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martes, 23 de junio de 2026

El tren correcto… hasta que deja de serlo

Durante unos años viajé con frecuencia en tren desde Burgos hasta Lisboa. Era un trayecto largo, de esos que te permiten leer, pensar, mirar por la ventana y dejar que el tiempo vaya a otro ritmo.

Había un momento especialmente curioso del viaje. En un punto del recorrido, el tren se dividía en dos. Una parte continuaba hacia Galicia, al norte de España, y la otra seguía rumbo a Lisboa. Los vagones se separaban y cada mitad tomaba un destino diferente.

Más de una vez vi a viajeros descubrir demasiado tarde que estaban en el vagón equivocado.

Algunos se daban cuenta enseguida y conseguían cambiarse a tiempo. Otros, confiados, seguían sentados pensando que todo iba bien. Hasta que alguien les preguntaba dónde iban y descubrían que se dirigían exactamente en la dirección contraria a la que querían.

Siempre me llamó la atención esa escena porque, en realidad, la vida se parece bastante a ese tren.

Hay una idea muy conocida que habla de los trenes perdidos. De las oportunidades que dejamos escapar. De esa llamada que no hicimos, de ese proyecto que no iniciamos, de esa persona a la que no dijimos lo que sentíamos o de ese cambio que fuimos aplazando durante años.

Todos conocemos las lamentaciones de los trenes que no cogimos. A veces la vida nos ofrece una oportunidad y pensamos que ya habrá otra, que más adelante tendremos tiempo, que no es el momento. Y algunos trenes vuelven a pasar, pero otros no.

Sin embargo, hay otra reflexión sobre los trenes que me parece todavía más interesante. Mi amigo Jesús me envió una imagen con una supuesta leyenda japonesa que decía:

"Si te subes al tren equivocado, bájate en la siguiente estación. Cuanto más tardes en bajarte, más caro será el billete de vuelta."

No sé si realmente es una leyenda japonesa. Pero sí sé que contiene una sabiduría que muchas veces olvidamos aplicar en nuestra propia vida.

Porque no siempre sufrimos por los trenes que dejamos escapar. En ocasiones sufrimos por seguir montados en trenes que hace tiempo sabemos que no nos llevan donde queremos ir. Y, sin embargo, seguimos avanzando en ellos.

Pienso en personas que permanecen durante años en un trabajo que ya no les aporta nada. No porque necesiten ese empleo para sobrevivir, sino porque les da miedo explorar alternativas. Cada año que pasa aumenta la sensación de dependencia, disminuye la confianza para dar el paso y se hace más difícil abandonar una situación que dejó de tener sentido mucho tiempo atrás.

También ocurre en las relaciones. A veces una relación cumple una función importante durante una etapa de nuestra vida. Nos acompaña, nos ayuda a crecer y nos aporta experiencias valiosas. Pero puede llegar un momento en el que ambos caminan en direcciones diferentes. Cuando eso sucede, seguir por inercia suele ser más cómodo a corto plazo, pero también suele hacer más dolorosa la despedida cuando finalmente llega.

Lo mismo sucede con proyectos, responsabilidades o compromisos que asumimos hace años. Decisiones que fueron correctas en un determinado momento, pero que quizá ya no encajan con quienes somos hoy. Sin embargo, nos cuesta soltarlas porque hemos invertido demasiado tiempo, demasiada energía o demasiadas expectativas en ellas.

Es curioso cómo funciona nuestra mente. A veces sabemos perfectamente que estamos en el tren equivocado, pero nos convencemos de que lo razonable es continuar porque ya hemos recorrido mucho camino. Como si la distancia recorrida justificara seguir avanzando en una dirección que ya no queremos.

En psicología se habla de la trampa de la inversión hecha. Cuanto más invertimos, cuanto más tiempo permanecemos en un lugar equivocado, más difícil parece abandonarlo. Más explicaciones tenemos que dar, más cambios debemos afrontar y mayor es la sensación de pérdida. Por eso la leyenda habla del coste del billete de vuelta. Cada estación aumenta el precio de reconocer que necesitamos cambiar de rumbo.

Esto no significa abandonar a la primera dificultad. No se trata de convertirnos en personas que saltan de un tren a otro cada vez que aparece un problema. Hay una diferencia importante entre perseverar y obstinarse. Perseverar consiste en mantener el rumbo cuando el destino sigue teniendo sentido. Obstinarse consiste en seguir avanzando cuando ya sabemos que nos estamos alejando de él.

La vida no suele dividirse entre trenes correctos y trenes equivocados. Muchas veces el tren en el que estamos era exactamente el que necesitábamos coger. Gracias a él hemos aprendido, hemos crecido, hemos conocido personas importantes y hemos llegado hasta donde estamos hoy. No fue una mala decisión, fue la decisión adecuada para una etapa concreta de nuestra vida.

El problema es que los destinos cambian, nosotros cambiamos. Lo que ayer nos acercaba a nuestros sueños puede alejarnos de ellos mañana, porque los sueños también cambian.

Por eso recuerdo con frecuencia aquellos viajes a Lisboa. Porque en realidad no había un único tren, había un momento del trayecto en el que el convoy se dividía y cada parte seguía una dirección diferente. Hasta esa estación todos viajaban correctamente. El error aparecía cuando alguien no se daba cuenta de que el recorrido acababa de cambiar.

