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domingo, 30 de noviembre de 2025

Mi plan para sobrevivir (y disfrutar) el final de año

A veces lo que escribo aquí no es tanto un consejo como un autoconsejo, una reflexión que espero te sirva y me sirva. Esto también me pasa: llego a final de año con la agenda llena de actividades, obligaciones y también de cosas que realmente me apetecen… y así termino metido en una carrera casi automática, sin la consciencia ni los espacios para parar, descansar, reponer y volver con la energía (y el humor) que me sienta bien.

La carrera de fin de año: llena de pendientes laborales, entre regalos y comidas (que no sé si son obstáculos a salvar o paradas de avituallamiento)
Este año no quiero que me pase. No quiero llegar a las Navidades agotado, porque las Navidades ya tienen su propio afán. Si no me pillan descansado pueden convertirse en un pequeño vía crucis, en vez de ser un momento de encuentro y disfrute. Así que para estas Navidades me pido cuatro cosas: calma; conexión sencilla con las personas, ir más despacio, y comer menos (o al menos intentarlo).

El final de año es, para muchos, una época de ajetreo continuo. En el trabajo toca cerrar proyectos, cuadrar temas pendientes, presentar informes, preparar presupuestos para el año siguiente. Y en la parte social… quedadas, reencuentros, celebraciones, comidas de empresa, regalos, luces, ruido. La mezcla perfecta para andar corriendo de un lado a otro con el piloto automático puesto.

Entre tanto movimiento es fácil perder de vista lo esencial: qué es lo que realmente te recarga. Porque quedar con amigos puede darte mucha energía… salvo cuando lo conviertes en una obligación más en medio de la vorágine.

Por eso, mi plan, de momento, es hacer el plan. Parar y recoger todo lo que “quiero/tengo” que hacer. Luego decidir qué de todo eso directamente no voy a hacer, aunque quede bonito en la lista. Si a mi cuerpo y a mi ánimo no les sienta bien hacerlo todo, será mejor dejar algo fuera. Me gusta comer, pero no me sienta bien comerlo todo; a veces se me olvida, pero aplica igual para la agenda. Después, priorizar lo que quede y empezar por lo importante: si al final falta tiempo, al menos no habré dejado lo importante sin su tiempo. Y, sobre todo, planificar no solo tareas, sino también los espacios de descanso y recuperación.

Por si te sirve, aquí van mis pequeñas recomendaciones para sobrevivir al final de año con dignidad y con energía (yo me las voy a aplicar):

  • Ten claro lo que quieres/tienes que hacer. Un plan visible te ayuda a no perder el hilo y a aprovechar los momentos, tanto para producir como para disfrutar. Y a no olvidarte de lo importante.
  • Encuentra espacios para el descanso y la recuperación. Es difícil sentirse bien si estás todo el rato a tope.
  • Escoge desde dónde haces las cosas. Desde el gusto y la apetencia o desde la obligación: en un caso la energía sube, en el otro suele bajar.
  • Escucha a tu cuerpo. Si necesitas descansar, no metas más en la agenda. Suena bien eso de descansar, ¿verdad?
  • Después del ajetreo, reserva un espacio de recuperación. No llenes tanto las Navidades que pierdas la conexión contigo mismo entre tanta conexión exterior.

Ojalá este final de año, para ti y para mí, sea un poco más consciente, un poco más lento y bastante más amable.

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domingo, 7 de septiembre de 2025

El peligro de auto-explotarte

Estamos en comienzo de etapa, se acaba el verano (o el invierno, según tu hemisferio) y nos proponemos retomar rutinas, proyectos, metas: aprender un idioma, apuntarnos al gimnasio, preparar una nueva asignatura, organizar la casa… Todo cabe. A menudo, esa ilusión se convierte en una lista interminable que solo trae frustración: “no me da tiempo”, “no llego a todo”, “me exijo demasiado y acabo exhausto”. Y ahí está la trampa: en nuestra férrea voluntad de aprovechar el tiempo, lo exprimimos… y nos exprimimos.

