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martes, 23 de junio de 2026

El tren correcto… hasta que deja de serlo

Durante unos años viajé con frecuencia en tren desde Burgos hasta Lisboa. Era un trayecto largo, de esos que te permiten leer, pensar, mirar por la ventana y dejar que el tiempo vaya a otro ritmo.

Había un momento especialmente curioso del viaje. En un punto del recorrido, el tren se dividía en dos. Una parte continuaba hacia Galicia, al norte de España, y la otra seguía rumbo a Lisboa. Los vagones se separaban y cada mitad tomaba un destino diferente.

Más de una vez vi a viajeros descubrir demasiado tarde que estaban en el vagón equivocado.

Algunos se daban cuenta enseguida y conseguían cambiarse a tiempo. Otros, confiados, seguían sentados pensando que todo iba bien. Hasta que alguien les preguntaba dónde iban y descubrían que se dirigían exactamente en la dirección contraria a la que querían.

Siempre me llamó la atención esa escena porque, en realidad, la vida se parece bastante a ese tren.

Hay una idea muy conocida que habla de los trenes perdidos. De las oportunidades que dejamos escapar. De esa llamada que no hicimos, de ese proyecto que no iniciamos, de esa persona a la que no dijimos lo que sentíamos o de ese cambio que fuimos aplazando durante años.

Todos conocemos las lamentaciones de los trenes que no cogimos. A veces la vida nos ofrece una oportunidad y pensamos que ya habrá otra, que más adelante tendremos tiempo, que no es el momento. Y algunos trenes vuelven a pasar, pero otros no.

Sin embargo, hay otra reflexión sobre los trenes que me parece todavía más interesante. Mi amigo Jesús me envió una imagen con una supuesta leyenda japonesa que decía:

"Si te subes al tren equivocado, bájate en la siguiente estación. Cuanto más tardes en bajarte, más caro será el billete de vuelta."

No sé si realmente es una leyenda japonesa. Pero sí sé que contiene una sabiduría que muchas veces olvidamos aplicar en nuestra propia vida.

Porque no siempre sufrimos por los trenes que dejamos escapar. En ocasiones sufrimos por seguir montados en trenes que hace tiempo sabemos que no nos llevan donde queremos ir. Y, sin embargo, seguimos avanzando en ellos.

Pienso en personas que permanecen durante años en un trabajo que ya no les aporta nada. No porque necesiten ese empleo para sobrevivir, sino porque les da miedo explorar alternativas. Cada año que pasa aumenta la sensación de dependencia, disminuye la confianza para dar el paso y se hace más difícil abandonar una situación que dejó de tener sentido mucho tiempo atrás.

También ocurre en las relaciones. A veces una relación cumple una función importante durante una etapa de nuestra vida. Nos acompaña, nos ayuda a crecer y nos aporta experiencias valiosas. Pero puede llegar un momento en el que ambos caminan en direcciones diferentes. Cuando eso sucede, seguir por inercia suele ser más cómodo a corto plazo, pero también suele hacer más dolorosa la despedida cuando finalmente llega.

Lo mismo sucede con proyectos, responsabilidades o compromisos que asumimos hace años. Decisiones que fueron correctas en un determinado momento, pero que quizá ya no encajan con quienes somos hoy. Sin embargo, nos cuesta soltarlas porque hemos invertido demasiado tiempo, demasiada energía o demasiadas expectativas en ellas.

Es curioso cómo funciona nuestra mente. A veces sabemos perfectamente que estamos en el tren equivocado, pero nos convencemos de que lo razonable es continuar porque ya hemos recorrido mucho camino. Como si la distancia recorrida justificara seguir avanzando en una dirección que ya no queremos.

En psicología se habla de la trampa de la inversión hecha. Cuanto más invertimos, cuanto más tiempo permanecemos en un lugar equivocado, más difícil parece abandonarlo. Más explicaciones tenemos que dar, más cambios debemos afrontar y mayor es la sensación de pérdida. Por eso la leyenda habla del coste del billete de vuelta. Cada estación aumenta el precio de reconocer que necesitamos cambiar de rumbo.

Esto no significa abandonar a la primera dificultad. No se trata de convertirnos en personas que saltan de un tren a otro cada vez que aparece un problema. Hay una diferencia importante entre perseverar y obstinarse. Perseverar consiste en mantener el rumbo cuando el destino sigue teniendo sentido. Obstinarse consiste en seguir avanzando cuando ya sabemos que nos estamos alejando de él.

La vida no suele dividirse entre trenes correctos y trenes equivocados. Muchas veces el tren en el que estamos era exactamente el que necesitábamos coger. Gracias a él hemos aprendido, hemos crecido, hemos conocido personas importantes y hemos llegado hasta donde estamos hoy. No fue una mala decisión, fue la decisión adecuada para una etapa concreta de nuestra vida.

El problema es que los destinos cambian, nosotros cambiamos. Lo que ayer nos acercaba a nuestros sueños puede alejarnos de ellos mañana, porque los sueños también cambian.

Por eso recuerdo con frecuencia aquellos viajes a Lisboa. Porque en realidad no había un único tren, había un momento del trayecto en el que el convoy se dividía y cada parte seguía una dirección diferente. Hasta esa estación todos viajaban correctamente. El error aparecía cuando alguien no se daba cuenta de que el recorrido acababa de cambiar.

