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miércoles, 18 de febrero de 2026

El mundo decidirá por ti… si tú no lo haces antes

 ¿Qué quieres de verdad?

“¿Qué quieres?”

Parece una pregunta sencilla. Pero no lo es.

Vivimos en modo automático. Cumplimos. Respondemos. Atendemos urgencias. Apagamos fuegos. Pasamos de una reunión a otra, de una responsabilidad a la siguiente. Y en medio de esa inercia diaria dejamos de hacernos la pregunta más importante.

👉 ¿Qué quiero de verdad?

  • No qué toca.
  • No qué se espera de mí.
  • No qué queda bien en LinkedIn.
  • No qué “debería”.

Qué quiero yo.

Hay una frase que me acompaña desde hace tiempo: “Si no sabes lo que buscas, no podrás reconocerlo cuando lo encuentres.”

Y esto es más serio de lo que parece.

  • Te puede llegar una oportunidad profesional… y no verla.
  • Una colaboración interesante… y no valorarla.
  • Una relación que te hace bien… y no atreverte.

No porque no sea buena. Sino porque no sabes si encaja contigo.

Sin claridad interior, todo parece más o menos igual. Y cuando todo parece igual, decidimos por inercia. O peor aún: dejamos que otros decidan por nosotros.

Tener claridad no es tenerlo todo resuelto. A veces confundimos claridad con certeza absoluta. Y no es lo mismo.

Tener claridad no significa tener todo planificado a cinco años vista. No significa ausencia de dudas. No significa no tener miedo. Significa tener dirección.

Y cuando tienes dirección:

  • Decides mejor.
  • Es más fácil decir “no”
  • Aprovechas mejor los “sí”.
  • Tu agenda empieza a parecerse más a tus valores.
  • El tiempo deja de escaparse en lo que no importa.

En el fondo, gestionar el tiempo es esto: elegir conscientemente a qué le das tu vida.

Porque el tiempo no es solo horas. Es energía. Es atención. Es presencia. Es vida en estado puro.

En muchos de mis cursos repito una idea que cada vez me convence más: cuando decimos que no tenemos tiempo, casi nunca es un problema de reloj. Es un problema de brújula.

Todos tenemos 24 horas. Lo que no todos tenemos es claro hacia dónde queremos caminar.

  • Si no sabes qué quieres ahora, aceptarás casi cualquier cosa.
  • Si no sabes qué quieres en esta etapa de tu vida, cualquier propuesta te moverá del sitio.
  • Si no sabes qué es importante para ti, lo urgente de otros marcará tu ritmo.

Y entonces el tiempo pasa. Y la sensación es extraña: mucho movimiento, poco sentido.

Hoy te propongo algo muy concreto. Cinco minutos. Nada más.

Para. Respira. Y pregúntate: ¿Qué quiero ahora?

  • No lo que esperan de ti.
  • No lo que deberías querer.
  • No lo que toca según tu edad, tu puesto o tu historia.

¿Qué quieres tú?

Puede ser algo pequeño:

  • Descansar más.
  • Cuidar una relación.
  • Cambiar de proyecto.
  • Decir que no a algo que te drena.
  • Empezar por fin eso que llevas meses posponiendo.

No hace falta una revolución. Hace falta honestidad.

Porque si no lo tienes claro, el mundo decidirá por ti.

Quizá hoy no puedas cambiarlo todo. Pero sí puedes empezar por esto: tener claro hacia dónde quieres caminar.

Y eso, créeme, ya cambia mucho.

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domingo, 26 de mayo de 2024

Como pollo sin cabeza

Le escuché a Mario Alonso Puig una historia de dos amigos que se encuentran. Uno va corriendo a toda prisa y el otro le pregunta “¿Dónde vas tan deprisa?”. Ante la pregunta, para, se queda pensativo, le sale un bocadillo de pensamiento que dice “¿Dónde voy?... No lo sé” y el automatismo que lleva dentro le hace decir en voz alta “Bueno, bueno, me voy, que tengo prisa”.

Muchas veces vamos corriendo, a toda prisa, a ningún lugar. Parar parece un pecado, nuestro juez interno nos castiga y nos grita “¡Ya estás perdiendo otra vez el tiempo! ¡Vamos! ¡Hay mucho que hacer!”. Perdidos en la actividad, sin darnos cuenta de que necesitamos, que queremos, hacia donde deseamos dirigirnos. Sin parar llegaremos al sitio al que nos encaminamos, otra cosa es que sea el sitio a dónde queremos ir.

Vamos como pollo sin cabeza ¿Has visto a un pollo sin cabeza corriendo? Se va dejando la vida mientras corre, sin llegar a ningún lugar, dando tumbos.

