viernes, 22 de julio de 2016

La trampa del perfeccionismo

Un niño se cae de media 4.000 veces antes de aprender a andar, cuando empieza no lo hace perfecto, persevera y finalmente consigue andar. Todos nacemos con esa capacidad de perseverar para aprender, de aceptar el error, de caernos y levantarnos.

Cuando crecemos aprendemos a tener miedo al error, a la equivocación, a no ser perfectos. Aunque la cabeza nos dice que todo el mundo puede equivocarse no queremos permitirnos esas equivocaciones. Creo que por eso los niños aprenden más rápido, van probando, caerse es un paso más antes de conseguir andar.

También para aprender a andar en bicicleta, nos tenemos que arriesgar a caer, sin riesgo el aprendizaje es más difícil. Si la primera vez que nos caemos dejamos de intentarlo nunca aprenderemos.     

Cuando alguien con más años intenta aprender a patinar, a esquiar, además de aprender la habilidad tiene que ser capaz de vencer el miedo a caerse. Con los años una caída duele más, no solo porque el cuerpo se resiente más, también hemos aprendido a aceptar menos nuestros errores.

“Cuando vamos a por algo corremos el riesgo de no conseguirlo, si no vamos tenemos la seguridad de que no lo conseguiremos”

Si queremos volver a avanzar cómo cuando éramos niños tenemos que des-aprender a ser tan exigentes con nosotros mismos, tenemos que dejarnos probar y aceptar nuestras equivocaciones.

La auto-exigencia, el perfeccionismo, nos paraliza y por eso no cantamos como hace un niño, por vergüenza al qué dirán, por miedo al ridículo.

No solo dejamos de cantar, también nos ponemos excusas para empezar nuevos proyectos o montar nuevos negocios, por si acaso no funcionan, para ahorrarnos la posibilidad de que fracasen con lo que también nos ahorramos la posibilidad de que triunfen.

Entre la chapuza y lo perfecto existe un gran espacio, para avanzar tienes que darte permiso a hacer en ese espacio.
Suficientemente bueno en lugar de perfecto (así ya vale)
El perfeccionismo paraliza, nunca va a estar suficientemente bien y nos lleva a posponer proyectos y hasta decisiones, hasta que tengamos toda la información que nunca tenemos.

Hace unos días podía leer en la camiseta de una amiga “If you never try you’ll never know” (Si no lo intentas nunca lo sabrás) ¿Te vas a quedar sin saberlo?

Cuando haces puedes equivocarte, si no haces te quedas sin avanzar seguro ¿Quieres asumir el riesgo y poder conseguir algo o prefieres quedarte en el sofá pensando lo que podría haber sido?

Párate y observa que estás posponiendo porque crees que no tienes la suficiente información, porque piensas que no sabes lo suficiente, porque puede fallar. Si empiezas a dar pasos el camino se irá aclarando, quizá solo es miedo a que no salga bien. Ponte en lo peor ¿realmente es tan malo?

Si estás dudando ponte en marcha, con perseverancia podemos conseguir más cosas de las que creemos.

Y si lo que estás pensando es que dirán los demás, siempre encontrarás quién te critique y quién te apoye, creo que es mejor quedarte con los que te apoyan.

“Conformarse” con o aceptar lo suficientemente bueno ahorra el tiempo y el esfuerzo de la perfección. Dilema entre una solución satisfactoria que te ha llevado poco tiempo o la mejor opción que está aún por descubrir.

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