Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de noviembre de 2025

Y si el nombre de zona de confort está mal puesto

Nos han repetido tanto eso de “la zona de confort” que parece que es el sitio más confortable del mundo, donde sin ninguna duda estaremos felices y tranquilos. Pero la realidad muchas veces es otra: No es que estemos cómodos, es que estamos acostumbrados.

Esa rutina que nos quema, esa relación que ya no suma, ese trabajo que nos agota… no son cómodos, pero son conocidos. Y lo conocido, por muy malo que sea, da una falsa sensación de seguridad.

Esta imagen que me mandaron por WhatsApp me ha inspirado. Seamos sinceros, muchas veces nuestra “zona de confort” tiene de confortable lo mismo que una silla de plástico en una guardia de hospital.

De ahí el refrán: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Nos ata a sillas incómodas, jefes imposibles, parejas que no nos cuidan o vidas que se nos hacen estrechas.

No es confort. Es costumbre mezclada con miedo.

A veces no nos movemos porque sentimos que, si damos un paso fuera, ya no habrá vuelta atrás. Como si abrir la puerta implicara tener que pegarle un portazo dramático a nuestra vida actual.

Y no. Podemos asomarnos. Podemos salir un poquito. Podemos probar.

Igual que un niño pequeño que se va alejando unos pasos de su madre en el parque: explora, mira, toca… pero no la pierde de vista. Sabe que puede volver corriendo si algo le da miedo.

Con nuestra vida pasa algo parecido:

  • Puedes mirar ofertas de trabajo sin renunciar mañana.
  • Puedes hablar con un amigo sobre tu relación antes de tomar una decisión grande.
  • Puedes probar una formación nueva mientras sigues en tu empleo actual.

Explorar no obliga a decidir de inmediato. Te permite ver posibilidades. Y solo eso ya trae aire y alivio.

Puedes salir acompañado, con otros, como cuando en la infancia te ibas de excursión con la pandilla. Salir de lo conocido da miedo. Por eso tiene mucho más sentido montar un pequeño equipo de exploración que hacerlo en soledad:

  • Personas que estén en una situación parecida y con las que puedas compartir dudas y avances.
  • Amigos o familiares que crean en ti y te recuerden que no estás loco por querer algo mejor.
  • Guías que ya han caminado ese camino: un mentor, un coach, un terapeuta… gente que conoce “lo que hay fuera” y puede ayudarte a trazar un mapa.

Las dificultades pesan menos cuando puedes decirle a alguien: “Hoy estoy asustado, recuérdame por qué empecé esto”. No se trata de que otros decidan por ti, sino de no ir solo.

Salir de la zona conocida no tiene por qué ser un salto al vacío. Puede ser una serie de pequeños pasos que, acumulados, cambian tu vida:

  • Hacer una lista honesta de lo que ya no te compensa.
  • Permitir la pregunta: “¿Y si hubiera algo mejor para mí?”
  • Reservar un rato a la semana para explorar opciones: cursos, contactos, lecturas, empresas, actividades…
  • Empezar a decir pequeños “no” donde siempre decías “sí”.
  • Entrenar tu voz interior que dice: “Merezco algo más que sobrevivir”.

Poco a poco vas ampliando el mapa: de un pequeño círculo gris pasas a un territorio más grande, con más caminos, más colores, más elecciones.

No se trata de convertir tu vida en una aventura extrema. Se trata de no quedarte paralizado en un sitio de mierda solo porque te lo sabes de memoria.

Tal vez, mientras lees esto, te venga algo (o alguien) a la cabeza:

  • Una relación de pareja o de amistad que ya no te cuida.
  • Una colaboración profesional que se está agotando.
  • Un trabajo en el que estás quemado, aburrido o invisible.

No hace falta dar un carpetazo inmediato… o quizá sí. Eso solo puedes saberlo tú. Lo que sí puedes hacer es empezar a abrir ventanas:

  • Asómate al mercado laboral, aunque no vayas a irte mañana.
  • Empieza a informarte sobre otras formaciones, sectores, formas de trabajar.
  • Habla con personas que ya han hecho cambios parecidos.
  • Si la situación te desborda, pide ayuda profesional: un terapeuta, un coach, alguien que te acompañe a mirar lo que hoy no te atreves a mirar solo.

