lunes, 6 de enero de 2020

Y si no es ahora ¿Cuándo?

Me ha llevado un tiempo ponerme a escribir esta entrada. Aunque realmente, no me ha llevado tanto escribirla una vez que me he puesto a ello. De hecho, cuando empiezo, las palabras parecen fluir solas.

El 12 de diciembre, un amigo de toda la vida, que ahora vive lejos (a la suficiente distancia para no vernos a menudo) nos puso al día de sus últimos dos meses.

En esos dos meses se mezclan muerte y vida, un diagnóstico de una dolencia grave y una operación agresiva, diez días antes de que naciese su primera hija, la nueva vida que llega.

Y de esto me cuesta escribir, me cuesta darme cuenta de que no somos inmortales, algo que es tan evidente, me duele sentirlo y pensarlo. Los amigos, familiares… parece que van a estar ahí siempre; parece que vamos a estar siempre ahí, nos queda tanto por vivir, tantos con los que vivir (especialmente con los hijos). Y no sabemos cuánto tiempo nos queda, hagamos que ese tiempo merezca la pena.

No somos eternos. Dibujo de Leyre Fontaneda.

Me gusta pensar que aún soy joven, igual que mis compañeros de colegio que también son jóvenes. Parece que la definición de joven es de mi edad hacia abajo. Esa parece que era la definición de mi abuelo con 90 años, donde cualquiera que tuviese menos era un chaval.

Y como somos inmortales podemos esperar para un montón de cosas, vamos dejando lo que nos importa, entretenidos con otras cosas, y ya llegará el momento, más adelante: cuando acabe la carrera, cuando me case, cuando tenga un trabajo estable, cuando tenga hijos, cuando los hijos se vayan, cuando me jubile… Dejando las cosas para ese tiempo infinito que parece el futuro.

A veces no parece buen momento y se acaba convirtiendo en que nunca es buen momento, para esa conversación, para ese viaje de cinco días, para ese reencuentro. Quizá si paramos y nos dejamos sentir, lo pensamos despacio, ese nunca es buen momento se puede convertir en que cualquier momento es bueno.

Tenemos el poder de elegir, elegir que hacemos en cada momento. El momento puede ser ahora o podemos seguir esperando, eternamente, el momento perfecto ¿A qué esperamos? ¿A qué esperas? ¿A qué espero?

Por otra parte, la vida consiste en vivir, en ser, no tanto en hacer.

La felicitación de este amigo para este año: “que el 20 traiga salud a todos… lo demás viene solo”. Qué así sea compañero J.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Dormir poco tiene su precio

La falta de sueño está relacionada con aumento de peso, afecta al humor, memoria, funcionamiento inmunológico, sensibilidad al dolor y te hace discutir más, con lo cual lleva a peores relaciones.

Puede que madrugues porque tienes muchas cosas que hacer, o que te vayas a la cama tarde para poder estirar el día. Si esto lo haces solo puntualmente quizá no tengas que pagar la factura que relataba en el párrafo anterior, si lo haces de forma habitual, dormir poco tiene su precio.

Es probable que tareas que pueden llevar 10 minutos se alarguen, que aumenten los despistes y la dificultad para mantener el foco. El cansancio hace más difícil la concentración, que es vital para un tiempo productivo.

Especialmente importante si estás estudiando, durante el sueño se fija la información en la memoria y se ha relacionado el descanso adecuado con el aprendizaje a largo plazo. No te quedes dormido delante del libro (ni soñando despierto).

No por estirar el día este va a dar de sí. Dibujo de Leyre Fontaneda

Pasado un cierto límite de cansancio nos da pereza hasta ir a la cama y podemos tener más dificultades para dormir. Esos días enganchados a la televisión o a las redes sociales, donde pasan dos o tres horas sin darnos cuenta y al día siguiente no sabemos ni que hemos hecho.

¿Cuánto descanso es necesario? ¿Cuánto sueño es suficiente? Las necesidades varían según personas y también van cambiando con la edad, además también afecta la calidad del sueño, no solo la cantidad. Aquí es importante saber escucharte, saber entender cuanto es suficiente para ti y ver si con lo que duermes tienes un día satisfactorio y productivo o te vas arrastrando.

Muchas veces vamos a la cama tarde porque es el único momento en el que encontramos tiempo para nosotros, tiempo personal. Sin ese momento podemos sentir que no tenemos tiempo para nosotros. El truco puede estar en buscar en esos momentos a lo largo del día y no dejarlos para el final, como si fuese lo menos importante.

