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domingo, 3 de mayo de 2020

El futuro es siempre incierto, misma incertidumbre distintas formas de vivirla


Esta semana me ha llegado uno de esos retos que circulan por las redes, una pregunta ¿Qué tres cosas has aprendido de ti esta cuarentena? La importancia de las preguntas simples, no simplistas, que pueden llevar a conocerte.

Siempre me han sorprendido las respuestas a la pregunta, aparentemente simple, ¿cómo estás? Si nos atrevemos a mirarnos y vamos más allá de la respuesta automática “bien”, que en el fondo no dice nada, podemos sorprendernos con nuestras respuestas, que provienen de una pregunta simple y profunda a la vez.

Si algo he podido ver, palpar y sentir esta cuarentena es incertidumbre. Qué siempre está ahí, aunque ahora la sintamos más, el futuro siempre es incierto, aunque para nuestra comodidad lo consideremos previsible.
Cruce de caminos = incertidumbre; Imagen de Steve Buissinne en Pixabay 

La incertidumbre, similar durante toda la cuarentena, no me ha afectado igual unos días que otros. Unos días me dejaba abatido, atascado y otros días simplemente vivía el presente, el instante que tocaba. Incluso era por momentos, distintas sensaciones a lo largo del mismo día. Lo que me lleva a pensar que no es la incertidumbre, sino cómo la vivo, la misma realidad parece distinta. Aceptar lo que no puedo cambiar y vivir lo que sí puedo me sienta bien.

“El futuro siempre es incierto y me siento ante la incertidumbre según como la viva, según la acepte o me resista a algo que no puedo cambiar”

Por otra parte, me he acostumbrado a trabajar en casa, lo que llaman el teletrabajo, lo que supone una mayor autonomía. Autónomo tengo que encontrar la motivación, sino me puedo perder pululando sin hacer nada (pasan las horas y no avanzo). Y encontrar la motivación no viene de las palabras de ánimo (que pueden venir bien), sino de encontrar los motivos, el propósito de lo que hago. Ese propósito ayuda a mantener el foco y la autodisciplina, constancia en el propósito.

“Motivo-propósito lleva a la motivación, que ayuda a mantenerte enfocado, para avanzar de manera constante, sorteando las distracciones. Encuentra tus motivos”

Y la importancia de los compañeros de viaje, aunque sea el viaje de la vida metidos en casa. La compañía de los que están contigo, donde la convivencia, con el paso de las horas, los días, se hace más presente e intensa, para lo bueno y para lo malo, un despertar de conciencias.

Y la compañía de los que tienen su presencia en la distancia, en las redes sociales, con las llamadas de teléfono, con los muchos medios que ahora tenemos ¡Cuánta presencia llega desde la distancia!

“Para disfrutar del viaje de la vida escoger buena compañía

Este reto me llegó por las redes, de Yon Valverde, al que retó Julio Moreno, dos grandes compañeros de viaje, de aprendizaje y de vida. Este llego a Julio de Rodrigo Zanetti, al que todavía no conozco. La red social nos conecta, igual que todos vivimos conectados en este mundo global y de esta pandemia saldremos todos juntos.

En resumen: vivir la incertidumbre (el futuro siempre es incierto); compañía (te impulsa o te lastra); autonomía (cada uno solo hace lo que quiere y puede).

miércoles, 29 de junio de 2016

Eso también pasará

Ayer mi hija de 11 años estaba deseosa de comprar un juego de ordenador, decidida a gastar parte de sus ahorros en él me pidió ayuda para poder comprarlo por Internet.

La idea no me convencía demasiado. Con su insistencia acabó convenciéndome, la tenacidad suele tener su recompensa. Me senté con ella y la ayudé a informarse de los gastos y la invite a sopesar la posibilidad de que una vez comprado no funcionase en el ordenador.

Cuando nos informamos resultó que el equipo no es capaz de gestionar el juego así que finalmente descartó el comprarlo, con el consiguiente disgusto.

Para ella fue un gran revés y estuvo lamentándose toda la tarde. Aunque no parece para tanto y es lo que nos sale decirle, “que no merece la pena ponerse así por un juego”, para ella si era importante.

Las cosas que nos parecen importantes a los 11 años no son las que nos parecen importantes a los 20 y van cambiando conforme vamos pasando años. El tiempo suele curar la mayoría de los disgustos (algunos se nos atascan).

