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miércoles, 17 de junio de 2026

¿Estás viviendo tu vida… o la que otros esperan de ti?

Hace unos años me encontré en un taller diciendo que no sabía lo que quería… Ahora me doy cuenta de que puede ser una excusa para seguir con el piloto automático.

La excusa de "no sé lo que quiero" suele ser más cómoda de lo que parece. Mientras tanto, seguimos avanzando por inercia. Aceptamos un trabajo porque era la opción más lógica, compramos cosas porque las tiene todo el mundo, llenamos los fines de semana de actividades porque es lo que se supone que hay que hacer, vemos las series que todo el mundo comenta, perseguimos objetivos que nunca nos hemos parado a cuestionar y organizamos nuestra vida según expectativas ajenas.

No elegimos conscientemente, simplemente seguimos la corriente. Y el problema no es que esas decisiones sean necesariamente malas; el problema es que muchas veces ni siquiera son nuestras. Cuando dejamos de preguntarnos qué queremos, el piloto automático toma el control y acabamos viviendo una vida diseñada por la costumbre, la presión social o el algoritmo de turno.

Una de las preguntas más incómodas que podemos hacernos es también una de las más importantes:

¿Estás viviendo tu vida… o la que otros esperan de ti?

Vivimos en una sociedad que continuamente nos dice cómo deberíamos vivir. Qué estudiar, qué trabajo buscar, qué coche comprar, dónde viajar, cómo vestir, qué opinar o incluso qué debería hacernos felices. Antes eran la familia, el entorno cercano o la televisión. Ahora también se han sumado las redes sociales y unos algoritmos que conocen bastante bien cómo captar nuestra atención.

La influencia siempre ha existido. El problema no es que exista. El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos qué queremos nosotros.

A veces llevamos tanto tiempo atendiendo las expectativas de otros que acabamos perdiendo el contacto con nuestros propios deseos.

Pero hay una realidad incómoda: cuando no decides tú, alguien termina decidiendo por ti.

La cultura, la publicidad, las modas, las expectativas de los demás deciden. Poco a poco acabas viviendo una vida que parece correcta desde fuera, pero que quizá no termina de sentirse tuya por dentro.

Por eso es tan importante parar de vez en cuando: para escuchar, para sentir, para hacerse preguntas que no siempre tienen una respuesta inmediata:

·       ¿Qué cosas me hacen sentir vivo?

·       ¿Qué hago porque realmente lo deseo?

·       ¿Qué mantengo solo por costumbre?

·       ¿Qué seguiría haciendo si nadie me estuviera mirando?

Son preguntas sencillas, que a veces no son fáciles de contestar.

La paradoja es que muchas personas pasan años buscando tiempo para vivir, cuando en realidad ya están viviendo. Lo que ocurre es que, a veces, están viviendo la vida que otros esperan de ellas.

Y el tiempo sigue pasando igual.

Cada día que no elegimos conscientemente también es una elección.

Por eso, de vez en cuando, merece la pena detenerse y preguntarse:

Si nadie esperara nada de mí, ¿cómo elegiría vivir este próximo año?

Tal vez puedas empezar a dar pequeños pasos en la dirección de una vida más tuya.

Porque vivir tu tiempo no consiste en llenar la agenda. Consiste en asegurarte de que aquello que llena tu tiempo responde, cada vez más, a quien realmente eres.

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domingo, 12 de abril de 2026

La libertad que da vértigo

Hoy es domingo. Ese día que en muchos entornos aparece como el gran símbolo de la libertad. No hay horarios estrictos, no hay reuniones, no hay jefes esperando respuesta. En teoría, es el día para hacer lo que uno quiera.

Y, sin embargo, no siempre es tan sencillo.

A veces, con todo ese tiempo por delante, me descubro dejándome caer en el sofá. Sin mucha intención, sin demasiada conciencia, simplemente dejando pasar el día. Puede que lo necesite, puede que sea descanso… o puede que haya otras formas de descansar que me dejen más lleno por dentro.