A veces, solo descubrir que hay alternativas reales ya trae más tranquilidad, aunque la salida de tu zona conocida tarde dos o tres años en hacerse efectiva. Es increíble lo que podemos conseguir cuando dejamos que el tiempo juegue a favor y no en contra.

Y si tu situación es urgente, si ya no puedes más, entonces moverte es todavía más importante. No esperes a tener el camino perfectamente dibujado: muchas veces el camino aparece cuando empiezas a caminar.

Si tu mal llamada zona de confort no es tan cómoda ni tan confortable, si en el fondo sabes que es una mierda que te estás tragando porque te da miedo lo que habrá fuera…

Te invito a explorar: A cuestionar el “malo conocido”; A abrir puertas y ventanas; A buscar otras posibilidades. Te garantizo que las hay.

Aunque ayer era un buen día para empezar, mejor es hoy que mañana.

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.


domingo, 21 de julio de 2024

El truco para superar la vergüenza

Mi hijo Juan es un sabio espontaneo. Sus ocurrencias y sus ideas son fuente de inspiración constante. El viernes, yendo en el coche, me contó su truco para superar la vergüenza. Algo sencillo, aunque quizá no fácil, si no sabemos aplicar su espontaneidad.

La espontaneidad, a veces, se opone a la vergüenza. Nos permite expresar lo que sentimos, ser auténticos y pedir si queremos algo. Juan puede aparecer con guindillas de la tía Nieves o con el bocadillo de queso que le da Rodrigo. También es un hacha en las relaciones, no le cuesta hablar prácticamente con nadie.

La vergüenza puede privarnos de muchas cosas. Ya lo dice el refrán “quien tiene vergüenza, ni come ni almuerza”. El miedo a ser juzgados puede paralizarnos, impedir que nos acerquemos a hablar con alguien, dificultarnos el pedir lo que queremos, reducir nuestra naturalidad, no dejarnos bailar o cantar (¡qué más da si no lo hacemos del todo bien! Mientras disfrutemos). Con menos vergüenza nos podemos abrir más a la vida, a las experiencias.

El truco sencillo, que espero no se me olvide la próxima vez, es “contar un, dos y tres y a por ello” (1, 2, 3 ¡YA!). Una técnica sencilla pero efectiva:

  • Interrumpe la ansiedad: el contar calma nuestros nervios y nos enfoca en la acción en lugar de la preocupación.
  • Facilita la acción: nos obliga a actuar, evitando la parálisis por el análisis.
  • Pone en marcha la inercia positiva: una vez que damos el primer paso es más fácil continuar.

El truco para superar la vergüenza y la pereza
Este truco sirve también para vencer la pereza. En lugar de quedarnos remoloneando decir “1, 2, 3 ¡YA!”. Superamos la inercia de estar parados y nos ponemos en marcha, damos el primer paso. Una vez comenzado es más fácil seguir (inercia positiva). Dejamos atrás la parálisis y la convertimos en la acción que nos lleva a resultados.

Eso sí, apliquemos este truco para vencer la vergüenza poco útil, la que nos impide hacer o decir lo que nos conviene. Aunque la vergüenza también tiene su papel. No perdamos la vergüenza que nos conviene, la que también tiene su papel, que nos permite integrarnos con otros, pertenecer a un grupo. También puede motivarnos a tratar de corregir nuestros errores cuando nos equivocamos y puede ser impulso para mejorar

Aunque la vergüenza es una emoción natural, no debemos permitir que nos controle hasta el punto de perjudicar nuestro bienestar.

Si quieres ver cuando publico una nueva entrada, puedes seguirme en LinkedIn. Pulsa aquí

domingo, 31 de mayo de 2020

Bloqueado ¿Qué te impide dedicarte a lo que consideras importante?


Hoy me encuentro bloqueado, no me viene la inspiración sobre qué escribir. Me castigo un poco, había decidido escribir todos los domingos y estoy pensando en dejarlo.

Entro en una lucha interior, tampoco pasa nada (y sé que es así). Por otra parte, sí pasa, puede ser el comienzo del tobogán para dejar de escribir, ya me ha pasado, largas interrupciones, que por otra parte pueden ser fructíferas para volver con nuevas ideas.