Es difícil acertar en la diana si no se sabe donde está. Sin tener claro el objetivo ¿Cómo vamos a avanzar hacia él? Sin saber cómo queremos vivir, cómo nos vamos a acercar allí.

Es un tema que trae mucha controversia. Demasiado obsesionados con los objetivos dejamos de disfrutar del camino, que es lo único real. La excusa perfecta para no mirar al futuro, su incertidumbre, nunca sabes cómo va a resultar.

A mi me gusta preguntarme entre vez y cuando, quizá demasiado a menudo, ¿cómo quiero vivir? Si ¿estoy viviendo como quiero? O ¿estoy siguiendo las directrices que me marca la sociedad?

Saber lo que quiero, cómo quiero vivir, me compromete, ya no hay excusa para no ir a por ello. El “no sé” puede ser una excusa para no responsabilizarnos. Puede que prefiramos ni mirar, porque vivir como quieres también tiene sus consecuencias. Sabiendo lo que quieres, también puedes decidir esperar, porque ahora no es el momento.

Somos libres de vivir como queremos, respetando la libertad del resto. La libertad de escoger como quieres vivir.

Lo que no tiene sentido es vivir con prisa, estresado, sin saber el para qué de tanta prisa y tanto estrés. Si el objetivo no está claro, si no tienes clara la dirección, puedes parar, vivir con calma. Quizá al llegar a la próxima cima puedas ver mejor hacia donde quieres ir.

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domingo, 17 de marzo de 2024

Saber lo que quieres y cómo lograrlo

Muchas veces podemos escuchar la frase “¡No sé lo que quiero!”, incluso puede que la hayamos dicho. Yo tuve un momento en el que pensaba así, que no sabía lo que quería. Alguien me hizo ver que sí lo sabía, pero que puede dar miedo saber lo que quieres, porque eso te responsabiliza a ir a por ello. Si no lo consigues ya no es que no sabes lo que quieres, es que no has sido capaz.

Descubriendo y apuntando al objetivo

Por eso muchas personas se resisten a ponerse objetivos, a definir lo que quieren. Otras, los ponen de manera poco concreta, de forma que se pueden implicar menos.

Uno de mis objetivos para este año es escribir una entrada en el blog semanal. Para concretarla me he comprometido conmigo mismo a escribir cada domingo. Y si no soy capaz, si surge cualquier otra prioridad, recuperar el lunes, o al menos durante la semana.

Imagina tu objetivo con todo detalle: ¿Qué es lo que realmente quieres alcanzar? ¿Cómo se verá y se sentirá cuando lo logres? Tener esta claridad te ayudará a mantenerte enfocado y motivado durante todo el proceso.

Un objetivo claro me motiva, me da un motivo para ponerme en marcha. Me ayuda a que durante la semana apunte alguna idea sobre la que escribir el domingo.

Con el objetivo claro te van surgiendo ideas que te pueden llevar a él. Sabiendo donde quieres ir es más fácil encontrar caminos para llegar a destino. También puedes ver lo que han hecho otros que ya han llegado.

Sabiendo el objetivo el siguiente paso es definir el camino. Puedes parar a ver posibilidades, buscar ideas, definir el trayecto y los primeros pasos, para empezar a caminar.

Si tienes claro el objetivo, comenzarás a ver oportunidades en cada paso que des hacia él. Las oportunidades no te pasarán desapercibidas, te saltarán a la vista. Igual que cuando te escayolan, parece que han escayolado a mucha gente, o que cuando te embarazas, parece que va a aumentar la natalidad.

El objetivo no es nada sin acción. Una vez que hayas definido como ir avanzando, es hora de poner manos a la obra. Toma acciones concretas que te acerquen a tu objetivo.

En resumen, tener claro el objetivo, definir cómo llegar a él y andar el camino. Si te resistes a ponerte objetivos, te estás resistiendo a vivir como quieres vivir.

domingo, 27 de agosto de 2023

El camino importa más que la meta

Esta semana son las fiestas del pueblo. Semana de disfrute, actividad y encuentro. Dentro del programa de fiestas hay una carrera popular, más bien, varias carreras con diferentes categorías.

Mi hijo Juan no es muy competitivo, no le preocupa ganar y le encanta participar. Disfrutar de ser parte y de hacer el camino ¡Qué gran lección que muchas veces olvidamos! Se apuntó a la carrera con los de su edad, una carrera de tres vueltas.

En la primera vuelta me sorprendió, pasó con el grupo de cabeza. Me sorprendió porque no suele correr, no tiene práctica. En la segunda vuelta pasaron el resto y el no llegaba, al rato cuando llego venía andando, con todo el público animándolo, le había dado un tirón, además de que estaba desfondado.

El iba muy contento, charlando con Gonzalo de la organización, que era quien cerraba la carrera, con la bicicleta, para saber por dónde iba el último. Juan, un rato después, hizo otro tramo corriendo.