Algunas recomendaciones para un buen descanso:
  • Horarios regulares para acostarse y levantarse.
  • En los días “especiales” ser consciente de cuando ir a dormir.
  • Establecer rutinas antes de ir a dormir.
  • Evitar estimulantes (cafeína) y comidas copiosas o pesadas antes de ir a dormir. También los aparatos electrónicos y el brillo de pantallas.
  • Buscar entorno adecuado, sin ruido ni luz, ventilado.
  • Hacer ejercicio durante el día y no ejercicio intenso en las horas previas a irse a dormir.

Esta breve reflexión solo pretende que pongas atención a cuánto y cómo descansas, también a cuánto y cómo duermes, un buen descanso es clave para una vida satisfactoria y productiva.

Para mi los tres grandes, la base de estar satisfecho: descanso-recuperación (dormir), comer-beber (qué gasolina echamos al cuerpo) y hacer ejercicio (el mantenimiento adecuado).

sábado, 30 de noviembre de 2019

¿Dueños o esclavos del reloj y del tiempo?

Los niños son grandes maestros de vida, de cómo vivir, de cómo disfrutar su tiempo, estando en el presente, en el momento, en el ahora. Muchas veces eso a los padres, que vivimos con prisa, nos desespera.

El sábado pasado tenía que llevar a mi hijo Juan, de ocho años, a jugar con unos amigos, le dije, en media hora salimos, y él replico que no sabía cuánto era media hora, hasta ahora no ha usado reloj. Así que se me ocurrió que tenía uno que podía regalarle para que entendiese el tiempo.

Al darle el reloj me quedé con una extraña sensación. Juan encantado porque le había regalado un reloj y yo sintiendo que lo estaba metiendo en un mundo no tan bonito, el de estar mirando el reloj, el de “no tengo tiempo”, en un mundo de cierta esclavitud.

Ahora él era responsable de darse cuenta de cuanto eran treinta minutos, de saber cuánto tiempo le lleva prepararse y el encargado de que llegásemos a la hora.

En mi obsesión por la gestión del tiempo me di cuenta de que el primer paso es sentir y entender lo que es el paso del tiempo, lo que te lleva hacer cada cosa. Teniendo esa medida parece que gestionarás el tiempo, aunque lo que gestionas no es el tiempo, son las actividades que haces, el tiempo se limita a ir pasando.

Sentimientos contradictorios al de ir acompañando a Juan al mundo de la medición del tiempo (cronos). Para los griegos había dos tipos de tiempo:
  • Cronos, que es el tiempo de reloj, el que medimos, algo cuantificable.
  • Mientras Kairos es el tiempo adecuado para cada cosa, el momento oportuno, de tipo cualitativo.

Los niños disfrutan de Kairos y por eso nunca tienen prisa de desayunar para ir al colegio, no saben lo que son 15 minutos.

Cronos o Kairos. Los niños disfrutan jugando (sin preocuparse del reloj). El reloj lo ponemos los adultos

Bien es cierto que Cronos nos ayuda a comunicarnos, poder quedar y coordinarnos. Hay muchas cosas que serían más difíciles sin reloj ni calendario. Tener una hora común nos ayuda a ponernos de acuerdo, el reloj es una herramienta útil y que en muchas ocasiones se convierte en imprescindible.

Me encanta la puntualidad y en cierto punto hay veces que me obsesiono con el tiempo. Los años me van enseñando a volver a ser paciente, a no enfadarme, a no ponerme nervioso, porque algunas veces las cosas empiezan tarde (aunque sigo intentando que las cosas comiencen cuando tienen una hora fijada hay veces que es mejor ser flexible). Y algunas veces, aún saliendo pronto para llegar puntual, algo se tuerce y llego tarde.

Hoy con Juan nos hemos despistado, tenía una clase de pádel que le encanta a las 11 y nos hemos acordado a las 11.15. Cuándo se lo hemos dicho lo único que ha dicho es que él no sabía qué hora era, se ha vestido como una bala y a las 11.30 estábamos en la pista. Ha disfrutado de estar jugando el rato que ha estado (kairos), no se ha enfadado por llegar tarde, lo que quizá me hubiese pasado a mí y me hubiese impedido disfrutar de lo que sí había, un rato con la raqueta y los amigos.

Cómo reflexión que me queda, no obsesionarme con el tiempo, saber vivirlo cómo un niño cuando juega. El reloj puede liberarnos o esclavizarnos según como nos relacionemos con él. Dejar el mundo de la prisa, no tratar de meter demasiadas cosas en poco tiempo e ir más despacio, de acuerdo con el tiempo que necesite cada cosa.