Quizá eso también nos ocurra a nosotros. A veces el tren en el que te has montado es el correcto, pero solo hasta una determinada estación, después cambia de rumbo. Entonces la pregunta ya no es si acertaste al subirte, la pregunta es si serás capaz de darte cuenta de que ha llegado el momento de cambiar de vagón o de tren.

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martes, 28 de abril de 2026

La sana ambición marca la diferencia

Este fin de semana he compartido tiempo con compañeros de mis años universitarios, de cuando estudiábamos Ingeniería Industrial. Hace casi treinta años de aquello. Treinta años, dicho así impresiona. Porque uno mira atrás y parece ayer cuando andábamos entre apuntes, exámenes, cafeterías y conversaciones. Sin embargo, han pasado tres décadas de decisiones, hábitos, renuncias, intentos, tropiezos y constancia.

Cuando te reencuentras después de tanto tiempo aparece algo muy evidente: treinta años marcan una diferencia brutal en resultados. No hablo solo de dinero o puestos profesionales, que también. Hablo de seguridad interior, de serenidad, de amplitud de vida, de relaciones construidas, de salud cuidada o descuidada, de proyectos emprendidos, de experiencias vividas y de cuánto se ha desarrollado cada uno como persona.

Y viendo esas trayectorias, una palabra me rondaba por dentro: ambición.

Sé que es una palabra sospechosa para mucha gente. Parece que si hablas de ambición hablas de egoísmo, de codicia o de pasar por encima de otros. Pero existe otra ambición, una ambición sana: la de quien quiere aprovechar los talentos que la vida le dio, la de quien siente que no ha venido aquí solo a ir tirando, la de quien quiere crecer, aportar, aprender, explorar sus posibilidades y vivir con más plenitud.

Porque no todos estos años dependen de la suerte. Influyen muchas cosas, por supuesto. Pero también influye cuánto empuje has puesto en desarrollar tu potencial. Cuánto has insistido cuando era incómodo. Cuánto has aprendido cuando otros se acomodaban. Cuánto te has atrevido a cambiar cuando algo ya no encajaba. Cuánto has sembrado mientras otros solo esperaban recoger.

Hay personas que se conforman no por paz, sino por miedo. Se esconden detrás de frases bonitas: “yo soy sencillo”, “no necesito más”, “me vale así”. Y a veces será verdad. Pero otras veces no es humildad, es renuncia disfrazada, es miedo a exponerse, a fallar, a intentarlo de verdad.

No siempre es humildad, a veces es miedo disfrazado

La sana ambición no consiste en competir con nadie. No necesita ganar al vecino ni presumir en redes sociales. Consiste en no traicionarte, en no quedarte pequeño por costumbre, en no mirar dentro de diez años hacia atrás preguntándote qué habría pasado si hubieras sido más valiente.

Además, tiene un componente profundamente disfrutable: desarrollarse y aprender da alegría, crecer bien sienta bien, descubrir capacidades nuevas, mejorar en algo, ampliar la mirada, crear proyectos, madurar por dentro… todo eso alimenta la vida. Hay un placer noble en desplegarse.

No toda ambición merece tu tiempo, eso sí. Hay ambiciones prestadas: aparentar, impresionar, acumular símbolos vacíos. Y hay ambiciones propias: vivir con sentido, hacer un buen trabajo, amar mejor, crear algo valioso, sentirte libre, aprovechar tus dones. Conviene distinguir unas de otras.

Por eso hoy te propongo algo sencillo y potente: párate a discernir qué ambicionas de verdad. No lo que esperan de ti, no lo que queda bien, no lo que otros aplauden. Lo que de verdad te llama por dentro.

¿Dónde te gustaría estar dentro de unos años? ¿Qué versión de ti te gustaría haber construido? ¿Qué capacidades sabes que podrías desarrollar si dejaras de posponerlo? ¿Qué vida intuyes posible y todavía no te atreves a habitar?

Y después de responderte, deja de esconderte. Quizá no te falta capacidad, te falta permiso para llegar allí donde quieres, y donde puedes, llegar.

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domingo, 22 de marzo de 2026

El foco y la constancia abren puertas que no te esperas

Ayer acompañé a mi amigo Félix a un taller de respiración en Burgos, al que asistió otro grupo de amigos, que nos encontramos de vez en cuando (gracias a CISA-Aspanias por abrir el espacio).

Félix lleva tiempo formándose, tiempo invirtiendo en afinar su manera de acompañar. Y eso se nota. No solo en lo que hace, sino en cómo está, en la calma, en la presencia, en la forma de sostener el espacio.

El resultado fue claro: una experiencia profundamente nutritiva para quienes estuvimos.

Esto es lo que ocurrió ayer, que parece magia. Para entenderlo hay que mirar todo lo que pasó antes. Porque lo que vivimos no fue solo “respirar”, fue parar, fue escucharnos. Fue permitir que el cuerpo hablara. Y el cuerpo, muchas veces, sabe antes que la cabeza.

En https://breathworkmadrid.com/ Félix explica cómo a través de la respiración, puedes influir en cómo te sientes, reducir el estrés, soltar tensión, aclarar lo que llevas dentro. Y, en muchas ocasiones, conectar con algo importante: qué necesitas y hacia dónde quieres ir.