Finalmente llegó, estaba muy contento con el logro, llegar es importante. Como dice la DGT, lo importante es llegar. Además, llegó tercero, y cómo el mismo dice, llego tercero y andando. En la foto está subido en el podio, junto a su primo Mateo, que ganó la carrera, todos bien contentos.

Podio de la carrera - 23 de agosto de 2023

Me hace recordar a mi abuelo Eusebio, que siempre contaba que había llegado segundo en una carrera, todo orgulloso, para después añadir que habían sido dos los que habían corrido.

A veces, tan obsesionados con la meta, nos olvidamos de disfrutar del camino. Hacer lo que nos gusta ya tiene su recompensa. Al conseguir algo, a veces, nos damos cuenta de que no era para tanto, que no cambia nada. Está bien tener retos, a mí me gusta tener un objetivo, me motiva, lo peligroso es que se nos olvide la importancia del camino.

Equilibrar el futuro con el presente, lo que vendrá con lo que hacemos ahora. Demasiado futuro hace que nos perdamos el presente. Y cuando llegue ese futuro siempre pensaremos más allá, así que cuando el futuro sea presente, también nos olvidaremos de él.

Una vez hecho el camino, en la meta, disfrutemos del logro, del esfuerzo, sin necesidad de compararnos con el que está al lado y ha llegado antes. Si el camino mereció la pena podemos celebrarlo ¿Qué camino quieres recorrer? ¿Qué cosas disfrutas en si mismas? Un camino que disfrutas es más fácil que de fruto, el esfuerzo se hace con más gusto. Hacer lo que contribuye, disfrutas y se te da bien.

domingo, 22 de mayo de 2022

Hacer frente a los exámenes o a las oposiciones

Muchos estudiantes, después de años estudiando, se quedan sin respuesta al preguntarles cuantas horas son capaces de estudiar en un día concentrados, o cuanto tiempo son capaces de mantener la concentración estudiando.

La vida estudiantil sigue la ley de la cosecha: “El que siembra, recoge, pero no siempre”. Si no siembras, no recoges. Si no estudias no recogerás frutos del estudio. Aún estudiando puedes tener un mal día, un examen difícil, como cuando el agricultor, a pesar de todos sus cuidados, pierde la cosecha por un granizo inoportuno.

Hay una diferencia entre los objetivos de resultado y los objetivos de actividad. Los objetivos de resultado no dependen totalmente de ti, ganar el partido no depende solo de ti, también depende del rival. Lo que si depende de ti es la actividad, esforzarte en cada punto.

Objetivos de resultado ≠ Objetivos de actividad

De la misma manera el superar un examen, el sacar una oposición, no depende de ti, lo que si depende de ti es la actividad previa para preparar ese examen.

Lo que dice la ley de la cosecha es que un estudio adecuado, una actividad adecuada, nos acerca al resultado deseado. Aunque el resultado siga siendo incierto, nos acercamos a lo que queremos, por eso nos preparamos. La actividad adecuada nos acerca al resultado.

Lo que si depende de nosotros son las horas que dedicamos a estudiar, los temas que estudiamos cada día, como nos planificamos y si cumplimos con los planes.

Apuntar nuestra actividad nos ayuda a ser más conscientes de lo que hacemos. Los autorregistros nos ayudan a darnos cuenta de cómo funcionamos. Nos ayudan a responder a la pregunta de cuántas horas he estudiado hoy y cuánto puedo estudiar concentrado en este momento.

Autorregistro tiempo estudio de esta mañana - Una mañana activa
Soy un profesional del estudio, llevo más de cuarenta años estudiando, apuntar a qué dedico mi tiempo me ayuda a recuperar y mantener el foco, a conservar la atención allí donde la quiero tener.

Si estás estudiando para los exámenes, o una oposición, te invito a poner un papel al lado y a apuntar cuanto estudias. El simple hecho de apuntar ayuda a darte cuenta. Además, después, puedes observar lo hecho y reflexionar que te llevaría a una mejor actividad, a un mejor resultado.

Lo mismo puede servir para mantener la atención en un proyecto, en la investigación, si estás haciendo la Tesis o en aquello que tú quieras.

Apuntar durante unos días a qué dedicas tu tiempo te permitirá conocerte mejor y saber a qué dedicas tu vida, donde se van tus horas y minutos, donde se van tus momentos.

lunes, 31 de enero de 2022

Si no es ahora, entonces ¿Cuándo?

Es difícil planificar, siempre surgen imprevistos. Mucha gente se resiste a hacer planes, porque siente que nunca los cumple y acaba frustrada. Cuando planificamos tampoco tenemos el mismo nivel de energía que cuando nos toca actuar, sobre todo si planificas ir al gimnasio a última hora de la tarde.