Quizá eso también nos ocurra a nosotros. A veces el tren en el que te has montado es el correcto, pero solo hasta una determinada estación, después cambia de rumbo. Entonces la pregunta ya no es si acertaste al subirte, la pregunta es si serás capaz de darte cuenta de que ha llegado el momento de cambiar de vagón o de tren.

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viernes, 6 de febrero de 2026

La suerte también se entrena, quieres saber como

“Es curioso: cuanto más entreno, más suerte tengo.”

La frase suele atribuirse a grandes deportistas, y siempre me ha hecho sonreír. No porque niegue la existencia del azar, sino porque señala algo incómodo: la suerte rara vez cae del cielo… suele encontrarte trabajando (Pablo Picasso).

Recuerdo bien la etapa de estudiante. A mí me pasaba lo mismo: cuanto más estudiaba, mejor me salían los exámenes. Podría decir que tenía suerte. Pero, si soy honesto, la “suerte” aparecía casi siempre después de horas de biblioteca, estudio y ejercicios. No era magia. Era preparación.

Con el tiempo he ido entendiendo que la suerte no solo se espera, para encontrarla, se busca y, sobre todo, se crea.

Emilio Duró suele decir que lleva toda la vida intentando entender por qué a unas personas les va bien y a otras no. ¿Tienen más suerte? ¿Nacen con estrella? Quizá parte de la respuesta esté en una idea muy sencilla y muy exigente a la vez: hay personas que preparan el terreno para que, cuando llegue la oportunidad, algo pueda crecer.

Fernando Trías de Bes y Álex Rovira desarrollan esta idea de forma magistral en el libro La buena suerte. Sin desvelar la trama, el mensaje de fondo es claro: la buena suerte no es un golpe puntual de azar, sino algo que se construye creando las circunstancias adecuadas. No depende de ti que llueva… pero sí de ti haber sembrado antes

Mirando aún más atrás, Séneca ya lo había formulado con una precisión casi matemática: “La suerte es donde confluyen la preparación y la oportunidad.”

Si lo piensas bien, encaja con otra frase que seguramente has escuchado muchas veces: “Si quieres que tu suerte cambie, cámbiate a ti mismo.”

Porque seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes es la definición de locura atribuida a Einstein. Cambia tus hábitos, tu manera de mirar, tu forma de actuar… y cambian las probabilidades de que pasen cosas distintas.

Hace tiempo me compartieron un acrónimo que me gusta mucho porque baja todo esto a tierra. Me lo pasó Pedro Sánchez, compañero en la Universidad (no, no el presidente):

SUERTE: Saber Utilizar Efectivamente Recursos para Tener Éxito.

La suerte, vista así, deja de ser algo etéreo y se convierte en algo muy concreto: aprender, usar bien lo que tienes, insistir, soltar lo que ya no sirve y atreverte a hacer cosas nuevas. No garantiza el éxito inmediato, pero aumenta muchísimo las posibilidades.

Quizá por eso la buena suerte suele durar más: porque no depende solo de factores externos, sino de decisiones diarias. De cómo entrenas, de cómo estudias, de cómo cuidas tus relaciones, de cómo respondes cuando algo no sale como esperabas.

Te dejo con una pregunta para que la mastiques con calma:

👉 ¿Qué estás haciendo hoy para preparar el terreno de tu suerte de mañana?

Y, si miras tu vida con honestidad… ¿en qué pequeño cambio podría empezar a cambiar también tu suerte?

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viernes, 21 de noviembre de 2025

Y si el nombre de zona de confort está mal puesto

Nos han repetido tanto eso de “la zona de confort” que parece que es el sitio más confortable del mundo, donde sin ninguna duda estaremos felices y tranquilos. Pero la realidad muchas veces es otra: No es que estemos cómodos, es que estamos acostumbrados.

Esa rutina que nos quema, esa relación que ya no suma, ese trabajo que nos agota… no son cómodos, pero son conocidos. Y lo conocido, por muy malo que sea, da una falsa sensación de seguridad.

Esta imagen que me mandaron por WhatsApp me ha inspirado. Seamos sinceros, muchas veces nuestra “zona de confort” tiene de confortable lo mismo que una silla de plástico en una guardia de hospital.

De ahí el refrán: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Nos ata a sillas incómodas, jefes imposibles, parejas que no nos cuidan o vidas que se nos hacen estrechas.

No es confort. Es costumbre mezclada con miedo.

A veces no nos movemos porque sentimos que, si damos un paso fuera, ya no habrá vuelta atrás. Como si abrir la puerta implicara tener que pegarle un portazo dramático a nuestra vida actual.

Y no. Podemos asomarnos. Podemos salir un poquito. Podemos probar.

Igual que un niño pequeño que se va alejando unos pasos de su madre en el parque: explora, mira, toca… pero no la pierde de vista. Sabe que puede volver corriendo si algo le da miedo.

Con nuestra vida pasa algo parecido:

  • Puedes mirar ofertas de trabajo sin renunciar mañana.
  • Puedes hablar con un amigo sobre tu relación antes de tomar una decisión grande.
  • Puedes probar una formación nueva mientras sigues en tu empleo actual.

Explorar no obliga a decidir de inmediato. Te permite ver posibilidades. Y solo eso ya trae aire y alivio.

