Hace
unos años me encontré en un taller diciendo que no sabía lo que quería… Ahora
me doy cuenta de que puede ser una excusa para seguir con el piloto automático.
La
excusa de "no sé lo que
quiero" suele ser más cómoda de lo que parece. Mientras tanto, seguimos avanzando por inercia.
Aceptamos un trabajo porque era la opción más lógica, compramos cosas porque
las tiene todo el mundo, llenamos los fines de semana de actividades porque es
lo que se supone que hay que hacer, vemos las series que todo el mundo comenta,
perseguimos objetivos que nunca nos hemos parado a cuestionar y organizamos
nuestra vida según expectativas ajenas.
No
elegimos conscientemente, simplemente seguimos
la corriente. Y el problema no es que esas decisiones sean necesariamente
malas; el problema es que muchas veces ni siquiera son nuestras. Cuando dejamos
de preguntarnos qué queremos, el piloto automático toma el control y acabamos
viviendo una vida diseñada por la costumbre, la presión social o el algoritmo
de turno.
Una de
las preguntas más incómodas que podemos hacernos es también una de las más
importantes:
¿Estás
viviendo tu vida… o la que otros esperan de ti?
Vivimos
en una sociedad que continuamente nos dice cómo deberíamos vivir. Qué estudiar,
qué trabajo buscar, qué coche comprar, dónde viajar, cómo vestir, qué opinar o
incluso qué debería hacernos felices. Antes eran la familia, el entorno cercano
o la televisión. Ahora también se han sumado las redes sociales y unos
algoritmos que conocen bastante bien cómo captar nuestra atención.
A
veces llevamos tanto tiempo atendiendo las expectativas de otros que acabamos
perdiendo el contacto con nuestros propios deseos.
Pero
hay una realidad incómoda: cuando no
decides tú, alguien termina decidiendo por ti.
La
cultura, la publicidad, las modas, las expectativas de los demás deciden. Poco
a poco acabas viviendo una vida que
parece correcta desde fuera, pero que quizá no termina de sentirse tuya por
dentro.
Por
eso es tan importante parar de vez en cuando: para escuchar, para sentir, para
hacerse preguntas que no siempre tienen una respuesta inmediata:
· ¿Qué
cosas me hacen sentir vivo?
· ¿Qué
hago porque realmente lo deseo?
· ¿Qué
mantengo solo por costumbre?
· ¿Qué
seguiría haciendo si nadie me estuviera mirando?
Son
preguntas sencillas, que a veces no son fáciles de contestar.
La
paradoja es que muchas personas pasan años buscando tiempo para vivir, cuando
en realidad ya están viviendo. Lo que ocurre es que, a veces, están viviendo la
vida que otros esperan de ellas.
Y el
tiempo sigue pasando igual.
Cada
día que no elegimos conscientemente también es una elección.
Por
eso, de vez en cuando, merece la pena detenerse y preguntarse:
Si nadie esperara nada de mí, ¿cómo
elegiría vivir este próximo año?
Tal
vez puedas empezar a dar pequeños pasos en la dirección de una vida más tuya.
Porque
vivir tu tiempo no consiste en llenar la agenda. Consiste en asegurarte de que
aquello que llena tu tiempo responde, cada vez más, a quien realmente eres.
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