La parálisis nos puede afectar a todos, paralizados por el análisis, dando vueltas a la cabeza, pensando, contradiciendo lo que pensábamos hace un momento ¿Qué haces cuando sientes que no avanzas en una tarea? ¿abandonas? ¿insistes hasta el agotamiento? ¿te relajas?

Decido analizar de dónde me viene el bloqueo de ideas “suficientemente buenas” sobre las que escribir y encuentro una mezcla de auto-exigencia, de perfeccionismo, ligado con el miedo al qué dirán. También me importa lo que piensen los que leen lo que escribo, tengo que hacer algo que llegue, que impacte. También me digo que escribo para mí, que nunca se lo que va a gustar, lo que va a servir, a cada uno nos sirven unas cosas y a mí me sirve este reflexionar en alto que es mantener un blog, escribir semanalmente.

Y aquí estoy, escribiendo del bloqueo, que nos puede suceder con muchas cosas, de hecho, a mí me sucede, especialmente con lo importante. Cómo es importante queremos hacerlo bien, “perfecto”, y la trampa del perfeccionismo, que a veces no nos deja terminar hasta que no lo sintamos perfecto, otras veces no nos deja empezar al no sentirnos capaces de tamaña hazaña.

Y por el camino nos entretenemos con otras mil cosas, aprovechamos la excusa de que estamos ocupados para no centrarnos en lo importante. Es que para lo importante tengo que despejar un montón de cosas, no tengo que tener nada que me distraiga, en cuanto las acabe me pongo y el momento no llega nunca.

Pablo Piccaso: "qué la inspiración me encuentre trabajando", foto tomada de twitter de @PaulaBabier
Qué tal si aparcamos todo el resto de cosas y nos ponemos con lo importante. Lo que nosotros consideramos importante, como para mí el dedicar un rato todas las semanas a escribir y publicar una idea que me ronde por la cabeza.

“Lo importante no puede estar al servicio de lo menos importante”

¿Hay algo que tengas aparcado y que para ti es importante? Cada uno tenemos nuestra excusa para no abordarlo, muchas veces detrás está algún miedo, que no siempre es fácil ver.

Si no es ahora ¿cuándo? Por mi parte, casi sin querer queriendo, he escrito esta entrada con la que estaba bloqueado. Muchas veces los bloqueos se superan poniéndose a ello, muchas veces lo importante es empezar.

Decía Picasso “que la inspiración me encuentre trabajando”, así que un poco de perseverancia a veces ayuda. Si no ayuda, es hora de pasar a otra cosa.

Y ahora me voy a descansar en la confianza de estar más inspirado a la próxima (y de que esto que he escrito te pueda servir).

sábado, 9 de noviembre de 2019

Encontrar la motivación y la valentía


La motivación es la energía que nos impulsa a la acción. El motivo es la razón por la que haces lo que haces, por la que quieres hacer lo que haces. Hay una gran diferencia cuando actuamos por “tengo qué” frente a “quiero” y “escojo”; gran diferencia entre sentir que hago las cosas porque quiero y no porque me las imponen.

Motivación = motivo para la acción

Otras veces tenemos el motivo y no nos atrevemos, sentimos que queremos hacer algo, encontramos ese deseo que nos impulsa y nos quedamos con las ganas. La cantidad de cosas que nos habremos perdido por no atrevernos y dicen que con el tiempo nos acordamos más de lo que no hacemos, de lo que se queda pendiente, que de lo que hacemos.

Para eso tenemos a nuestro alrededor unos grandes maestros, que se saben escuchar, saben lo que quieren y tienen unos miedos más naturales, no tan condicionados por el que dirán, tienen menos vergüenza. Esos maestros son los niños, a los que a veces les pasamos nuestros miedos.

Esta semana Juan, mi hijo más pequeño, quería hacer el dibujo para la entrada de esta semana, y tenía claro que quería dibujar un caballero. Me preguntó que si lo dibujaba y lo ha hecho con la mayor de las ilusiones.

El caballero de Juan Fontaneda - un valiente con motivación

Estoy convencido de que, si en lugar de haber encontrado sus propios motivos yo le hubiese dicho que se pusiese a dibujar, no lo habría hecho con tantas ganas.

Encontrar nuestros motivos para hacer y encontrar lo que puede motivar a los que nos acompañan, sus motivos, que pueden ser muy diferentes de los nuestros.