Este es el peligro de sobrecargar la agenda: autoexplotarse. Poner en el calendario objetivos demasiado ambiciosos nos conduce a la sensación de fracaso, a ese suspiro continuo de “no me da la vida”. Queremos ser súper productivos, encajar mil actividades, rendir en todos los frentes… pero sin dejar ni un hueco para respirar. A largo plazo, nos lleva al desgaste, a la pérdida de foco y, lo peor, al olvido de lo que hace que la vida merezca sentirse vivida.

¿La clave? Dejar huecos sin programar. Rincones libres en la agenda para lo inesperado, para la quietud o para las ganas sin motivo. Reservar al menos un tramo del día, o de la semana, para descansos verdaderos, para lo que surja en paz, sin otra exigencia que disfrutar.

Pensémoslo así: no se trata de bloquear cada hora, sino de equilibrar estructura con espontaneidad. De no convertir el tiempo en tareas y objetivos, sino en experiencias que sumen vida, no solo resultados.

Eso incluye darle espacio al hedonismo, al placer sencillo, al “no hacer nada” y disfrutar de esa nada o de cualquier cosa no ligada a su productividad, que disfrutamos en sí misma, como el juego cuando éramos niños. Una taza de café que se alarga, una pausa sin culpa, un paseo por el parque sin rumbo… Eso también es invertir bien el tiempo, al fin y al cabo, eso es vivir.

Así que te dejo algunas sugerencias:

  • Plantéate objetivos realistas, que no te lleven más allá del límite.
  • También una agenda realista, con espacios vacíos, que permita ajustes.
  • Reserva tiempo libre.
  • Aprende a saborear lo inesperado.

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domingo, 24 de noviembre de 2024

Busca lo que te da energía

Estoy lleno de energía por los distintos comentarios que me habéis aportado en respuesta a mi entrada anterior. Las vías de comunicación son muchas, LinkedIn, Facebook, Whatsapp y la tradicional presencial, donde he recibido mucho apoyo para continuar. Me encanta poder establecer un minidiálogo con cada uno.

Alguien me recordaba que el reto no tiene que ser la publicación semanal, sino disfrutar con ella. Disfruto cuando escribo y estoy satisfecho cuando publico, aunque hay veces que me cuesta ponerme. Encuentro energía sabiendo que alguien lo lee, que algo aporto con lo que escribo. Además de encontrar esa energía, me supone satisfacción, alegría e impulso para seguir haciéndolo.

Suelo contar como chiste que, aunque soy deportista, lo que me gusta es haber ido al gimnasio no el ir al gimnasio; ir me gusta y me cuesta a partes iguales. Me gusta el resultado, también disfruto esforzándome en el ejercicio, eso sí, una vez que he empezado, que es lo que más me cuesta. Encuentro la energía al conocer el premio del futuro bienestar, cuando estás en la ducha y te sientes bien.

Llevo más de 10 años escribiendo sobre cómo vivir tu tiempo, que es la vida. Unos 20 dando formaciones de gestión del tiempo. Y tengo claro que realmente el tiempo no se puede gestionar, simplemente va pasando, lo que podemos gestionar es lo que hacemos en ese tiempo y la gestión de nuestro nivel de energía. Tiempo, actividades y energía unidos.

Gestión del tiempo, de las actividades y la energía para estar satisfechos, con lo que hacemos y con lo que hemos hecho. Si elegimos bien lo que hacemos encontraremos más: energía, concentración, creatividad, los resultados que queremos y mayor rendimiento de forma relajada; evitando: el estrés, el esfuerzo excesivo que nos lleva a cansancio y enfados.

Volviendo a la energía, para hacer lo que quieres tienes que encontrar esa energía que te impulsa, que te da claridad y te empuja a avanzar en la dirección que tu quieres. Saber que lo que escribo se lee, me impulsa a seguir, me anima cuando tengo menos ganas, cuando me resulta un poco más complicado, me da energía.

Puedes encontrar energía en el descanso, durmiendo lo suficiente y parando cuando es necesario; en personas vitamina de las que habla Marian Rojas Estapé, con las que estas a gusto y te nutren; en el ejercicio, en la naturaleza y en la buena comida.