Por mi parte quiero establecer el hábito de escribir una entrada del blog todos los domingos. Pero los domingos no siempre son iguales, surgen muchas cosas, algunas con mayor prioridad que escribir.

Lo mismo pasa si planificas ir al gimnasio todos los martes y jueves a las 20 horas. Seguro que más de un día surgen planes alternativos, unas cervezas con amigos, una cena, una tarde de cine. Incluso puede pasar que todos los martes y jueves surja algo (¿Por qué será? ¿Realmente quieres ir al gimnasio?). Vuelves a ser el mejor cliente del gimnasio, que paga la cuota mensual y no va nunca.

Ayer domingo no encontré el espacio para poder escribir una entrada, así que estoy aplicando lo que llamaré “si no es ahora, entonces ¿cuándo?”. Si no encuentro el momento para escribir una entrada el domingo, entonces la escribiré el lunes. De esta manera conseguiré el objetivo de escribir una entrada semanal (52 al cabo del año).

Lo mismo es aplicable para el gimnasio, si el jueves no he conseguido ir al gimnasio, iré el viernes, de esta forma conseguiré ir al gimnasio.

Si tienes algo que consideres importante, si no lo puedes hacer cuando lo tenías previsto, automáticamente debes establecer cuando lo harás.

Recuerda que, si no reservas tiempo para lo importante, es muy probable que se quede sin hacer.

Si aún así, sigues sin ir al gimnasio, desapúntate, probablemente no tienes un buen motivo para ir, al menos uno que a ti te motive lo suficiente. No cumplir con los objetivos que te planteas, con la planificación que haces, mina tu autoconfianza y disminuye la utilidad de la planificación.

A veces surgen imprevistos que impiden cumplir con la planificación. Puedes seguir cumpliendo los objetivos si automatizas como recuperarte del imprevisto. En mi caso escribir una entrada del blog el lunes, si el domingo no lo he hecho.

viernes, 16 de agosto de 2019

El camino de Santiago y sus lecciones


Este mes de agosto he disfrutado unos días del Camino de Santiago, desde Roncesvalles a Viana. Veo el camino como una metáfora de la vida que pueden ayudar a recorrerla, mis 10 lecciones del camino:

1. Tener claro el objetivo es la mitad del camino: normalmente el que empieza teniendo claro que quiere llegar a Santiago, en un plazo determinado, llega. Si no tienes claro el objetivo te puedes despistar por el camino. Como decía Séneca, ningún viento es favorable para el marino que no sabe a dónde se encamina.
2. Disfrutar del camino, no obsesionarse solo con el objetivo: el camino se disfruta cada día. Obsesionados con el objetivo nos podemos perder el día a día, nos podemos perder la vida. Stephen Covey habla de que algunos se pasan “toda la vida subiendo por la escalera del éxito para llegar arriba y darse cuenta de que la tienen apoyada en la pared equivocada”.
3.  Dividir en etapas: No se puede ir de Roncesvalles a Santiago andando en un día. Dividir los objetivos grandes en objetivos más pequeños. Te puedes comer un elefante bocado a bocado.
4.  Confiar, no se puede planificar todo: Tener clara la dirección e ir avanzando, siempre surgen imprevistos.

“Querer controlarlo todo es imposible y agotador, además puede llevar al enfado ante los imprevistos que son inevitables”

5. Abrirse a las oportunidades: flexibilidad suficiente para abrirse a lo que se presenta, fluir con lo que hay y estar atento a las oportunidades te puede permitir darte un baño, parar en un buen sitio, etc.
6. La importancia de la compañía: El camino y la vida es un espacio para compartir y conversar. He tenido la suerte de disfrutar estos días con mi hija Sofía y parte del camino con Luis Alberto y Álvaro. A veces podemos escoger con quien ir, a veces encontramos buena compañía. Un dicho de los indios americanos “si quieres ir rápido vete solo, si quieres llegar lejos vete acompañado”. Un gusto la compañía que repetiremos en más ocasiones.