Cuando hablo de encontrar los motivos no es solo hacer lo que nos apetece, es también encontrar la energía para hacer lo que nos conviene. Es probable que no me apetezca fregar los platos después de comer, pero sin duda lo que sí quiero es tener la cocina limpia, así que a veces, encontrar la motivación para hacer lo que nos conviene no es tan fácil.

A veces cuesta más encontrar los motivos para hacer lo que nos conviene, porque hay cosas que no apetecen

Espero que encuentres los motivos adecuados para vivir una buena vida, una vida que merezca la pena ser vivida.

viernes, 4 de octubre de 2019

El tiempo, la vida y las emociones

¿No tienes tiempo? ¿Tienes tantas cosas que hacer que no sabes por dónde empezar? Atender al trabajo, la familia, los amigos, hacer ejercicio, comer sano… Simplemente vivir.

¿Por qué siento que nunca trabajo lo suficiente? ¿Por qué no me da de sí el día? ¿Por qué me preocupa no pasar suficiente tiempo con mis hijos o con mis padres? ¿Por qué no me puedo relajar hasta que no acabo mi lista de pendientes? ¿Por qué nunca se acaba la lista de pendientes? ¿Estoy contento con lo que hago?

Muchas preguntas y a veces no tantas respuestas. Nos las preguntamos un rato y después nos vamos a otra cosa sin llegar a responder, nos ocupamos para no pensar, para no sentir, nos anestesiamos alejándonos de nuestro ser.

Las cosas que hacer, el tiempo y las emociones se mezclan. Las emociones nos dan pistas de cuáles son nuestras creencias, nuestros valores (lo que consideramos importante), de cómo actuamos, por qué y para qué. Son unos grandes indicadores si nos dejamos sentir y vemos de dónde vienen y a dónde nos llevan.

Imagen tomada de https://www.filco.es/emociones-camino-felicidad/
Así, en esta mezcla de tiempo, cosas que hacer y emociones nos podemos sentir de distintas formas:
  • Orgullosos de lo ocupados que estamos, si no estás ocupado parece que no eres importante.
  • Decepcionados porque sentimos que nos hemos pasado el día haciendo y al final del día no sabemos lo que hemos hecho, corriendo para no llegar a ninguna parte.
  • Miedo o hasta pánico por las cosas que tengo que hacer o que no he hecho.
  • Ansiedad pensando que teníamos que estar haciendo otra cosa más importante.
  • Culpables por trabajar demasiadas horas y no pasar más tiempo en casa. O también culpable por tomarte tiempo de ocio o tiempo para ti (¡me siento vago!). Dejar de trabajar puede causar un terrible cargo de conciencia. Programados para trabajar.


Después puedes reflexionar si ese sentir es adecuado, dónde te lleva y dónde quieres ir. Porque el sentir viene de lo que crees y te lleva a actuar de una determinada manera, incluso aunque te anestesies para no percibir la emoción está ahí.

El primer paso para gestionar tu tiempo, tu vida, es poner conciencia, saber cómo estás viviendo y desde ahí decidir cómo quieres y puedes vivir. La definición de locura de Einstein es pensar en obtener resultados diferentes haciendo las mismas cosas.

Así empieza hoy mi ponencia, en el XXV congreso de ESRA, donde me han invitado a compartir. Un placer poder aprender con un colectivo implicado en dar más años a la vida y dar más calidad de vida a los años.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Conócete a ti mismo


La frase “conócete a ti mismo” resuena en mi cabeza como una tarea en proceso, donde doy dos pasos hacia delante y uno para atrás ¿quién soy? ¿a dónde voy? ¿para qué estoy aquí?

La encontramos delante del templo de Apolo, en Delfos, donde se iba a consultar a los dioses a través de las pitonisas. Parece como si para interpretar la respuesta de las pitonisas fuese necesario dar el paso previo del autoconocimiento.

Las pitonisas recibían sobre un trípode, taburete de tres patas, que simbolizaban pasado, presente y futuro. Auto-conocerse tiene que ver con contemplar tu pasado, que te ha traído aquí y ser consciente de tu presente (estar aquí y ahora) para decidir qué quieres en tu futuro.

