Llevo
una temporada escribiendo todos los días en LinkedIn y con bastante frecuencia
también en este blog, de lunes a domingo.
Me
gusta escribir, no lo vivo como una obligación. Es una forma de ordenar mis
ideas, reflexionar sobre lo que me ocurre y compartir algunas de las cosas que
voy aprendiendo. Pero precisamente porque algo te gusta puedes terminar
ocupando con ello todos los espacios. Y creo que necesitamos espacios vacíos.
Hace
no mucho, Nacho Garbe, un amigo con el
que he compartido muchas experiencias, proponía algo aparentemente sencillo:
desconectar los domingos y alejarse de las pantallas. La idea se me quedó
rondando.
Durante
mucho tiempo el domingo fue, para muchas personas, un día claramente diferente.
Cerraban los comercios, no había correos que contestar y el trabajo, salvo
excepciones, esperaba al lunes. Hoy podemos trabajar, comprar, responder
mensajes, leer noticias, consultar las redes sociales o entretenernos
exactamente igual un domingo que un martes.
La
tecnología nos ha dado muchas posibilidades, pero también ha borrado algunas
fronteras. Quizá necesitemos volver a dibujarlas.
No
necesariamente tiene que ser el domingo, cada uno tendrá que encontrar su
momento. Lo importante es reservar periódicamente un espacio en el que no haya
que producir, responder, publicar, avanzar ni aprovechar el tiempo.
Descansar
no consiste simplemente en cambiar de actividad. Puedes dejar de trabajar y
pasarte tres horas mirando el teléfono. El cuerpo estará sentado en el sofá,
pero tu atención seguirá recibiendo estímulos continuamente.
Alejarte
de pantallas permite descansar la cabeza, pasear sin mirar cuánto has caminado,
leer sin necesidad de aprender nada, estar con alguien sin tener el teléfono
encima de la mesa. Cocinar, conversar, dormir la siesta, mirar por la ventana o
aburrirte un rato. Incluso permitir que llegue ese pequeño vacío que tantas
veces llenamos automáticamente sacando el móvil del bolsillo.
Paradójicamente,
para vivir nuestro tiempo necesitamos momentos en los que dejemos de intentar
aprovecharlo.
Por
eso voy a probar el reto de Nacho. Para estar lejos de las pantallas los
domingos no escribiré en LinkedIn ni publicaré en el blog. Mantendré el
teléfono, el ordenador y la tele alejados de mí (mañana, domingo, empiezo).
Supongo
que aparecerá alguna vez el impulso de mirar si alguien ha escrito, comprobar
algo, buscar cualquier información o pensar: "esto podría ser una buena
entrada". Ahí estará parte del experimento: dejarlo pasar y descubrir qué
aparece cuando la pantalla desaparece.
Porque
cuando quitamos algo de nuestra vida también hacemos sitio para otras cosas.
Vivimos
rodeados de mensajes que nos invitan a aprovechar cada minuto, mejorar
continuamente y ser más productivos. Incluso el descanso termina convirtiéndose
en una herramienta para rendir más al día siguiente.
Pero
no tenemos que justificar el descanso por lo que produciremos después. Desconectar
y descansar merece la pena por sí mismo.
Así
que voy a probar un pequeño espacio semanal para cambiar de ritmo y prestar
atención a otras cosas. A ver qué tal va el reto.
Quizá
descubra que el domingo sin pantallas no es un día en el que hago menos cosas,
quizá sea simplemente un día en el que estoy más presente en lo que hago.
¿Tienes
algún momento de la semana en el que desconectas de verdad?
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