Con mi hija Sofía en el camino de Santiago

7. Saber escuchar tu cuerpo, tu cansancio y el de los que te acompañan. Inteligencia emocional para saber qué te pasa y que les pasa a los demás, saber cómo estás y están. Empatía contigo y con el otro. El camino no es solo por fuera, también viajas hacia dentro, hacia conocerte un poco más.
8. Parar cuando es necesario: Si andas demasiado puede que revientes y no puedas seguir, las ampollas pueden aparecer y hacer más dura la continuación. A veces hace falta parar, descansar, recobrar fuerzas y tomarte un tiempo para observar, conversar, disfrutar de un buen paisaje.
9. Aprender de otros, preguntar (no hace falta inventar la rueda): otros han hecho el camino antes y más veces, tienen buenos consejos que darte si quieres y puedes escuchar (buscar a los que saben). Se aprende mucho preguntando. La ventaja del nuevo es que se puede permitir no saber y preguntar cualquier cosa. Nos podemos permitir mirar las cosas como si fuésemos niños y las viésemos por primera vez.
10. Llegas hasta donde llegas y no más: Teníamos 6 días y empezando en Roncesvalles no íbamos a llegar a Santiago, hemos conseguido llegar hasta Viana, en la próxima ocasión continuaremos camino. Dice el cuarto acuerdo de la sabiduría tolteca según Miguel Ruiz: “Haz todo lo que puedas y no más”. Muchas veces se nos olvida ese no más y en lugar de disfrutar de lo que si hemos hecho nos frustra lo que no hemos logrado. Disfrutar del esfuerzo, el camino no ha sido fácil.

domingo, 5 de junio de 2016

Pon bien los objetivos si quieres conseguirlos

Conseguir los objetivos que te propongas es más fácil si están bien puestos. Pueden tener efecto motivador, ayudarte a enfocarte, facilitar el priorizar y decidir correctamente que hacer.

Es clásica la regla SMART, de inteligente en inglés, que nos puede ayudar a establecer objetivos inteligentes. En este caso voy a proponer una noción ampliada de sus siglas.

S: clásicamente recuerda a eSpecífico (Specific) y nos recuerda ser específicos con lo que queremos conseguir, también puede decirnos que sea Sencillo de recordar y Simple, entendido por claro.

M: Medible, para que podamos ver cómo vamos progresando, además de que nos resulte Motivadora su consecución y el camino para conseguirlo.

A: Alcanzable, si es demasiado alto y no creemos que podemos no lo conseguiremos, más que motivar será desmotivador; Ambicioso, que suponga algo importante, que merezca la pena, que nos lleve al esfuerzo, no demasiado fácil, de dificultad motivante; Accionable, donde estén claras las acciones a llevar a cabo para conseguirlo o para acercarnos; Auditable, en el que podamos dar cuenta y darnos cuenta (si es de largo plazo con hitos intermedios que nos permitan ver el avance, Analizar que tal vamos); Automotivante. Además si el objetivo es compartido con otros debe ser Acordado y Asignable, con un responsable claro.

R: Realista y Realizable, sinónimo de alcanzable; Relevante, que sea importante para ti o para tu equipo; Retador; Revisable y orientado al Resultado.

T: con un plazo de Tiempo para conseguirlo, este año, esta semana, hoy; Transformador, que suponga algo que te importe.
Además diría que me falta una P, porque además de relevantes (importantes) que sean Pocos, para tenerlos siempre en mente, entre tres y siete, para tenerlos presentes cada día, que ayuden a enfocarte y que sean Propios, tú decides lo que es importante para ti, si no lo decides otros decidirán por ti.

Todos los días, al comenzar, debes tener claro cuál es el objetivo más importante del día y la actividad que te acerca a ese objetivo: puede ser redactar un informe, una llamada, jugar con tus hijos.


Si no tienes claro dónde vas ¿cómo vas a llegar? Poner bien el objetivo es la mitad del éxito, sabiendo a dónde apuntas es más fácil acertar ¿Tienes claros tus objetivos? Te deseo los mejores objetivos y que disfrutes del camino para conseguirlos (SMART + P).

jueves, 21 de abril de 2016

Los cuatro pasos para vivir la vida que quieres

La vida es cómo un viaje con un punto de partida y una estación final. El recorrido lo marcas tú o te lo marcan y te dejas llevar. Puedes decidir dónde quieres ir, te puedes poner tus propios límites (y no salir de tu ciudad) o abrirte a nuevas experiencias, planificar el camino y después disfrutar de él o sufrir su recorrido. Tú decides, lo que te hace responsable de tu futuro.

Hay cuatro pasos fundamentales en un viaje:
  1. Saber dónde estoy.
  2. Decidir dónde quiero ir.
  3. Planificar el recorrido.
  4. Recorrer lo planificado para llegar a dónde quería ir.

El primer paso parece el más fácil, hoy estoy en Burgos, mañana estaré en Palma de Mallorca, así que cada día cambia la respuesta. Es la pregunta que me lleva a conocerme, a preguntarme quién soy hoy, cómo vivo, con quién vivo, dónde permanezco y otras muchas preguntas. En el oráculo de Delfos se recordaba en el frontón “Conócete a ti mismo” y es el primer paso de otros muchos, no siempre fácil. En ocasiones nos ponemos la excusa de “no tengo tiempo” para no conocernos.