Puedes salir acompañado, con otros, como cuando en la infancia te ibas de excursión con la pandilla. Salir de lo conocido da miedo. Por eso tiene mucho más sentido montar un pequeño equipo de exploración que hacerlo en soledad:

  • Personas que estén en una situación parecida y con las que puedas compartir dudas y avances.
  • Amigos o familiares que crean en ti y te recuerden que no estás loco por querer algo mejor.
  • Guías que ya han caminado ese camino: un mentor, un coach, un terapeuta… gente que conoce “lo que hay fuera” y puede ayudarte a trazar un mapa.

Las dificultades pesan menos cuando puedes decirle a alguien: “Hoy estoy asustado, recuérdame por qué empecé esto”. No se trata de que otros decidan por ti, sino de no ir solo.

Salir de la zona conocida no tiene por qué ser un salto al vacío. Puede ser una serie de pequeños pasos que, acumulados, cambian tu vida:

  • Hacer una lista honesta de lo que ya no te compensa.
  • Permitir la pregunta: “¿Y si hubiera algo mejor para mí?”
  • Reservar un rato a la semana para explorar opciones: cursos, contactos, lecturas, empresas, actividades…
  • Empezar a decir pequeños “no” donde siempre decías “sí”.
  • Entrenar tu voz interior que dice: “Merezco algo más que sobrevivir”.

Poco a poco vas ampliando el mapa: de un pequeño círculo gris pasas a un territorio más grande, con más caminos, más colores, más elecciones.

No se trata de convertir tu vida en una aventura extrema. Se trata de no quedarte paralizado en un sitio de mierda solo porque te lo sabes de memoria.

Tal vez, mientras lees esto, te venga algo (o alguien) a la cabeza:

  • Una relación de pareja o de amistad que ya no te cuida.
  • Una colaboración profesional que se está agotando.
  • Un trabajo en el que estás quemado, aburrido o invisible.

No hace falta dar un carpetazo inmediato… o quizá sí. Eso solo puedes saberlo tú. Lo que sí puedes hacer es empezar a abrir ventanas:

  • Asómate al mercado laboral, aunque no vayas a irte mañana.
  • Empieza a informarte sobre otras formaciones, sectores, formas de trabajar.
  • Habla con personas que ya han hecho cambios parecidos.
  • Si la situación te desborda, pide ayuda profesional: un terapeuta, un coach, alguien que te acompañe a mirar lo que hoy no te atreves a mirar solo.

A veces, solo descubrir que hay alternativas reales ya trae más tranquilidad, aunque la salida de tu zona conocida tarde dos o tres años en hacerse efectiva. Es increíble lo que podemos conseguir cuando dejamos que el tiempo juegue a favor y no en contra.

Y si tu situación es urgente, si ya no puedes más, entonces moverte es todavía más importante. No esperes a tener el camino perfectamente dibujado: muchas veces el camino aparece cuando empiezas a caminar.

Si tu mal llamada zona de confort no es tan cómoda ni tan confortable, si en el fondo sabes que es una mierda que te estás tragando porque te da miedo lo que habrá fuera…

Te invito a explorar: A cuestionar el “malo conocido”; A abrir puertas y ventanas; A buscar otras posibilidades. Te garantizo que las hay.

Aunque ayer era un buen día para empezar, mejor es hoy que mañana.

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viernes, 7 de noviembre de 2025

Salir a mirar el mundo… sin perder el camino de vuelta

De pequeño me encantaba explorar. Era de esos niños que se subían a los árboles más altos, cruzaban muros sin mirar qué había al otro lado o se alejaban un poco más de lo permitido solo por ver “qué había allí”. A veces la curiosidad me salía cara, tengo unas cuantas cicatrices, más de una vez acabamos en urgencias. Mi madre solía decir: “De valientes está lleno el cementerio”.

Pero esa frase, tan sabia como protectora, también puede tener un efecto secundario: paralizarnos. Si la escuchamos demasiado o la hacemos nuestra, puede convertirse en una especie de muralla invisible que nos impide probar cosas nuevas. El miedo al riesgo, al error o al “qué pasará si…” a veces nos deja quietos, cómodos en lo conocido, pero también un poco más pequeños. Y así, sin darnos cuenta, dejamos de explorar por evitar tropezar, olvidando que el aprendizaje y la vida misma están hechos de pasos inciertos.

Con los años he entendido que lo que me movía no era la temeridad, sino el deseo de descubrir. De sentir que había algo nuevo esperándome más allá de lo conocido. Ese impulso sigue ahí, aunque ahora trato de explorarlo con algo más de sensatez.

Decía Einstein que la locura es hacer lo mismo esperando resultados diferentes. Y tenía razón. Si seguimos caminando siempre por el mismo sendero, veremos los mismos árboles, respiraremos el mismo aire, escucharemos los mismos sonidos. Nada cambia… si no cambiamos.

Explorar no significa lanzarse al vacío sin cuerda. Significa moverse, aunque sea un poco. Dar un paso distinto, abrir una puerta nueva, probar algo que despierte una parte dormida de nosotros. Como ese niño que se aleja de su madre unos metros: mira atrás, sabe que puede volver, pero sigue adelante porque quiere entender el mundo.

“Explorar desde la seguridad de poder volver”

No hace falta abandonar nuestro lugar seguro, solo atrevernos a salir un poco fuera. Reconocer el terreno, oler el aire, probar con cuidado. Podemos explorar a nuestro ritmo, sin hacer locuras, cuidando nuestro miedo y cuidándonos a nosotros mismos.