Mi fuente de energía hoy

Hoy he tenido un buen día, de los que dan energía. Paseo con buena gente por el campo, con amigos. Conectar con la naturaleza y disfrutar de la compañía recarga el alma y el cuerpo. Almuerzo bien acompañado y siesta reparadora. Puedo decir que he hecho un pleno (naturaleza, amistad, ejercicio, descanso y comida), así que empiezo la semana con los depósitos a tope.

Busca tus fuentes de energía para hacer lo que quieres hacer, para vivir la vida que quieres vivir, para vivir tu tiempo, el que tienes, el que tenemos cada día.

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domingo, 15 de septiembre de 2024

Descanso, aceptación y suficiente

Ayer estaba fundido, me quede dormido antes de las diez de la noche en el sofá. Me despertó una llamada a eso de las diez y tuve la fuerza suficiente para subirme a la cama. He dormido casi 10 horas, un montón para lo que duermo normalmente. Para mucha gente dormir más de 10 horas el fin de semana es lo normal, creo que para todas mis hermanas es así, no es mi caso.

Afortunadamente he aprendido a escuchar un poco más mi cuerpo, a sentir el cansancio y descansar. Aunque a veces se me olvida. No hace tantos años, era frecuente, al llegar las vacaciones, que me pusiese enfermo, así no tenía otra opción que descansar. El cuerpo es sabio y nos dice muchas cosas si le aprendemos a escuchar.

El cansancio de ayer se debía no solo al exceso de actividad de la semana, también era un cansancio físico de disfrutar de una buena caminata por el cañón del Ebro, a su paso por la provincia de Burgos. La cabeza descanso, pero se cansaron las piernas.

Vistas del cañón del Ebro (Valdelateja). Tomada de Confederación hidrográfica del Ebro
La falta de descanso está muy ligada a la autoexigencia, al cada vez más, más tareas, más objetivos, sentimiento de culpa al parar. Acostumbrados a tratar de hacerlo todo nos cuesta decir que no al sentirnos cansados, cuando sentimos que no es el momento. Incluso a veces nos pasamos ese sentimiento por encima. Ayer me alegre cuando una compañera de trabajo me decía que había dicho que no a una tarea, después de pensárselo unos días. En otro caso habría estado tres semanas sin dar abasto.

El viernes estuve con Emilio Adrián dando una vuelta en bici, le cito porque me dijo que lo pusiese en los créditos. Me decía que antes de plantearse más objetivos hay que pasar por la aceptación. Ver que no aceptamos de nosotros y que nos sentaría bien aceptar.

Sin aceptar, sin disfrutar de lo que ya tenemos, nos metemos en la guerra del más. Cada vez más objetivos, detrás de cada reto conseguido encontramos nuevos retos, nuevos desafíos. En la rueda del hámster, cuanto antes conseguimos algo, antes vamos a por lo siguiente.

La clave es descubrir cuando es suficiente ¿Cuánto es suficiente para ti? Cuando es momento de parar, descansar, saborear el punto en el que estás. Dejarte sentir cuando el próximo reto te resta más de lo que te aporta, abandonar el automático por tomar más conciencia de tus necesidades, algunas tan simples como descansar.

Recuerdo mis tiempos más jóvenes, sentado al lado del superjefe a nivel europeo del Boston Consulting Group, donde había empezado a trabajar. Me dijo que lo que más disfrutaba era sentarse en verano, a la puerta de casa, en un pueblo de montaña, a leer y a charlar con los vecinos que pasaban. Me dije, eso lo tengo bien fácil volviendo a mi pueblo de la España vaciada, las decisiones desde allí vinieron solas.

Teniendo claro lo que quieres es más fácil decidir qué haces.

Autoexigencia y búsqueda constante de más objetivos impiden el descanso adecuado. Saber cuándo es suficiente para disfrutar, sin caer en la “rueda del hámster” de la productividad continua.

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lunes, 5 de agosto de 2024

Vacaciones y nuevos retos

Estamos en agosto, verano en el hemisferio norte y las típicas vacaciones. Tengo el reto de escribir cada semana, si no es el domingo, el lunes. Hoy ya es lunes, ayer estaba desconectado, de vacaciones, disfrutando en el camping, de la bicicleta, del clima templado y con la playa al lado.