Algunos deciden hacer el camino de Santiago para encontrar respuestas, tomarse un tiempo y cambiar de aires. Y esto nos lleva al segundo paso, decidir dónde quiero ir. Si quiero ir a Santiago está claro el objetivo y aprovechando la metáfora de la vida cómo un viaje, dónde quieres ir, dónde quieres vivir, cómo quieres vivir, quién quieres ser, con quién quieres vivir y otras muchas preguntas con sus respuestas te llevan a dar el segundo paso. Establecer objetivos.
Cuando tienes claro el objetivo, en tercer lugar, hay que planificar el camino, ver cómo puedo llegar allí, qué necesito llevar en la mochila, qué va a ser carga inútil que es mejor que no lleve, cuál es el camino, qué pasos voy a ir dando y cuando los voy a dar. Marcar las etapas del camino de Santiago, que andando desde Burgos no voy a llegar en un día. Si el objetivo lleva tiempo fijar etapas, marcar hitos para cada momento, pasos cortos que me llevarán al gran recorrido.

No menos importante decidir con quién voy a hacer el camino, dice un viejo proverbio que para ir rápido mejor ir sólo y para llegar lejos mejor ir acompañado. Si el camino es largo la compañía me ayudará a superar las dificultades, a mantener la paciencia, juntos podemos más. Hay compañeros que nos acompañarán todo el camino y otros unas etapas, quizá los volvamos a encontrar más adelante, es cómo la vida, donde unos te acompañan siempre y otros en algunos momentos.

Con los tres pasos anteriores si no damos el cuarto no llegaremos a ningún sitio, llega el momento de caminar, de hacer, de ir cumpliendo el plan y a veces desviándose para volver a recordar el objetivo. Si no avanzo no llegaré a Santiago. No hace falta prisa, salvo la que nos metamos a nosotros mismos, es cuestión de avanzar  y con tiempo llegaremos, como la tortuga siempre llega si tiene claro dónde.

En el cuarto paso toca disfrutar del camino para llegar a los objetivos del segundo paso, una vida con propósito es más motivante. Victor Frankl descubrió en los campos de concentración que los que tenían un motivo eran los que sobrevivían, no los más fuertes.

Lo que me hace caminar hoy es el propósito de hoy, tengo la libertad de cambiarlo mañana y decidir qué voy a Vigo en lugar de a Santiago, de momento el objetivo me da el foco para dar el siguiente paso.

Te invito a dar los pasos, empezando por conocerte cada día un poco más, te invito a vivir y disfrutar una vida con propósito.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Los plazos motivan a la acción

En estos tres meses se está produciendo un incremento espectacular en las Tesis Doctorales defendidas en la Universidad ¿A qué se debe este incremento sin precedentes? Sin ninguna duda se debe a un plazo establecido para los planes viejos de doctorado, ya hace más de dos años, en el que se establecía cómo límite para depositar la Tesis Doctoral octubre de 2015 y para defender febrero de 2016.

La mayoría de los que tenían algún trabajo avanzado y realmente querían alcanzar el grado de Doctor han hecho el esfuerzo de encontrar el tiempo y aplicarlo a su investigación en estos últimos dos años. En mi trabajo en la Universidad he podido ver estos esfuerzos y estos meses asisto a más tribunales de Tesis Doctorales de los que estaba acostumbrado. Probablemente estas Tesis se habrían alargado de no tener el plazo tan definido, en algunos casos varios años más.
Los plazos motivan a hacer y a lograr resultados
Dan Ariely cuenta en su libro “Las trampas del deseo” un experimento que hizo con sus alumnos universitarios. Este experimento tiene una fuerte relación con el establecimiento de fechas. Creo tres grupos con alumnos equivalentes y propuso tres trabajos a realizar en un cuatrimestre:
  • Grupo. A – Ellos se ponen las fechas tope al inicio del curso. Si no cumplen penaliza.
  • Grupo. B – El profesor pone las fechas tope al inicio del curso. Si no cumplen penaliza. Tres fechas equidistantes, una cuándo había pasado 1/3 del curso, otra a los 2/3 y otro trabajo a entregar al final.
  • Grupo. C – No hay fechas tope (sólo el último día del curso).

Parece que los que más ventajas tienen son lo que sólo tienen la fecha tope del último día y se auto-organizan según sus necesidades. Pueden hacerlo como los demás y tienen otras opciones.

El resultado del experimento es que las mejores calificaciones las obtienen los del grupo B (el profesor fija las fechas equidistantes), después los del grupo A (se han fijado sus propias fechas límite) y las peores notas lo que tienen mayor libertad y plazos más flexibles.

La conclusión parece obvia, los plazos nos movilizan, nos ayudan a alcanzar las metas con mayor calidad, si es que son realistas, son alcanzables y nos suponen un reto. Tendemos a procrastinar, a posponer para el futuro, ese tiempo mejor e infinito donde tendremos espacio para cualquier actividad que nos propongamos. Después el futuro llega y resulta que está lleno de actividad como el presente.