Ese fue el ejercicio de ayer, practicar a escucharte, a parar, a elegir desde un lugar más consciente. En un espacio cuidado, con música inmersiva, combinado con los olores adecuados y con una guía en la forma de respirar. Cuando bajas el ruido, aparece la claridad. Y con ella, el propósito.

Como chiste se contaba que llevamos toda la vida respirando y a ver si ahora íbamos a aprender. Resulta que tenemos una herramienta sencilla que es probable estemos desaprovechando.

Félix tiene claro su propósito, que no es otro que acompañar a personas. En este caso a través de una vía concreta, la respiración.

El resultado no es casualidad, es elección, práctica y camino. Muchas veces pensamos que las oportunidades aparecen de repente. Que “se abren puertas” y no vemos el trabajo silencioso que hay antes. Las horas, la constancia y el foco. La apuesta por seguir cuando no hay aplausos.

Cuando dudas, cuando no sabes si esto llevará a algún sitio, y aun así, sigues. Hasta que un día, la puerta se abre y desde fuera parece suerte, pero no lo es. Es el resultado de haber estado llamando mucho tiempo.

Vivir tu tiempo también es esto: elegir en qué inviertes tu energía, sostenerlo y confiar en el proceso.

A veces no necesitas hacer más. Necesitas parar, respirar y escucharte. Y desde ahí… seguir caminando. Ayer lo vivimos en primera persona, fue un gusto acompañar a Félix y al resto del grupo.

Seguro que repetiremos.

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miércoles, 12 de marzo de 2025

Nuevos comienzos, volver a empezar, retomar rutinas

Mi propósito es escribir y compartir reflexiones los domingos, escribo esta entrada en el blog tarde, no es la primera vez. Últimamente, me cuesta cumplir con lo que me propongo, me distraigo con cualquier cosa y, entre otras cosas que se van quedando en espera, está dedicar tiempo a escribir un libro (el gran objetivo de este año). Me pesa reconocerlo, pero no estoy avanzando como me gustaría. Sé lo que quiero, sé lo que me mueve, pero a veces pierdo el hábito de escritura que se disuelve en la inercia de los días.

No quiero perderme en el lamento, en el sentimiento de culpa por no dedicar tiempo a lo prioritario. Sé que despistarme o no cumplir con lo que me he marcado no significa que todo esté perdido. El arrepentimiento puede servir, especialmente si confiesas, como estoy haciendo aquí, para reencontrar la energía para retomar lo que hemos abandonado. Al menos eso espero compartiendo esta reflexión. Tengo propósito de enmienda, para liberarme de la culpa, dejar de fustigarme por lo que no he hecho, reconocerlo, dejarlo atrás y mirar hacia adelante con un compromiso renovado.

Nuevo comienzo - cada día una oportunidad
Es como cuando llegan los exámenes y no has hecho lo suficiente en su momento, puedes perderte en el lamento o emplear esa energía en retomar el foco, aprovechar el tiempo que quede e intentar sacar el objetivo adelante. Pensando más en el aprendizaje que en la nota.

Me arrepiento de haberme dejado llevar por la pereza o la falta de enfoque. No es una justificación, es el cimiento sobre el que quiero retomar la rutina de escritura, es un nuevo comienzo. Recordar lo que quiero y para qué lo quiero me ayuda.

"Cada día es una oportunidad para volver a empezar"

No importa cuántas veces me haya desviado del camino, siempre puedo regresar. Y regreso, no con culpa, sino con la determinación de dar el siguiente paso.

Estoy seguro que puedes verte identificado, no importa cuántas veces caigas si eres capaz de levantarte, de seguir adelante, con energía renovada. Así que aquí estoy, escribiendo, volviendo, empezando de nuevo.

Si te pasa lo mismo te animo a sacar fuerza del arrepentimiento, confesar si hace falta (no hay porque avergonzarse, al menos eso pienso, nos pasa a todos, creo) y seguir adelante.

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sábado, 21 de diciembre de 2024

Entre esclavo y dueño de tu plan

Este jueves me invitaron a la jornada anual de IMASDE a compartir sobre gestión del tiempo. Silvia me comentó que lo que transmitía sobre el plan semanal y el plan diario le parecía un poco TOC, parece que lo sentía como una obsesión que te mantiene atrapado en un hacer de una determinada manera.

Mi propuesta es comenzar cada semana definiendo claramente tu propósito y los objetivos que deseas alcanzar, y luego planificarla por escrito. De manera similar, cada día debe empezar identificando lo más importante que quieres lograr. Esto incluye determinar las acciones que realizarás en tu trabajo, en tus relaciones (familia, amistades, otras), así como lo que harás para ti, tu bienestar y crecimiento.

Creo que establecer esto por escrito aporta claridad, saber lo que quieres y cómo conseguirlo. Si lo haces habitualmente y buscas mejorar en tu planificación cada vez serás más realista, ya que al principio tendemos a ser demasiado optimistas con lo que podemos lograr en un día o en una semana. Tendrás un hilo que te guía a lo largo de la semana y del día.

Esto puede resultar estresante, un poco TOC como lo definió Silvia, por eso a veces podemos resistirnos a hacerlo. Si has hecho planes imposibles de cumplir, con demasiadas cosas, pues al final no se cumplen (¡qué sorpresa!). Eso puede dejarnos frustrados, con sentimiento de incapacidad, con culpa. De esta manera podemos tender a planificar menos.

