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miércoles, 28 de enero de 2026

Motivación: motivos para la acción

Hay veces que quiero hacer algo que sé que me conviene. Ir al gimnasio, leer, escribir, trabajar un tema importante. Sé que me va bien. Sé que, cuando lo hago, me siento mejor. Y aun así, no encuentro la energía para empezar.

Esta mañana me pasaba algo parecido. Me costaba escribir en el blog. No me sentía especialmente inspirado; sentía más el cansancio. Los motivos los tenía claros, así que me preguntaba si realmente era falta de motivación… o simplemente falta de energía.

Para inspirarme, he preguntado sobre qué escribir. Una amiga me ha sugerido el tema de la motivación. Y, curiosamente, eso me ha conectado con algo muy mío: el ponerse, el empezar a andar.

Desde ahí me he puesto. Y cuando lo he hecho, la entrada ha empezado a fluir sola. Primero he escrito un esquema muy sencillo de lo que quería contar. Después, casi sin darme cuenta, las ideas se han ido ordenando, primero en la cabeza y luego en el papel. Con más orden, veía más claro. Y al verlo más claro, me resultaba más fácil seguir. La resistencia bajaba.

Ahí aparece una idea clave que muchas veces olvidamos: la motivación no siempre es el inicio de la acción; muchas veces es la consecuencia.

No siempre me pongo porque esté motivado. Muchas veces me motivo porque me pongo.

Esperar a sentirme con ganas para empezar puede convertirse en una trampa. Porque las ganas no siempre llegan antes; a menudo llegan después, cuando ya has dado los primeros pasos, cuando el cuerpo y la cabeza entran en movimiento.

Pero hay otra posibilidad, más incómoda y más honesta, que también conviene mirar.

Hay veces que, aun poniéndote, aun intentando buscar la motivación con ahínco, esta no aparece. Y quizá entonces el problema no sea de energía ni de disciplina. Quizá lo que ocurre es que eso ya no te representa. Que solo tienes una vieja historia en la cabeza sobre lo que “te conviene”, sobre lo que “debería gustarte”, pero ya no conecta contigo.

En esos casos, insistir no suele funcionar. Forzarte solo desgasta.

Tal vez no necesitas más motivación. Tal vez necesitas mirar en otro sitio.

No tienes por qué estar motivado por todo. No todo tiene que entusiasmarte. A veces nos empeñamos en avanzar en una dirección que ya no nos conviene, que ya no nos late, que ya no nos gusta. Y confundimos esa falta de conexión con pereza, con falta de voluntad o con un supuesto fallo personal.


Aquí me ayuda mucho una frase: “la motivación no es gasolina, es brújula”.

No es el combustible que te empuja a hacer cualquier cosa. Es la señal que indica hacia dónde tiene sentido caminar. Cuando la usas como gasolina, te obligas a empujar incluso en direcciones que no son tuyas. Cuando la usas como brújula, te ayuda a elegir mejor el camino.

De ahí nace otra trampa muy habitual: el “debería motivarme” frente a “esto es lo que realmente me mueve”.

Muchas veces vivimos intentando entusiasmarnos con una vida que no hemos elegido del todo. Tratamos de convencernos de que algo nos motiva porque “es lo correcto”, “es lo que toca” o “es lo que se espera”. Pero el cuerpo suele decir la verdad antes que la cabeza: cuando algo no conecta, pesa. Y pesa mucho.

Encontrar la motivación auténtica tiene más que ver con reconocer los motivos que con fabricarlos. Cuando sabes para qué quieres algo, cuando eso que haces tiene sentido para ti, todo es más fácil. A veces cuesta, sí. Hay pereza, hay cansancio. Pero los motivos te ayudan a empezar porque sabes hacia dónde vas.

“Lo que realmente pesa no es el esfuerzo. Lo que pesa es hacer algo que no conecta contigo”.

Cuando algo te gusta de verdad, incluso cansado, sabes hacia dónde vas. Cuando no te gusta, ni descansando recuperas la energía.

Por eso, cuando algo te gusta de verdad, no te preguntas cómo motivarte, simplemente te pones. La motivación no se fabrica, se reconoce. Tirar solo de disciplina cuando no encuentras los motivos acaba desgastando. Fluyes cuando la acción tiene sentido, cuando está alineada con quién eres.

Desde ahí, puedes hacer el esfuerzo que implica hacer. Que es muy distinto de vencer la resistencia previa, esa que aparece antes de empezar y que te lleva a evitar, a darle vueltas, a posponer indefinidamente.

