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viernes, 6 de febrero de 2026

La suerte también se entrena, quieres saber como

“Es curioso: cuanto más entreno, más suerte tengo.”

La frase suele atribuirse a grandes deportistas, y siempre me ha hecho sonreír. No porque niegue la existencia del azar, sino porque señala algo incómodo: la suerte rara vez cae del cielo… suele encontrarte trabajando (Pablo Picasso).

Recuerdo bien la etapa de estudiante. A mí me pasaba lo mismo: cuanto más estudiaba, mejor me salían los exámenes. Podría decir que tenía suerte. Pero, si soy honesto, la “suerte” aparecía casi siempre después de horas de biblioteca, estudio y ejercicios. No era magia. Era preparación.

Con el tiempo he ido entendiendo que la suerte no solo se espera, para encontrarla, se busca y, sobre todo, se crea.

Emilio Duró suele decir que lleva toda la vida intentando entender por qué a unas personas les va bien y a otras no. ¿Tienen más suerte? ¿Nacen con estrella? Quizá parte de la respuesta esté en una idea muy sencilla y muy exigente a la vez: hay personas que preparan el terreno para que, cuando llegue la oportunidad, algo pueda crecer.

Fernando Trías de Bes y Álex Rovira desarrollan esta idea de forma magistral en el libro La buena suerte. Sin desvelar la trama, el mensaje de fondo es claro: la buena suerte no es un golpe puntual de azar, sino algo que se construye creando las circunstancias adecuadas. No depende de ti que llueva… pero sí de ti haber sembrado antes

Mirando aún más atrás, Séneca ya lo había formulado con una precisión casi matemática: “La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad.”

Si lo piensas bien, encaja con otra frase que seguramente has escuchado muchas veces: “Si quieres que tu suerte cambie, cámbiate a ti mismo.”

Porque seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes es la definición de locura atribuida a Einstein. Cambia tus hábitos, tu manera de mirar, tu forma de actuar… y cambian las probabilidades de que pasen cosas distintas.

Hace tiempo me compartieron un acrónimo que me gusta mucho porque baja todo esto a tierra. Me lo pasó Pedro Sánchez, compañero en la Universidad (no, no el presidente):

SUERTE: Saber Utilizar Efectivamente Recursos para Tener Éxito.

La suerte, vista así, deja de ser algo etéreo y se convierte en algo muy concreto: aprender, usar bien lo que tienes, insistir, soltar lo que ya no sirve y atreverte a hacer cosas nuevas. No garantiza el éxito inmediato, pero aumenta muchísimo las posibilidades.

Quizá por eso la buena suerte suele durar más: porque no depende solo de factores externos, sino de decisiones diarias. De cómo entrenas, de cómo estudias, de cómo cuidas tus relaciones, de cómo respondes cuando algo no sale como esperabas.

Te dejo con una pregunta para que la mastiques con calma:

👉 ¿Qué estás haciendo hoy para preparar el terreno de tu suerte de mañana?

Y, si miras tu vida con honestidad… ¿en qué pequeño cambio podría empezar a cambiar también tu suerte?

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sábado, 6 de agosto de 2022

¿Cambio o sigo como hasta ahora?

Acostumbramos a hacer lo mismo, por eso se llama costumbre. Tenemos nuestras rutinas, nuestros horarios, nuestras actividades, nuestros lugares. Lo habitual nos da seguridad, lo conocido es previsible, vivir un montón de veces el mismo día, la misma conversación, el mismo café.

Tenemos dos voces interiores, que nos impulsan en direcciones opuestas: una nos invita a seguir repitiendo, a seguir como estamos; la otra nos impulsa al cambio, a la exploración, al descubrimiento, a la aventura.

Hace unos días hablaba con una antigua alumna, dejó la universidad hace cinco años. Sus ganas de seguir explorando, probando, conociendo, descubriendo, resuenan en mi espíritu de continuo aprendiz.

Es un poco cuestión de edad. Los niños son exploradores natos, de forma natural quieren probar. Los adolescentes empiezan a descubrir un nuevo mundo, ganando en independencia cada día. Los jóvenes siguen manteniendo esas ganas. Con la mentalidad adecuada, a pesar de los años, mantienes el espíritu joven que impulsa hacia lo nuevo.