Esclava de la agenda

Voy a plantear una metáfora al respecto. Es como ir de viaje, llegar a un sitio con muchas cosas interesantes, como Milán, Roma, Paris, Madrid, los Pirineos… ¡Se me ocurren tantos sitios! Ya que vas quieres aprovechar, para aprovechar un viaje hay que prepararlo (pre-parar: pararse antes a decidir qué hacer). La preparación suele llevar a un plan.

Una vez hecho el plan, que puede ir demasiado ajustado, el plan te puede llevar con la lengua fuera, corriendo para tratar de “cumplir”. Demasiada gente se obsesiona con los planes (TOC). El plan puede impedirte disfrutar plenamente del viaje, puede que estés visitando Madrid, el día sea magnífico y pases por la plaza Santa Ana, con un gran ambiente y encuentres una terraza al solito donde charlar.

Si estás obsesionado con el plan y no estaba en tu plan, ni te planteas sentarte. Mi invitación es a que te sientes, si es lo mejor que puedes hacer en ese momento. Lo podrás valorar con más criterio, si es que tienes un plan ¿merece la pena seguir el plan o está mejor sentarme? Hacerlo sin culpa, no se puede hacer todo. Eres dueño de tu plan, no esclavo de él, puedes cambiarlo cuando quieras.

No verás tantas cosas, experimentarás otras, la clave es no fustigarte porque no has cumplido el plan, sino valorar los cambios, reconocer que te ha dado claridad para escoger mejor. Un trabajo previo es

Aceptar que no se puede hacer todo”.

Si optas por seguir el plan contra viento y marea, si además has metido cosas con calzador y vas con la agenda superapretada, la frustración está garantizada, es probable que no llegues a todo y que no disfrutes de cada cosa, con la obsesión del plan y del reloj. Además, si vas acompañada, es probable que muchos no quieran volver a viajar contigo, encontrar la flexibilidad adecuada no es fácil.

El plan te guía a lo largo del día, te permite encadenar acciones de forma fácil, optimizar lo que haces porque está bien ordenado. Es más fácil planificar mejor cuanto mejor te conoces. Te permite cambiar de una actividad a otra sin demasiado tiempo despistado porque no sabes por donde seguir. Es como llevar un buen guía que te va indicando por dónde.

Pero puedes cambiar el plan. Cómo eres tú quien ha contratado al guía, en un momento dado le puedes plantear otras alternativas, otras ideas, otros planes. Gestionar el tiempo supone elegir, vivir es elegir, elegir que hacemos momento a momento. Planificar, pero que el plan no esté escrito en piedra, que sea un facilitador y no un tirano que nos arrastra.

“Somos dueños de nuestros planes, no sus esclavos”

Esto vale tanto de forma individual como de equipo. Un equipo con un plan puede funcionar más fácil, más eficiente. A veces hay que cambiar el plan, como el entorno cambia, nosotros debemos cambiar.

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domingo, 12 de febrero de 2023

Buscando mi papel en el mundo

Se habla mucho del propósito, del papel en el mundo, de cómo podemos vivir una buena vida y contribuir. Cómo diría Francesc Miralles, encontrar tu Ikigai.

Pienso mucho en los adolescentes, en este mundo cambiante es difícil decidir el camino, encontrar tu lugar. La adolescencia es un periodo de autoconocimiento, de reflexión, también de desconcierto, que se expresa con enfados y con evasiones. Es el paso de la infancia a la vida adulta, que no siempre es fácil.

Vivimos en un mundo rodeado de estímulos y de posibilidades. En la adolescencia se agudiza la ansiedad, por los estudios (las notas y los resultados), por las relaciones ¿cómo me puedo relacionar con los de mi edad? ¿cómo me relaciono con los adultos? Algunos escapan del mundo real al entorno más seguro de las pantallas, entrando en una espiral que les atrapa cada día más, donde pueden sentirse atrapados y cómodos a la vez.

Esto mismo lo podemos sentir los adultos. Ansiedad por resultados inciertos que no llegan; dificultades en las relaciones, con los amigos, compañeros o con el jefe; adicciones de distinto tipos y sin sustancia (a series, redes sociales…). Cuanto más difícil es esto cuando estamos saliendo del cascarón.

Llevo tiempo pensando en cómo acompañar a adolescentes a encontrar su camino o aclararlo un poco. Como creemos que el camino se hace mejor acompañado y en grupo, hemos planteado encontrarnos 8 jueves, de 19 a 21, para caminar juntos.

Taller para adolescentes
Las etapas de este viaje pueden ser comunes a cualquier edad: empezando por conocerme mejor, saber que me gusta y se me da bien, como salgo al mundo y me relaciono y hacia dónde quiero ir. En compañía iremos haciendo estas etapas:

  • Autoconocimiento: cómo me veo, cómo creo que soy, me conozco un poco más y me doy cuenta de cómo me muestro al mundo.
  • Fomento mi autoestima: cuáles son mis cualidades, mis valores, lo que se me da bien.
  • Relaciones: Cómo me relaciono con los de mi edad y con los más mayores, entre ellos con los padres, profesores y otros que me acompañan ¿Cuál creo que es la mejor manera de relacionarme?
  • Miro al futuro ¿Cómo me veo en unos años? ¿Qué sueños tengo? ¿Cómo puedo avanzar en esa dirección? ¿Cuáles son mis ilusiones?