Inicialmente mi afán con el tiempo era cómo aprovecharlo mejor, lo que equivalía a ser más productivo, viviendo una ansiedad continua. Con los años este afán por la productividad se ha transformado en vivir una vida más plena, dedicando tiempo a lo que merece la pena (vivir tu tiempo, el título del blog en el que escribo). Dando el tiempo que necesitan a las cosas y sobre todo a las personas (Kairos), frente a la obsesión por el reloj (Cronos).

La sabiduría se relaciona con la edad y encontramos el viejo dicho de que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”. Los ancianos suelen vivir más tranquilos, con menos ansiedad (una dolencia ahora común), y menos preocupados por la productividad ¿Será que la edad aporta auto-conocimiento?


Aunque los años ayudan, no todos vamos al mismo ritmo, para conocerse hay que mirarse, sentirse, escucharse. Dicen que de los errores se aprende, aunque también se dice que los humanos tropezamos varias veces en la misma piedra. Será que para aprender hay que darse cuenta y eso no sucede sin observarse: con la mente, la mirada, el corazón y el instinto. Sin darnos cuenta seguiremos tropezando en la misma piedra.

Encontramos puntos de apoyo, acompañantes en el autoconocimiento. Yo he encontrado en los últimos años estos puntos de apoyo en el programa SAT (buscadores de la verdad) de Claudio Naranjo y en la Psicología Gestalt; especialmente en los muchos acompañantes-buscadores con los que he hecho parte del camino. También hay otras vías, otros caminos, que te pueden ayudar.

Me encuentro buscando, sin obsesionarme, qué es una vida más plena para mí, cómo quiero vivir mi vida con los demás, cómo emplear mi tiempo sin ansiedad y prisa, disfrutando del camino sin correr hacia un objetivo que pierde su importancia cuando lo alcanzo. Veo la capacidad de elegir cada día, cada momento.

Ahora creo que el autoconocimiento aporta paz interior, tranquilidad, pausa, consciencia, auto-responsabilidad… y todavía me siento un aprendiz, que está dando sus primeros pasos, aunque ya haya dado unos cuantos. Tengo claro que los pasos han merecido la pena.

Conociéndote, dándote cuenta de lo que haces, sientes y piensas, funcionas menos con el piloto automático (menos automatismos) y puedes decidir, lo que hace que vivas más, o al menos, no siempre lo mismo.

En la última semana que he pasado con mis compañeros de camino hacia el autoconocimiento, en la búsqueda, me he dado cuenta de cómo tengo menos certezas, veo algunos de mis miedos, deseos y necesidades, contemplo como actúo ante ello y eso me da la posibilidad de cambiar, si es que quiero.

Saber lo que quieres es la mitad del camino, después hay que ir a por ello, dar los pasos. Si te quedas esperando que llegue, igual tienes suerte, abrirte a lo que te llega está bien y también puedes salir, arriesgarte, ir a por lo que quieres y ver qué pasa. La vida es una aventura y puedes elegir como vivirla.

Me doy cuenta de cómo empecé este blog para pensar en alto, crear ideas y material para un libro, que quedó aparcado, abrumado por tanto que recoger, sintetizar y digerir. Esta semana he visto cómo me he quedado parado con el proyecto de ese libro. Ahora encuentro la energía para hacer esa digestión necesaria de tantas cosas, que espero dé origen a un libro este año.

domingo, 25 de agosto de 2019

Con las ganas


Creo que hay dos pasos fundamentales para disfrutar de tu vida:
  1. Saber lo que quieres.
  2. Ir a por ello.

Mucha gente dice que no sabe lo que quiere, yo mismo me he encontrado en esa situación, diciendo que no sé lo que quiero, creyendo que no sé lo que quiero. En una de esas ocasiones alguien me preguntó, en esta sala quién te gusta, quién te atrae, con quién te gustaría estar; todo eso sin conocer a la gente de la sala y la respuesta sale sola si la dejas surgir de tu interior, tus intestinos saben lo que quieres, ahí reside el instinto (que después tendremos que poner de acuerdo con el corazón y con la cabeza; la emoción y la lógica).

Lo que quieres no siempre está en la cabeza, no siempre es lógico, pero lo tenemos mucho más claro de lo que nos permitimos ver. No lo queremos ver porque eso nos responsabiliza, si sabemos lo que queremos tenemos la responsabilidad de ir a por ello o al menos decidir que nos da miedo o reconocer cuales son los aspectos por los cuales no nos lo vamos a permitir.