A veces nos perdemos buscando la motivación para empezar, cuando la dirección es justo la contraria: al ponerme, me motivo. No me pongo porque esté motivado; me motivo porque me pongo.

Y otras veces, cuando ni poniéndote aparece nada, quizá la pregunta no sea cómo motivarte más, sino si ese es realmente tu camino.

Para cerrar, te dejo una pregunta que suele señalar muy bien la motivación auténtica:

¿Qué haces cuando nadie te lo pide, cuando no hay premio, cuando no hay plazo?

Ahí, muchas veces, está escondido lo que de verdad te mueve.

Porque cuando algo te gusta, no cuesta hacerlo.

Y cuando cuesta demasiado, quizá no sea pereza… sino que no va alineado con lo que quieres ni con la dirección que te gustaría tomar.

 

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domingo, 5 de junio de 2022

Cansado también se puede

Ayer celebramos el medio siglo de un amigo, los 25 años cumpliendo 25. Fue el reencuentro de algunos de los que ya celebrábamos 25 años. Fiesta por todo lo alto, mucha alegría y alguna que otra copa, como si aún tuviésemos 25. Dicen que, a partir de cierta edad, las resacas ya no son resacas, son convalecencias, que llevan algo más de un día.

La gestión del tiempo, la gestión de actividades, decidir a qué dedicamos nuestros momentos, no es fácil. Por una parte, el cansancio pide descanso, no se puede ignorar, corremos el riesgo de reventar, de agravar ese cansancio. Por eso hoy a tocado siesta. A pesar de la siesta sigo cansado.

Por otra parte, también es cierto, que con cansancio se puede avanzar, se pueden hacer cosas, si encuentras los motivos, la motivación. Por mi parte me he retado a escribir una entrada del blog todas las semanas este año, y aún cansado, hoy escribo esta entrada. La siesta ha sido un intento de equilibrar el descanso con el hacer.

El cansancio suele ser una gran excusa para no hacer nada, para dejar de esforzarse. “Hoy estoy cansado” es una frase que justifica no hacer nada, y está bien, si es que está bien. Cansado de un proyecto abandonas y pasan días hasta que vuelves sobre él. Puede ser bueno o puedes llegar a olvidarlo, que también puede estar bien, eso es lo difícil de la gestión del tiempo.

Aunque con cansancio también se puede. Muchas veces lo que más descansado te deja no es el sofá, puede ser salir con la bici, aunque no apetezca, aunque de pereza. Vencer ese cansancio y hacer ejercicio, salir a dar un paseo al monte, te puede dejar mucho mejor.

El perrillo sigue a pesar del cansancio - si no sigue no llega a casa
Algunas carreras se pueden acabar estando cansando, los últimos metros son los que nos llevan a la meta, si abandonas por cansancio cuando ya estás llegando, el objetivo no se consigue. A veces un esfuerzo más merece la pena.

Recuerdo una entrevista que hacían a un montañero de mas de 80 años. Le preguntaron que si a su edad no le dolía nada cuando iba a la montaña y contestó “¡Ay hija! Me duele todo, pero no me quejo porque si me quejo no me dejan ir. Si es motivo es suficiente, con cansancio se puede.

Deja de ponerte excusas y vete a por lo que quieres. El cansancio, a veces, es solo una excusa. Otras veces es la señal de que tienes que parar. Tu decides que haces con tu cansancio, si es que llega.

domingo, 28 de febrero de 2021

Falta la energía y no el tiempo

No es cuestión de tiempo. Muchas veces “¡¡¡No tengo tiempo!!!” es una excusa que nos ponemos. Todos los días tenemos 24 horas, vivimos en el tiempo, con el tiempo. El tiempo es vida.

Cuando “no tenemos tiempo” para algo me pregunto si el problema no es otro. Es increíble lo que conseguimos hacer en una hora con la idea clara de lo que queremos y la motivación adecuada.

Cuánto tiempo se nos escapa entre actividad y actividad, revoloteando antes de dar el siguiente paso. De dónde vienen las dudas, de dónde la pereza, por qué cuesta tanto empezar.

Hay veces que la clave no es la gestión del tiempo, es la gestión de la energía ¿Cómo estás de energía hoy? Si no tienes energía ¿Dónde la vas a encontrar?

El conejo de Duracell, paradigma de la energía que dura y dura...