Si nunca has hablado en público y te da pánico, no empieces con una conferencia ante cien personas. Prueba primero en un grupo pequeño, con amigos o compañeros de confianza. Si sueñas con cambiar de trabajo, tal vez no sea cuestión de renunciar mañana, sino de empezar a formarte, conocer gente nueva, empezar a hacer, abrir pequeñas ventanas.

El cambio empieza con pasos pequeños. Pero lo importante es moverse.

Recomendaciones finales:

  • Haz un pequeño experimento cada semana. Algo diferente, sin riesgo. Una ruta nueva, una comida distinta, una conversación que postergabas.
  • Recuerda que puedes volver a tu base cuando lo necesites. Tu “lugar seguro” no desaparece porque explores, al contrario: se fortalece con cada experiencia que traes de vuelta.

Explorar no es huir, es crecer. Y a veces, basta con un paso para empezar a ver el mundo, y a ti mismo, de otra manera.

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domingo, 28 de septiembre de 2025

Parar para vivir

La muerte de Gabi me ha dejado en crisis (puedes leer la entrada anterior si no sabes de que hablo). Su ausencia me ha hecho valorar aún más la vida y cada momento que tenemos. A veces olvidamos que estamos de paso, que lo que hoy parece eterno mañana puede desvanecerse. Y precisamente por eso, cada instante cobra una importancia enorme.

Las crisis, aunque incómodas, nos ponen delante un espejo. Nos obligan a preguntarnos si estamos viviendo la vida que queremos o simplemente dejándonos arrastrar. Nos invitan a parar. Al parar podemos volver a encontrar lo esencial.

Cuando frenas la vorágine y te das un tiempo, puedes mirar hacia atrás y reconocer de dónde vienes, decidir qué mantener, qué dejar ir y qué nuevos pasos dar. De esta forma puedes convertirte en protagonista del cambio y no víctima de lo que ocurre, influir en tu propio futuro. No todo cambio tiene que ser brusco ni inmediato; muchas veces basta con pequeños movimientos que, con el tiempo, transforman por completo la dirección de tu vida.

En mi caso, estos días he podido detenerme, dejarme sentir, ver dónde estoy y a qué me dedico, tomar perspectiva. En esta pausa he visto con claridad que algo nuevo está emergiendo. De momento, por mi parte tengo una dirección para los próximos dos años (el cambio mayor será a partir de enero de 2028; a esto me refiero con lo que puedes darte tiempo, no hay prisa), pero el cambio está emergiendo, algo nuevo va a surgir de esto. En esta parada puedo ver que ya algo empezó el año pasado y el cambio me lleva en nueva dirección, aunque los vientos soplen igual, las velas tienen otra orientación. A veces basta una tarde para soltar los planes preestablecidos, liberar los sueños que cambiaron sin darte cuenta, y recuperar energía para seguir adelante con más fuerza.

No siempre es fácil. Lo conocido da seguridad, aunque no nos haga felices. Pero quedarse por miedo es elegir el conformismo. La pregunta clave es: ¿qué harías si no tuvieses miedo? A partir de ahí, toca poner cabeza, distinguir riesgos reales de imaginarios y atreverte a dar un primer paso, aunque sea pequeño.

La pregunta puede adaptarse ¿Qué puedes y quieres hacer incluso con miedo? ¿Cómo puedes probar para ir acercándote a eso que sueñas? Probar, sentir, ver y después si no te gusta vuelves a cambiar o vuelves a lo de antes.

Todos necesitamos de vez en cuando ese momento de parar, mirar el camino y decidir si seguimos igual, si cambiamos la ruta o si simplemente retomamos fuerzas para continuar. Porque la vida no es lineal, cambia dentro y fuera de nosotros, y el equilibrio está en adaptarse sin perder el rumbo propio.

Si sientes que ha llegado tu momento de parar y reflexionar, quiero invitarte al curso “Gestión del tiempo, gestión de vida”. Creo de verdad que este taller puede ayudarte a encontrar claridad, a detenerte para mirar y ver el camino, para decidir y volver a ser protagonista de tu vida. Lo impartiré durante ocho miércoles, de 18 a 20 horas, comenzando el 15 de octubre.

En el taller te contaré mis planes hasta 2028 y más allá. También como puedes hacer los tuyos, que te liberen en lugar de encadenarte.

Aquí tienes toda la información e inscripciones: https://www.ubu.es/te-interesa/gestion-del-tiempo-gestion-de-vida-i-y-ii-edicion

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domingo, 3 de noviembre de 2024

La vida se escapa o cambia en un instante

Esta semana está siendo dura en España, especialmente en la zona valenciana. Los próximos meses van a ser difíciles, la vida te cambia en un instante o se te escapa en un descuido.

El lunes todo parecía tranquilo, el martes llegaron intensas lluvias que desbordaron los torrentes. Aguas abajo, donde la lluvia no era tanta, el desastre llegó de manera silenciosa. El agua aparece por los desagües, en lugar de salir por ellos.

En poco tiempo se van llenando los garajes de agua, en las calles, los coches son arrastrados como juguetes. El agua arrastra ramas, hojas y desechos. Los sótanos se convierten en pozas fangosas, trampas para quienes habían bajado a salvar el coche, sin poder imaginar la rapidez de la inundación.

