domingo, 2 de junio de 2024

Ordena tu trastero mental, ganarás en claridad y energía

Ayer nos pusimos a ordenar el trastero. Toda una aventura. Los trasteros, independientemente de su tamaño, tienden a estar llenos, hasta los topes. Con tantas cosas es difícil encontrar lo que necesitas. El nuestro no era una excepción.

Lo primero ha sido sacar todo, extenderlo, para ver lo que hay. Increíble las cosas que aparecen, eso que solo llevamos 14 años viviendo en esta casa. Muchas cosas que ni sabíamos que estaban ahí, cosas que hemos vuelto a comprar porque no sabíamos que teníamos.

Otras cosas entrañables, llenas de buenos recuerdos, que podemos conservar y ya no son útiles para lo práctico. Quizá se queden para volver a recordar en alguna otra ocasión.

Multitud de cajas vacías, guardadas para guardar otras cosas. La cantidad de aire que teníamos almacenado, ocupando espacio. Así que no había sitio en las estanterías.

Ahora toca seleccionar, decidir que es lo que va a volver al trastero y que no. Lo primero es decidir que vamos a regalar (le puede ser útil a alguien) y qué vamos a tirar. Cosas que ya no van a volver al trastero. La única forma de hacer espacio, no solo recolocar.

En este paso andamos, decidir que hacer con tanto ¿Qué se queda en el trastero? (no está todo en la foto)
Finalmente toca ordenar lo que queda, para que sea fácil de encontrar, de modo que sea útil. Ganar en claridad. Disfrutar de la visión de un trastero con espacio, ordenado, que me pone la vida fácil. Disciplina para que siga así; límites a las cosas que van a entrar en el trastero, que no sea fácil.

Tenemos el trastero mental a tope, a rebosar, así que no encontramos lo prioritario. Para decidir que hacemos, tenemos tantas cosas que hacer, que nos cuesta encontrar lo adecuado para este momento, aquí y ahora.

Para ganar claridad puedes ordenar todos los pendientes de tu mente (tu gran lista de cosas que hacer). Te propongo los siguientes pasos (como ordenar el trastero):

  1. Sacarlo todo: haz tu lista con todos tus pendientes. Te pueden dar mareos ¿Cómo pretendo hacerlo todo?
  2. Seleccionar: decidir que le vas a hacer con lo que hay. Te propongo algunas opciones:
    • Eliminar: Tareas que ya no merecen la pena (aunque parecían interesantes en su momento).
    • Regalar: Son buenas ideas, pero no prioritarias para ti. Puedes regalárselas a otros para que las hagan, si quieren. Me encanta ver buenas ideas en marcha.
    • Delegar: Es mejor que lo haga otra persona, así tendrás tiempo para hacer lo prioritario para ti.
  3. Ordenar: Con lo que queda del punto anterior, que debe ser lo prioritario/importante para ti (lo que hay que hacer sí o sí), toca poner orden. Tiene que haber menos cosas, que quepan con cierta holgura. Si sigues teniendo demasiado vuelve al punto primero (eliminar, regalar o delegar).
  4. Disfrutar de la visión de un trastero mental ordenado. Con menos cosas se ve más claro. Tienes una visión más clara de lo que te conviene hacer
  5. Mantener la disciplina para que siga ordenado: Antes de aceptar cualquier nuevo encargo (de los demás o tuyo), tómate un tiempo, al menos 10 segundos, antes de decir que sí. Decir sí es como meter algo en el trastero.

Cuando dices sí algo entra en tu trastero mental, ocupa espacio en tu cabeza, hasta que sea momento de ejecutarlo. Si no hay momento, se queda ahí, restando claridad, dificultando decidir qué hacer.

No llenes el trastero de cosas que tiraran tus herederos cuando mueras. Comprometerte con menos para hacer más. Menos cosas pendientes y más cosas hechas.

Ten cuidado no te quedes con las cosas que regalan otros al vaciar su trastero. Como tenemos un trastero grande no veas la de cosas que han aparecido de otros ¿Qué hace esto aquí si a mí no me interesa?

No cuenta lo que quieres hacer, sino lo que haces. A medio hacer cuenta lo mismo que no hecho (resta más energía). No cuenta lo que empiezas, cuenta lo que acabas. Menos, en muchas ocasiones, es más.

La recomendación de la semana:

“Ordena tu trastero mental”

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domingo, 26 de mayo de 2024

Como pollo sin cabeza

Le escuché a Mario Alonso Puig una historia de dos amigos que se encuentran. Uno va corriendo a toda prisa y el otro le pregunta “¿Dónde vas tan deprisa?”. Ante la pregunta, para, se queda pensativo, le sale un bocadillo de pensamiento que dice “¿Dónde voy?... No lo sé” y el automatismo que lleva dentro le hace decir en voz alta “Bueno, bueno, me voy, que tengo prisa”.