Las metas nos ayudan más si están establecidas desde fuera, si tenemos que dar cuentas de un objetivo que nos ha puesto alguien a quien respetamos.

También ayudan si las metas nos las ponemos nosotros, con unos plazos claros. Es muy importante temporizar los objetivos, para que no se atasquen indefinidamente en nuestra mente sin hacer nada.

Cumpliendo con lo que nos auto-proponemos en plazo ganamos en auto-confianza. Igual que confiamos más en los demás cuando cumplen, confiamos más en nosotros mismos cuando cumplimos. Cumplir los plazos es un hábito, si estás acostumbrado a cumplir tenderás a cumplir.

Para ir creciendo en auto-confianza y cumplimiento empieza con metas sencillas, planes sencillos que llevar a cabo. Es increíble lo que se puede lograr implementando planes sencillos que nos llevan a la acción.


Si hay algo que has estado posponiendo durante mucho tiempo, establece un plazo, parte el gran objetivo en pequeños objetivos con sus plazos. La visualización de la meta te ayudará a seguir dando pasos. Al final es probable que estés más cansado, también estarás más cerca de llegar.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Infoxicados

Estamos infoxicados, saltamos tan rápido de una página web a otra que no nos damos tiempo para asimilar, en la cultura de la prisa prima la cantidad. Tanto que leer y tanto que leemos y después de tanto esfuerzo y tanto correr no nos quedan ideas claras.

Tenemos un problema de tiempo para tanto que queremos procesar, empezando por el Whatsapp, con todos sus grupos ¿Cuántos se pasan ya más de dos horas diarias con el móvil? ¿Qué valor nos aporta lo que leemos en el Whatsapp? Muchos han decidido salir de la aplicación y abandonarla totalmente, incapaces de poner límites a su conexión infinita.

Una adicción supone como tal que tenga repercusiones negativas en el entorno, en las relaciones. Por poner algún ejemplo: ¡Cuántas parejas se ven influidas negativamente por el uso excesivo de las nuevas tecnologías de la información! Uno quiere hablar y el otro está conectado al móvil o ¡cuántos niños se quedan diciendo algo a sus padres sin ser escuchados! Los padres, a veces, damos mal ejemplo conectados al móvil y desconectados de los niños (después diremos que no escuchan, aprenden por imitación).
Foto tomada de libertad digital: lo que el amor ha unido que no lo separe un móvil
Dicen que estamos en la era de la información, será así si somos capaces de adaptarnos. Algunos están en la era de la información y otros en la era de los datos, muchísimos datos de los que podemos sacar información valiosa o en los que perdernos.

¿Cuál es la diferencia entre datos e información? La información nos sirve para tomar decisiones, nos ayuda a que estas sean acertadas con mayor probabilidad. Los datos solo nos sirven para ocupar espacio en la cabeza.

Nuestra cabeza es como un ordenador, si la llenamos, como cuando llenamos la RAM del ordenador, ira lenta, pensaremos más despacio y cometeremos más errores, como le pasa al ordenador saturado. En un trastero demasiado lleno no encontramos lo que buscamos. Si llenamos demasiado nuestra cabeza la convertimos en un trastero en el que no encontrar nada.

Tampoco nos podemos obsesionar por conseguir toda la información, tenemos que aprender a vivir con cierta incertidumbre, nunca sabremos todo, nunca vamos a estar seguros. Si nos obsesionamos con tener todo controlado entraremos en “parálisis por análisis”, tanto analizar las posibilidades al final no decidimos nada. Saber decidir cuando tengo suficiente información, cuándo así ya vale para tomar una decisión o hacer lo que quiero.

“No se puede saber todo”

En marketing está demostrado que con demasiadas opciones compramos menos, el temor a equivocarnos con tantas posibilidades. Si tenemos que decidir entre 24 mermeladas compraremos menos mermeladas que si tenemos 6 mermeladas para elegir. El 30% de los que paran en la muestra con 6 sabores acaban comprando un tarro, mientras que solo el 3% de la mesa de 24 sabores acaban comprando uno. Te dejo un video de Sheena Iyengar explicando como decidimos con más información o si nos bloqueamos (16 minutos).


Internet está diseñado de una forma atractiva para nuestro cerebro, al que le gusta saltar de un sitio a otro. Podemos pasar dos horas conectados a Internet leyendo y acabar no recordando nada de lo que hemos leído. Como cuando pasamos un par de horas delante de la televisión con el mando a distancia, cambiando de un canal a otro sin ver nada realmente.