Foto tomada del Heraldo de Aragón (
Desde las ventanas, algunos miran aún sin poderlo creer cómo el agua se lleva lo que encuentra a su paso. Las calles tranquilas se convierten en arroyos cargados de escombros. Ante la fuerza de la naturaleza se extiende un sentimiento de impotencia y vulnerabilidad.

La vida te cambia en un instante, las preocupaciones de la semana pasada parecen tonterías. De hecho, son tonterías frente a la tragedia que enfrenta a la muerte. La vida se escapa en un suspiro, el último suspiro. Algunos amigos, vecinos, personas queridas ya no están. La corriente se los llevó, dejando atrás solo el recuerdo y la tristeza para sus seres queridos.

Después de la tormenta, el verdadero golpe de la tragedia queda claro. En un instante se puede perder todo. Las heridas seguirán sangrando. Esperar ver a los que se han ido, confiar en escuchar su voz, aunque sea para discutir. Lo irreparable de la pérdida, las cicatrices que quedarán.

Aunque el camino sea difícil, de esta salimos juntos. Agradecimiento por la solidaridad, la ayuda, de los que se lanzan a ayudar. Sentimiento de comunidad que lucha codo con codo. Cuando lo público se desborda podemos contar con el vecino.

La verdadera fuerza no es solo física: es la unión de muchas personas decididas a reconstruir, a apoyarse mutuamente y a levantar a quien más lo necesita. La unión que hace la fuerza. No estamos solos, no estás solo ni sola.

Lo perdido duele, especialmente las vidas. Ya nada será igual. En estos momentos difíciles, sentir el apoyo y el acompañamiento, ayuda a mirar hacia el futuro. La presencia de otros no elimina el sufrimiento, pero lo hace un poco más llevadero. No estamos solos en nuestra tristeza.

La vida es frágil, nuestra existencia cambiante. Volverá la rutina y nos sentiremos seguros, casi inmortales. La tragedia nos recuerda que puede desmoronarse lo que damos por sentado, nos impulsa a vivir con lo que hay, cada instante, con cada persona.

Nos prometemos ser más valientes, decir lo que sentimos, abrazar más, preocuparnos menos por lo superficial. No siempre habrá un “mañana” para hacer lo que dejamos pendiente. Ya lo decía Pau Donés, “Vivir es urgente”. No dejes para mañana lo importante.

Recordar que todo puede cambiar en un instante no es vivir con miedo, es vivir consciente. Cada día es un regalo.

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domingo, 27 de octubre de 2024

El día de 25 horas del cambio de hora

Te imaginas los días de 25 horas, una hora más al día para lo que quieras. A veces pregunto ¿Qué harías si tuvieses una hora más al día? Las respuestas más comunes incluyen dormir más, descansar, leer, hacer ejercicio, pasar tiempo con los seres queridos, cocinar con tranquilidad.

Cambio de hora de otoño - creada con ChatGPT

La respuesta revela lo que echamos de menos, lo que sentimos que necesitamos, lo que nos falta.

Pues hoy es el día, estamos en el cambio de hora de otoño. Esta noche cuando daban las tres teníamos que volver los relojes a las dos. Me encantaba cuando era más joven y eso significaba una hora más de fiesta.

Esa hora extra es una oportunidad, tiempo para descansar más, para hacer algo que posponemos o simplemente para disfrutar de una mañana más tranquila. Esta hora disfrutada puede generar emociones positivas, como alivio, relajación e incluso gratitud. Puede generar la sensación de tener un regalo de tiempo, lo cual puede mejorar temporalmente el estado de ánimo.

También pone de manifiesto como la hora de reloj es algo artificial, es una convección social, para llegar todos al cole en un momento determinado o a otras citas. Nuestro cuerpo no sigue inmediatamente ese nuevo horario, necesita unos días para adaptarse.

Quizá esta noche tengamos sueño antes. Si nos íbamos a la cama a las 23, pues a las 22 de reloj el cuerpo estará pidiendo cama, es su costumbre, no le vale que el reloj diga otra cosa. Es un pequeño mini-jetlag de solo una hora. Distinto de cuando cambiamos volando varios husos horarios.

Durante esta transición, algunas personas pueden experimentar irritabilidad, fatiga, o falta de motivación, sintiéndose desorientadas o “fuera de ritmo” en sus actividades diarias. Date tiempo, especialmente si tienes más años, con la edad, la adaptación nos suele costar más.

Con el cambio de horario de otoño, los días se nos hacen más cortos, anochece más temprano, lo cual puede afectar el ánimo. Un recordatorio del invierno que se avecina.

Espero que esta hora extra te haya sentado bien. Yo he dormido un poco más y después, pensando que hoy el día era más largo, he ido más relajado. Al final una hora más no se nota en el día, sigo haciendo más o menos las mismas cosas.

A ver si soy capaz de mantener el horario de verano, irme un poco antes a la cama y seguir levantándome a la misma hora, a leer un rato ¿Cómo piensas tú disfrutar de este cambio de hora?

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domingo, 16 de junio de 2024

Aprender del que viene con nuevas ideas

Frases que se escuchan a menudo: “¡Esto siempre se ha hecho así!” o “¡Lo que hace falta es trabajar duro!” o “¡No me vengas con historias! ¡Estoy muy ocupado!”

