viernes, 22 de mayo de 2026

El tiempo que dedicamos muestra la importancia que le damos

Hay una conversación que se da de vez en cuando y que siempre me hace pensar.

  • Le escribo a alguien: “¿Tomamos un café?”.
  • Y me responde: “No tengo tiempo”.

Entonces yo suelo contestarle, medio en broma:

  • “Eso significa que tienes otras cosas más importantes que yo”.

La persona protesta enseguida, me dice que no es así, que simplemente va hasta arriba y no le da la vida. Y probablemente sea verdad, no hay mala intención en la respuesta y el aprecio existe, sino no me atrevería a decirlo tan explícitamente. Aun así, hay una parte incómoda que sigue siendo cierta: el tiempo que dedicamos a algo muestra la importancia real que tiene para nosotros.

Porque todos tenemos exactamente las mismas horas al día. Eso es quizá lo más democrático que existe. Da igual el dinero, el cargo, el talento o el lugar donde hayas nacido: cada mañana recibimos 24 horas, ni una más, ni una menos. Con sus 60 minutos cada una.

La diferencia no está en tener tiempo, la diferencia está en cómo decidimos emplearlo, en qué colocamos delante, en qué dejamos fuera, en qué estamos dispuestos a sacrificar para hacer hueco a algo.

Cuando algo nos interesa de verdad, encontramos tiempo.

Cada pequeño hueco se transforma en una oportunidad.

Lo vemos continuamente. Hay personas capaces de quedarse viendo una serie hasta las dos de la mañana, pero que “no tienen tiempo” para leer diez páginas de un libro. Personas que pasan una hora en redes sociales, pero no encuentran veinte minutos para hacer ejercicio. Personas que dicen que quieren ponerse en forma, aprender inglés o cambiar de vida… pero nunca consiguen reservar un rato para empezar.

Me llama la atención como no tenemos tiempo para otras cosas, pero sí reservamos cada día varias horas para trabajar. Ahí solemos ser bastante disciplinados, es algo sagrado (y lo entiendo).

Aunque nadie nos obliga a ir, podríamos no hacerlo, aunque tendría consecuencias. No cobraríamos, no podríamos pagar facturas, quizá perderíamos estabilidad o proyectos importantes. Y precisamente por eso elegimos dedicarle tiempo.

No sé si lo importante es el trabajo en sí o las consecuencias de no hacerlo, pero el resultado es el mismo: hacemos espacio para aquello que consideramos prioritario, en este caso el trabajo.

También se da a menudo otra contradicción frecuente. Muchas personas afirman que su familia es lo más importante de su vida… pero apenas están presentes, siempre cansados, siempre con prisa, siempre pensando en lo siguiente. A veces compartiendo espacio físico, pero no atención real.

Al final, la importancia de las cosas no se mide tanto por lo que decimos. Se mide por el tiempo que les entregamos.

Por eso quizá conviene hacerse dos preguntas incómodas:

  • ¿A qué le estás dando importancia realmente?
  • ¿Y a qué te gustaría dársela?

¿Coinciden las respuestas?

Porque, aunque nos cueste admitirlo, tu agenda y tu tiempo cuentan muchas veces una verdad que tus palabras intentan suavizar.

Si quieres seguir leyendo lo que se publica en el blog, formar parte de esta tribu, puedes seguirme en LinkedIn, para no perderte la próxima entrada. Haz clic aquí.


No hay comentarios:

Publicar un comentario