Cada uno cargamos pilas de una manera. Unos cargan energía subiendo a una montaña, otros sienten pereza solo de pensarlo. Algunos cargamos las pilas fuera de casa (menuda faena con el confinamiento), otros acurrucados en el sofá. Estar con gente te puede dar o quitar energía, depende de con quién pases el rato. Puede que dormir mucho te recargue o puede que dormir demasiado te deje hecho polvo.

Encuentra tu manera de enfocar el día con la energía adecuada, encontrar la energía para cada actividad que empiezas y quieres. Muchas veces la energía estará en la ilusión, en la motivación (encontrar el motivo para la acción), el propósito.

Puede que te de energía pasarte horas jugando al ordenador o puede que ese sea tu sumidero de energía, tu escape porque no te motiva lo que haces. Puede que el trabajo te deje agotado o puede que salgas con más energía de él. O puede ser solo parte del trabajo la que te de energía y otra parte la que te la quite.

Soy profe y cada clase es como un chute de energía, me encanta. El trabajo burocrático, por otra parte, me chupa la energía. Los exámenes me quitan más energía como profesor que cuando era alumno.

Lo que te gusta, lo que disfrutas, normalmente te da energía. Por eso, para unos, hacer ejercicio les descansa y a otros les agota. En muchas ocasiones encontrar la energía está en la dosis, en la cantidad de clases, de ejercicio.

Es curioso como los niños agotados de repente reviven y están corriendo, lo he visto muchos años en campamentos, llegando de una marcha en la que no podían dar un paso más y a los cinco minutos estaban con el balón. Mi hija, con 8 años, me dio la clave, me dijo “los niños tenemos dos bidones de energía, uno para lo normal y otro para las cosas que nos gustan”. Ese es el bidón de repuesto.

Me doy cuenta de que hay días en los que, aunque no tengo nada en la agenda, no encuentro el momento para nada. Realmente, lo que no encuentro es la energía para ponerme y me puedo distraer con cualquier cosa. Es muy fácil que la mañana pase sin hacer nada, incluso sin darme cuenta.

Te deseo que encuentres la energía para hacer lo que te apetece o te toca ¿Ya sabes que es lo que te da energía? Me encantará saberlo si pones un comentario. A cada uno lo suyo.

domingo, 10 de mayo de 2020

Encontrar el propósito


Esta semana mi hija me ha ayudado a reflexionar. Estamos en Irlanda, está haciendo la tarea que mandan en el colegio de Irlanda y no se encontraba muy motivada para hacerla (así que decidió no hacerla). Hemos venido unos meses, llegamos a principios de febrero y volvemos a España para empezar de nuevo el curso allí, no encontraba el sentido a hacer algo que desde su punto de vista no la aportaba para continuar el curso el año que viene.

Creo que las notas, los exámenes, la evaluación externa, nos hace perder la perspectiva, nos hace perder la ilusión por el aprendizaje, por lo que hacemos. Un niño mira con curiosidad, quiere aprender y matamos esa curiosidad, esa ilusión, cuando lo enfocamos en las notas, en la competición y no en el disfrute del descubrimiento.

Afortunadamente (especialmente para sus padres), parece que ha encontrado el sentido y la motivación. Todos tenemos derecho a desanimarnos de vez en cuando, hacer una pausa, observar hacia dónde vamos y decidir si queremos aceptar las consecuencias de no hacer (las del corto y las del largo plazo), que no siempre son fáciles de ver, sobre todo si no queremos mirar.

Y la importancia de disfrutar del camino, en este caso del aprendizaje, del descubrimiento de esta semana, de cómo fue la revolución industrial, con sus interpretaciones y de cómo ha ido cambiando la Unión Europea. Me alegro que haya encontrado ese disfrute, las notas solo motivan en el muy corto plazo.

Por mi parte aprendí tarde a leer, recuerdo como mi hermana, un año menor que yo, ya podía leer el periódico y yo no era capaz de leer la cartilla. Me pinchaban tratando de motivarme y no funcionaba. También recuerdo el momento en el que decidí aprender, mediados de agosto, encontré la motivación, y para cuando comenzó el curso a mediados de septiembre yo había hecho un gran progreso, porque la motivación me venía de dentro, no de las presiones o de las expectativas externas. La filosofía me interesa más desde que no tengo que estudiarla (no tengo examen) y leo por el puro disfrute de la reflexión.

Cada uno hace lo que quiere (y puede), bien porque quiere hacer eso, porque le gustan los resultados a los que lleva, porque se siente obligado, los motivos son diversos. Si no encontramos un motivo es difícil que queramos o decidamos hacer algo.