El año pasado trabajé con Yurena, a la que doblo la edad. Estaba iniciándose en la investigación y se supone que yo en gran parte la guiaba. La semana pasada estuvimos comiendo y la pregunté qué creía que por mi parte hacía bien y qué podía mejorar. Una de las cosas que me dijo es qué “para lo mayor que era seguía queriendo aprender, qué siempre la preguntaba cómo había hecho algo”.

Me llamó la atención lo de mayor, aunque también en eso tiene razón. ¡Estoy mayor para tonterías! ¡Me queda menos tiempo que perder!, así que lo mejor que puedo hacer es seguir aprendiendo para hacer las cosas mejor y más fácil.

¡No veas la cantidad de cosas que aprendí de ella! (y pretendo seguir aprendiendo). Yurena es una innovadora, va incorporando todo lo que aparece. Al ritmo que vamos, esto está cambiando mucho y va a seguir cambiando. Ahora es la Inteligencia Artificial, ya veremos que viene después ¡Qué bueno rodearse de innovadores que pueden ayudarnos a incorporar lo nuevo que aparece! ¡Qué bueno estar rodeado de gente joven! Vé con nuevos ojos lo que siempre hemos hecho de una determinada forma.

Las personas a veces nos resistimos a aprender, a incorporar lo nuevo. No sólo las personas, también las organizaciones se resisten al cambio para mejor, a dejar de hacer las cosas como siempre.

Nunca eres demasiado mayor para seguir aprendiendo. O quizá, cuando ya no quieres aprender es que eres demasiado mayor y cascarrabias. La organización que deja de aprender está más cerca de dejar de ser competitiva. También los hay jóvenes que ya se creen que lo saben todo, cuando su gran ventaja es que están menos condicionados para aprender lo que aparece.

Esfuerzo no es lo mismo que resultados. Podemos estar esforzándonos mucho sin encontrar resultados. Si es tu caso, mira a ver qué puedes aprender, mira a ver de quién puedes aprender. Seguir haciendo lo mismo, porque siempre se ha hecho así, puede ser un desperdicio de energía.

Dibujo de Leyre Fontaneda inspirado en uno encontrado en Internet (aprovechar la rueda, ser capaz de incorporar nuevos aprendizajes)
Si estoy todo el tiempo cortando troncos, no tengo tiempo de afilar la sierra. Afilar la sierra es aprender lo que necesito para ser más efectivo, conseguir mejores resultados con menos esfuerzo. Reservar un tiempo para mejorar y aprender. Un tiempo para preguntar y ver cómo lo hacen otros.

¿Qué ideas puedes aprovechar? No hace falta inventar la rueda. Estar abierto al que nos quiere ayudar y viene con nuevas ideas.

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domingo, 26 de noviembre de 2023

Mientras me pongo, se pasa el tiempo y el momento

Del dicho al hecho hay un trecho. No se si os ha pasado eso de “me voy a poner a estudiar” y mientras me pongo se han pasado dos horas. O con la intención de ir al gimnasio, con idea de salir a las 9 hacia allí, me dan las 10, entretenido con cualquier cosa. Una hora más tarde, el día se ha complicado, tengo demasiados planes y lo de ir al gimnasio se queda solo en la intención, un día más.

Desde que tengo intención de ponerme hasta que me pongo, si no presto atención, sin darme cuenta, pasa “demasiado” tiempo. El tiempo, la vida, se nos escapa entre los dedos. Lo de estudiar o ir al gimnasio puede sonar a obligación, a algo que nos cuesta. Lo mismo nos puede pasar a la hora de llamar a un amigo, lo que suena más agradable. Tengo intención de hacerlo y se me pasa el momento. Cuando hablamos, pasados los meses, nos decimos, además con sinceridad, “he pensado un montón de veces en llamarte”.

Qué bien nos sentimos después de haber seguido el plan. Me he encontrado mucha gente que no quiere planificar nada, porque total, nunca sigue el plan. O los que planifican las horas de estudio/trabajo y después solo cumplen los descansos ¿Por qué no he seguido el plan? ¿Me despisto cuando surge cualquier cosa? ¿Me cuesta ponerme? ¿El plan estaba mal hecho? Como todo, es cuestión de práctica, planificar algo que puedas/quieras hacer y te siente bien. Aprender a planificar y a seguir el plan. Si fallas al planificar estás planificando fallar.

Cuando tienes el plan claro, también el para qué de ese plan, la razón de que te convenga, ya tienes la mitad hecha. Ahora solo queda seguir el plan, aunque a veces es la mitad más difícil.

Hay a quién le encanta planificar sin hacer, soñar con lo que puede hacer y después no hace. Se llaman soñadores. Está bien soñar, incluso despierto algunas veces, aunque de vez en cuando nos conviene hacer.

Un plan nos guía a lo largo del día, no hace falta programarlo todo. Si sabemos lo que queremos ya estamos más cerca de conseguirlo. Definir los pasos para llegar, el cómo conseguirlo y después ir andando.

Entrenar la atención para darnos cuenta de cuánto tiempo pasa hasta que nos ponemos. La inercia nos mantiene donde estamos. Si estamos en el sofá, la inercia nos mantiene lejos de salir hacia el gimnasio. A veces cuesta, y qué bien nos sentimos al volver

Hacer lo que quiero a veces supone fuerza de voluntad para ponerme… ¡qué a gusto me quedo cuando lo he hecho! Qué fácil es hacer planes y que difícil es a veces seguirlos. Sobre todo, para algunas cosas. La importancia de no despistarse por el camino.