Y así pasa la vida, sin querer mirar lo que queremos, por miedo a ir a por ello, porque se está más cómodo repitiendo todos los días lo mismo, haciendo el trabajo que ya conocemos, con la misma gente de siempre y con el mismo jefe que no nos cae bien.

Ahí están los dichos populares de “más vale malo conocido que bueno por conocer” o “más vale pájaro en mano que ciento volando”

A la gente que se atreve, gente valiente, que va a por lo que siente que quiere, muchas veces los tachan de locos, por pedir una excedencia, te dicen ¿dónde vas con tres niños? Si tienes una vida ideal. Cuando te empiezan a tachar de loco pueden estar en lo cierto o pueden estar escondiendo la envidia (sin darse cuenta), que sienten hacia alguien que se atreve

Los emprendedores, exploradores, aventureros salen sin conocer todo el camino. Hay gente que tiene necesidad de exploración y cada cierto tiempo, dos o siete años quiere hacer algo nuevo, ver algo nuevo, sentir algún cambio en su vida, aunque ahora vivan una vida acomodada.

El cambio tiene sus riesgos, la exploración tiene sus riesgos y nos lleva al aprendizaje, al conocimiento, al disfrute de cosas nuevas. Y no quiero animar a explorar sin cabeza, sin ponderar los riesgos, pero sí a ver cuándo el miedo te está paralizando, cuando hay demasiado análisis, demasiada parálisis por el análisis, cuando se parece a un miedo a vivir.
Si no te arriesgas no aprendes a escalar

En ocasiones merece la pena vencer el miedo, vencer la resistencia y probar, atreverse. Esta entrada va dedicada a todos aquellos que se atreven y que son ejemplo para los demás, que animan a vivir nuevas experiencias.

Candy Chang pinto una pared de pizarra con el encabezado “before I die I want to…” para que cada uno pudiese poner que quería hacer antes de morir, eso se ha extendido por todo el mundo en muchos muros, incluso en internet, cuando yo lo leía había quién se quería pintar el pelo de colores o volar en globo, vivir en el extranjero…

¿De qué tienes ganas? ¿Qué harías si no tuvieses miedo? ¿Qué es lo que no te permites hacer? ¿De verdad es tan complicado? No te quedes con las ganas, prueba, atrévete a vivir.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Voy a toda velocidad a ningún lugar

Estoy en una de esas épocas donde no paro de hacer, venga a tratar de solucionar problemas, corriendo de una cosa a otra y con la sensación de no llegar lo suficientemente bien a ninguna.

Reviso el día cuando termina, he hecho un montón de cosas y no he avanzado nada en lo importante, lo único que he hecho es sobrevivir, sacar la cabeza lo suficiente para poder respirar en el mar de obligaciones que creo tener.

Las cosas van llegando y como un hámster en una rueda tengo la sensación de que llegan más rápido conforme las voy solucionando más rápido. Y me quedo con el sentir de que en esa rueda no avanzo, solo me entretengo, corro para seguir estando en el mismo sitio. Igual que el hámster tiene la rueda en la jaula para entretenerse.

Esta mañana comentaba con un amigo la importancia de poder pararse a pensar, darse cuenta de lo que estás haciendo, para no ir corriendo, a toda velocidad, a ningún lugar. Quizá si paro puedo darme cuenta de que estoy en una rueda, que no me muevo por mucho que corra y al darme cuenta me puedo bajar de la rueda y comenzar a explorar.
Foto tomada de www.miscota.es
La rueda puede ser lo conocido que tengo en la jaula, la jaula que he creado poniendo limitaciones, barreras que creo infranqueables o que no quiero pasar por lo cómodo que me siento. Lo fácil puede ser seguir en la rueda, seguir en automático, sin darme cuenta de que la puerta de la jaula está abierta para explorar un nuevo mundo.

Puede dar miedo explorar, dejar de hacer lo de siempre en automático y permitirse un rato para probar cosas nuevas, para probar lo que quieres y alejarse de la jaula conocida, quizá solo un poco al principio.

Los años pasan más rápido cuando eres más mayor y quizá sea la falta de novedad, el repetir siempre lo mismo, algo que no haces en la adolescencia y juventud, tiempo de exploración y crecimiento, donde en un año pasan muchas cosas nuevas.