Empezamos el 2 de marzo, si te interesa y tienes entre 15 y 18 años, puedes apuntarte en el Foro Solidario (pincha aquí). Me encantará caminar junto a ti. Y si eres padre o madre, adulto o adulta, que ves que un adolescente le puede ir bien verse, sentirse y pensarse, junto a otros y otras que están en la misma etapa, te agradecería que los animases a venir. Necesitamos redes que nos ayuden en los momentos difíciles.

Más información

domingo, 20 de marzo de 2022

Tengo claro que no lo tengo claro

Cuando lo tienes claro todo es más fácil. Si tienes un propósito claro, una pasión, una misión que perseguir, encuentras la energía y buscas el camino.

Con el destino claro, encuentras el camino y después solo es seguirlo. Disfrutas de cada avance cuando te vas viendo más cerca.

No siempre es tan fácil. Dicen que los algo más viejos preguntamos a los más jóvenes que quieren ser de mayores para buscar ideas. Hace un tiempo pregunté a mi hija y me dijo “¿Cómo quieres que sepa que quiero ser de mayor si tu no sabes que quieres ser dentro de 10 años?”

Tiene razón, tal y como están las cosas ¿Cómo saber dónde vamos a estar dentro de 10 años? O incluso menos.

Ante un cruce de caminos, como te puedes encontrar al decidir que estudiar, dónde poner tus esfuerzos, puede costar más decidir si no sabes dónde quieres ir. Por otra parte, sin destino claro, cualquier camino es bueno. De cualquier camino puedes disfrutar.



Muchos se quedan paralizados en el cruce, pensando y pensando que camino tomar, allí se quedan. Montan una tienda de campaña y a esperar para tenerlo claro. Tratando de ver más allá para poder decidir el camino.

Resulta que parado hay veces que no se puede ver más allá, a no ser que alguien que haya recorrido el camino te cuente. En la encrucijada de caminos, hasta algunos tienen vergüenza a preguntar, aprender de otros caminantes, de otras experiencias.

Habiendo estado un rato en el cruce, cuando la parada esté siendo excesiva, puede ser momento de empezar a caminar, explorar un camino, ver que hay más allá, quizá el destino aparezca conforme avances. Sin subir la montaña es difícil ver a su través.

Siente que te gusta, de que disfrutas, con quien quieres ir y empieza a caminar. Es posible que el camino se vea más claro conforme avanzas. Hay muchas cosas que no se pueden ver por anticipado, que hay que vivir.

Ante la parálisis, deja tanto análisis, especialmente cuando la cabeza te está echando humo. Sobre todo, cuando los argumentos ya son circulares, vuelven sobre si mismos. Es posible que la respuesta esté más allá de la cabeza, más allá del pensamiento, más allá de la lógica.

Prueba a preguntar a quien te cruces por el camino. Prueba a dejar hablar al corazón (lo que quieres) y al intestino (lo que sientes). Prueba a empezar a andar, el camino está ahí si quieres caminar.

A veces no es que la vida sea complicada, a veces la complicamos. Si te estás complicando la vida, póntelo fácil.

domingo, 6 de marzo de 2022

¿Qué tal andas?

¿Qué tal andas? Muchas veces lo empleamos como sinónimo de ¿Qué tal estás? ¿Cómo te sientes? Grandes preguntas, no siempre fáciles de contestar, porque a veces no nos miramos mucho.

En este caso la pregunta la formulo en sentido literal ¿Qué tal andas? ¿Has aprendido a andar? ¿Sabes andar marcha atrás? Parece fácil, salvo que sufras alguna lesión.

Si estás leyendo, ya sabes leer, así que probablemente también andar. Quizá ya ni recordamos lo que nos costó. Dicen que un niño se cae 4.000 veces antes de aprender a andar. Cuando da sus primeros pasos, desde un mueble a otro, tambaleándose, ya es un gran logro. Es todavía pronto para que aprenda a andar marcha atrás.

Con el tiempo va mejorando, a base de practicar, de intentarlo, de caerse y levantarse, hasta que el proceso se vuelve automático. Hasta hemos olvidado como aprendimos. Sale solo, no vamos pensando como equilibrar el peso sobre una u otra pierna. Ahora nos parece fácil, lo damos por obvio, por natural, olvidando lo que costó.

Cómo a andar, hemos aprendido otras muchas cosas: a entender y hablar un idioma (el nuestro), que nos sirve para comunicarnos; a leer, lo que seguramente nos costó largas horas de práctica y un largo etcétera.

Si se te ha olvidado lo que cuesta aprender algo que nos parece obvio, como puede ser escribir, te propongo que pares la lectura y pruebes:

  1. Escribe tu nombre y apellidos, con un bolígrafo o lapicero.
  2. Cambia de mano el bolígrafo o lapicero.
  3. Ahora escribe tu nombre y apellidos de nuevo, con la mano no dominante (con la que no sueles escribir).

¿Qué tal ha ido? ¿Has escrito con mejor letra? ¿Has escrito más rápido? ¿Cómo sería tener que aprender con esa otra mano? Llevaría una buena dosis de fuerza de voluntad, de ganas o necesidad.