Mi situación y pensamiento muchos días
Hoy de momento la cosa no va mal. He ido al gimnasio, que me costaba, lo que me deja alegre y satisfecho. También he escrito esta entrada para el blog, me ayuda a reflexionar un poco cada domingo. Esta tarde tengo intención de llamar a un amigo, hace un montón que no hablamos, he pensado un montón de veces en llamar, pero con la diferencia horaria, al final, se me pasa. Excusas, si quiero puedo, si quiero lo haré… me voy a poner la alarma del móvil para hacerlo. Si lees esta entrada y echas de menos que hablemos, llámame.

sábado, 6 de agosto de 2022

¿Cambio o sigo como hasta ahora?

Acostumbramos a hacer lo mismo, por eso se llama costumbre. Tenemos nuestras rutinas, nuestros horarios, nuestras actividades, nuestros lugares. Lo habitual nos da seguridad, lo conocido es previsible, vivir un montón de veces el mismo día, la misma conversación, el mismo café.

Tenemos dos voces interiores, que nos impulsan en direcciones opuestas: una nos invita a seguir repitiendo, a seguir como estamos; la otra nos impulsa al cambio, a la exploración, al descubrimiento, a la aventura.

Hace unos días hablaba con una antigua alumna, dejó la universidad hace cinco años. Sus ganas de seguir explorando, probando, conociendo, descubriendo, resuenan en mi espíritu de continuo aprendiz.

Es un poco cuestión de edad. Los niños son exploradores natos, de forma natural quieren probar. Los adolescentes empiezan a descubrir un nuevo mundo, ganando en independencia cada día. Los jóvenes siguen manteniendo esas ganas. Con la mentalidad adecuada, a pesar de los años, mantienes el espíritu joven que impulsa hacia lo nuevo.

Espíritu explorador - mentalidad joven. Foto tomada de Pixabay
Con el tiempo muchos pierden energía. A temporadas se nos olvidan esas ganas de descubrir. Consideramos que ya sabemos bastante, que ya hemos visto mucho. También supone esfuerzo salir de la zona confortable y conocida en la que nos encontramos, el cambio cuesta, da pereza y hasta miedito.

Cansados de repetir, paradójicamente, seguimos haciendo lo mismo. La definición de locura para Einstein es hacer lo mismo y pretender obtener resultados distintos.

La trampa de la zona de confort: “Me gustaría cambiar, pero no estoy tan mal…”. Así, que hasta que no llega algo que nos empuja al cambio, nos acomodamos, no estamos tan mal. Tan siquiera exploramos otras posibilidades.

El cambio puede dar miedo. Probar cosas nuevas tiene sus riesgos. También no probar tiene sus riesgos, aunque estos riesgos cuesta más verlos.

El cambio puede dar miedo cuando lo vemos como una ruptura con todo lo anterior, que a veces puede ser conveniente. En la mayoría de los casos no hace falta un cambio radical, solo un enfoque más flexible. Tú decides si quieres cambiar y qué tipo de cambio quieres.

En lugar de dejarlo, puedes transformar tu trabajo, tu entorno y adaptarlo a lo que si quieres ¿Por qué las opciones tienen que ser “seguir con todo igual” o “dejarlo todo”? Entre los dos extremos hay infinitas posibilidades ¿Qué puedes hacer para mejorar tu situación actual? Algo te inquieta, te incomoda, puedes terminar o transformar tu trabajo, tu forma de vivir.

Reconocer lo que sí obtienes, lo bueno de la situación actual, y también lo que te gustaría obtener, experimentar, vivir, para acercarte a lo que quieres. Quizá encuentres el punto intermedio, por ejemplo, entre irte a vivir a otro sitio definitivamente o solo irte a temporadas.

Ante algunos cambios, el que no cambia, observa la valentía del cambio. Ojalá tuviese las narices suficientes para dejar este trabajo de 72 horas de a la semana, bien pagado, aunque no me satisface.

Ordenar tus pensamientos, sentimientos, para quedarte o irte, y decidir para comprometerte y vivir. La indecisión impide el compromiso y la vivencia del presente.

Hacer lo que te sientas llamado a hacer, con su componente de realismo, evaluando riesgos y alternativas, conociendo tus recursos, sin dejarte llevar por los convencionalismos sociales o lo que valoren los demás. Decidir equilibrando cabeza, corazón e instinto.

Quizá no sepas hacia dónde ir ¿Qué tal si vas caminando y así irás descubriendo el camino? Según avanzas el siguiente paso se ve más claro. Probar con realismo, desde tu realidad.

Y si no es ahora ¿cuándo? Nunca parece buen momento, siempre hay excusas. Al explorar y probar encontramos cosas nuevas, algunas muy buenas.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Incertidumbre, revolución, cambio

Soy profe, comienza el curso y las expresiones que me salen son ¡menudo follón! ¡Vaya lío! ¡cuánto cambio! Más que un cambio es una revolución. Este año académico va a ser todo un reto, un reto anunciado porque llevamos más de seis meses conviviendo con el COVID-19.

El miedo, la incertidumbre, se palpan en el ambiente. Cada uno vive su propia realidad. El miedo puede llevar a quedarnos paralizados, a salir corriendo. Ese miedo desata las críticas al que hace y al que no hace, críticas no siempre constructivas, que entorpecen más que facilitar. Lleva a discusiones, que, sin nuevas soluciones, nos dejan a todos peor.