Siendo joven te atreves a probar, a explorar, a arriesgar… y no siempre aciertas. El probar te permite madurar y avanzar en la prueba-error o la prueba-acierto. Quizá la percepción del tiempo tiene que ver con la actitud en la vida, con la innovación y la decisión de seguir viviendo y no sobreviviendo.

¿Realmente tienes que ir tan rápido a ningún lugar? ¿Te puedes permitir parar a sentir todos los días 5 minutos lo que quieres? ¿Qué es lo importante? Y si es posible, empezar cada día con lo importante y así no tendrás la sensación de que ha pasado un día más y no has hecho nada por mucho que has corrido.

Puedes bajar de la rueda del hámster si quieres, primero te tienes que dar cuenta de que estás subido (si es que lo estás). Yo hoy elijo bajarme de la rueda.

viernes, 22 de julio de 2016

La trampa del perfeccionismo

Un niño se cae de media 4.000 veces antes de aprender a andar, cuando empieza no lo hace perfecto, persevera y finalmente consigue andar. Todos nacemos con esa capacidad de perseverar para aprender, de aceptar el error, de caernos y levantarnos.

Cuando crecemos aprendemos a tener miedo al error, a la equivocación, a no ser perfectos. Aunque la cabeza nos dice que todo el mundo puede equivocarse no queremos permitirnos esas equivocaciones. Creo que por eso los niños aprenden más rápido, van probando, caerse es un paso más antes de conseguir andar.

También para aprender a andar en bicicleta, nos tenemos que arriesgar a caer, sin riesgo el aprendizaje es más difícil. Si la primera vez que nos caemos dejamos de intentarlo nunca aprenderemos.     

Cuando alguien con más años intenta aprender a patinar, a esquiar, además de aprender la habilidad tiene que ser capaz de vencer el miedo a caerse. Con los años una caída duele más, no solo porque el cuerpo se resiente más, también hemos aprendido a aceptar menos nuestros errores.

“Cuando vamos a por algo corremos el riesgo de no conseguirlo, si no vamos tenemos la seguridad de que no lo conseguiremos”

Si queremos volver a avanzar cómo cuando éramos niños tenemos que des-aprender a ser tan exigentes con nosotros mismos, tenemos que dejarnos probar y aceptar nuestras equivocaciones.

La auto-exigencia, el perfeccionismo, nos paraliza y por eso no cantamos como hace un niño, por vergüenza al qué dirán, por miedo al ridículo.

No solo dejamos de cantar, también nos ponemos excusas para empezar nuevos proyectos o montar nuevos negocios, por si acaso no funcionan, para ahorrarnos la posibilidad de que fracasen con lo que también nos ahorramos la posibilidad de que triunfen.

Entre la chapuza y lo perfecto existe un gran espacio, para avanzar tienes que darte permiso a hacer en ese espacio.
Suficientemente bueno en lugar de perfecto (así ya vale)
El perfeccionismo paraliza, nunca va a estar suficientemente bien y nos lleva a posponer proyectos y hasta decisiones, hasta que tengamos toda la información que nunca tenemos.

Hace unos días podía leer en la camiseta de una amiga “If you never try you’ll never know” (Si no lo intentas nunca lo sabrás) ¿Te vas a quedar sin saberlo?

Cuando haces puedes equivocarte, si no haces te quedas sin avanzar seguro ¿Quieres asumir el riesgo y poder conseguir algo o prefieres quedarte en el sofá pensando lo que podría haber sido?

Párate y observa que estás posponiendo porque crees que no tienes la suficiente información, porque piensas que no sabes lo suficiente, porque puede fallar. Si empiezas a dar pasos el camino se irá aclarando, quizá solo es miedo a que no salga bien. Ponte en lo peor ¿realmente es tan malo?

Si estás dudando ponte en marcha, con perseverancia podemos conseguir más cosas de las que creemos.

Y si lo que estás pensando es que dirán los demás, siempre encontrarás quién te critique y quién te apoye, creo que es mejor quedarte con los que te apoyan.

“Conformarse” con o aceptar lo suficientemente bueno ahorra el tiempo y el esfuerzo de la perfección. Dilema entre una solución satisfactoria que te ha llevado poco tiempo o la mejor opción que está aún por descubrir.