Me debato en el dilema entre seguir desconectado y escribir esta entrada. Como cuando escribo disfruto, pues me pondo a ello. Para compartir contigo el descanso de las vacaciones, si es que no las llenamos de actividad, de compromisos y de cosas que hacer.

Con algunas vacaciones necesitamos otras para descansar del ritmo frenético que nos autoimponemos. Queremos verlo todo, hacer las mejores fotos, corriendo de un lado a otro sin saborear nada.

Para mí, estas vacaciones, son de ritmo lento. Me encanta pasar una semana en el camping playa Joyel de Noja, donde cada uno de la familia fluye, a veces juntos y a veces separados. Terreno que me aporta tranquilidad y descanso. En cada momento te convendrán unas vacaciones u otras, depende de cada uno y sus circunstancias.

También han venido con un regalo inesperado. Juan, mi hijo de 12 años, pasa bastantes horas con las pantallas, quizá más de las convenientes. Hemos acordado un reto de cinco días, que empieza hoy. El reto: “Pasar estos 5 días sin pantallas”. De momento lleva unas horas y tiene más ganas de hacer otras cosas: bicicleta, piscina, pádel, cartas, incluso leer.

No para de proponerme actividades, algo poco habitual. Tendré que dejar yo también las pantallas para acompañarlo en nuevas aventuras. Todo un privilegio como padre y una gran experiencia de vacaciones, con tiempo compartido. Ahora me está diciendo que “no sabe que hacer”. Me voy con él.

De momento él ha sido el que me ha ido a sacar la foto del post, si se lo hubiese pedido otro día me hubiese dicho “¡Ahora!” y hubiese buscado cualquier excusa.

Playa del Joyel (Noja) - imagen tomada por Juan Fontaneda
Aquí le tengo, ayudándome a escribir la entrada del blog. La semana que viene te cuento como ha ido el reto.

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domingo, 18 de febrero de 2024

Haz todo lo que puedas y no más

Esta semana ha estado mi hija Leyre en casa. Está estudiando en Madrid y como el martes estaba mal se vino con la familia. No hay nada como el calor de hogar para sentirse mejor y recuperarse.

El lunes ya no acabo las clases, con lo que se ha perdido cuatro días y medio de clase, junto con un examen. La semana pasada no pudo avanzar, harto ha tenido con lidiar con el malestar.

Ayer estaba agobiada, estresada. Su comentario es que ya iba justa y con estos días perdidos, pues ya me contarás. La espera otro examen esta semana y no ha podido estudiar. Además, están pendientes entregas de trabajos que tiene que ir haciendo.

La entiendo, hay veces que te gustaría haber hecho más, haber podido más. Pero lo pasado, pasado está. Hay veces que no se puede, incluso no se debe.

La decía, no te preocupes, vete haciendo, es una carrera de fondo. Tu haz lo que puedas y ya está. Ella me contestaba que siempre se puede hacer más, que qué es eso de haz solo lo que puedas.

Me dejo pensando, reflexionando. Es algo que yo también he hecho. Ir más lejos, seguir esforzándome, darlo todo ¿A qué precio? Hay veces que no me daba cuenta ni de que tenía fiebre, no entraba en mi vocabulario rendirme.

Es cierto que eso me ha llevado a obtener resultados. Son resultados como las victorias pírricas, donde los costes no compensan el resultado. Se cuenta que Pirros, rey de una región de la antigua Grecia, sufrió grandes daños en dos victorias que consiguió. Hay batallas que es mejor no luchar.

Todavía recuerdo mis tiempos de consultor, en Boston Consulting Group. Un lunes me desperté con 38 de fiebre y con todo el cuerpo dolorido, no me encontraba para ir a trabajar. Llamé al líder del equipo para decirle que no iba a trabajar y me contestó “Yo no he faltado ni un día al trabajo, a pesar de estar enfermo”. También recuerdo mi contestación, que quizá no le gustó mucho, le dije “Es que tú eres muy machote, pero yo me voy a quedar en la cama”. No fui y no hubo consecuencias, ni para mí ni para el proyecto.

Podía haber ido, seguro que algo había hecho, pero a qué precio. Qué mensaje envío si no cuido de mi salud, a los demás y a mí mismo.