La lista de cosas que hemos aprendido y que ahora nos parecen naturales es enorme: comer con cuchillo y tenedor; sumar y restar; encender la luz; atarnos los cordones de los zapatos; cocinar y otras muchas que dependen de nuestro entorno, nuestra necesidad, nuestra profesión.

Para aprender cosas nuevas podemos fijarnos en cómo aprendimos a andar:

  1. Tener un propósito claro o una necesidad clara: Seguro que sentíamos como importante aprender a andar, poder desplazarnos, llegar a sitios distintos.
  2. Un método, muchas veces de prueba y error: seguro que nos caímos más de una vez antes de andar.
  3. Constancia para seguir: Después de cada caída nos levantamos o nos ayudaron a levantarnos para volver a intentarlo, seguir aprendiendo, mejorando.

Con un propósito claro es más fácil encontrar la constancia, la fuerza de voluntad. No hay misterios para aprender inglés, es practicar todos los días. No hay misterios para estar en forma, hacer ejercicio de forma regular.

Una vez que tengas el propósito, lo que más cuesta es el primer paso, después es solo seguir dando más.

domingo, 10 de mayo de 2020

Encontrar el propósito


Esta semana mi hija me ha ayudado a reflexionar. Estamos en Irlanda, está haciendo la tarea que mandan en el colegio de Irlanda y no se encontraba muy motivada para hacerla (así que decidió no hacerla). Hemos venido unos meses, llegamos a principios de febrero y volvemos a España para empezar de nuevo el curso allí, no encontraba el sentido a hacer algo que desde su punto de vista no la aportaba para continuar el curso el año que viene.

Creo que las notas, los exámenes, la evaluación externa, nos hace perder la perspectiva, nos hace perder la ilusión por el aprendizaje, por lo que hacemos. Un niño mira con curiosidad, quiere aprender y matamos esa curiosidad, esa ilusión, cuando lo enfocamos en las notas, en la competición y no en el disfrute del descubrimiento.

Afortunadamente (especialmente para sus padres), parece que ha encontrado el sentido y la motivación. Todos tenemos derecho a desanimarnos de vez en cuando, hacer una pausa, observar hacia dónde vamos y decidir si queremos aceptar las consecuencias de no hacer (las del corto y las del largo plazo), que no siempre son fáciles de ver, sobre todo si no queremos mirar.

Y la importancia de disfrutar del camino, en este caso del aprendizaje, del descubrimiento de esta semana, de cómo fue la revolución industrial, con sus interpretaciones y de cómo ha ido cambiando la Unión Europea. Me alegro que haya encontrado ese disfrute, las notas solo motivan en el muy corto plazo.

Por mi parte aprendí tarde a leer, recuerdo como mi hermana, un año menor que yo, ya podía leer el periódico y yo no era capaz de leer la cartilla. Me pinchaban tratando de motivarme y no funcionaba. También recuerdo el momento en el que decidí aprender, mediados de agosto, encontré la motivación, y para cuando comenzó el curso a mediados de septiembre yo había hecho un gran progreso, porque la motivación me venía de dentro, no de las presiones o de las expectativas externas. La filosofía me interesa más desde que no tengo que estudiarla (no tengo examen) y leo por el puro disfrute de la reflexión.

Cada uno hace lo que quiere (y puede), bien porque quiere hacer eso, porque le gustan los resultados a los que lleva, porque se siente obligado, los motivos son diversos. Si no encontramos un motivo es difícil que queramos o decidamos hacer algo.

Hasta que no encuentro la motivación interna puede ser que trabaje, que avance en algunas cosas, a costa de un gran esfuerzo. En el momento que encuentro esa chispa interior, esa fuerza que nos acompaña, se me olvida el esfuerzo y las tareas fluyen solas.

Para algunos subir una montaña es el mayor de los castigos y para otros el mayor disfrute, en gran medida depende de cómo interpretemos lo que estamos haciendo, de cuáles son nuestros motivos.
Disfrutar del esfuerzo con propósito. Imagen de Free-Photos en Pixabay 
El motivo puede estar en la contribución. Ese sentimiento de contribución que ha hecho que muchos, ante una crisis como la del coronavirus, puedan estar dando lo mejor de sí mismos, siendo soporte de una sociedad que sufre, con esfuerzo, constancia e ilusión.

Encontrar los motivos, los objetivos, que son importantes para mí, ayudan a encontrar la energía, el foco y la constancia para continuar. Casi todos aprendemos a andar, a pesar de caernos muchas veces, porque encontramos la fuerza para perseverar: andar es importante y posible.

“Encontrar un objetivo claro que sea importante para ti”

Creo en la ley de la causa y el efecto. Qué unas causas, unas acciones, llevan a unos efectos. En función de cómo vivamos y cómo vayamos viviendo, así será nuestro futuro. En función de si hacemos ejercicio o no, estaremos en forma o no.

“El destino al que llegues depende del camino que recorras”

Para estudiar en casa o para teletrabajar, a distancia, sin una vigilancia externa, sin la clave del horario… es necesario encontrar el propósito, la motivación. La motivación que está en los motivos, no en frases de ánimo.

Sin esa motivación entramos en la apatía, sin ganas de hacer todo se convierte en esfuerzo y sacrificio, acabamos arrastrándonos para sacar el estudio o el trabajo adelante, olvidando la satisfacción del aprendizaje y el trabajo bien hecho, del que podemos sentirnos orgullosos y satisfechos.

