podemos conseguir gran cosa solos, necesitamos de la relación con los demás
apoyada en la mutua confianza. Esa confianza la desarrollamos cuando nos
conocemos, nos comprendemos, nos entendemos.
Un
gran avance para la especie humana es el don de la palabra, que facilita
nuestra comunicación, la capacidad de hablar. Pero esa capacidad estaría
incompleta sin la capacidad de escuchar, que la complementa y nos puede llevar
a entendernos.
No
siempre que alguien habla nos lleva a mayores niveles de comprensión mutua, en
gran medida va a depender de los distintos niveles de escucha:
Oír: sólo doy la impresión de
escuchar
Atender para responder:
estoy esperando a que el otro acabe de hablar para hablar yo, sin hacer la
intención de escuchar. Centrado en mi propio punto de vista. Espero tu turno
para hablar.
Escucha activa:
Estoy atento a lo que dice, a sus palabras.
Escucha empática:
Escucha completa, pendiente de lo que dice, cómo lo dice, su lenguaje no
verbal. Escucho para entender su punto de vista, lo que quiere decir.
Comprender,
entender, ser capaz de ver y percibir el punto de vista del otro no quiere
decir compartirlo. Pueden seguir existiendo diferencias de opinión, que tratadas
de forma respetuosa, nos pueden llevar a encontrar nuevas e inesperadas
soluciones o formas de entendernos.
La
escucha relacionada con el presente, el aquí y ahora. ¿Cómo te sientes cuando
estás hablando con alguien y empieza a consultar el móvil? ¿Si empieza a mirar
a otro lado? Sientes que el otro no está ahí. La capacidad de estar presente
con el otro, de no irnos a otro sitio, cada vez es más difícil, cada vez
estamos rodeados de más estímulos. Por eso también cada vez se valora más, hay
necesidad de sentirse escuchados.
La
actitud de no escucha se contagia, si tú no escuchas el otro tiende a no
escucharte a ti. También se contagia la
actitud de escucha, si el otro se siente escuchado estará más dispuesto a
escucharte, con lo que la comunicación será más sencilla.
En las
discusiones es habitual mientras el otro habla estar pensando.- “Cuando se
calle le voy a decir…” con lo que el otro reacciona de la misma manera pensando
que te va a decir en lugar de escuchar, de intentar entender tu punto de vista.
El entendimiento va a ser difícil, por no decir imposible.
Tendemos
a pensar que si el otro cambia, da el primer paso, me escucha, llegará a
entender lo que le digo, saldrá de su error, su obcecación… Sin pensar que él
también piensa lo mismo. Porque no dar el primer paso y escuchar para entender, no para responder, normalmente cada parte
tiene algo de razón.
Stephen
Covey cuando habla de su quinto hábito “Buscar primero entender y después ser
entendido” cuenta la historia del palo indio, empleado por los nativos de
Norteamérica en sus encuentros. Quién tiene el palo tiene la palabra y los
otros sólo pueden intervenir para hacer preguntas, para entender el punto de
vista del que tiene el palo. El que tiene la palabra sólo pasará el palo cuando
se sienta entendido, lo que garantiza la escucha.
Como
yo en casa no tengo el palo indio alguna vez he empleado con mis hijas el reloj
de la palabra, que hace las funciones de palo, lo que hace que se escuchen. Es increíble
como grandes discusiones se diluyen con la aplicación de esta metáfora.
Hay
momentos claves para escuchar empáticamente, cuando las emociones están
desatadas, con falta de comprensión, cuando la confianza se está diluyendo.
Incluso hay momentos para no decir nada, para dejar paso al silencio.
Especialmente los hombres tenemos la costumbre de buscar soluciones cuando nos
platean un problema, igual el otro no quiere que le ayudemos con la solución,
solo busca que se le escuche, lo que le ayuda a encontrar la solución solo.
Se
atribuye a Epicteto la frase.- “tenemos dos orejas y una boca para escuchar el
doble de lo que hablamos” que podemos complementar con “tenemos dos orejas, dos
ojos y una boca para ver y escuchar el doble de lo que hablamos”
Una
vez logramos entender a la otra persona y le demostramos que entendemos su punto
de vista es posible que el otro esté más abierto a nuestra forma de ver las
cosas. La expresión de nuestro punto de vista debe de ser también empática,
tratando de expresar nuestra perspectiva para los ojos de la otra persona,
desde su punto de vista, centrándonos en lo que le puede interesar, en lo que
nos une.
¿Qué
tipo de escucha practicas habitualmente? ¿Cuál de las distintas formas de
escucha te lleva a mejores resultados? Todo hábito se adquiere con la práctica
y si quieres adquirir el de la escucha, el de buscar comprender antes de ser
comprendido, hoy es buen momento para empezar.
Ir más
lentos nos puede ayudar a escuchar, dejar unos segundos antes de hablar cuando
el otro ha acabado. El ritmo importa, prueba a bajar el ritmo. Y cuando
participes, enfoca lo que dices desde la perspectiva de tu interlocutor.
Nuestros
pensamientos nos llevan a sentir de una determinada manera y a actuar en
consecuencia. Nuestras acciones a su vez nos llevan a tener unos resultados,
tanto en el corto como en el largo plazo.
Podemos
tener mentalidad de escasez o de abundancia. Escasez, si tú recibes más yo recibiré menos, si tu ganas yo pierdo
o abundancia, hay suficiente para
todos y aún sobra, podemos ganar los dos.
Para Stephen
Covey existen seis formas de pensamiento en las relaciones:
Ganar-ganar:
soluciones satisfactorias para ambos.
Ganar-perder: competimos
por un bien escaso (mentalidad de escasez).
Perder-ganar: me
sacrifico para que tú estés satisfecho (el mártir).
Perder-perder: si
yo no gano tu tampoco.
Ganar: si yo gano me da lo
mismo lo que suceda con el resto.
Ganar-ganar o no hay trato: si
los dos no quedamos satisfechos no hay acuerdo.
Si
siempre gana el otro y yo pierdo probablemente me cansaré de jugar a ese juego,
no querré hacer más tratos. Si siempre gano yo y el otro pierde, será él quien
no quiera juntarse conmigo. Mucho menos sostenible es estar siempre luchando
para perder, es poco productivo darse cabezazos contra un muro a ver quién
tiene la cabeza más dura. Tampoco nos gusta ir con el que sólo se preocupa de sí
mismo, sin pensar nunca en el de al lado.
Tener
la intención de que ganemos los dos nos lleva a relaciones de largo plazo, a relaciones
de confianza, donde todo es más fácil. Poder confiar nos ahorra muchos
esfuerzos. La confianza y la comunicación son el aceite que engrasa el trabajo
en equipo y los resultados del equipo.
Si
jugando al fútbol, o trabajando, no me fío del compañero que está a mi lado,
tiendo a ir a cubrir ese espacio, supervisar, vigilar sus posibles errores,
descuidando posiblemente mis propias responsabilidades, los que entran por mi
zona del campo.
El
tipo de pensamiento con el que me aproximo a las relaciones tiene mucho que ver
con mi consideración por mí mismo y la consideración que tengo por los demás,
con el respeto por mí mismo y por los demás. Como vemos en el gráfico, el
respeto mutuo lleva a relaciones ganar-ganar.
Y en
ocasiones hay que saber decir “NO”si no somos
capaces de encontrar un acuerdo satisfactorio para ambas partes, de forma que
preservemos la relación. Los acuerdos en los que alguien pierde dañan las
relaciones.