Cómo movernos en el mar de datos, en el mar de publicaciones, de cosas interesantes que nos llaman la atención:
  1. Para pensar con más claridad debemos empezar con un objetivo claro en mente, para no perdernos. En lugar de ir saltando de un lugar de la red a otro sin propósito tener claro que información buscamos y cual vamos a leer.
  2. En este caso menos es más (menos información aporta más claridad). Buscar lo relevante, lo que nos aporta valor para las decisiones que vamos a tomar o lo que tenemos que hacer y eliminar el ruido de todos esos datos superfluos.
  3. Recomiendo un par de semana de dieta hipo-informativa, es decir, bajar la cantidad de información que procesamos: menos televisión, menos prensa, menos radio, menos Internet sin propósito, menos correos, menos Whatsapp.
  4. Ser selectivos con lo que leemos, vemos y las charlas a las que acudimos, es el alimento de nuestra mente. Igual que para estar en buena forma física somos selectivos con lo que comemos y no nos excedemos en cantidad para estar en buena forma mental debemos alimentar de forma adecuada a nuestra mente, además de ejercitarla periódicamente.
  5. Buscar momentos para no procesar información, momentos de descanso mental, de descanso, de respiraciones profundas.

Si conoces a alguien que esté infoxicado igual le viene bien leer este post (aunque no sé si llegará hasta el final o si se quedará entre la pila de documentos por leer) o mejor aún, envíaselo a quien te inunda con información, igual así piensa mejor que es lo que merece la pena enviar.

Por cierto, felicidades si has sido capaz de llegar al final del artículo, con tanta prisa tendemos a leer a medias y no acabar, dejar para más tarde, ese momento que nunca llega.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La celebración de un éxito es el combustible para los siguientes.

Son muchos los que viven en la felicidad derivada, esa que tendrán cuando acaben de pagar la casa, cuando se casen, cuando tengan niños o cuando acabe este proyecto, este examen o cuando por fin tenga el título.

Y cuando llegan a esa meta ansiada, se cumple el objetivo, no se paran a saborearlo un momento, enseguida están pensando en lo siguiente. Si han pagado la casa en una casa más grande, se casan y piensan en tener hijos, cuando los tienen en que crezcan y así hasta el infinito, corriendo tras esa felicidad que parece que se escapa. Como el conejo corriendo detrás de la zanahoria que cuando va a llegar le ponen más lejos.

Un compañero contaba como en la empresa tenían costumbre de salir a celebrarlo y cenar con el equipo cada vez que se acababa un proyecto. En una ocasión, con prisa y nuevos proyectos entrando, dejaron de celebrarlo y cómo los hábitos, igual que se adquieren se pierden, dejaron pasar esas ocasiones.

La semana pasada acabaron un proyecto y propuso salir a celebrarlo en equipo. El primer paso para recuperar un buen hábito, empezar. Esa cena supuso un chute de energía para todos, un momento de encuentro, de contar anécdotas, de acercar posturas, de reconocimiento. Celebrar en equipo es el aceite que engrasa el funcionamiento futuro.

Estamos en un mundo hostil al descanso, no nos lo permitimos ni cuando lo necesitamos, vivimos en una aceleración continua. Y en muchas ocasiones, cuando el trabajo ha sido intenso, el reto era ambicioso, nos sentíamos retados y motivados, llegamos cansados, exhaustos, con necesidad de parar. Permitirnos parar y disfrutar del logro nos permite recargar las pilas, recuperar energía y enfrentar los nuevos desafíos con renovadas ganas.

Y el disfrute no sólo está en lograr el objetivo, que en ocasiones no alcanzamos, como los que este año querían alcanzar la cima del Everest y no ha podido ser, tragedias mayores se han impuesto. Tenemos que aprender a disfrutar del camino, la felicidad la llevamos en nosotros, en lo que somos y en cómo vivimos cada instante.
Celebra tus logros y los de los demás
La celebración de cada pequeño éxito, de cada paso, nos lleva a dar el siguiente, nos anima. El ánima que significa en latín el alma, nos infunde espíritu para seguir. Cualquier gran caminata comienza con un primer paso. Cada paso nos acerca más al destino. Grandes celebraciones para los grandes éxitos y pequeñas celebraciones para los más modestos.

Me encantan esos profesores que se fijan en cada pequeño progreso, en cada aspecto positivo, para felicitar, celebrar con los chavales el logro, resaltar lo positivo y animarles a seguir. Lo mismo esos líderes de equipo que celebran cada avance y aprendizaje de alguno de sus miembros.


La celebración de un éxito es el combustible para los siguientes. Incluso la celebración de un fracaso si es que el fracaso mereció la pena (de fracaso en fracaso hasta el éxito final). Celebra tus logros, celebra con el equipo los logros colectivos y celebra los logros de quienes te rodean.