“Es curioso: cuanto más entreno, más suerte tengo.”
La
frase suele atribuirse a grandes deportistas, y siempre me ha hecho sonreír. No
porque niegue la existencia del azar, sino porque señala algo incómodo: la
suerte rara vez cae del cielo… suele encontrarte trabajando (Pablo Picasso).
Recuerdo
bien la etapa de estudiante. A mí me pasaba lo mismo: cuanto más estudiaba,
mejor me salían los exámenes. Podría decir que tenía suerte. Pero, si soy
honesto, la “suerte” aparecía casi siempre después de horas de biblioteca, estudio
y ejercicios. No era magia. Era preparación.
Con el
tiempo he ido entendiendo que la suerte no solo se espera, para encontrarla, se
busca y, sobre todo, se crea.
Emilio
Duró suele decir que lleva toda la vida intentando entender por qué a unas
personas les va bien y a otras no. ¿Tienen más suerte? ¿Nacen con estrella?
Quizá parte de la respuesta esté en una idea muy sencilla y muy exigente a la
vez: hay personas que preparan el terreno para que, cuando llegue la
oportunidad, algo pueda crecer.
Fernando
Trías de Bes y Álex Rovira desarrollan esta idea de forma magistral en el libro
La buena suerte. Sin desvelar la
trama, el mensaje de fondo es claro: la buena suerte no es un golpe puntual de
azar, sino algo que se construye creando las circunstancias adecuadas. No
depende de ti que llueva… pero sí de ti haber sembrado antes
Mirando
aún más atrás, Séneca ya lo había formulado con una precisión casi matemática: “La
suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad.”
Si lo piensas bien, encaja con otra frase que seguramente has escuchado muchas veces: “Si quieres que tu suerte cambie, cámbiate a ti mismo.”
Porque
seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes es la definición de locura
atribuida a Einstein. Cambia tus hábitos, tu manera de mirar, tu forma de
actuar… y cambian las probabilidades de que pasen cosas distintas.
Hace
tiempo me compartieron un acrónimo que me gusta mucho porque baja todo esto a
tierra. Me lo pasó Pedro Sánchez, compañero en la Universidad (no, no el presidente):
La
suerte, vista así, deja de ser algo etéreo y se convierte en algo muy concreto:
aprender, usar bien lo que tienes, insistir, soltar lo que ya no sirve y
atreverte a hacer cosas nuevas. No garantiza el éxito inmediato, pero aumenta
muchísimo las posibilidades.
Quizá
por eso la buena suerte suele durar más: porque no depende solo de factores
externos, sino de decisiones diarias. De cómo entrenas, de cómo estudias, de
cómo cuidas tus relaciones, de cómo respondes cuando algo no sale como
esperabas.
Te dejo
con una pregunta para que la mastiques con calma:
👉 ¿Qué estás haciendo
hoy para preparar el terreno de tu suerte de mañana?
Y, si
miras tu vida con honestidad… ¿en qué pequeño cambio podría empezar a cambiar
también tu suerte?
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