Entre semana, la vida viene bastante pautada. Hay estructura. Hay obligaciones. Hay un guion más o menos claro que seguir. Y eso, aunque a veces pese, también sostiene. Te quita la necesidad de decidir constantemente. Pero llega el domingo… y con él, la libertad.

Y con la libertad, una pregunta incómoda: ¿Qué quiero hacer realmente con mi vida… o al menos, con este día? No siempre es fácil responderla. Porque esa pregunta abre un espacio que puede dar vértigo. Un espacio donde ya no hay excusas. Donde elegir implica renunciar. Donde aparece, aunque sea de forma sutil, la responsabilidad.

Quizá por eso, muchas veces, nos refugiamos en la pereza o en el consumo pasivo. Pantallas, scroll infinito, contenido que entra sin pedir permiso. Horas que pasan sin apenas darnos cuenta. La sensación de “no hacer nada”… que en realidad es hacer algo que no hemos elegido del todo.

La libertad, cuando no está acompañada de intención, se diluye. Queremos libertad, pero cuando la tenemos… no siempre sabemos qué hacer con ella.

Porque ser libres también significa hacernos cargo. De lo que hacemos… y de lo que no hacemos. De en qué invertimos nuestro tiempo. De hacia dónde nos movemos.

A veces incluso preferimos la jaula conocida al vértigo de decidir. Una jaula con normas, con horarios, con caminos marcados. Más previsible, más cómoda, más tranquila; que una selva llena de posibilidades.

¿La jaula conocida o la selva de posibilidades?
No es casualidad. Llevamos toda la vida entrenados para cumplir. Desde pequeños: horarios, asignaturas, objetivos, itinerarios claros. Pocas veces nos enseñan a elegir de verdad, a priorizar, a decir “sí” a algo… sabiendo que eso implica decir “no” a muchas otras cosas. No nos entrenan para la libertad.

La libertad también se puede entrenar. Igual que aprendimos a montar en bici cayéndonos, dudando, probando… aprender a decidir requiere práctica. No es algo que se resuelva pensando mucho, sino viviendo, equivocándose, ajustando.

Por eso, quizá el domingo no es solo un día para descansar. Puede ser también un pequeño laboratorio. Un espacio para parar un momento y preguntarte:

  • ¿Qué me apetece de verdad?
  • ¿Qué necesito hoy?
  • ¿Hacia dónde me gustaría ir, aunque sea un paso pequeño?

Y después… no quedarse demasiado tiempo en la duda. Elegir, incluso con incertidumbre, incluso sin tenerlo claro del todo, dar un paso.

Porque no tenemos el control absoluto de lo que pasará, pero sí tenemos influencia. Y esa influencia empieza en decisiones pequeñas, aparentemente insignificantes, como qué haces con un domingo.

Así que te propongo algo sencillo, practica: para, déjate sentir que te apetece, piensa que quieres, donde te puede llevar cada decisión… No te atasques ahí, decide, incluso con dudas… Empieza a caminar y acepta la responsabilidad de que tienes influencia en tu futuro

Poco a poco, la libertad dejará de ser un vértigo… para convertirse en un camino.

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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Infoxicados

Estamos infoxicados, saltamos tan rápido de una página web a otra que no nos damos tiempo para asimilar, en la cultura de la prisa prima la cantidad. Tanto que leer y tanto que leemos y después de tanto esfuerzo y tanto correr no nos quedan ideas claras.

Tenemos un problema de tiempo para tanto que queremos procesar, empezando por el Whatsapp, con todos sus grupos ¿Cuántos se pasan ya más de dos horas diarias con el móvil? ¿Qué valor nos aporta lo que leemos en el Whatsapp? Muchos han decidido salir de la aplicación y abandonarla totalmente, incapaces de poner límites a su conexión infinita.