Hasta que no encuentro la motivación interna puede ser que trabaje, que avance en algunas cosas, a costa de un gran esfuerzo. En el momento que encuentro esa chispa interior, esa fuerza que nos acompaña, se me olvida el esfuerzo y las tareas fluyen solas.

Para algunos subir una montaña es el mayor de los castigos y para otros el mayor disfrute, en gran medida depende de cómo interpretemos lo que estamos haciendo, de cuáles son nuestros motivos.
Disfrutar del esfuerzo con propósito. Imagen de Free-Photos en Pixabay 
El motivo puede estar en la contribución. Ese sentimiento de contribución que ha hecho que muchos, ante una crisis como la del coronavirus, puedan estar dando lo mejor de sí mismos, siendo soporte de una sociedad que sufre, con esfuerzo, constancia e ilusión.

Encontrar los motivos, los objetivos, que son importantes para mí, ayudan a encontrar la energía, el foco y la constancia para continuar. Casi todos aprendemos a andar, a pesar de caernos muchas veces, porque encontramos la fuerza para perseverar: andar es importante y posible.

“Encontrar un objetivo claro que sea importante para ti”

Creo en la ley de la causa y el efecto. Qué unas causas, unas acciones, llevan a unos efectos. En función de cómo vivamos y cómo vayamos viviendo, así será nuestro futuro. En función de si hacemos ejercicio o no, estaremos en forma o no.

“El destino al que llegues depende del camino que recorras”

Para estudiar en casa o para teletrabajar, a distancia, sin una vigilancia externa, sin la clave del horario… es necesario encontrar el propósito, la motivación. La motivación que está en los motivos, no en frases de ánimo.

Sin esa motivación entramos en la apatía, sin ganas de hacer todo se convierte en esfuerzo y sacrificio, acabamos arrastrándonos para sacar el estudio o el trabajo adelante, olvidando la satisfacción del aprendizaje y el trabajo bien hecho, del que podemos sentirnos orgullosos y satisfechos.

“Encuentra tus motivos para avanzar con menos sacrificio”

Y menos sacrificio, hacerlo más a gusto, no significa falta de esfuerzo. El que disfruta de subir a la montaña se esfuerza y encuentran la satisfacción en ese esfuerzo, que entonces no es penoso. Dejemos la cultura de lo fácil, para llegar hay que esforzarse.

“Muchas veces, lo que merece la pena, supone esforzarse, que es distinto de sacrificarse”

sábado, 9 de noviembre de 2019

Encontrar la motivación y la valentía


La motivación es la energía que nos impulsa a la acción. El motivo es la razón por la que haces lo que haces, por la que quieres hacer lo que haces. Hay una gran diferencia cuando actuamos por “tengo qué” frente a “quiero” y “escojo”; gran diferencia entre sentir que hago las cosas porque quiero y no porque me las imponen.

Motivación = motivo para la acción

Otras veces tenemos el motivo y no nos atrevemos, sentimos que queremos hacer algo, encontramos ese deseo que nos impulsa y nos quedamos con las ganas. La cantidad de cosas que nos habremos perdido por no atrevernos y dicen que con el tiempo nos acordamos más de lo que no hacemos, de lo que se queda pendiente, que de lo que hacemos.

Para eso tenemos a nuestro alrededor unos grandes maestros, que se saben escuchar, saben lo que quieren y tienen unos miedos más naturales, no tan condicionados por el que dirán, tienen menos vergüenza. Esos maestros son los niños, a los que a veces les pasamos nuestros miedos.

Esta semana Juan, mi hijo más pequeño, quería hacer el dibujo para la entrada de esta semana, y tenía claro que quería dibujar un caballero. Me preguntó que si lo dibujaba y lo ha hecho con la mayor de las ilusiones.

El caballero de Juan Fontaneda - un valiente con motivación

Estoy convencido de que, si en lugar de haber encontrado sus propios motivos yo le hubiese dicho que se pusiese a dibujar, no lo habría hecho con tantas ganas.

Encontrar nuestros motivos para hacer y encontrar lo que puede motivar a los que nos acompañan, sus motivos, que pueden ser muy diferentes de los nuestros.

Cuando hablo de encontrar los motivos no es solo hacer lo que nos apetece, es también encontrar la energía para hacer lo que nos conviene. Es probable que no me apetezca fregar los platos después de comer, pero sin duda lo que sí quiero es tener la cocina limpia, así que a veces, encontrar la motivación para hacer lo que nos conviene no es tan fácil.