Cómo profesores somos responsables de facilitar el aprendizaje de nuestros alumnos y también de cuidar la salud, la suya y la nuestra, en su triple dimensión: física, mental y social. Así lo recoge la definición de la Organización Mundial de la Salud.


No estamos solos. A pesar de las críticas, veo a muchos que han estado trabajando estos meses, entre ellos la dirección de mi centro, con las herramientas que tienen, con las dudas y la incertidumbre.

La desconfianza se ha extendido, ya no sabemos que pensar, en quien confiar. Sin confianza estamos perdidos. Elijo confiar en los que han estado trabajando, los que son responsables de dirigir, los que tienen más información, los que saben con qué medios podemos contar.

“No se puede vivir con desconfianza en todo y en todos, la vida deja de ser vida”

Escojo asumir mi responsabilidad, en mi ámbito, emplear la energía y el tiempo en lo que depende de mí. Dejar de perder energía y tiempo en lo que corresponde a otros. Dejar que aquel que tenga la responsabilidad de dirigir de directrices claras.

“Si no lo hacemos en equipo, todos juntos, va a ser mucho más difícil”

Son demasiadas cosas, demasiados problemas, para asumirlos todos, centrarse en lo importante. Conocer hasta dónde llega mi responsabilidad. En ese ámbito, hacer todo lo que pueda, y no más, cuidándome para poder cuidar. Cada día cambia, no puedes controlarlo todo, el camino se va abriendo al andar.

Las directrices se están ocupando de la dimensión física, de que no nos contagiemos. Es nuestra labor complementar, si podemos, lo que se puede estar olvidando más. El cuidado de las dimensiones mental, emocional y social de la salud.

Y cómo profesor, algo tan simple y complicado cómo facilitar el aprendizaje. El aprendizaje que será diferente, como cada año es diferente. Los nuevos retos de este año nos traen nuevos aprendizajes, también a los profesores, que emplearemos nuevos medios.

Como empezaba, este año es todo un reto, en casa, en la educación, en el trabajo, en el día a día de cada uno. Tiempo para ocuparse y adaptarse, hacer lo que podemos y aparcar lo que no podemos (No podemos con todo). Tiempo de apoyar a y apoyarse con los demás; las dificultades del camino se superan mejor acompañado.


domingo, 13 de septiembre de 2020

Los nuevos comienzos

El año nos regala dos momentos significativos de nuevo comienzo. El comienzo de principio de año (enero) y el comienzo después del verano (septiembre).

Este comienzo de septiembre es especial, después de un tiempo diferente, donde en muchos casos hemos estado confinados y la movilidad se ha reducido.

Un nuevo curso comienza en septiembre. Los nuevos comienzos. Dibujo de Leyre Fontaneda
Con menos viajes exteriores hemos tenido la oportunidad de hacer más viajes hacia el interior, hacia el autoconocimiento. Hemos podido vernos, darnos cuenta de cómo vivíamos antes del coronavirus, descubrir nuevas aficiones y cosas que nos gustan, soñar con cómo queremos vivir, con cómo queríamos que fuesen las cosas en el nuevo comienzo.

Han podido aparecer crisis, personales o relacionales. En cada crisis está la semilla de la oportunidad para un nuevo nacimiento, un cambio, un nuevo comienzo.

Comenzar va de la mano con terminar, decidir que dejamos atrás, que ya no queremos, a qué decimos NO para poder decir SÍ.

Y ahora que volvemos a empezar se nos pueden olvidar los sueños, lo que queremos. Corremos el riesgo de volver a la vida en automático, sin saborearla, sin darnos cuenta.

“Vivir tu tiempo”, que da título a este blog, quiere dar un enfoque a la gestión del tiempo no centrada en ser productivo, en el sentido social del término. No somos máquinas, robots programables. Cada uno decide lo que quiere producir y lo más productivo, para ti, a veces, puede ser no hacer nada, simplemente estar.

La respuesta a “¿Cuál es el mejor uso de mi tiempo?” depende de qué resultado quieras conseguir. El resultado se puede dar en el presente, en lo que estás viviendo o en el futuro, hacía dónde quieres caminar. Equilibrar presente y futuro, lo que vives ahora con lo que esperas vivir en el futuro. El presente, lo único real, se puede escapar, soñando con el futuro imaginario. También el presente, lo que haces ahora, te lleva a tú futuro, eres responsable de los pasos que das.

“Vivir tu tiempo” está enfocado en ser consciente de cómo vives tu vida, darte cuenta de lo que sí quieres y de lo que no quieres, de lo que te pasa. También, hacerte responsable de tus resultados, de tus relaciones, que son fruto de tus decisiones, de tus elecciones, sin echar pelotas fuera.

Puedes ser más productivo, según tu propio criterio, viviendo más tu vida, haciéndote responsable de tus decisiones, buscando los resultados que quieres. Implicándote y decidiendo, haciendo lo que sí puedes hacer y dándote cuenta de tus límites.

Cada día es un nuevo comienzo. Puedo, puedes, podemos escoger cómo vivir a partir de ahora. Escogiendo estar menos limitados por nuestro pasado. Viviendo ahora y encaminándonos hacia el futuro que soñamos.

Tú eliges cómo quieres comenzar cada día. Tú eliges cómo quieres vivir este año que comienza.