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viernes, 16 de agosto de 2019

El camino de Santiago y sus lecciones


Este mes de agosto he disfrutado unos días del Camino de Santiago, desde Roncesvalles a Viana. Veo el camino como una metáfora de la vida que pueden ayudar a recorrerla, mis 10 lecciones del camino:

1. Tener claro el objetivo es la mitad del camino: normalmente el que empieza teniendo claro que quiere llegar a Santiago, en un plazo determinado, llega. Si no tienes claro el objetivo te puedes despistar por el camino. Como decía Séneca, ningún viento es favorable para el marino que no sabe a dónde se encamina.
2. Disfrutar del camino, no obsesionarse solo con el objetivo: el camino se disfruta cada día. Obsesionados con el objetivo nos podemos perder el día a día, nos podemos perder la vida. Stephen Covey habla de que algunos se pasan “toda la vida subiendo por la escalera del éxito para llegar arriba y darse cuenta de que la tienen apoyada en la pared equivocada”.
3.  Dividir en etapas: No se puede ir de Roncesvalles a Santiago andando en un día. Dividir los objetivos grandes en objetivos más pequeños. Te puedes comer un elefante bocado a bocado.
4.  Confiar, no se puede planificar todo: Tener clara la dirección e ir avanzando, siempre surgen imprevistos.

“Querer controlarlo todo es imposible y agotador, además puede llevar al enfado ante los imprevistos que son inevitables”

5. Abrirse a las oportunidades: flexibilidad suficiente para abrirse a lo que se presenta, fluir con lo que hay y estar atento a las oportunidades te puede permitir darte un baño, parar en un buen sitio, etc.
6. La importancia de la compañía: El camino y la vida es un espacio para compartir y conversar. He tenido la suerte de disfrutar estos días con mi hija Sofía y parte del camino con Luis Alberto y Álvaro. A veces podemos escoger con quien ir, a veces encontramos buena compañía. Un dicho de los indios americanos “si quieres ir rápido vete solo, si quieres llegar lejos vete acompañado”. Un gusto la compañía que repetiremos en más ocasiones.

Con mi hija Sofía en el camino de Santiago

7. Saber escuchar tu cuerpo, tu cansancio y el de los que te acompañan. Inteligencia emocional para saber qué te pasa y que les pasa a los demás, saber cómo estás y están. Empatía contigo y con el otro. El camino no es solo por fuera, también viajas hacia dentro, hacia conocerte un poco más.
8. Parar cuando es necesario: Si andas demasiado puede que revientes y no puedas seguir, las ampollas pueden aparecer y hacer más dura la continuación. A veces hace falta parar, descansar, recobrar fuerzas y tomarte un tiempo para observar, conversar, disfrutar de un buen paisaje.
9. Aprender de otros, preguntar (no hace falta inventar la rueda): otros han hecho el camino antes y más veces, tienen buenos consejos que darte si quieres y puedes escuchar (buscar a los que saben). Se aprende mucho preguntando. La ventaja del nuevo es que se puede permitir no saber y preguntar cualquier cosa. Nos podemos permitir mirar las cosas como si fuésemos niños y las viésemos por primera vez.
10. Llegas hasta donde llegas y no más: Teníamos 6 días y empezando en Roncesvalles no íbamos a llegar a Santiago, hemos conseguido llegar hasta Viana, en la próxima ocasión continuaremos camino. Dice el cuarto acuerdo de la sabiduría tolteca según Miguel Ruiz: “Haz todo lo que puedas y no más”. Muchas veces se nos olvida ese no más y en lugar de disfrutar de lo que si hemos hecho nos frustra lo que no hemos logrado. Disfrutar del esfuerzo, el camino no ha sido fácil.

jueves, 18 de febrero de 2016

Confiar y aceptar

Juan, el pequeño de mis hijos, nació con una cardiopatía. Nos dimos un gran susto cuando tenía menos de un día y se la detectaron. Lo trasladaron de urgencia a Madrid (a 240 kilómetros de donde vivimos), estuvo un tiempo ingresado y a las pocas semanas decidieron intervenirlo.

Después de la operación estuvimos varios meses yendo todas las semanas a revisión a Madrid, poco a poco las revisiones se han ido espaciando y ahora vamos una vez al año. Hoy ha sido el día de la revisión de este año y de momento todo va bien.
Hubo una gran lección a aprender en esos primeros días en Madrid, aprender a confiar y aceptar lo que nos toca. Es la otra cara de hacer todo lo que puedas y me gusta añadir, todo lo que puedas y no más.

Hacer todo lo que puedas no siempre garantiza el resultado, aumenta las posibilidades de que el resultado se dé, como cuando los agricultores siembran y cuidan lo sembrado, lo normal es que recojan, aunque siempre puede venir una tormenta que eche a perder la cosecha.