A veces cuesta más encontrar los motivos para hacer lo que nos conviene, porque hay cosas que no apetecen

Espero que encuentres los motivos adecuados para vivir una buena vida, una vida que merezca la pena ser vivida.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Encuentra tu pasión

Por mi trabajo me encuentro en muchas ocasiones gente que me pregunta ¿Tú qué harías? O ¿Qué puedo hacer? Y suelo contestar con una pregunta ¿A ti que te gusta? ¿Qué es lo que quieres?

Es una pregunta que cuesta hacerse, que habitualmente no nos la hacemos, nos enseñan a hacer lo que hay que hacer, en pocas clases el profesor pregunta a los alumnos “¡Bueno! ¿Qué queréis hacer hoy?” Lo que nos dicen es que hoy tocan sumas y mañana restas.

He encontrado algunos motivos para no responderse a la pregunta ¿Qué es lo que quiero? O a su variante ¿Qué me gusta hacer?
  1. No nos tomamos el tiempo, viajamos en automático.
  2. No queremos saberlo, la pregunta puede resultar incómoda, nos puede sacar de nuestra zona de confort, de lo conocido, nos decimos “Total, no estoy tan mal, podría ser peor”.
  3. Tenemos miedo a saber lo que queremos y no conseguirlo, lo que nos haría sentir como fracasados (no estará el fracaso en ni siquiera intentarlo, en no disfrutar del camino).
Es mucho más fácil esa pregunta de ¿Qué se te da bien? Que también es importante, sobre todo si eso te gusta. Si no te gusta, como se te da bien, si está reconocido socialmente y bien pagado, te puedes encontrar un día trabajando un montón de horas en algo que se te da muy bien, está bien pagado y no te gusta. Si lo piensas suena a condena.

"Atrapado en un trabajo que no te gusta porque se te da bien, está reconocido además de bien pagado"

Hace un par de semanas estuve visitando AMICA en Torrelavega, que trabaja con personas con alguna discapacidad, apostando por una vida más autónoma de todos. Bien pensado todos tenemos alguna discapacidad y para mí fueron un ejemplo de cómo apostar primero por lo que te gusta y después por lo que si puedes hacer.

Encontré un ejemplo en la gente que allí trabaja, guiados por la ilusión, la pasión y unos valores compartidos. Encontré ganas e ilusión en las personas usuarias, que apuestan por lo que si pueden hacer. Encontré implicación de las familias y trabajo en equipo. Lo que logramos lo logramos con los demás.

La motivación interna es más potente que la motivación externa, lo que viene de dentro, lo que hacemos porque queremos, tiene más fuerza que lo que nos dan desde fuera, como puede ser una remuneración (que también es necesaria). Además esa motivación interna se transmite en forma de pasión, ilusión a los que nos rodean, a los que trabajan a nuestro lado y los clientes, usuarios o personas que reciben nuestros productos o servicios. Si hacemos las cosas con pasión seguro que se venderán más.
Pasión - foto de Alexis Pérez
Eres responsable de buscar tu pasión ¿Crees que las cosas te suceden o que haces algo para que las cosas sucedan? En psicología se llama locus de control interno (si te sientes responsable de lo que sucede) y externo (si crees que las cosas te suceden sin más).

Decía Henry Ford “Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estás en lo cierto” Si anticipas un fracaso ya no lo intentarás, si piensas que lo lograrás y crees en tus posibilidades lo intentarás hasta conseguirlo. Si estás convencido de que no puedes subir esa montaña, que no puedes aprobar ese examen, no lo intentarás, o lo intentarás a medias y no lo lograrás, te quedará el consuelo de decirte: “Ya sabía yo que no podía”

No creo que podamos hacer cualquier cosa aunque lo intentemos con todas nuestras fuerzas, probablemente aunque haga todo lo que esté en mí mano no podré llegar a pisar la superficie del sol, igual otras generaciones lo harán. Lo que también creo es que nos ponemos límites y no intentamos cosas que si podríamos hacer, cada uno por nuestros motivos: no queremos esforzarnos, estamos muy cómodos donde estamos, tenemos miedo al fracaso.

Te invito a pensar que es lo que quieres, a valorar con criterio y realidad tus posibilidades y el esfuerzo que hay que hacer, a no tener miedo y perseguir tu sueño si crees que es posible. Incluso aunque no llegues, podrás disfrutar por el camino de perseguir algo que te importa. Te invito a disfrutar de tu trabajo y descubrir lo que te apasiona de él.