Aprender a escuchar tu cuerpo, aprender a ver tus necesidades, aprender a ver cuando suficiente es suficiente. Yo sigo aprendiendo, espero que mi hija sea más hábil y sepa poner los límites que la convienen, aprenda a descansar cuando debe y aprenda a decir esto es todo lo que puedo. Cuanto antes nos quitemos la capa de Superman o Superwoman, mejor.

El viernes escuchaba a Pau Domenech hablar de Nadal, como jugaba punto a punto, como el Cholo, partido a partido. Jugar el punto que toca ahora, el anterior ya ha pasado, pierdes foco pensando en él; el próximo ya vendrá.

Poner atención en lo que haces ahora, no en lo que te perdiste la semana pasada porque estabas enferma. Hay veces que se quedan cosas importantes sin hacer, ya no merece la pena lamentarse.

Encontrar el equilibrio entre esfuerzo y descanso. Ser sostenible supone que los esfuerzos de hoy no condicionen nuestras fuerzas para el futuro, que nos ayuden a crecer sin autoexplotarnos. Vivimos en una sociedad exigente, medir la exigencia que estás dispuesta a autoimponerte.

No hace falta hacerlo todo hoy, todo ahora, tenemos toda una vida por delante. Los que están empezando a trabajar ahora tienen 50 años de trabajo por delante para poder seguir haciendo cosas; 50 años dan para mucho.

domingo, 14 de enero de 2024

¿Cuál es tu ritmo? El que te sienta bien

¿Has tenido la sensación de ir demasiado rápido en el coche? Puede que el coche vibre, que parezca que un golpe de viento te puede mover… Si tienes la sensación de ir demasiado rápido es posible que sea así, que vayas demasiado rápido y la probabilidad de accidente sea más alta.

Esa velocidad no es la misma para todos, ni para cada uno en distintos momentos. Depende de muchos factores:

  • El entorno: condiciones del tráfico, de la carretera, climatología, visibilidad, etc.
  • Del vehículo: no es lo mismo un coche que otro, su estado de conservación, etc.
  • Del conductor: con más o menos experiencia, cansancio, nivel de atención, etc.

La velocidad, el ritmo adecuado será distinto en cada situación, para cada uno, en cada momento.

Pasa lo mismo con la vida, si tienes la sensación de que vas demasiado rápido, es posible que así sea. Demasiado rápido no te da tiempo a ver por donde vas, te pierdes la vida, no te da tiempo a saborearla. Es como comer a toda velocidad, no das tiempo a saborear lo que comes.

No se puede hacer crecer más rápido una planta tirando de ella
Si vas demasiado rápido es momento de reducir la velocidad ¿A dónde vas tan deprisa? Perdido en el hacer, hacer, hacer, puedes haber perdido la perspectiva, hacer por inercia sin saber dónde vas. No solo no sabes dónde te encaminas, el para qué de tanto hacer, sino que te pierdes el camino, el disfrutar de cada actividad.

Demasiado rápido dejas de disfrutar de actividades, haceres, que antes disfrutabas y ahora haces por inercia (te sientes obligado por la costumbre, sin saber por qué). No te pierdas el disfrutar del camino.

Respetar los ritmos, respetar tus ritmos, la velocidad que te conviene. Todo en la naturaleza tiene ritmos. En invierno la naturaleza para, las hojas se caen, todo descansa, para brotar con fuerza en primavera. El día y la noche marcan otros ritmos, nosotros regulados por los ritmos circadianos (cerca de un día), dormimos por la noche (si podemos) para tener energía al día siguiente. Equilibrio entre el descanso y la acción. Si estás todo el día sin parar tienes un problema, si no tienes estaciones de descanso tienes un problema y las consecuencias te vendrán, cuando menos conviene.

No puedes hacer crecer una planta más rápido tirando de ella, la acabas arrancando. Tienes que respetar su ritmo de crecimiento. Lo único que puedes hacer es preparar la tierra, regar cuando conviene, estar atento a facilitar su crecimiento y tener paciencia, su desarrollo llegará, cuando toca.

Así tenemos también que respetar nuestro ritmo, no tirar demasiado de nosotros mismos, o acabaremos como juguetes rotos. Si no sabes frenar a tiempo tendrás que sufrir las consecuencias.

