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miércoles, 9 de abril de 2025

Deja de controlarlo todo: más calma, más tiempo, más tú

Inspirado en el libro "Cómo tener tiempo para todo", de Patricia Ramírez (Patri Psicóloga). Gracias @Patri Psicologa, me ha encantado el libro.

¿Cuántas veces al día te sorprendes intentando controlarlo todo (incluso lo incontrolable)? La respuesta, si somos sinceros, probablemente es: demasiadas. Queremos controlar lo que hacen los demás, lo que sienten, sus decisiones, sus despistes, su ritmo. Queremos anticipar todos los resultados, prever todos los errores, evitar todos los imprevistos. Buscamos sentir que el control nos da seguridad y paz, pero ese afán nos llena de ansiedad, frustración y agotamiento.

Una de las claves para vivir con más calma es aceptar que hay cosas sobre las que no tenemos ningún poder, aunque sean importantes. Y que por mucho que pensemos, analicemos o nos preocupemos, no vamos a cambiar el curso de esos asuntos. Entonces, ¿por qué dedicarles tanta energía? Dice Patricia Ramírez:

“Lo importante no es la relevancia del problema para ti, sino tu capacidad para solucionarlo.”

Hay una pregunta mágica que deberíamos hacernos cada vez que algo nos genera tensión: ¿Tengo capacidad real para solucionarlo? Si la respuesta es no, toca soltar. No porque no nos importe, sino porque ocuparnos de lo que no podemos cambiar solo nos desgasta.

Una práctica sencilla es hacer una lista con todas esas cosas que solemos rumiar o intentar controlar. Personas, decisiones ajenas, imprevistos, resultados... Escríbelas. Léelas. Y después, haz un compromiso contigo mismo: “A esto no le voy a dedicar atención”. No se trata de indiferencia, sino de cuidar tu energía y tu salud mental.

Es fundamental entender que no eres responsable de los olvidos y despistes ajenos. No puedes hacerte cargo de todo. Cada uno tiene sus propias responsabilidades. Dejarles que asuman sus responsabilidades y no estar tú para solucionarlo todo permite que crezcan y aprendan. Si no saben, puedes enseñar, para no tener que seguir encargándote de todo. Pero si ya saben, observa si es tu necesidad de control lo que te hace seguir encima (especialmente con los hijos, son más capaces de lo que a menudo pensamos).

No tienes control sobre el resultado, solo sobre lo que haces y dices. Tú puedes cuidar lo que haces, dar lo mejor, comprometerte… pero el resultado puede variar. Porque hay factores externos, cambios, personas, circunstancias. Ahí está la clave: pon tu energía en lo que depende de ti. Lo demás, suéltalo.

Y esto aplica incluso a tu agenda. ¿Tienes que mover una cita? ¿Cambió el plan? ¿Alguien te pidió reprogramar algo? En lugar de enfadarte o verlo como un fracaso de organización, adapta tu mente. Dice Patri Psicóloga:

“Una agenda flexible necesita una mente flexible”.

También puedes recuperar parte del control de tu vida poniendo límites, diciendo “NO” cuando te conviene y “SÍ” cuando quieres. Puedes dedicar tu tiempo a las necesidades de los demás, está bien, pero no olvidando tus prioridades y necesidades. Sino los demás controlan tu vida, te llenarán el día de compromisos que no has elegido. Tú tienes control sobre tus límites, sobre a qué te comprometes, y a qué decides renunciar. Y eso no te hace egoísta. Te hace responsable.

Hoy te propongo que escribas tu propia lista de "cosas que ya no voy a controlar". Pon ahí todo lo que no depende de ti, todo lo que solo te agota, todo lo que el tiempo, o los demás, deben resolver.

¿Te animas a escribir tu lista de lo que vas a soltar hoy?

¿Crees que se puede vivir controlando menos? ¿Quieres más ideas para organizarte con calma y vivir con sentido? Te leo en los comentarios o te invito a seguir explorando el blog.

Gracias por leerme. Si te ha resonado esta entrada, puedes seguirme en LinkedIn para no perderte la próxima. Haz clic aquí.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Cerrar y dejar atrás, para poder abrir

Este lunes hablaba con una compañera de una formación de tres años que “acabamos” en diciembre 2018. Pongo entre comillas el acabamos porque ahí es donde acabó la parte presencial, después había que hacer otras cosas y entre ellas entregar una memoria sobre la formación, cada uno de sus capítulos y que había supuesto la práctica.

Por mi parte lo fui dejando hasta que entregué la memoria en abril de 2022, pandemia de por medio. Esta compañera quería retomarlo ahora para cerrar esa etapa.

¡Como cuesta retomar algo que has dejado aparcado! En este caso tampoco es nada que necesite ser cerrado con urgencia, pero sin cerrar se queda ahí pesando y ocupando espacio en la cabeza

Cerrar un tema es liberar espacio, no solo en nuestra agenda, sino también en nuestra mente y emociones. Aferrarnos a algo inconcluso consume energía, genera incertidumbre y nos impide avanzar hacia nuevos desafíos. Cuando dejamos algo abierto, mantenemos un vínculo invisible que ocupa un lugar en nuestro pensamiento, nos lastra y nos distrae.

