lunes, 5 de enero de 2026

Empezar el año no es ponerse objetivos: es elegir dirección

Todos los años pasa lo mismo. Llega enero y nos decimos: “Este año tengo que hacer más ejercicio”. Y durante unos días, incluso unas semanas, parece que va en serio. Los gimnasios se llenan, las zapatillas nuevas salen del armario y la motivación acompaña. Pero algo falla. Febrero avanza y, sin saber muy bien cómo, ese propósito empieza a diluirse. No porque no fuese buena idea, sino porque nunca estuvo claro qué significaba exactamente hacer más ejercicio.

No es casualidad que los gimnasios estén llenos en enero y mucho más vacíos en febrero. No es falta de voluntad. Es falta de dirección.

El comienzo de año invita a un nuevo inicio, sí. Pero también invita (casi obliga) a ponernos objetivos de forma automática. Los de siempre: hacer ejercicio, comer mejor, ahorrar, reducir el estrés, leer más, pasar más tiempo con la familia, aprender inglés… Todos suenan bien. El problema es que muchas veces, cuando los formulamos, ya sabemos que no los vamos a trabajar de verdad. Son buenas intenciones sin un plan detrás.

Y una buena intención, por sí sola, no cambia nada.

La psicología lleva décadas estudiando qué hace que un objetivo funcione. Uno de los marcos más conocidos es la teoría del establecimiento de metas de Locke y Latham, que muestra que los objetivos eficaces tienen varias características claras: son específicos, desafiantes pero alcanzables y permiten seguir el progreso. Las metas vagas generan poca activación; las concretas movilizan, motivan y guían tus actos.

Decir “quiero cuidarme más” no orienta la acción. Decir “voy a salir a correr dos días a la semana después del trabajo” sí.

Otro hallazgo muy relevante viene de las investigaciones de Peter Gollwitzer sobre las intenciones de implementación. Sus estudios muestran que no basta con decidir qué queremos hacer; es clave decidir cuándo, dónde y con quién. Convertir un deseo en un plan concreto multiplica enormemente la probabilidad de llevarlo a cabo.

Por eso no es lo mismo proponerse hacer más deporte que decir: “Este año voy a ir a correr con Juan los martes y jueves a las 19:00, y los lunes y viernes iremos al gimnasio”. Ese nivel de concreción es, en sí mismo, medio plan.

Quizá el mayor error al empezar el año no sea elegir mal los objetivos, sino elegir demasiados. Saltar de uno a otro dispersa la energía y acaba generando frustración.

Te propongo algo distinto: uno, dos o como mucho tres objetivos. Incluso uno solo puede ser suficiente si es lo bastante importante para ti. Un objetivo que te sirva de brújula durante el año. No para hacerlo perfecto, sino para caminar en esa dirección.

Y, tan importante como decidir qué quieres hacer, es decidir qué vas a dejar de hacer. Lo nuevo necesita espacio. Si no sueltas nada, el calendario se llenará de lo de siempre.

Recomendaciones prácticas para empezar el año (te propongo lo siguiente):

  1. Elige pocos objetivos, mejor uno o dos, que sean realmente importantes para ti, no los automáticos de todos los años.
  2. Hazlos específicos y medibles. Que puedas saber si avanzas o no.
  3. Define el cuándo, el dónde y el con quién. Eso transforma un deseo en una acción posible.
  4. Ajusta el nivel de reto: ni tan fácil que no motive, ni tan difícil que te frustre.
  5. Habla con las personas implicadas, si las hay, y acuerda espacios y ritmos que os encajen a todos.
  6. Planifica el camino, paso a paso. Con claridad, es más fácil levantarse por la mañana sabiendo qué sí quieres hacer… y qué no.

El comienzo de año no es una carrera. Es una oportunidad para elegir con más conciencia cómo quieres vivir tu tiempo. No se trata de hacerlo todo, sino de caminar con sentido. Y cuando llegue el final del año, poder decir: no llegué a todo, pero avancé en lo importante.

Eso, muchas veces, es más que suficiente.

Y si uno de tus objetivos para este año es vivir mejor tu tiempo, aprender a priorizar, decidir con más conciencia y fijar objetivos inteligentes que te guíen, en el curso que imparto en la Universidad de Burgos trabajamos todo esto de forma práctica y acompañada:

https://www.ubu.es/te-interesa/gestion-del-tiempo-gestion-de-vida-ii-edicion

A veces no se trata de hacer más cosas, sino de elegir mejor el rumbo.

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