Si vamos con otros, respetar sus ritmos. Cada uno tiene el suyo, acompañados nos solemos adaptar a un caminar más rápido o más lento. El grupo nos ayuda a encontrar un buen ritmo si sabemos escuchar. Si el ritmo de ese grupo no es el tuyo, quizá toca cambiar de grupo.

Escuchar los ritmos, sentir los ritmos, el tuyo y el de los que te acompañan. Encontrar el ritmo adecuado, la velocidad adecuada, para cada entorno y para cada uno ¿Cuál es tu ritmo? ¿Estás yendo demasiado rápido?

Si llevas demasiado tiempo, yendo demasiado rápido, es tiempo de parar.

domingo, 24 de septiembre de 2023

Respetar tus límites, sentir tu cansancio

Supongo que a muchos os habrá pasado, llegan las vacaciones y de repente te llega la enfermedad, que te obliga a quedarte en la cama o recogido en casa. Tú soñando con las vacaciones, ese espacio para dejar las obligaciones aparcadas, hacer otras cosas que te apetecen y te ves “obligado” a descansar.

A veces estamos tan desconectados de nuestras propias necesidades que las pasamos por alto. Nos olvidamos de comer o comemos de cualquier forma, no tenemos tiempo para descansar ni dormir lo suficiente, tampoco para estar con quien queremos y qué decir tiene para hacer ejercicio, movernos un poco.

El cuerpo es sabio y nos obliga a parar en cuanto tiene oportunidad ¿Cómo se dará cuenta de que llegan las vacaciones? ¿Cómo percibe que llega la oportunidad? Llega el momento de descanso y nos obliga a descansar, en lugar de meternos en una nueva vorágine. A veces, volvemos de vacaciones y necesitamos otras vacaciones para recuperarnos de tanta actividad.

Sin darnos cuenta, en ocasiones, empujamos demasiado nuestros propios límites. Al empujar los límites, no expandimos, lo que nos permite crecer. Si empujamos demasiado, nos agotamos, después toca descanso.

El cansancio de encontrar los propios límites (creado con Bing)
Saber escuchar nuestro cuerpo antes de llegar al agotamiento, poder hacer descansos antes de haber ido demasiado lejos. Cuidar nuestro bienestar, tanto corporal, como social, mental y emocional. Reconectar con el cuerpo, que nos avisa y nos dice cómo estamos.

La respuesta automática cuando nos preguntan “¿Cómo estás?” es “bien ¿y tú?”. Si el que recibe esa respuesta es amigo, se alegrará y si nos quiere poco, no le gustará tanto. Si abandonamos el automático y aprovechamos para sentirnos y percibir como estamos, nos llegará una información valiosa, que nos permite saber lo que nos conviene.

¿Cómo estás? Si has llegado hasta aquí, aprovecha para sentirte, ver cómo te encuentras y si necesitas un descanso ¿Cuándo vas a descansar? ¿Cuándo te puedes permitir hacer un alto en el camino para recuperar fuerzas? Si no lo haces tú por ti ¿Quién lo hará?

domingo, 21 de marzo de 2021

A partir de cierta edad, cuenta más el estado de conservación que el año de fabricación

Un amigo y compañero de trabajo, ya desde hace años, tiene su tabla de ejercicios que hace todas las mañanas. Estiramientos y esfuerzos matutinos que traen beneficios a lo largo del día, hacen que te encuentres mejor.

Puede no ser fácil mantener la constancia. Me ha dicho, en más de una ocasión, que depende de lo que hagas a los 40 (o a partir de) así estarás a los 70.

La energía y la motivación para mantener la constancia vienen del conocimiento de la ley de causa-efecto. Lo que hagas tiene sus consecuencias. He estado con Miguel Ángel en Yoga, con más de 60 años, y ¡cómo se dobla!

Al principio la diferencia no se nota mucho. Al empezar un trabajo no hay diferencias, o al empezar en un deporte o al ser joven. Poco a poco, con el tiempo y la repetición (la constancia), la diferencia se va notando. La mejora o el mantenimiento se acumula y las diferencias se empiezan a ver. Como dice el dibujo, a partir de cierta edad, se nota más la conservación que el año de fabricación.