Una buena fórmula suele ser pensar si eso será importante dentro de cinco años, nos suele dar otra perspectiva, espero que mi hija no se acuerde dentro de cinco años de ese juego que no pudo instalar en el ordenador.

El tiempo todo lo cambia, lo transforma. También cambia el modo de ver las cosas y cómo percibimos lo que nos pasa y lo que nos pasó. Según vamos cambiando vamos viendo nuestras vivencias de modo distinto, no las vemos como son sino como somos, las vemos según nuestras propias gafas, nuestro modo de ver y esas gafas las vamos cambiando con los años.

Hay eventos importantes en la vida, que la transforman, que nos transforman y que además pueden ser desgraciados: la muerte de un ser querido, una separación, te deja tu primera pareja…

Hay veces que no podemos hacer nada, salvo aceptar lo que nos pasa y seguir adelante. No tiene por qué ser justo desde nuestro punto de vista.

Que nuestra pareja nos pida el divorcio no es justo ni injusto, puede ser triste porque esperábamos una vida juntos, la tristeza duele, toca el duelo por la vivencia perdida. El tiempo suele curar esa herida, como muchas otras, la pena dura un tiempo, después tenemos que ver la ventana que se abre tras la puerta cerrada.

El duelo por una muerte de un ser querido, por una separación normalmente será más largo que el duelo por un juego que no puedo comprar. Si nos quedamos enganchados a la pena perderemos las oportunidades que nos ofrece la vida. Cada uno tiene su tiempo.

Tan obsesionados estamos con el hacer, con el solucionar las cosas, que no nos damos cuenta de que hay problemas que se solucionan solos. No siempre hay que dar respuesta, a veces la mejor respuesta es no hacer nada.

Según Ovidio “el tiempo es la mejor medicina” aunque puede ser también dolorosa. Dicen que el tiempo todo lo cura aunque no lo venden en las farmacias. La paciencia es la madre de la ciencia y esperar sin desesperar puede solucionar muchas cosas.
Foto de www.reflexionesparatiyparami.com
Problemas que se solucionan mejor solos que si nosotros intervenimos. Hay veces que es mejor no responder, que la mejor respuesta es no hacer, el silencio y la calma.

Ante un problema, un contratiempo, pregúntate cuál será su importancia dentro de cinco años, ayuda a distinguir lo importante de lo accesorio. Analiza también si es mejor ponerlo en el montón de los problemas que se solucionan solos o en el montón de los irresolubles que es mejor aceptar.

jueves, 18 de febrero de 2016

Confiar y aceptar

Juan, el pequeño de mis hijos, nació con una cardiopatía. Nos dimos un gran susto cuando tenía menos de un día y se la detectaron. Lo trasladaron de urgencia a Madrid (a 240 kilómetros de donde vivimos), estuvo un tiempo ingresado y a las pocas semanas decidieron intervenirlo.

Después de la operación estuvimos varios meses yendo todas las semanas a revisión a Madrid, poco a poco las revisiones se han ido espaciando y ahora vamos una vez al año. Hoy ha sido el día de la revisión de este año y de momento todo va bien.
Hubo una gran lección a aprender en esos primeros días en Madrid, aprender a confiar y aceptar lo que nos toca. Es la otra cara de hacer todo lo que puedas y me gusta añadir, todo lo que puedas y no más.

Hacer todo lo que puedas no siempre garantiza el resultado, aumenta las posibilidades de que el resultado se dé, como cuando los agricultores siembran y cuidan lo sembrado, lo normal es que recojan, aunque siempre puede venir una tormenta que eche a perder la cosecha.

Ante la enfermedad nos podemos desesperar o podemos hacer todo lo que podamos, cuidarnos, buscar el especialista adecuado y confiar en el personal sanitario y en el futuro.

Juan me enseño a aceptar la enfermedad, aceptar que no somos perfectos, que no todo sale bien y además me enseño a confiar, a confiar en el futuro y en los profesionales de la medicina, que aunque no lo saben todo son los que más saben. En el caso de España contamos con grandes profesionales.