Ante la enfermedad nos podemos desesperar o podemos hacer todo lo que podamos, cuidarnos, buscar el especialista adecuado y confiar en el personal sanitario y en el futuro.

Juan me enseño a aceptar la enfermedad, aceptar que no somos perfectos, que no todo sale bien y además me enseño a confiar, a confiar en el futuro y en los profesionales de la medicina, que aunque no lo saben todo son los que más saben. En el caso de España contamos con grandes profesionales.

No podemos controlarlo todo, no podemos controlar el resultado de un examen, de un trabajo, de una relación sentimental, podemos hacer lo que podamos y confiar que algo bueno sucederá. En el caso de que el resultado no sea el esperado, aceptar y buscar los siguientes pasos, en eso consiste la tristeza del duelo, en aprender a aceptar las pérdidas y seguir adelante.

Desde aquí quiero agradecer a todo el personal del Gregorio Marañón de Madrid su gran profesionalidad, su cuidado cada vez que hemos estado allí, su excelente trato y su gran acompañamiento en los momentos difíciles. Especialmente al servicio de cardiología pediátrica y a la doctora Teresa Álvarez Martín, gracias por acogernos cada vez que vamos al Gregorio Marañón.


Espero que si alguna vez estas en una situación parecida encuentres gente excelente por el camino, como ha sido el caso y sepas depositar tu confianza en aquellos que la merecen.

jueves, 8 de octubre de 2015

Confiar para avanzar

La confianza es la base de las relaciones, hace que las decisiones sean más rápidas y facilita la comunicación. La ausencia de confianza dificulta cualquier avance, oculta información, genera rivalidad e intrigas.

Stephen M.R. Covey hijo del famoso Covey por el libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva” profundiza en la importancia de la confianza en su libro “La velocidad de la confianza”. Dos libros que recomiendo leer. Sobre los 7 hábitos ya escribí un post; en este abordaremos la importancia de la confianza, tanto con nosotros mismos como con los demás, recogiendo las principales ideas del libro “la velocidad de la confianza”.

Según Covey la confianza se basa en cuatro pilares:
  1. Integridad: Hacer lo que dices. Esta integridad se apoya en la coherencia entre lo que piensas, sientes, dices y haces.
  2. Intención: tener buenas intenciones (sin intenciones ocultas). Decía Gandhi que si hay duda sobre las motivaciones de una persona todo lo que hace queda contaminado.
  3. Competencia: Saber hacer sobre el tema encomendado. Seguramente no dejarías la gestión de la empresa a quien no supiese sumar, aunque tenga muy buenas intenciones. Como no dejarías al cuidado de tus hijos a quien no considerases competente.
  4. Resultados: Los resultados obtenidos previamente suponen una garantía de que esos resultados se pueden volver a obtener.
Son estos cuatro pilares los que debemos desarrollar para generar confianza en nosotros mismos y de los demás hacia nosotros.
Para escalar debes confiar en quien te sustenta
Foto de Edu-im en Flickr - Rapel
La confianza generada aporta dos resultados inmediatos:
  • Aumenta la rapidez con la que conseguimos los resultados: las comunicaciones son más fluidas, el llamado voto de confianza puede hacer que nos permitan nuevas iniciativas.
  • Disminuye los costes, es necesaria menos supervisión, no nos alargamos en negociaciones interminables. Si no hay confianza pagamos el impuesto: redundancias (por si acaso), burocracia y ejercicio de la política, además de penalizar la colaboración, la lealtad y la innovación.
La confianza suele ser un camino recíproco, para que confíen en ti debes confiar en los demás y si no confías en los demás lo normal es que los demás no confíen en ti. Debemos buscar el equilibrio entre ser desconfiados y ser ingenuamente confiados. Un buen consejo puede ser confianza condicionada para quienes acabamos de conocer y confianza en abundancia para quienes se la han ganado.

Si no confías debes contrastar lo que te cuentan. En una organización en la que falta confianza habrá muchas conversaciones de pasillo, se generarán guerras internas, habrá reuniones antes y después de las reuniones oficiales, en las reuniones oficiales no se tratarán con sinceridad los problemas reales y habrá que estar a interpretar lo que se dice.

La falta de confianza lleva a tener que estar pendiente de todos los detalles, si no confías en tus colaboradores supervisarás todo lo que hacen (micromanagement) lo que impedirá que se desarrollen y que te ayuden a conseguir los resultados con todo su potencial.

La confianza se va construyendo aunque basta un momento para destruirla, recuperar la confianza cuando se ha perdido suele ser más difícil que construirla inicialmente, aunque no es imposible de recuperar.