“Encuentra tus motivos para avanzar con menos sacrificio”

Y menos sacrificio, hacerlo más a gusto, no significa falta de esfuerzo. El que disfruta de subir a la montaña se esfuerza y encuentran la satisfacción en ese esfuerzo, que entonces no es penoso. Dejemos la cultura de lo fácil, para llegar hay que esforzarse.

“Muchas veces, lo que merece la pena, supone esforzarse, que es distinto de sacrificarse”

domingo, 3 de mayo de 2020

El futuro es siempre incierto, misma incertidumbre distintas formas de vivirla


Esta semana me ha llegado uno de esos retos que circulan por las redes, una pregunta ¿Qué tres cosas has aprendido de ti esta cuarentena? La importancia de las preguntas simples, no simplistas, que pueden llevar a conocerte.

Siempre me han sorprendido las respuestas a la pregunta, aparentemente simple, ¿cómo estás? Si nos atrevemos a mirarnos y vamos más allá de la respuesta automática “bien”, que en el fondo no dice nada, podemos sorprendernos con nuestras respuestas, que provienen de una pregunta simple y profunda a la vez.

Si algo he podido ver, palpar y sentir esta cuarentena es incertidumbre. Qué siempre está ahí, aunque ahora la sintamos más, el futuro siempre es incierto, aunque para nuestra comodidad lo consideremos previsible.
Cruce de caminos = incertidumbre; Imagen de Steve Buissinne en Pixabay 

La incertidumbre, similar durante toda la cuarentena, no me ha afectado igual unos días que otros. Unos días me dejaba abatido, atascado y otros días simplemente vivía el presente, el instante que tocaba. Incluso era por momentos, distintas sensaciones a lo largo del mismo día. Lo que me lleva a pensar que no es la incertidumbre, sino cómo la vivo, la misma realidad parece distinta. Aceptar lo que no puedo cambiar y vivir lo que sí puedo me sienta bien.

“El futuro siempre es incierto y me siento ante la incertidumbre según como la viva, según la acepte o me resista a algo que no puedo cambiar”

Por otra parte, me he acostumbrado a trabajar en casa, lo que llaman el teletrabajo, lo que supone una mayor autonomía. Autónomo tengo que encontrar la motivación, sino me puedo perder pululando sin hacer nada (pasan las horas y no avanzo). Y encontrar la motivación no viene de las palabras de ánimo (que pueden venir bien), sino de encontrar los motivos, el propósito de lo que hago. Ese propósito ayuda a mantener el foco y la autodisciplina, constancia en el propósito.

“Motivo-propósito lleva a la motivación, que ayuda a mantenerte enfocado, para avanzar de manera constante, sorteando las distracciones. Encuentra tus motivos”

Y la importancia de los compañeros de viaje, aunque sea el viaje de la vida metidos en casa. La compañía de los que están contigo, donde la convivencia, con el paso de las horas, los días, se hace más presente e intensa, para lo bueno y para lo malo, un despertar de conciencias.

Y la compañía de los que tienen su presencia en la distancia, en las redes sociales, con las llamadas de teléfono, con los muchos medios que ahora tenemos ¡Cuánta presencia llega desde la distancia!

“Para disfrutar del viaje de la vida escoger buena compañía

Este reto me llegó por las redes, de Yon Valverde, al que retó Julio Moreno, dos grandes compañeros de viaje, de aprendizaje y de vida. Este llego a Julio de Rodrigo Zanetti, al que todavía no conozco. La red social nos conecta, igual que todos vivimos conectados en este mundo global y de esta pandemia saldremos todos juntos.

En resumen: vivir la incertidumbre (el futuro siempre es incierto); compañía (te impulsa o te lastra); autonomía (cada uno solo hace lo que quiere y puede).

domingo, 29 de mayo de 2016

Estar parado es distinto de estar quieto

El jueves pasado estuve hablando con dos personas del proyectoempleat en Burgos: Inés Álvarez (@inexplicable26) y Máximo Rondón (@MaximoRondonA), cargados de ideas y de ilusión, a pesar de las dificultades para encontrar empleo.

Me explicaron que es distinto estar parado, sin trabajo, que estar quieto, sin hacer nada y cómo desde el proyecto empleat están haciendo muchas cosas que podéis ver en su web, ayudando también a otros a encontrar un puesto de trabajo.
Logo proyecto empleat
Comparten en la red (Burgos con empleo) muchas de las ofertas de empleo de Burgos y provincia que se publican en distintos medios, diariamente, de lunes a jueves. Un gran trabajo que seguro puede ayudar a muchos.

Como parte del proyecto clarifican cuáles son sus objetivos, definen hacia dónde quieren ir, empezando por conocerse, saber qué es lo que les gusta y que se les da bien.

Como el objetivo suele estar relacionado con conseguir unos ingresos deben encontrar la intersección entre eso que les gusta y se les da bien con aquello que el entorno (el mercado) necesita, por lo que está dispuesto a pagar, ahí estará la oportunidad de trabajo.

Porque como comentábamos en nuestra charla, puedes pasarte años haciendo algo que se te da bien y te gusta, pero con lo que no consigues los ingresos necesarios para una vida independiente y auto-sostenida en el largo plazo. Definir claramente el propósito de lo que quieres conseguir hace que no des palos de ciego ni camines cómo un pollo sin cabeza, caminando sin avanzar en el camino que quieres andar.