No podemos controlarlo todo, no podemos controlar el resultado de un examen, de un trabajo, de una relación sentimental, podemos hacer lo que podamos y confiar que algo bueno sucederá. En el caso de que el resultado no sea el esperado, aceptar y buscar los siguientes pasos, en eso consiste la tristeza del duelo, en aprender a aceptar las pérdidas y seguir adelante.

Desde aquí quiero agradecer a todo el personal del Gregorio Marañón de Madrid su gran profesionalidad, su cuidado cada vez que hemos estado allí, su excelente trato y su gran acompañamiento en los momentos difíciles. Especialmente al servicio de cardiología pediátrica y a la doctora Teresa Álvarez Martín, gracias por acogernos cada vez que vamos al Gregorio Marañón.


Espero que si alguna vez estas en una situación parecida encuentres gente excelente por el camino, como ha sido el caso y sepas depositar tu confianza en aquellos que la merecen.

miércoles, 27 de enero de 2016

Marrones y cómo afrontarlos

Seguro que te has visto alguna vez envuelto en un marrón, yo ahora estoy en uno y creo que puede ser buena receta reflexionar el cómo afrontarlo.

Lo primero es la definición de marrón (no el color), según la Real Academia de la Lengua es una situación u obligación molesta, desagradable o embarazosa. Además, comerse un marrón, es cargar con la culpa o hacer frente a una situación difícil o embarazosa.

En el marrón la situación suele suponer falta de control, resultado incierto y viene acompañada de nerviosismo, ansiedad, irritabilidad, cabreos con los de alrededor, dificultad para conciliar el sueño, cansancio, falta de concentración, lo que reduce la capacidad de afrontar el marrón, perjudica nuestras relaciones y nos lleva a la preocupación.
Angustia - preocupación de Blico_O
La pre-ocupación, como su propio nombre indica, supone ocuparse por anticipado, suponiendo problemas que aún no se han presentado y que si reflexionamos resulta que en el 90% de las ocasiones no se presentan. Dejemos de pre-ocuparnos por lo que vendrá y pasemos a ocuparnos de lo que tenemos entre manos. Pre-ocuparnos no aporta nada y nos resta capacidad para lidiar con la situación.

El libro “Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida” de Dale Carnegie me inspira un enfoque que me gusta para enfrentarse a los marrones:
  1. Reunir todos los datos, conseguir información - ¿Qué me preocupa?
  2. Analizar la situación a la luz de la información. Generar alternativas - ¿Qué puedo hacer?
  3. Decidir en función del análisis - ¿Qué voy a hacer?
  4. Actuar conforme a lo decidido - ¿Cuándo empiezo?

Quizá llegues a la conclusión de que no se puede hacer nada, que es un marrón irresoluble, para lo que es bueno recordar la oración de la serenidad: “Señor, concédeme fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar, serenidad para aceptar aquello que no puedo cambiar y sabiduría para entender la diferencia”.

Si tiene solución - Acción
Si no tiene solución - Aceptación

En algunos casos tienes la posibilidad de actuar para aumentar las posibilidades de un final feliz, pues haz lo que puedas y no más de lo que puedas, que pueda condicionarte en el futuro. En ocasiones, si no nos paramos a pensar, hacemos demasiado, más de lo necesario, con lo que no nos ayudamos a nosotros ni a los demás. Pregúntate el para qué y dónde te deja hacer más de lo necesario.

En ocasiones con nuestro afán por ayudar atraemos auto-marrones, nos creamos obligaciones y generamos dependencias de los demás hacia nosotros para después quejarnos de lo mucho que hacemos. Es difícil darse cuenta de nuestro papel en estos casos.

¿Por qué te ha caído el marrón a ti? (en mi caso tengo parte de responsabilidad, que no culpa, en su aparición) y qué es lo que tienes que aprender de la experiencia, porque si no aprendes seguirán surgiendo marrones hasta que aprendas lo que tienes que aprender.

En mi caso estoy interiorizando que es mejor ponerse colorado una vez que rojo todos los días, es mejor decir “NO” en el momento adecuado si no soy la mejor persona para sacar adelante el proyecto aunque me animen y me doren la píldora. Si el marrón no es tuyo no tienes por qué aceptarlo, no hace falta comerse marrones que no son tuyos y lo justo es que lo solucione quien tiene la responsabilidad.

sábado, 11 de abril de 2015

Volver a nacer

Acaba de pasar la Semana Santa, un tiempo de transformación en la cultura católica, de morir al hombre viejo y nacer al hombre nuevo. De niño escribías en un papel que es lo que querías dejar atrás y lo quemábamos, cómo símbolo de que eso quedaba ahí, para buscar nuevos horizontes.