Una adicción supone como tal que tenga repercusiones negativas en el entorno, en las relaciones. Por poner algún ejemplo: ¡Cuántas parejas se ven influidas negativamente por el uso excesivo de las nuevas tecnologías de la información! Uno quiere hablar y el otro está conectado al móvil o ¡cuántos niños se quedan diciendo algo a sus padres sin ser escuchados! Los padres, a veces, damos mal ejemplo conectados al móvil y desconectados de los niños (después diremos que no escuchan, aprenden por imitación).
Foto tomada de libertad digital: lo que el amor ha unido que no lo separe un móvil
Dicen que estamos en la era de la información, será así si somos capaces de adaptarnos. Algunos están en la era de la información y otros en la era de los datos, muchísimos datos de los que podemos sacar información valiosa o en los que perdernos.

¿Cuál es la diferencia entre datos e información? La información nos sirve para tomar decisiones, nos ayuda a que estas sean acertadas con mayor probabilidad. Los datos solo nos sirven para ocupar espacio en la cabeza.

Nuestra cabeza es como un ordenador, si la llenamos, como cuando llenamos la RAM del ordenador, ira lenta, pensaremos más despacio y cometeremos más errores, como le pasa al ordenador saturado. En un trastero demasiado lleno no encontramos lo que buscamos. Si llenamos demasiado nuestra cabeza la convertimos en un trastero en el que no encontrar nada.

Tampoco nos podemos obsesionar por conseguir toda la información, tenemos que aprender a vivir con cierta incertidumbre, nunca sabremos todo, nunca vamos a estar seguros. Si nos obsesionamos con tener todo controlado entraremos en “parálisis por análisis”, tanto analizar las posibilidades al final no decidimos nada. Saber decidir cuando tengo suficiente información, cuándo así ya vale para tomar una decisión o hacer lo que quiero.

“No se puede saber todo”

En marketing está demostrado que con demasiadas opciones compramos menos, el temor a equivocarnos con tantas posibilidades. Si tenemos que decidir entre 24 mermeladas compraremos menos mermeladas que si tenemos 6 mermeladas para elegir. El 30% de los que paran en la muestra con 6 sabores acaban comprando un tarro, mientras que solo el 3% de la mesa de 24 sabores acaban comprando uno. Te dejo un video de Sheena Iyengar explicando como decidimos con más información o si nos bloqueamos (16 minutos).


Internet está diseñado de una forma atractiva para nuestro cerebro, al que le gusta saltar de un sitio a otro. Podemos pasar dos horas conectados a Internet leyendo y acabar no recordando nada de lo que hemos leído. Como cuando pasamos un par de horas delante de la televisión con el mando a distancia, cambiando de un canal a otro sin ver nada realmente.

Cómo movernos en el mar de datos, en el mar de publicaciones, de cosas interesantes que nos llaman la atención:
  1. Para pensar con más claridad debemos empezar con un objetivo claro en mente, para no perdernos. En lugar de ir saltando de un lugar de la red a otro sin propósito tener claro que información buscamos y cual vamos a leer.
  2. En este caso menos es más (menos información aporta más claridad). Buscar lo relevante, lo que nos aporta valor para las decisiones que vamos a tomar o lo que tenemos que hacer y eliminar el ruido de todos esos datos superfluos.
  3. Recomiendo un par de semana de dieta hipo-informativa, es decir, bajar la cantidad de información que procesamos: menos televisión, menos prensa, menos radio, menos Internet sin propósito, menos correos, menos Whatsapp.
  4. Ser selectivos con lo que leemos, vemos y las charlas a las que acudimos, es el alimento de nuestra mente. Igual que para estar en buena forma física somos selectivos con lo que comemos y no nos excedemos en cantidad para estar en buena forma mental debemos alimentar de forma adecuada a nuestra mente, además de ejercitarla periódicamente.
  5. Buscar momentos para no procesar información, momentos de descanso mental, de descanso, de respiraciones profundas.

Si conoces a alguien que esté infoxicado igual le viene bien leer este post (aunque no sé si llegará hasta el final o si se quedará entre la pila de documentos por leer) o mejor aún, envíaselo a quien te inunda con información, igual así piensa mejor que es lo que merece la pena enviar.

Por cierto, felicidades si has sido capaz de llegar al final del artículo, con tanta prisa tendemos a leer a medias y no acabar, dejar para más tarde, ese momento que nunca llega.