Espíritu explorador - mentalidad joven. Foto tomada de Pixabay
Con el tiempo muchos pierden energía. A temporadas se nos olvidan esas ganas de descubrir. Consideramos que ya sabemos bastante, que ya hemos visto mucho. También supone esfuerzo salir de la zona confortable y conocida en la que nos encontramos, el cambio cuesta, da pereza y hasta miedito.

Cansados de repetir, paradójicamente, seguimos haciendo lo mismo. La definición de locura para Einstein es hacer lo mismo y pretender obtener resultados distintos.

La trampa de la zona de confort: “Me gustaría cambiar, pero no estoy tan mal…”. Así, que hasta que no llega algo que nos empuja al cambio, nos acomodamos, no estamos tan mal. Tan siquiera exploramos otras posibilidades.

El cambio puede dar miedo. Probar cosas nuevas tiene sus riesgos. También no probar tiene sus riesgos, aunque estos riesgos cuesta más verlos.

El cambio puede dar miedo cuando lo vemos como una ruptura con todo lo anterior, que a veces puede ser conveniente. En la mayoría de los casos no hace falta un cambio radical, solo un enfoque más flexible. Tú decides si quieres cambiar y qué tipo de cambio quieres.

En lugar de dejarlo, puedes transformar tu trabajo, tu entorno y adaptarlo a lo que si quieres ¿Por qué las opciones tienen que ser “seguir con todo igual” o “dejarlo todo”? Entre los dos extremos hay infinitas posibilidades ¿Qué puedes hacer para mejorar tu situación actual? Algo te inquieta, te incomoda, puedes terminar o transformar tu trabajo, tu forma de vivir.

Reconocer lo que sí obtienes, lo bueno de la situación actual, y también lo que te gustaría obtener, experimentar, vivir, para acercarte a lo que quieres. Quizá encuentres el punto intermedio, por ejemplo, entre irte a vivir a otro sitio definitivamente o solo irte a temporadas.

Ante algunos cambios, el que no cambia, observa la valentía del cambio. Ojalá tuviese las narices suficientes para dejar este trabajo de 72 horas de a la semana, bien pagado, aunque no me satisface.

Ordenar tus pensamientos, sentimientos, para quedarte o irte, y decidir para comprometerte y vivir. La indecisión impide el compromiso y la vivencia del presente.

Hacer lo que te sientas llamado a hacer, con su componente de realismo, evaluando riesgos y alternativas, conociendo tus recursos, sin dejarte llevar por los convencionalismos sociales o lo que valoren los demás. Decidir equilibrando cabeza, corazón e instinto.

Quizá no sepas hacia dónde ir ¿Qué tal si vas caminando y así irás descubriendo el camino? Según avanzas el siguiente paso se ve más claro. Probar con realismo, desde tu realidad.

Y si no es ahora ¿cuándo? Nunca parece buen momento, siempre hay excusas. Al explorar y probar encontramos cosas nuevas, algunas muy buenas.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Los nuevos comienzos

El año nos regala dos momentos significativos de nuevo comienzo. El comienzo de principio de año (enero) y el comienzo después del verano (septiembre).

Este comienzo de septiembre es especial, después de un tiempo diferente, donde en muchos casos hemos estado confinados y la movilidad se ha reducido.

Un nuevo curso comienza en septiembre. Los nuevos comienzos. Dibujo de Leyre Fontaneda
Con menos viajes exteriores hemos tenido la oportunidad de hacer más viajes hacia el interior, hacia el autoconocimiento. Hemos podido vernos, darnos cuenta de cómo vivíamos antes del coronavirus, descubrir nuevas aficiones y cosas que nos gustan, soñar con cómo queremos vivir, con cómo queríamos que fuesen las cosas en el nuevo comienzo.

Han podido aparecer crisis, personales o relacionales. En cada crisis está la semilla de la oportunidad para un nuevo nacimiento, un cambio, un nuevo comienzo.

Comenzar va de la mano con terminar, decidir que dejamos atrás, que ya no queremos, a qué decimos NO para poder decir SÍ.

Y ahora que volvemos a empezar se nos pueden olvidar los sueños, lo que queremos. Corremos el riesgo de volver a la vida en automático, sin saborearla, sin darnos cuenta.

“Vivir tu tiempo”, que da título a este blog, quiere dar un enfoque a la gestión del tiempo no centrada en ser productivo, en el sentido social del término. No somos máquinas, robots programables. Cada uno decide lo que quiere producir y lo más productivo, para ti, a veces, puede ser no hacer nada, simplemente estar.