Este es uno de los principios a aplicar para muchas cosas, también para encontrar empleo, por cuenta ajena o propia. El principio de detectar y cubrir las necesidades de los que nos rodean. El entorno necesita información y ellos la facilitan. La Ley de la reciprocidad facilitará que el entorno pueda devolver lo que ellos aportan y será más probable si se lo ponemos fácil ¿Cómo poner fácil que el entorno les retribuya por lo que aportan?

Para ponerlo fácil hay que hacer propuestas concretas. Estás propuestas pueden ser de venta: es más fácil que te compre un curso concreto, por ejemplo sobre cómo hablar en público, con unos contenidos concretos a que te compre formación de manera genérica. Pueden ser propuestas para proyectos concretos: por ejemplo colaboración para montar una feria de empleo o una petición para dar una charla a personas en situación de desempleo que les pueda ser útil sobre algo que conozca.

Puede ser que nos estemos quejando de que la gente no nos ayuda, para encontrar trabajo, en el trabajo que ya tenemos la suerte de tener o en casa en el cuidado de nuestros hijos o nuestros mayores, para hacer la comida... ¿Qué sucedería si en lugar de quejarnos hacemos fácil que nos puedan ayudar? Sobre todo en cosas que les supongan poco esfuerzo o incluso disfrute y que para nosotros puedan ser de gran ayuda ¿Qué tal si probamos a pedir ayuda? Algo que nos cuesta tanto tantas veces. De pedir ayuda ya hablamos en una entrada del blog anterior.

Una cosa que hacen muy bien en el proyecto empleat es trabajar en equipo,  ir bien acompañados, ya lo dice un proverbio de los indios americanos: “Si quieres ir rápido vete sólo, si quiere ir lejos vete acompañado”.

En resumen, para no estar quieto aunque estés parado, me quedo con estas reflexiones.
  1. Conocerte: saber que se te da bien y que te gusta hacer.
  2. Saber cómo eso puede aportar a los demás ¿Van a estar dispuestos a pagar por ello?
  3. Tener claros tus objetivos.
  4. Definir los pasos para alcanzarlos.
  5. Crear una red de personas de apoyo: ayudar a los demás en sus objetivos y facilitar que otros te ayuden. Propuestas concretas.
  6. Ir dando pasos que te acerquen al objetivo.

Mucha suerte a todos los que estáis en búsqueda de empleo y también os deseo constancia para ir dando los pasos necesarios en el camino.

jueves, 14 de abril de 2016

Reserva un tiempo para lo que quieres

Cuando durante mis estudios universitarios en Madrid volvía a Burgos para un fin de semana o vacaciones siempre traía libros, con la intención de estudiar. La realidad es que aparcaba los libros en una mesa y creo que nunca llegué a abrirlos.

Después esto mismo me ha ocurrido trasportando papeles del trabajo a casa para avanzar algo de trabajo y volviendo al día siguiente con los mismos papeles sin haberlos tocado.

En estos casos si te paras a pensar te sientes mal, con sensación de fracaso, piensas que no eres capaz de cumplir con tus propósitos, te defraudas, te decepcionas por no cumplir contigo mismo, minando tu autoestima y autoconfianza, haciendo más difícil cumplir con tus propósitos la próxima vez.
Llevar trabajo a casa - Foto de Corbis en revistaohlala
Poco a poco nos vamos acostumbrando y para no hacernos daño olvidamos que no hemos cumplido con nuestro propósito. Convertimos en un hábito el no hacer lo que nos proponemos, suponemos que solo eran buenas intenciones y para perdonarnos, nos contamos la historia de que nunca pretendimos hacer nada realmente.

Esto nos puede ocurrir con los estudios, con el trabajo y con otras cosas. Puede ser que queramos hacer algo de deporte, tomar un café con un amigo, leer un buen libro, ordenar la habitación, meditar o cualquier otra tarea. Normalmente una tarea que nos cuesta empezar y nos escudamos en otras para no hacerla, aparentamos que estamos ocupados.

Estar ocupado es popular, todo el mundo muestra que tiene montones de cosas por hacer y para no ser menos también nosotros nos mostramos ocupados hasta para nosotros mismos.

El truco para no decepcionarte la próxima vez es reservar un tiempo por anticipado, si vas a estudiar el fin de semana, marca a qué hora te vas a poner y a qué hora lo vas a dejar, deja ese tiempo bloqueado en la agenda y acuerda ese hueco con los que te rodean.

Si tienes que trabajar una hora esta noche, decide cual es la mejor hora por anticipado, reserva un tiempo y atente a él. Tan bueno es tener una hora para empezar como una hora para terminar.

Y si no consigues hacer ejercicio no te engañes diciendo que no tienes tiempo, reserva un hueco por anticipado y trata ese espacio como si tuvieses una cita importante con el médico. Así es como he escrito hoy este post, reservando un tiempo por anticipado.


Por mi parte te recomendaría que reservases todos los días un tiempo, aunque solo sean cinco minutos, a hacer algo que disfrutes. Mucho mejor si puede ser más tiempo, la vida disfrutada sabe mejor y el resultado de lo que haces también sale mejor, tiene alma.