Siempre tenemos la posibilidad de cambiar, de vivir como queramos vivir, si estamos dispuestos a dar los pasos.

1.- El primer paso es el de la consciencia, ser consciente de lo que me pasa, el “Conócete a ti mismo” del Oráculo de Delfos (gnóthi seautón). Ser capaz de reconocer la situación, saber cómo estas, qué haces, qué sientes, qué piensas.
Oráculo de Delfos
¿Qué tal estás? Respondemos a esa pregunta de manera automática, sin pensar, también podemos hacerlo de forma consciente, parar y dividir la pregunta: Escuchar nuestro cuerpo, hacer un recorrido desde la cabeza a los pies, ¿Cómo estoy físicamente?; Mirar nuestros pensamientos ¿Qué estoy pensando? ¿Qué creo que me sucede?; Nuestras acciones ¿Qué hago? ¿Qué quiero hacer?; Nuestros sentimientos ¿Cómo me siento? ¿Cómo te siento? ¿Qué implica todo esto para los demás? ¿Para los que nos rodean?

No tengas prisa, te puedes tomar tu tiempo, todo gran camino empieza con un primer paso y llegar no depende de ir muy rápido, depende de seguir dando pasos, a tu ritmo. Tenemos el hábito de ir en automático y cambiar supone un esfuerzo.

2.- Puedes pensar que cuando te conoces, eres consciente, lo siguiente es cambiar si es que quieres. Te recomiendo un segundo paso previo, aceptarte, aceptar como eres, lo que piensas, sientes y haces.

Si eres de una determinada manera no empieces por flagelarte, seguro que también tiene su parte positiva, lo haces porque algo consigues a cambio o algo conseguías a cambio. Forma parte del ser consciente que hablaba en el punto anterior.

Observa los pros y los contras, acepta que ese/esa eres tú. Si has sido así durante mucho tiempo puedes permitirte estar ahí un poco más.

3.- El tercer paso es cambiar, si es que quieres cambiar. Siendo consciente, habiendo aceptado la situación, es más fácil saber si quiero cambiar, qué quiero cambiar y decidir el cómo quiero cambiar.

En algún caso tendremos que cambiar nuestros paradigmas, nuestras creencias de base, cómo creemos que funcionan las cosas. Venía a decir Einstein: “si quieres conseguir cosas distintas no sigas haciendo lo mismo”.

Teniendo claro el qué quieres cambiar hay que buscar opciones, los cómos, las posibilidades de renacer de nuevo y ponerse en marcha. Aprendemos desde pequeños por el método de prueba y error, un niño se cae unas 4.000 veces antes de aprender a andar.

Seguro que has sido niño/a y has aprendido a andar, eras constante cuando querías algo e ibas buscando cómo conseguirlo, primero apoyándose en algo y después de forma más independiente. Para cambiar, para aprender, a veces es bueno buscar apoyos antes de poder hacerlo de forma automática.

4.- Consolidar el cambio puede ser lo más costoso. Es como ordenar la habitación, puede que cueste cambiar cómo está, ordenar, y eso es sólo el principio, después hay que mantener el orden.

Cómo se suele decir “la cabra tira al monte” y si no aplicamos la consciencia probablemente nos volvamos a encontrar en la situación inicial. Hagamos cambios conscientes, queridos.

Es el camino del héroe, patrón de las historias populares y leyendas. Al héroe desde dónde está se le presenta un reto o una aventura, al que se resiste, cuando decide asumirlo y ponerse en marcha, encuentra ayuda u orientación, tras pruebas, enemigos y aliados va avanzando hasta la gran prueba, en dónde vence para obtener la gran recompensa y volver triunfante y transformado. Claro ejemplo el de Ulises en la Odisea de Homero, donde tardo 20 años en regresar a Ítaca. Cada uno tenemos nuestro camino del héroe.

Lo que se consigue rápido se suele olvidar rápido, por eso date tiempo para conocerte, aceptarte, decidir qué quieres, cómo quieres cambiar y para consolidar lo que hagas. No hace falta correr, sólo hace falta ir dando pasos.