Foto tomada de https://twitter.com/zilla_noe; inspiración para el texto
Un concepto menos conocido de la metodología japonesa de Toyota (Lean Manufacturing) es el Muri. El Muri se refiere al sobreesfuerzo para realizar algo, tanto de máquinas como de personas. Cuándo una máquina va más allá de su capacidad sufre consecuencias, especialmente en forma de averías. Lo mismo pasa con las personas cuando vamos más allá de nuestra capacidad. Se debe prestar atención al posible Muri para evitarlo.

Para que todo funcione bien en una fábrica hay que tener un buen mantenimiento. El mantenimiento es un trabajo desagradecido, cuando funciona nadie se da cuenta de que está ahí, no hay averías y si las hay se notan poco. Pero cuando no funciona las averías tienen consecuencias y entonces nos quejamos del mantenimiento.

Lo mismo es para cada uno de nosotros, cuando hacemos un buen mantenimiento con nosotros mismos, casi ni se nota, estamos bien. Si no lo hacemos es cuando nos acordamos de lo bien que se está cuando se está bien.

Se suelen distinguir tres grandes tipos de mantenimiento:

  • Correctivo: se aplica cuando algo falla y hay que arreglarlo. Vamos al taller con el coche porque falla o vamos al médico porque algo está fallando.
  • Preventivo: es lo que se hace para prevenir. El mantenimiento anual del vehículo. En el caso de las personas: ejercicio regular, buena alimentación y descanso son los clásicos. Me atrevo a añadir la buena compañía.
  • Predictivo: Se enciende un piloto que nos avisa, tenemos indicadores de que algo va mal. Puede que tengamos indicadores de nuestro peso o ahora, cada vez más, de otros parámetros. Hay relojes capaces de detectar si estás teniendo un problema cardiaco. Mira a ver qué datos te vendría bien recoger.

Hay veces que ni fallando algo vamos al médico, no tenemos tiempo y vamos tirando con la avería, hasta que se complica y entonces es mucho más difícil.

Tómate el tiempo adecuado para el mantenimiento, así ahorrarás tiempo y especialmente molestias en el futuro. Depende de lo que hagas a lo largo de estos años, así estarás en los futuros.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Dormir poco tiene su precio

La falta de sueño está relacionada con aumento de peso, afecta al humor, memoria, funcionamiento inmunológico, sensibilidad al dolor y te hace discutir más, con lo cual lleva a peores relaciones.

Puede que madrugues porque tienes muchas cosas que hacer, o que te vayas a la cama tarde para poder estirar el día. Si esto lo haces solo puntualmente quizá no tengas que pagar la factura que relataba en el párrafo anterior, si lo haces de forma habitual, dormir poco tiene su precio.

Es probable que tareas que pueden llevar 10 minutos se alarguen, que aumenten los despistes y la dificultad para mantener el foco. El cansancio hace más difícil la concentración, que es vital para un tiempo productivo.

Especialmente importante si estás estudiando, durante el sueño se fija la información en la memoria y se ha relacionado el descanso adecuado con el aprendizaje a largo plazo. No te quedes dormido delante del libro (ni soñando despierto).

No por estirar el día este va a dar de sí. Dibujo de Leyre Fontaneda

Pasado un cierto límite de cansancio nos da pereza hasta ir a la cama y podemos tener más dificultades para dormir. Esos días enganchados a la televisión o a las redes sociales, donde pasan dos o tres horas sin darnos cuenta y al día siguiente no sabemos ni que hemos hecho.

¿Cuánto descanso es necesario? ¿Cuánto sueño es suficiente? Las necesidades varían según personas y también van cambiando con la edad, además también afecta la calidad del sueño, no solo la cantidad. Aquí es importante saber escucharte, saber entender cuanto es suficiente para ti y ver si con lo que duermes tienes un día satisfactorio y productivo o te vas arrastrando.

Muchas veces vamos a la cama tarde porque es el único momento en el que encontramos tiempo para nosotros, tiempo personal. Sin ese momento podemos sentir que no tenemos tiempo para nosotros. El truco puede estar en buscar en esos momentos a lo largo del día y no dejarlos para el final, como si fuese lo menos importante.