Si has empezado algo y merece la pena terminarlo, no lo dejes a medias, solo cuenta lo que se acaba, no lo que se empieza.

En otras ocasiones hay proyectos o relaciones que pueden no tener fecha ni conclusión, a no ser que decidamos dejarlo. Cerrar un tema no es olvidar, sino aceptar, aprender y dar por concluido un capítulo, permitiéndonos avanzar con claridad y ligereza.

Puedes sufrir del sesgo de la inversión hecha. Ese sesgo nos hace creer que cerrar algo en lo que ya hemos invertido tiempo, esfuerzo o recursos es un fracaso (en el fondo es reconocer esa pérdida). Nos aferramos al "ya invertido" como una justificación para no soltar, ignorando que seguir manteniéndolo puede ser aún más costoso. Este pensamiento distorsiona nuestra percepción y nos mantiene anclados a lo que ya no tiene sentido, bloqueando nuestra capacidad de enfocarnos en nuevas metas.

Reconocer que no todo lo empezado debe ser terminado nos libera de este peso y nos permite redirigir nuestra energía hacia lo que realmente nos importa en este momento (también podemos cambiar nuestros intereses).

Dejar atrás para ver la luz de nuevos horizontes
Puedes sentir el cerrar como volver una puerta que ya no volverás a abrir. El miedo a cerrar puertas a menudo proviene de la incertidumbre de lo que vendrá después. Cerrarlas puede sentirse como renunciar a posibilidades, aunque muchas veces esas posibilidades son ilusorias. Este miedo está arraigado en la esperanza de que algo más suceda, que algo cambie sin nuestra intervención. Pero mantener puertas abiertas innecesariamente nos inmoviliza y nos deja atrapados en un limbo emocional, incapaces de dar un paso hacia nuevas oportunidades que podrían ser aún más significativas.

“Hay puertas que están mejor cerradas”

“Acabar si hay que acabar, soltar si hay que soltar, no te quedes a medias, en la trampa de la indecisión”

¿Qué es lo que tienes que acabar? Ponte a ello

¿Qué es lo que es mejor que sueltes y no acabas de hacerlo? Proyectos o relaciones. No dejes que te lastren.

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martes, 27 de febrero de 2024

Suéltate y vuela

¿Alguna vez has sentido que estás arrastrando una cadena pesada que te impide avanzar libremente? Esa sensación de estar encadenado a algo que te pesa, que te limita y te consume lentamente. En ocasiones, estas cadenas no son de metal, sino de emociones complicadas que atan nuestra mente y corazón. Hoy quiero hablarte sobre una de esas cadenas emocionales: las relaciones que ya no nos nutren, pero que nos cuesta dejar ir.

Hace años que tengo una relación con un amigo, hemos hecho cosas juntos, nos hemos apoyado, teníamos intereses e ilusiones comunes. Nos entendíamos bastante bien. Era alguien a quien valoraba y todavía valoro. Sin embargo, con el tiempo, algo cambió. Nuestra comunicación se volvió superficial, los intereses e ilusiones ya no son tan comunes, no siento que la relación fluya y cuando nos juntamos acabo cansado, sin energía.

Hoy, comentándolo con mi hijo Juan, ha hecho una metáfora muy certera. Es como si estuviera arrastrando una bola de hierro atada a mi tobillo. Como si algo me mantuviese atado al suelo y no me dejase volar, que es lo que yo quiero.

Intenté mantener la relación a flote, pensando que quizás era solo una fase pasajera, que todo volvería a ser como antes. Pero la realidad era otra. Cada interacción se volvía más agotadora, más difícil de sostener. Me di cuenta de que esta relación ya no me estaba nutriendo, sino que me estaba lastrando. Estaba impidiendo mi crecimiento personal, absorbiendo mi energía y limitando mi capacidad para conectar con otros.

Llega el punto en el que tengo que ser honesto conmigo mismo y reconocer que seguir aferrándome a esta relación me está causando más daño que bien. Tomar la decisión de dejar ir una relación no es fácil. Dejar ir a alguien a quien has apreciado y con quien has compartido tantos momentos duele. Pero a veces, la única forma de liberarte, es soltar lo que te está reteniendo, aunque eso signifique enfrentar el dolor de la pérdida.

Aprender a dejar ir es un proceso doloroso pero liberador. Nos permite abrir espacio para nuevas conexiones que nos nutran y nos hagan crecer. Nos enseña que es importante priorizar nuestra propia felicidad y bienestar, incluso si eso significa alejarnos de personas que alguna vez fueron importantes para nosotros. Porque al final del día, nuestra salud emocional y nuestro crecimiento personal está en juego.