Muchas veces vamos corriendo, a toda prisa, a ningún lugar. Parar parece un pecado, nuestro juez interno nos castiga y nos grita “¡Ya estás perdiendo otra vez el tiempo! ¡Vamos! ¡Hay mucho que hacer!”. Perdidos en la actividad, sin darnos cuenta de que necesitamos, que queremos, hacia donde deseamos dirigirnos. Sin parar llegaremos al sitio al que nos encaminamos, otra cosa es que sea el sitio a dónde queremos ir.

Vamos como pollo sin cabeza ¿Has visto a un pollo sin cabeza corriendo? Se va dejando la vida mientras corre, sin llegar a ningún lugar, dando tumbos.

Es difícil acertar en la diana si no se sabe donde está. Sin tener claro el objetivo ¿Cómo vamos a avanzar hacia él? Sin saber cómo queremos vivir, cómo nos vamos a acercar allí.

Es un tema que trae mucha controversia. Demasiado obsesionados con los objetivos dejamos de disfrutar del camino, que es lo único real. La excusa perfecta para no mirar al futuro, su incertidumbre, nunca sabes cómo va a resultar.

A mi me gusta preguntarme entre vez y cuando, quizá demasiado a menudo, ¿cómo quiero vivir? Si ¿estoy viviendo como quiero? O ¿estoy siguiendo las directrices que me marca la sociedad?

Saber lo que quiero, cómo quiero vivir, me compromete, ya no hay excusa para no ir a por ello. El “no sé” puede ser una excusa para no responsabilizarnos. Puede que prefiramos ni mirar, porque vivir como quieres también tiene sus consecuencias. Sabiendo lo que quieres, también puedes decidir esperar, porque ahora no es el momento.

Somos libres de vivir como queremos, respetando la libertad del resto. La libertad de escoger como quieres vivir.

Lo que no tiene sentido es vivir con prisa, estresado, sin saber el para qué de tanta prisa y tanto estrés. Si el objetivo no está claro, si no tienes clara la dirección, puedes parar, vivir con calma. Quizá al llegar a la próxima cima puedas ver mejor hacia donde quieres ir.

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domingo, 19 de mayo de 2024

Constancia, perseverancia ¿Dónde se aprenden?

Mi abuelo Ignacio era un hombre de montaña. Nació y creció en un entorno desafiante, donde las dificultades del terreno y el clima forjan un carácter. Tuvo que desarrollar cualidades para sobrevivir en un entorno riguroso. Complicado imaginar para un niño de hoy como era ser niño en esas condiciones, hace más de 100 años (nació en 1910).

Nuestros mayores nos dejan un legado, de mi abuelo recuerdo su constancia y perseverancia. Con más de 90 años le costaba caminar. Aun así, todos los días, caminaba. Recuerdo verle dando sus paseos diarios, incluso en el pasillo de casa y contento porque un día más había dado esos paseos. Resalto lo de diarios, porque ahí está la clave, no fallar ni un día. Si lo dejas por un día, porque total un día, va siendo la excusa perfecta para fallar más días. Todos los días, aunque cueste; no abandonar a las primeras de cambio.

Mi abuelo Ignacio, su constancia y perseverancia que dejan legado
Aprendemos de nuestro entorno, de los ejemplos que vemos. Creo que también soy constante, perseverante, alguno diría que cabezota. Cuando se me mete una idea en la cabeza, la persigo. Creo que es herencia de lo que he visto en mi familia, herencia intangible que vale más que la tangible, lo que me configura como persona.

Es un legado que me gustaría dejar a los que siguen, la capacidad de ponerte incluso los días que apetece menos. Que me vean mis hijos me impulsa a seguir los pasos de mi abuelo. Dicen que se enseña más con el ejemplo que con las palabras.

Las cosas que merecen la pena suelen necesitar de constancia. Casi todo lo que nos gusta tiene también partes que nos gustan menos y que también hay que hacer. Como un músculo, la constancia se trabaja, la fuerza de voluntad se ejercita. Si nunca la entrenas, no va a estar disponible cuando la necesites.

Supongo que el entorno ayudó, las dificultades de la montaña desarrollan la capacidad de mantener un esfuerzo sostenido, a pesar del cansancio y las adversidades. Precisamente, ese entorno difícil, actúa de campo de entrenamiento. La importancia de hacer lo que hay que hacer para la supervivencia.

Me pregunto si ahora la vida no será demasiado fácil o si será que me estoy haciendo mayor y por eso pienso que es más fácil. Ahora los retos de nuestros niños y jóvenes son distintos. Me pregunto si les dejamos enfrentarse a esos retos como entrenamiento, si dejamos que se den cuenta de que sus acciones tienen consecuencias, si les permitimos navegar las dificultades de la vida y desarrollar la constancia y la perseverancia. No les solucionemos lo que pueden solucionar por sí mismos.

Dice un proverbio inglés que “un mar en calma no hace buenos marineros”. Las dificultades son un campo de entrenamiento para abordar retos mayores. Dejemos que nuestros niños y jóvenes aprendan, que aborden sus propias dificultades, forma parte de la vida y del aprendizaje. La perseverancia en el aprender nos ayuda a estar mejor preparados cuando el mar no está en calma.

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