Algunas recomendaciones para un buen descanso:
  • Horarios regulares para acostarse y levantarse.
  • En los días “especiales” ser consciente de cuando ir a dormir.
  • Establecer rutinas antes de ir a dormir.
  • Evitar estimulantes (cafeína) y comidas copiosas o pesadas antes de ir a dormir. También los aparatos electrónicos y el brillo de pantallas.
  • Buscar entorno adecuado, sin ruido ni luz, ventilado.
  • Hacer ejercicio durante el día y no ejercicio intenso en las horas previas a irse a dormir.

Esta breve reflexión solo pretende que pongas atención a cuánto y cómo descansas, también a cuánto y cómo duermes, un buen descanso es clave para una vida satisfactoria y productiva.

Para mi los tres grandes, la base de estar satisfecho: descanso-recuperación (dormir), comer-beber (qué gasolina echamos al cuerpo) y hacer ejercicio (el mantenimiento adecuado).

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La celebración de un éxito es el combustible para los siguientes.

Son muchos los que viven en la felicidad derivada, esa que tendrán cuando acaben de pagar la casa, cuando se casen, cuando tengan niños o cuando acabe este proyecto, este examen o cuando por fin tenga el título.

Y cuando llegan a esa meta ansiada, se cumple el objetivo, no se paran a saborearlo un momento, enseguida están pensando en lo siguiente. Si han pagado la casa en una casa más grande, se casan y piensan en tener hijos, cuando los tienen en que crezcan y así hasta el infinito, corriendo tras esa felicidad que parece que se escapa. Como el conejo corriendo detrás de la zanahoria que cuando va a llegar le ponen más lejos.

Un compañero contaba como en la empresa tenían costumbre de salir a celebrarlo y cenar con el equipo cada vez que se acababa un proyecto. En una ocasión, con prisa y nuevos proyectos entrando, dejaron de celebrarlo y cómo los hábitos, igual que se adquieren se pierden, dejaron pasar esas ocasiones.

La semana pasada acabaron un proyecto y propuso salir a celebrarlo en equipo. El primer paso para recuperar un buen hábito, empezar. Esa cena supuso un chute de energía para todos, un momento de encuentro, de contar anécdotas, de acercar posturas, de reconocimiento. Celebrar en equipo es el aceite que engrasa el funcionamiento futuro.

Estamos en un mundo hostil al descanso, no nos lo permitimos ni cuando lo necesitamos, vivimos en una aceleración continua. Y en muchas ocasiones, cuando el trabajo ha sido intenso, el reto era ambicioso, nos sentíamos retados y motivados, llegamos cansados, exhaustos, con necesidad de parar. Permitirnos parar y disfrutar del logro nos permite recargar las pilas, recuperar energía y enfrentar los nuevos desafíos con renovadas ganas.

Y el disfrute no sólo está en lograr el objetivo, que en ocasiones no alcanzamos, como los que este año querían alcanzar la cima del Everest y no ha podido ser, tragedias mayores se han impuesto. Tenemos que aprender a disfrutar del camino, la felicidad la llevamos en nosotros, en lo que somos y en cómo vivimos cada instante.
Celebra tus logros y los de los demás
La celebración de cada pequeño éxito, de cada paso, nos lleva a dar el siguiente, nos anima. El ánima que significa en latín el alma, nos infunde espíritu para seguir. Cualquier gran caminata comienza con un primer paso. Cada paso nos acerca más al destino. Grandes celebraciones para los grandes éxitos y pequeñas celebraciones para los más modestos.

Me encantan esos profesores que se fijan en cada pequeño progreso, en cada aspecto positivo, para felicitar, celebrar con los chavales el logro, resaltar lo positivo y animarles a seguir. Lo mismo esos líderes de equipo que celebran cada avance y aprendizaje de alguno de sus miembros.


La celebración de un éxito es el combustible para los siguientes. Incluso la celebración de un fracaso si es que el fracaso mereció la pena (de fracaso en fracaso hasta el éxito final). Celebra tus logros, celebra con el equipo los logros colectivos y celebra los logros de quienes te rodean.