Así que, si te encuentras en una situación similar, si sientes que estás arrastrando una cadena que te impide avanzar, te animo a que te des permiso para soltarla. Permítete liberarte de relaciones que ya no te compensan, por más difícil que sea. Confía en que al dejar ir lo que te pesa, estarás abriendo espacio para nuevas oportunidades y conexiones que te llevarán hacia adelante en tu camino hacia la felicidad y el crecimiento personal.

domingo, 3 de abril de 2022

Cerrar temas, soltar. Dejar para poder acoger lo nuevo.

Este viernes hemos cerrado la quinta edición del curso de Lean Manufacturing. Me siento profundamente agradecido a todas las personas que han participado: alumnos, profesores, colaboradores, facilitadores, empresas que nos han recibido, ... Una larga lista, que ocuparía mucho espacio. Mención especial merece Jesús Moradillo, que me ha apoyado coordinando el curso y muchas de sus actividades.

Todo es más fácil con un gran equipo, que vive los valores de la Comunidad Lean deBurgos: transparencia, altruismo, cooperación, generosidad y diversión.

Dirigir este curso ha sido divertido, enriquecedor, cercano, nutritivo. Unos años de compartir experiencias y conocimientos, conocer nuevos amigos, asumir retos.

Para mi está en la esencia de la Universidad, ser espacio de encuentro, de intercambio de conocimiento, de reflexión, de aplicación práctica, de formación continua.

También lleva tiempo, supone un compromiso y una responsabilidad dirigir un gran equipo.

He decidido dejar la dirección del curso, lo que no es fácil, tengo sentimientos encontrados, me gustaría seguir y necesito parar, dejar espacio a lo nuevo, en lo que también quiero comprometerme.

Cena cierre quinta edición cursos Lean Manufacturing (Universidad de Burgos)
Los cierres hay que celebrarlos - los logros hay que celebrarlos
Un gusto compartir con buena gente
Es fácil decidir dejar algo que no te gusta, que no disfrutas. Este no es el caso, teniendo tiempo disfruto mucho de esta iniciativa. Lo difícil es elegir entre cosas que te gustan. No se puede hacer todo, hay que elegir, así que me considero afortunado de poder elegir entre cosas que me gustan y disfruto.

Cuando no puedes hacer todo, hay que elegir

Últimamente siento que no llego, me siento abrumado por todo lo que tengo y quiero hacer. Entre esas cosas no solo está el trabajo, cuento con estar con los que quiero y cuidarme, hacer ejercicio, salir al monte. Buenos motivos para cerrar una etapa. También nuevos retos en el trabajo.

Es más fácil soltar, dejar la responsabilidad, cuando tienes quien coja el testigo de una buena iniciativa. En este caso agradezco a Santiago García Pineda que coja el testigo para que el curso siga al año que viene. Sabia nueva, nuevas ideas y nuevas formas, que seguro lo harán crecer y transformarse.

Son muchas las lecciones aprendidas, que darían para más de un libro. Algunas reflexiones del cierre de etapa:

  • Con un buen equipo todo es más fácil. El camino se hace mejor en buena compañía (gracias a todos los que habéis estado ahí).
  • Las actividades se disfrutan más cuando tienes tiempo, cuando puedes dedicarlas la atención que merecen.
  • Ante nuevas actividades hay que dejar otras.
  • Nadie es imprescindible, tampoco yo. Muchas cosas pueden funcionar mejor sin mí. Hay que saber cerrar o pasar el testigo.
  • A veces hay que elegir entre varias cosas que te gustan y solo puedes hacer una.

Seguro que os pasa a muchos. Cuando llegas a un trabajo te sobra el tiempo, casi no sabes que hacer. Poco a poco vas asumiendo responsabilidades, tareas y actividades. Si no vas soltando para asumir lo nuevo llegará un momento que no puedas hacerlo todo, a pesar del aprendizaje y la mejora. No somos Superman ni Superwoman, aceptar nuestro límite, aprender a soltar. Cerrar los proyectos cuando los acabas y pasárselos a alguien que quiera y pueda asumir ese reto.

Hay a quien le cuesta abrir nuevos temas y a quien le cuesta cerrarlos. Por mi parte enseguida me ilusiono con nuevos retos y me cuesta dejar lo que ya está funcionando, la combinación perfecta para acabar saturado.

Si estás abrumado es momento de parar, priorizar y decidir. Quizá tengas que dejar cosas, cerrar compromisos. No hace falta salir corriendo, puedes hacerlo de forma ordenada. O quizá tengas que cerrar dando un portazo si quieres cuidarte.

En Estados Unidos se habla de la gran renuncia, mucha gente dejando su trabajo, cerrando una etapa. Quizá la pandemia nos ha hecho reflexionar.

Hacerlo por orden, primero eliminar tareas y después organizarlas. No te organices para hacer lo que no merece la pena, o lo que no puedes hacer, o lo que deberías haber eliminado. Elige las batallas que quieres luchar, los retos que quieres asumir.