La respuesta a “¿Cuál es el mejor uso de mi tiempo?” depende de qué resultado quieras conseguir. El resultado se puede dar en el presente, en lo que estás viviendo o en el futuro, hacía dónde quieres caminar. Equilibrar presente y futuro, lo que vives ahora con lo que esperas vivir en el futuro. El presente, lo único real, se puede escapar, soñando con el futuro imaginario. También el presente, lo que haces ahora, te lleva a tú futuro, eres responsable de los pasos que das.

“Vivir tu tiempo” está enfocado en ser consciente de cómo vives tu vida, darte cuenta de lo que sí quieres y de lo que no quieres, de lo que te pasa. También, hacerte responsable de tus resultados, de tus relaciones, que son fruto de tus decisiones, de tus elecciones, sin echar pelotas fuera.

Puedes ser más productivo, según tu propio criterio, viviendo más tu vida, haciéndote responsable de tus decisiones, buscando los resultados que quieres. Implicándote y decidiendo, haciendo lo que sí puedes hacer y dándote cuenta de tus límites.

Cada día es un nuevo comienzo. Puedo, puedes, podemos escoger cómo vivir a partir de ahora. Escogiendo estar menos limitados por nuestro pasado. Viviendo ahora y encaminándonos hacia el futuro que soñamos.

Tú eliges cómo quieres comenzar cada día. Tú eliges cómo quieres vivir este año que comienza.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Tanto pensar en hacer se pasa la oportunidad

Llevo toda la semana pensando en escribir esta entrada sin hacerlo, no he encontrado el momento. Podría decir que no he tenido tiempo, estaría mintiendo, todos los días tengo y he tenido 24 horas, aunque las he dedicado a otra cosa.

Y es que por mucho que pensemos en hacer algo ese algo no se suele hacer solo, sobre todo si está esperando a que lo hagamos nosotros. Podemos estar pensando en estudiar todo el día sin hacerlo y al final del día no habremos avanzado y además nos sentiremos culpables de no haber hecho. Curioso, estaríamos mejor si ni siquiera hubiésemos pensado en lo que nos conviene.

Y es que darse cuenta de lo que es importante para nosotros en cada momento supone una responsabilidad, por eso muchos prefieren no mirar, no darse cuenta y así no se tienen que hacer responsables. Responsabilidad es habilidad para responder y la respuesta se ve en las acciones.

Así puedo pensar en recoger la mesa y no hacerlo, pensar todos los días en que tenía que hacer ejercicio y no moverme del sofá o pensar en decir algo a esa chica sin acercarme siquiera.

Nos excusamos diciendo que hay que pensarlo bien y no atascamos en la parálisis por el análisis, tanto pensar no hacemos.
Foto tomada del blog mundodeisabel
Además cuanta energía gastamos pensando en hacer algo sin hacerlo, para después fustigarnos por no haber hecho. Darte cuenta de lo que estás “NO HACIENDO” te lleva a la insatisfacción y de ahí puedes sacar la energía para empezar a hacer. Podemos aprovechar esa energía para ponernos en movimiento en lugar de para culpabilizarnos.

Pensar en hacer sin hacer nos lleva a la insatisfacción, esa insatisfacción nos puede impulsar a avanzar si no lo hemos hecho antes

Otras veces no empezamos esperando el plan perfecto o el momento perfecto hasta que perdemos la oportunidad ¿Cuándo es el momento perfecto para tener un hijo? Hay que tener la pareja perfecta, una casa, trabajo indefinido… Y claro cumplimos los 40 esperando y después quizá sea demasiado tarde.

No pienses demasiado no sea que se pase la oportunidad sin ni siquiera haberlo intentado.

La única forma de avanzar es ponerte con ello. Y podemos transformar la insatisfacción en satisfacción del resultado conseguido. Además de disfrutar del camino, sabiendo y sintiendo que estamos haciendo lo que queremos hacer porque es importante para nosotros. Como escribir este texto.

Mira a ver qué es lo que estás pensando en hacer desde hace tiempo, eso que te ocupa la mente y decide cuándo vas a empezar y lo bien que te vas a encontrar cuando lo tengas hecho.

En mi caso, algo que vengo pensando desde hace tiempo es escribir un artículo científico, empiezo mañana, hoy ya he escrito esta entrada.