viernes, 4 de noviembre de 2016

Cuando las cosas no salen cómo esperas

El pasado fin de semana, puente de Todos los Santos, aprovechamos para hacer turismo, como mucha otra gente. Los restaurantes y hoteles estaban a tope, igual que cuando vas en el metro a hora punta, es el precio que hay que pagar por ir todos al mismo tiempo a los mismos sitios.

Cinco niños y cuatro adultos en la aventura de disfrutar un fin de semana. El sábado teníamos concertada visita a una mina a las 16.30, entramos a comer a un restaurante en el que teníamos reserva a las 14.30 y allí estaba nuestra mesa, con tiempo de sobra para salir a las 16.15 hacia la mina.
Foto de la mina Esperanza en Olmos de Atapuerca (Burgos)
Enseguida habíamos conseguido pedir un primero y un segundo del menú del día, nada complicado. Una hora más tarde todavía no habían traído ningún plato. Después de insistir, a las 15.35 sirvieron cinco primeros, dos de los primeros para los adultos y otros tres primeros que no habíamos pedido, no estaban en el menú, poco apropiados para los peques.

Las cosas no estaban saliendo como estaba previsto. Si no sale según lo previsto es hora de revisar opciones:
  1. Podemos volver a insistir en lo que habíamos pedido.
  2. Podemos cabrearnos y entrar en una discusión que no lleva a nada.
  3. O podemos orientarnos a las soluciones, aunque no sean las óptimas.

Las dos primeras nos llevan a resultados que no queremos.
  1. Insistir cuando tenemos un camarero desbordado que no da más de sí (o un compañero de trabajo, de vida o un hijo) no lleva a la solución, lleva a que se desborde más y piense menos.
  2. Cabrearse tampoco lleva a soluciones. Según Dale Carnegie “Nadie puede ganar en una discusión”. Una discusión es una conversación donde nadie escucha a nadie, solo se piensa en contestar. Si te enfadas pierdes la orientación a la solución y te esfuerzas por tener razón aunque no se solucione nada.

Como está claro que la mejor opción es la tercera, veamos cómo orientarnos a la solución:
  1. Decidir qué es lo importante: en nuestro caso que los niños coman algo, son la prioridad y los que más sufren si no comen. Los adultos podemos aguantar un poco más.
  2. Ver y hablar sobre qué es lo que se puede hacer. No presionar más y mucho mejor si se quita presión. Carmen tomó la iniciativa, fue hacia la cocina y pregunto qué es lo que se podía servir ya, olvidándonos del menú.
  3. Pedir dando opciones es distinto de protestar por lo que no ha funcionado (buscar soluciones y no culpables). Vista la opción de comer un filete a la plancha plantearla cómo solución.
  4. Permitir que la otra parte salve su prestigio. Finalizamos la estancia en el restaurante planteando que nos cobrase un precio acorde a la situación sufrida, entendiendo que estaban desbordados y que el servicio había sido malo (basado en la evidencia).
  5. La relación se puede salvar, el precio fue adecuado, medio comimos y pagamos media comida y puedo decir que es posible que vuelva a probar a ir otro día con menos gente (el restaurante nos lo habían recomendado, lo que no siempre garantiza plena satisfacción). 

Finalmente pudimos disfrutar del día… Realmente elegimos disfrutar y lo pasamos bien en la mina y con el helado que compramos para compensar la escasa comida.


Cuando las cosas no salen cómo esperas te puedes centrar en lo que va mal o te puedes centrar en lo que todavía puede ir bien. Ver el vaso medio lleno o medio vacío, tú decides buscar culpables o soluciones.

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